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Es la hora en que los pájaros
buscan otro cielo, en las antípodas.
No hay música en el aire.
Domina la atmósfera un silencio tenue.
La carga eléctrica de las nubes
parece encontrar polos de atracción
aquí en la Tierra.
Y vos mirás sin ver
sin ver
como de costumbre
hacia algún punto fijo
de la ventana abierta.
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Bajo el laurel del patio
en la tarde calurosa
mirando los últimos gorriones
que se posan en los cables,
las abejas que inspeccionan el malvón
y el árbol de pomelo.
Mi perro, jadeante, echado a mis pies
agradecido por la leve brisa que permite respirar
cuando baja el sol.
Con la pequeña selva enmarañada a mis espaldas.
Olvidado del mundo y de la gente, estoy.
Tratando de aprender o recordar viejas lecciones.
Limpiando de polvo y telarañas oxidados circuitos.
Un gato se acicala
sobre una vieja estructura de metal herrumbrado.
Un rincón de silencio sólo para mí.
No puedo detenerme en lo poco o mucho que he perdido
ni conjeturar sobre futuros
ni rutinas ni bonanzas ni miserias.
Prefiero quedarme aquí mirando el extraño color
que toman las cosas
con la última luz de la tarde.
Recordarme
y no ser olvidado.
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Un camino cruza el campo.
No hay estrellas
Chistidos de insomnes lechuzas.
Luces, lejos, tras la laguna.
Alrededor toco,
bajo la tela de la ligera camisa
como un ciego adivinando formas
por texturas
Siento en el cuello un roce húmedo.
Una estrella fugaz cae, fugaz.
Pienso ¿cuándo amanecerá?
Tus manos interfieren una ligera analogía
que, abismado, estaba construyendo.
Ranas, grillos, un lejanísimo motor.
Mucho más cerca, suspiros.
¿de quién? ¿de quién?
No amanece. Esta noche no termina.
Otros brillos
en el viaje
me alimentan.
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DICTADURAS I
En mi cuarto describía bucólicos estados
Y, adolescente, soledades no deseadas.
Las noches transcurrían
como una curva eterna,
un salto al vacío
el peligro o el Edén.
Besos profundos han pasado
y lunas,
dictaduras.
Y hoy comprendo que lo único
que jamás se detiene
es la danza enloquecida de los átomos,
la azarosa química del cuerpo.
DICTADURAS II
Cuidado
no te muevas
están llegando.
Con su ropaje de tinieblas
su silencio pre-tormenta.
Pura pólvora.
Sólo sangre.
No abras las ventanas
las sombras se agitan
los árboles delatan.
No te muevas.
No tiembles.
Miedo –muerte.
Vasta vida.
Semblanza
Daniel Rafalovich nació un 17 de octubre en la ciudad de Santa Fe, Argentina. En los años 70 aparecieron sus poemas en diversas publicaciones de las llamadas “subtes” o “alternativas” de Santa Fe y otras ciudades. En los 80 y 90 fue seleccionado para antologías que editó la Universidad Nacional del Litoral y algunos poemas anduvieron por diarios y revistas santafesinos y nacionales.
En la década del 80 cursó el Profesorado de Historia en la UNL. La llegada de Internet y las redes sociales han desparramado por ahí algunas otras cosas que escribió. Entre 2018-2019 salieron dos pequeños libros artesanales por Ediciones Arroyo.
Desde 2004-2005 administra la página de Facebook “Meta Poesía” en la que se difunden numerosos autores contemporáneos. Tuvo algunas experiencias en Radio Nacional de Santa Fe, algunas FM y durante un tiempo en radio por Internet.
Escribió, además, los textos de una obra teatral-musical representada en el Centro Cultural Provincial (hoy Paco Urondo). También textos humorísticos para radios y revistas. Es peronista desde la pubertad. Amante de la literatura, la música y el cine.
En 2025 apareció su libro» Teatro de sombras» por Editorial Ramos Generales. Co-administra el blog dalepoesia.blogspot.com

