Oledan

Oledan

LA LLAGA DE OLEDAN



CAPÍTULO I

Oledan grito de amor en pesadumbre del ánima incinerada en desvelos inertes a la descomunal figura al bajar su entereza por corromper esquirlas a los siete océanos capitales que precipitan sangre.

Lo más evidente traer gemelos siameses entre las tres marcas, forman reflejos cual esculturas oscuras.

Y me nombra Oledan tu voz, regresa la corazonada limitante desde los descalzos callados hasta suelas habladoras. Sin señales que simulen cantos o descubran llantos sin parpadear.

Somos uno, blanco suspiro del agua
Uno somos, figurismo de nada

Y me nombra Oledan tu luz. Limpian sombras volviéndose iluminación que recobra el eferveciente acto del sentido al conquistar la insoluble persiana de la vida.

Y me nombra Oledan tu paz. Distanciado del mal que acecha la desfigurada sonrisa que asemeja a las especies en última etapa del cauteloso destino.

El ruido confunde mares de vanidad y deja caer olas de ilusión, nadan desde suspiros cansados ahogándose en espuma de sueños.

Ir de día o ir de noche, bienaventurado sobre el amanecer de música, ardo al ennegrecer de cielos y digo: Soy Oledan, tu fiel conciencia de sol.







CAPÍTULO II

No sé ni porque es el motivo del ser, que explota venas del hospitalario y despierta trinos del campanario. Orfanato de rosas en veta, grillos que componen señales al camino.

Borrando tierras del pasado en la complicidad de individuos que esperan sentidos a las vidas y parten al sin fin tajante, del mal que pronto junta cráneos, hombres león producen saltos a la infinidad de estilos solemnes e inquietantes, ayuno indulgente.

Bendito corazón de fe, censura que elimina templos, resurge la corona de espinas que conjuga el verbo amar y lava pies, palmas y pecados, la muerte renace el misterioso incienso del silencio que recurre a los sacrificios del arrepentimiento, desesperación cálida, fértil y misteriosa, brisa de los meses cuando la madrugada, laberinto desecho sobre lo cotidiano, existir cual rodeos diferentes que refieren a las formas y por ello altera destruye y recrea nuevas alas de esperanza y entrelazan con el mismo olor a piel.







CAPÍTULO III

Desquiciado de penas muero, torturado en cadenas llego a la amargura de quien da prueba a fuego, me puede apagar y consumir en el reflejo del espejismo que suelo figurarme poblado de ti y reconsiderar el amor sin final en quien quiere querer, descubrir el gran día del crepúsculo, mostrando el tiempo en que no reinaran luciérnagas y vendrá el sol astral que juntará vidas en la inolvidable velada pregonera.

El sereno da respuesta a lo dicho y la neblina confunde el sonido, es idealismo que mata con preguntas al domar el remordimiento al que cohíbe la enervante pócima de sensación fortalecida.

Conozco más flores que se inquietan al atardecer y desconozco otras que por silvestres se amanecen.







CAPÍTULO IV

La contaminación es alergia llamativa y la igualdad es jerarquía que tiende a la división de moldes que estructuran escultóricamente, según la línea que prevalezca hacia el árbol genealógico. La humanidad se borra en historias que quedan arrastrándose a la suave tempestad de luchar al matadero y huir sin acierto.

La calma en condenados viciosos que apresuran a tormentos marcados en la llaga de Oledan a enfermedades que hostigan o en el mero centro donde revientan flechas y confunden el ambiente el lugar.
Seria apropiado eliminar el oscuro conocer de siluetas deformes hasta regresar al claro misterio de verdades intrigantes que conmueve al instinto y que busca con sed de realidades, la desafiante aventura que ignora el secreto eterno, cuando halla la incesante necesidad de caminar los adecuados linderos desconocidos.

En marcha entabla la miniatura de ideas ancestrales y asciende con recelo a la rueda del eterno retorno, en tanto desciende a la gran muchedumbre que dibuja al ángel imperfecto y revive en el nombre singular de la estética.

Es mayoría el intenso sufrimiento que poco a poco se hace menos, es el impropio que resguarda la felicidad del alma.







CAPÍTULO V

Desde lo lejos se encuentra un lugar llamado “El arrecife” y en el vive un ser llamado Oledan, el indefenso que todos miraban, sin piedad de verlo con esos ojos que le arrancaban la cara.

En una noche Oledan se escondió en el acertijo, el cual seria el laberinto subterráneo donde viviría para toda la vida. Él se apasiono por el espacio vacío y se quedo para siempre a pasar las noches, ahí sentado, envolviéndose su rostro. La manía de Oledan era utilizar las palabras “da igual” o “lo sabrán en su momento”.

Le vale un comino la dicha interior, ya que es parte de los intentos que se realizan por doquier. Los amigos desean convencer a los demás de su trágica historia.

Es una real fantasía en un mundo entrañable y que da miedo al reproche, cuando sube la temperatura del poder, sin nada que expresar o interactuar, es obvio que tener la magia de justificarse, eso es universo.

Lo astuto de la prodigiosa privacidad del extravío entre ramas y la furia del desapercibido cansancio del sonámbulo, esparciendo vuelos en distancias a la libre verdad que duele en las entrañas, donde se decora el mismo tejido de hilos carnales al demostrar la prisión que abandonan los del pueblo en la cultura cambiante.

Mi supervivencia ha avanzado en suplicios de derrotas continuas, en un fin que daña la difícil visión de levantarse con el otro brazo mientras el izquierdo se apoya en el estricto material.

Opinión en desechar, es la buena voluntad y sirve para incrementar las improvisaciones espontáneas que tienden a caminar más allá de la isla hostigadora

La tortura de ánimos significa la muerte que quizá quisiera entrar a comer la preparada sentencia que permite llegar a la imaginación.

Invención infundada y no obstante contra números perdidos, de acuerdo a los envíos de relajación superficial.







CAPÍTULO VI

La guerra de contrarios limita a subordinados a la palabra de libertad, que demuestra la igualdad de los hombres, que por si fueran ingenuos insultos de un deber o un tener que hacer, sino lo actual que trasciende en el estoy fuera de linderos que conduzcan al mal decir y hablar para inculcar una serie de autonomías como el estilo propio y que sigue el paso, a los que pueden actuar reconstruyéndose una tregua que después a la deriva cambia.






CAPÍTULO VII

Renovándose estrellas en la penumbra, bloques nocturnos que pierden hojas del recuerdo, semejante a las huellas que mueren en ocultos ojos, donde me invaden silencios que evocan eternidad y se moldean al trastocar las memorias del alma.

Los rumores se hacen reducibles, cuando se entregan al incesante viaje fantasmal con lenguajes que relajan la ignorancia de poder escuchar palabras y perdido entre las multitudes que se despliegan sin rumbos, atravieso los muros de la cualidad al sincerarse a universos que pintan a prosperidad.







CAPÍTULO VIII

Surgen justos inmaculados y sin rabia al grito que domina espacios, donde el sol da giros interminables hasta el de cierto, tener miedos en tiempos que no hay cólera o algún otro segmento de idolatría que llama águilas sanguinarias, por doquier se escatiman puntos escénicos en el portal del abismo, desaparecen espejismos trastocando los inciensos que dilatan sangre en un mundo donde se sustituye un ejemplo a seguir por las nueces y avellanas que me guían hacia lo lejano, porque lo cerca esta por llegar al culmen peligroso y lo opuesto camina por más durabilidad, quizá vuelva a creer en el nacimiento de una numinosidad que crece cada día a la imagen que se asemeje a mi alma viviente.

Se inyectan bailes blancos que levitan al corazón de las nostalgias que resume en nueva cuenta las instancias preparadas al suburbio que desconoce oceanias y provoca una serie de emblemas que suben como el globo que pide un niño terrestre.

Simplifico esencias en un margen no mayor de los grados centígrados y refrigeras las calumnias sometidas por el Satán, para prometer una vida mejor, hacia los cambios de un milenio que se acerca, sin dar un solo paso hasta tener la seguridad de llegar lejos, es decir a la pureza del arrepentimiento.

Recalco a la musa Salí que remonta a dividir la música hasta un solo tono o será demasiado tenso y muy intimo a la belinda ciudad que protege muros de sabiduría a una estancia verdadera.

Educa la contraria con libros que permite sofocar la historia y enajenar círculos del poder que limitan a las culturas y encaminan a las fiestas que circulan por las calles, con hambre o necedad de sembrar árboles que contaminan a la especie en última etapa de distinción, es decir segregan a un margen de calidad y lo deja terminar hasta la inquietante gota de agua.

En la marea abundan las cerezas y en la selva se abusan de fauna y flora, quisiera adelantarle la ansiedad de ser un romántico empedernido que nada quiere, porque satisfacer es la mirada de halago, sin embargo transcurren las noches sin luna y si el cuerpo celeste esta lleno de increíbles sorpresas, colmando de un resguardo que abre más horizontes y moviendo las raíces del secreto, que limpia desperdicios o desechos de basuras, esperando obtener productos que proporcionan opciones de ser libre por todos lados y que conozca entonces, escoger el fácil acceso que da miles de beneficios a la salud.








CAPÍTULO IX

Oledan dio un beso en el cielo y cambio de parecer, ahora que detesta lo negro, no deseo fallecer, es hora de dormir murciélagos y despertar a las viajeras golondrinas, que por el azul se desaparecen y la bruma del mar sosiega mi necedad.

Transparencia de mi bien estar en la conciencia que se asea, sin dejar rastro de la enfermedad del la vida pasajera, ludiendo a una burbuja que mata, que colorea formas de soledad.

Los ángeles se miraron unos a los otros y le tendieron la mano al que se equivoco del error de volar más alto.

Oledan es un pobre ángel que deseaba, por la lucha del poder, a lo placentero, inocente ignorancia que le arrebato, era el justo aquel, ya que se dejaba llevar por las cizañas, renovó a un día pésimo y piedad por su otro día, recapacitando su mal formación sentimental y detestable organización al pensamiento.

Por méritos registró muchos ángeles, que no conocían el camino y los hizo sabios, para su riqueza espiritual.







CAPÍTULO X

La inocencia ahoga las bases del ser, carácter inestable confunde a sí mismo, las ideologías se distribuyen a cada nacimiento humano, en tanto lo marca las reclamaciones vanas y se deben sustituir por aclarar los puntos negros. Bienestar por sostener limpieza y mantener sin manchas los espacios blancos, la imagen particular revive en un circuito de la buena conciencia.

El interior de un corazón que enardece poesía y carcome esencias del humanismo, mientras la humildad queda rezagada en el instinto de un sencillo viaje.







CAPÍTULO XI

Sin fuego trotan las ánimas perdiéndose en la luz
Oledan del alma, Oledan del tiempo
prende cascanueces hacia sin gravedad
hormiguean caminos verdaderos
cargando lápidas entre abiertas y
bebo un ave que produce espadas
mientras la música se deja sentir en el intimo hueso que levanta animas
corro, nado y vuelo
tierra, agua y viento
se abren espejos en el rojo cielo
hundiendo mi cara al atardecer el cuerpo
y desaparecen imágenes en el sueño.







CAPÍTULO XII

He aquí el alma que se expande, el híbrido de la vida, la copula del hostil destino, la faz de este último aliento, mi conciencia me llama, ángel de amor, pronuncia verdades, inculca la lealtad de la fe, estación musical que guía sin el riel que llevan por los durmientes, rasgo en el mismo paso del tiempo, anuncio un mundo onírico, una esfera utópica, un universo finito, él conduce a sentir canciones de luz, la enardecida noche, calma la estancia de una luna presente y del guardia en mi mente.







Ramón Siliceo Arango (1976) Nace en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.; Cursó la Carrera de: Lengua y Literatura Hispanoamericana (2001) y el Diplomado en Literatura y Periodismo (2003) Se desempeña en la docencia desde hace 21 años, ha colaborado en revistas literarias y ha publicado POESÍA en suplementos culturales, páginas virtuales y revistas literarias, ha asistido en diversos Talleres de Creación Literaria y es promotor cultural de fichas de poesía en Poesía al descubierto.


[impartidos por José Martínez Torres, Mario Artemio Aguilar Nandayapa, Yolanda Gómez Fuentes, Guillermo Samperio Gómez, Hernán Lara Zavala, Rafael Ramírez Heredia, Herminia M. Alemañy Valdez, Marco Fonz, Irma Contreras García, Javier de Jesús Molina Estrada, Abelardo Santiz Gómez, Arbey Rivera Utrilla, Cesar Trujillo, Rene Morales Hernández, Nervinson Machado, Gabriel Cruz Mayorga, Amado de Jesús Hernández Salazar, Oscar Oliva Ruíz, Carolina Toro Castillo, Balam Rodrigo, Reynaldo Carballido Maldonado, Rodrigo Arteaga, Carmen Nozal].