La derrota del supermuerto

Una ley dicta: todo lo que pueda ir mal irá peor. La cuestión iba ineludible pues a la vista me orienté daltónico en un abrir y cerrar de ojos. Parecía escenario del cine mudo, alquimia riquísima entre gama de grises a contraste sombrío. En tan afectada condición pude remembrar un paralelismo, aquel triste protagonista que se levantó insectoide. Unté bálsamo a la situación. Incluso intenté placebos: lentes bicolores, oscuros, etcétera; pero hubo trauma e hinchazón tendiendo a lo ciclópeo.

Amanece. Las aves murmuran. El sentido del oído quizás poco desarrollado y claro. Transcurriendo los primeros destellos del día, comedia de circunstancia, comencé a experimentar una notable pérdida auditiva. Lo supe inmediato, un zumbido raro, constante al atender dominó. El padecer sordera hizo latente perecer.

En algún momento tomé una taza de té, sinsabor que detonó focos rojos, alarmas y preocupación: faltaba el gusto a sorpresiva suma, deficitaria. La jornada procedió arrojándome al perfecto espanto, cuando me alcanzó una total disminución olfativa. Normal, recapacitando lo recién acontecido. Quise caminar, las fuerzas escaparon tipo succión de marea, con demás influencia natural, modo perverso.

Tirado trataba de arrastrarme; luego yacía marchito, súbito indoloro perdí absoluta referencia holística sobre quién soy. Abstraído un margen de varias horas, apuntan, comentan que brindé tema. Médicos especialistas observaron con susto.

Esa tarde fui declarado difunto. Se fue de mí el obligatorio signo vital. Me llevaron junto a equis número de compañeros fallecidos, en una morgue lúgubre. Enfriaron mis restos. Qué lástima. En las gavetas aledañas al refrigerador torpes balbuceos, flatulencias politono y estiramientos propios al rigor mortis. Yo nomás quería durar.

Diagnosticado como insólito caso de anatómica ruina, obvio sui géneris, a desplome directo, acelerado expiré. Admirable: volví a la sencilla cita luctuosa del considerado accidente. Había flores. Estaba mi foto. Floté al parque vía el asfalto, cercanas las farolas. Creí haber estado ahí empero era coma inducido. Tal sensación dio instante al tiempo mismo en que colapsaron parásitos, peces y plantas.
Despunta el alba. En términos oficiales este fragmento delirante, solamente un lapso improbable o una mordida neuronal, resultó el orden completo de las formas. Ni el eterno retorno de lo idéntico me salvó. Asequible que fuesen segundos a explicarse. Implica exhaustiva narrativa innecesaria. Lo cierto, dicho derrumbe a diversas tiras cómicas les daría sustento en pos del humor, porque posee un absurdo elegante.

El aparente despertar y un sometimiento hacia lo inmóvil. Capacidad o despliegue y existencia inexistente. Pensaba que reflejaba profundo lo peligroso. La sagacidad sólo un ligero estadio previo al pleno. Pude moverme por las llamas, hasta indecible, discutible hecho; ahora las crueldades acometen solemnes al horno.

En otro mundo privado de asistencia, visité un mago psíquico después de agonizar, sin ocasión para que las cosas vuelvan a ser mejores alguna vez, rumbo a la nada donde transfiero. Postrera libertad, mísera se utiliza deseando algo posible, horrible. Así entonces quedaba extinto. Eso es más vivo que cualquiera. Justo recuerdo caer de un limbo, sus contornos y bordes mientras el tracto sintetiza.

Ayudó la famosa paz al final. Polvo, tierra, flujo lodoso de pantano; centro ardiente y convulso al ultraje cenizo. Importa ya un bledo, hondo molde del bribón recipiente, perpetuo e igual inculca fiable, desolado efecto químico que pudibundo emana casi lacerante. Imaginario esparadrapo ése, pausa las turbulencias. Una dócil epidermis amanzana y nace nuevo miligramo, plasma, cromático en una tercera dimensión.

En esta experiencia funeraria, figuran últimas voluntades. Aspiré darle un contexto chispeante a la desaparición… puesto que no tengo un cacahuate, nadie me llora, evoca o echa de menos, inclusive potenciándolo con una trágica historia inverosímil. La escribe cuasi el anfitrión, también poeta, bajo pedido antes detallado y pagado.

Acabé de ingresar a la vigilia, asimismo salta el salmón a contracorriente, cual gota contenta de superar cualquier cuerpo de agua o dificultad. Adhiero: valoro alrededor. Descubrí una concordia extraordinaria y sigo siendo un desgraciado, desahuciado.


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