Somos
Somos estibadores changarines playeros
somos docentes amas de casa colectiveros
somos trapitos poetas kioskeros
somos las mujeres y los hombres invisibles
somos los que vinimos a salvar el mundo
somos cajeros guardavidas enfermeras
somos vendedores de pañuelitos de lechucitas parteras
somos soderos afiladores de cuchillo meceras
somos los hombres y las mujeres invisibles
somos los que vinimos a salvar el mundo
Nunca vamos a ser dueños de nada
salvo de nuestra propia zozobra
de nuestra propia incertidumbre de nuestro propio miedo,
de nuestro ardor
de nuestro sutil paraíso íntimo.
Nadie nunca nos va a votar porque no estamos en ninguna lista
salvo en la de algún psiquiatra, en la de algún orfanato, en la de
alcohólicos anónimos,
en las listas negras, siempre fuimos ovejas negras.
Nos vas a encontrar durmiendo en la estación o en un biblioteca
pública,
tirados en un pasillo o dando clases en una escuela de un barrio de la
periferia
siempre en la periferia, en el borde, siempre borders.
Nos vas a encontrar hablando solos en la mesa de un bodegón
o en algún pueblo perdido en la cosecha de algodón
nos vas a encontrar en un ómnibus o un camión desvencijado
o limpiándole el culo a una vieja en algún hotel de la muerte.
Somos cabecitas negras, jipis, sobrevivientes, rotos
somos mariposas efímeras, relincho, bocanada
somos una memoria pulsando, un capullo, el delirio.
Somos hombres y mujeres invisibles,
somos los que vinimos a salvar el mundo.
Alas
Tu corazón late
afuera hay figuras recortadas en la noche
gente que olvidó el verano
soldados que avanzan todavía
van hacia los Fonavis a dinamitar algo.
El ómnibus vacío sostiene una luz leve
alguien escribe en su libreta
líneas incoherentes
nos hemos embarcado
la imagen que creamos estará siempre
agitándose en alguna parte
en una pequeña fibra o en un horizonte trazado.
Van hasta el almacén
por leche y azúcar
algo de pan
unas bufandas también para cortar la noche
que vuela como ese pájaro abismal
arrastra el recuerdo de un viaje
una tela que divide
el escenario en dos.
Ahora dibujar
no en una servilleta
sí en un lienzo más grande que un secreto
encender el juego
mirar ese leño, como hace estallar
la idea que tenías de la luz o de la intensidad, del ritmo
el tren que llevás
el aroma de las manzanas o
nueces frescas en la boca.
Tirar un palo al lago
hacer un pozo o un puente
latas que chocan y musicalizan
siempre hay un circo
un niño con gafas, una bicicleta
algunos alambres, diques y montañas.
Sacrificar la armadura
arrojarla al río
que la correntada haga su trabajo.
Ahora filman una película
el murmullo de las niñas en el patio antiguo
alguien salpica a alguien en una pileta de lona
en una vereda de calle Vélez Sarsfield
a unas cuadras de la vía.
Un círculo amarillo para bailarina
los edificios hablan entre sí, monólogo, monólogo.
Al correr, las monedas suenan
en el bolsillo, música otra vez.
Todos hablan
Todos hablan del mar en las canciones
todos hablan del amor sus ilusiones
todos hablan de viajar de vacaciones
todos hablan de salud de sanaciones
todos hablan del corazón de sus pasiones
todos hablan de espiritualidad sus expansiones
todos hablan de guerras de invasiones
pero quién habla de ese pájaro que murió en mi mano
nosotros somos hijos de la tragedia
de madres muertas, de padres suicidados
nosotros venimos de la desesperación, del desastre
estuvimos varios metros por debajo del nivel del mal
ahora nos basta solo con respirar
mirar el horizonte, delirar
nubes bajas
pasa el churrero
mirar el horizonte y delirar.
El río
Saqué la mierda con la palita
hay que ir de a poco
primero la palita, después el balde
saqué la mierda
de a poco
acomodé los frascos, tiré cosas sucias y rotas
limpié las ventanas
cuando no tenés paciencia todo sucede muy lento
saqué la mugre que había detrás de la cama, las telarañas
todo eso que cubría, fui limpiando
cuando no perdonamos a nadie juzgamos a todos sin piedad
ahora puedo ver hacia afuera y a la vez pueden verme
ya no tengo nada que ocultar
voy a caminar por el pasto
como en una procesión
voy con las niñas de la mano hacia el río
su diáfana luz de coronas floridas
su azucarado verdor
nadie te va a ayudar, es hora que levantes vuelo
solo tenés que aprender a mover tus alas.
Muchas veces comiste de la basura
muchas veces te alimentaros los restos, los despojos
río, dame fuerza para seguirte
guiame,
dejame abrazar tu metáfora
tu vibración púrpura
tu pulsión,
vos tenés coraje.
Ha terminado la guerra
tu cuerpo es viejo
pero tu cabeza sabe viajar
y tus manos empujan el sol
vos también vas hacia la luna, hacia las estrellas.
Cargamos cosas pesadas
cargamos cosas
cargamos
algún día sabremos para que sirvió todo esto
tal vez no haya misterios
saldremos a buscar flores en los campos
todos nos reuniremos junto al fuego
entonces reconstruiremos la tierra.
A veces
A veces no puedo ver el sol
a veces no puedo ver nada
siento el aire de las cosas, su pesadez
a veces voy cargando el cuerpo
no es una ola imaginaria
sino un arrastrarse sobre algo
gatear en tus ojos nadar en tus ojos
y eso que pensás se adhiere a un borde a un reflejo
entonces iontentás respirar
encontrar algo por dentro o por fuera del tiempo
una luz una caricia o eso que llaman camino
Y vas sujetándote a un cuerpo
al otro al tuyo
una casa un disparo
te inundás, como de yuyos la esquina
te convertís en un pliegue que se expande
una llama, todo tu cuerpo es una llama
que hace temblar el caos
el delirio.
Semblanza
Federico Tinivella nació en Rosario en 1974. Es papá de Lua y Camila. Magister en
Estudios Culturales, Licenciado en Comunicación Social y fotógrafo. Coordinó talleres de fotografía
en distintos espacios culturales de la ciudad. Editó los libros de poesía Pequeñas Casas (Baltasara Editora), Ese fuego enorme (Perfeito) y los libros infantiles Latitas (Libros Silvestre) y Ana Caravana y Yolanda Yoyo (Listo
Calisto) Actualmente, se desempeña como Subdirector en la Biblioteca Argentina de la ciudad de
Rosario.

