En la granja de las bestias. Un ensayo de Wulfrano Arturo Luna

En la granja de las bestias. Un ensayo de Wulfrano Arturo Luna

 

Entre el avatar y el tótem distópico 

 

 

Bestia

 

La obscuridad es el lugar donde anidan los peligros. Éstos hallaron su encarnación perfecta en un animal vestido de tiniebla, la pantera, que ya desde su etimología griega pan-theerion nos recuerda que su fiereza basta para reunir en ella a todas las bestias: es la bestia por antonomasia. No sorprende que la tradición judeo-cristiana llame bestia al demonio, su representación del mal por excelencia y que éste sea el señor de las tinieblas. La pantera impone su imperio por su poder físico y habilidades: puede trepar y nadar, y su velocidad (en su carrera tras una presa llega a los 60 kilómetros por hora).

 

Trágicamente, tampoco podemos escondernos o correr más aprisa que los tiempos que en nuestra historia reciente nos persiguen, nos avasallan; traspasan lo violento y lo delincuencial: son tiempos bestiales que superan los miles de muertos por año. Los asesinatos y los robos incluyen sangre, descuartizamientos y torturas. Lo que hemos visto y que continúa hoy en día son métodos de abuso, vejación y asesinato que claramente sobrepasan el comportamiento de las bestias. Trascienden la necesidad del tigre (también del género Panthera) que hambriento mete sus garras entre los negros barrotes de la piel de una cebra, y la del jaguar (pantera de piel amarilla y manchada) que destroza el vientre de un tapir para saciar el suyo .

 

Incluso, va más allá de la supuesta maldad del cetáceo que juguetea con su presa y del gato que lanza por los aires al ratón en la práctica de una ley fuga aprendida y reproducida, a saber por qué ley natural o qué capricho, por qué necesidad y qué apetitos. Lo que vemos hoy en nuestra sociedad rebasa el «juego del gato y el ratón» por su ostentación de poder ejercida sobe el sometido, que busca destruirlo más de una vez, en más de un sentido, llegando a límites impensables, donde se le despoja de toda atribución humana, de todo aprecio: es valioso en tanto permite consumar el acto sádico, la venganza, la necesidad de sentirse poderoso. Estamos ante el ajusticiamiento basado en no el ojo por ojo, sino en el mil ojos por un ojo… ya veces por ninguno. 

 

 

Los bestiarios: entre revelación y rebelión

 

Aún entre las sombras, se hace paso la luz. Cuando huir no es posible, surge la oposición, la resistencia, la rebeldía, admirable y admirada, reconocida entre los suyos: ya nos había dicho Sor Juana que era “mucha bizarría en los enanos con atreverse a Hércules”. Un magnífico ejemplo lo tenemos en La Rebelión en la Granja de George Orwell.

 

Quizá Orwell, al retratar el nacimiento de las dictaduras totalitarias supuestamente socialistas, no imaginaba que el capitalismo la usaría como herramienta propagandística… y como modelo. Es notorio que la obra de Orwell abreva de la riqueza de una tradición homocéntrica, (el humano como el punto más alto de la creación), muy socorrida en el medioevo europeo e incluso un poco antes: los bestiarios. De inspiración didáctica, tales relatos pretendían ilustrar sobre las maldades del mundo. Retrataban la otredad mediante el uso de seres animalescos, fabulosos y horripilantes, a veces imposibles a simple vista y con nombres extraños (los blemes por ejemplo, eran seres con la cabeza incrustada en el pecho). Estas representaciones rayaron no pocas veces en la ingenuidad y estaban carbonatadas matizadas por creencias religiosas, la cristiana en primer sitio. Tales versiones zoomorfas de lo impío, lo desconocido, pretendía animar al devoto a alejarse por repulsión del mal camino, y reorientarse en el de la fe.

 

Esta misma idea de retratar lo repulsivo, lo negativo como animalesco o bestial está en el corazón de la granja orweliana, quien se sirve de varios símiles y el retrato de ciertos hechos para lograr su propósito. En ella el avatar más destacable es el de los cerdos, animales que han sido tradicionalmente explotados a escala mundial, del que se aprovecha hasta el pelo (inclusive sus desechos). Son pacíficos y poseen gran inteligencia, pero, al ser confinados en las granjas bajo condiciones insalubres, y por su natural y desmesurado apetito, los cerdos son por excelencia un símbolo de lo repulsivo. «No seas marrano», «eres un cerdo», son expresiones muy usuales y se han asumido como idóneas para expresar rechazo hacia estados o acciones de una persona, que van desde tirar basura en sitios inconvenientes hasta ataques u ofensas sexuales. No es de sorprender que estos animales, en su doble papel de explotados (que benefician ampliamente a sus captores) y de símbolo de repugnancia y suciedad (sus criadores les hacen vivir entre desperdicios y su propio estiércol), sean el avatar indeseado pero perfecto para retratar una rebelión legítimamente y su conversión al totalitarismo. Orwell lo aprovecha magistralmente para su bizarría que cobra alturas de gigante. Sin embargo, ya se dijo que los tiempos actuales han superado la visión de la granja. Se aproximan a la distopía continua y constante. 

 

En la versión (o aversión) mexicana de la granja orweliana, algunos de los cerdos, antes explotados, se hicieron con el poder y se arraigaron en él, descubriendo nuevos negocios de los cuales servirse tanto lícitos e ilícitos (some los volvieron lícitos: el cambio para que todo siga igual… o peor). Quizá el culmen de esta bestialidad sea el narcotráfico armado: un ejército mercenario, al servicio del narcotráfico de cuello blanco y los mineros de escritorio (frecuentemente son los mismos), quienes dan órdenes a sus empleados de élite en sus corporativos de lujo. Estos agentes delincuenciales, sumidos en el lodo de la saña y el sadismo, están ávidos de blancos fáciles que alimentan una industria de la muerte: grupos vulnerables, pauperizados, con mayor predilección por las mujeres.

 

Las sombras se proyectan. Esta distopía ha permeado la cultura transversalmente. Por ejemplo, ha dado lugar en la música popular, a un laberinto autorecurrente de repetición apologética: los narco corridos, devenidos a la postre en movimiento alterado. Auto biografías individuales o colectivas, frecuentemente realizadas por encargo, que se repiten sin cesar, tanto en su mensaje como en su forma. Es curioso que hasta mediados del siglo XX en algunas partes de nuestro país se adoptara como tótem a la pantera para ser usado como apelativo de los individuos que demostraban arrojo, acaso valentía o temeridad. Más curioso es que este tótem no haya permeado tanto el léxico del movimiento alterado.

 

Nuevamente, recordemos que entre las tinieblas se asoman las estrellas. Esta realidad bestial, no ha sido ajena para otros artistas con distintas aspiraciones y motivos, muchos de ellos víctimas y testigos. El estado de cosas es tan brutal que inclusive ha cruzado fronteras, idiomas e ideologías, llevando a los artistas a la rebelión creativa, a la confección de obras que hacen las veces de una tela envolvente de la verdad revelada: un medio para decirla de una manera velada. Así lo consignan varias obras literarias y musicales más contemporáneas que la representación orweliana, de entre las cuales quiero centrarme en dos (sin ánimo de “explicarlas”, más bien describir lo que es evidente): 1) el corrido norteño La Granja, de la autoría de Teodoro Bello (que sería censurado allá por 2009), compuesto por sextillas octosilábicas, cuya interpretación más sonada corre a cargo del grupo musical Los Tigres del Norte (curioso es que el tigre pertenezca también al género Panthera), y 2) El Bestiario , del rapero Danger Alto Kalibre (lanzado en 2019), cuyo elemento constructivo sobresaliente es el calambur (construcción de nuevas palabras o significados por la unión de dos o más), muy utilizado en el habla común y en la jerga de la delincuencia y el narcotráfico.Ambas obras tienen una clara inspiración orweliana y por ende, heredan de los bestiarios europeos el uso de animales reales o fantásticos para ilustrar una realidad monstruosa, que en el caso de México sobre pasa lo bestial. cuyo elemento constructivo sobresaliente es el calambur (construcción de nuevas palabras o significados por la unión de dos o más), muy utilizado en el habla común y en la jerga de la delincuencia y el narcotráfico. Ambas obras tienen una clara inspiración orweliana y por ende, heredan de los bestiarios europeos el uso de animales reales o fantásticos para ilustrar una realidad monstruosa, que en el caso de México sobrepasa lo bestial, cuyo elemento constructivo sobresaliente es el calambur (construcción de nuevas palabras o significados por la unión de dos o más), muy utilizado en el habla común y en la jerga de la delincuencia y el narcotráfico. Ambas obras tienen una clara inspiración orweliana y por ende, heredan de los bestiarios europeos el uso de animales reales o fantásticos para ilustrar una realidad monstruosa, que en el caso de México sobre pasa lo bestial.

 

 

La Granja (Teodoro Bello)

 

 

En esta granja, la rebelión que se refleja está en ciernes, aún se estaría gestando la idea, no se desarrolla ni se consuma, apenas se sugiere, dice el verso final “Entre todos los granjeros / la tenemos que amarrar”. La descripción del mundo, toma la realidad como está y la refleja como en casa de espejos, en forma de animales y personajes pertenecientes a una granja. Tenemos así a un zorro (quizá en clara alusión a un ex presidente), a los granjeros (inertes y explotados) y nuevamente a los cerdos (en alusión a los políticos y sus socios o patrones) que como continuación de la granja orweliana son los dueños del negocio (se entiende la referencia al narcotráfico, uno de los temas principales de la agrupación musical): “los puerquitos le ayudaron / … diario quieren más maíz / y se pierden las ganancias …”.

 

Aparecen además, dos elementos curiosos también presentes en Orwell, el flagelo de la violencia contra la sociedad (una perra -un velo sutil para “guerra”), y la sabiduría popular o sentido común que llama a la prudencia, a cuidarse de la bizarría de atreverse a lo imposible (transmitida gentilmente por la voz de los más experimentados, los viejos): “si la perra está amarrada / aunque ladre todo el día / no la deben de soltar / mi abuelito me decía / que podrían arrepentirse / los que no la conocían ”.

 

En esta granja cantada por los Tigres del Norte, además de granjeros, la sociedad está integrada por distintos animales dóciles e indefensos (pollos y conejos) a merced de los dueños de la granja “porque la perra lo muerde / aunque él no esté de acuerdo ”. A pesar de la clara alusión a los cerdos, que no son declarados como dueños de la granja, hay otro género de bestias, innombrables, que podrían ostentarse como tales, en el corrido no se aclara su identidad. Se alude también, a las fronteras y sus muros hoy tan en boga, que frenan al migrante y lo mantiene prisionero: “en la orilla de la / un gran cerco le pusieron / para que siga jalando / y no se vaya el granjero”. Si bien esto podría tratarse de una alusión a los pactos mafiosos de sangre y amenaza que impiden al individuo salir vivo de esos círculos. También se refleja la duda del ciudadano común retratado en su fragilidad y desconfianza a la verdad mediática u oficial: “se cayó un gavilán / los pollitos comentaron / que si se cayó solito / o los vientos lo tumbaron / todos mis animalitos / por el ruido se asustaron ”, lo que claramente recuerda los“ avionazos ”donde es común que mueran personajes públicos en circunstancias poco claras, y en la fecha del lanzamiento de la canción se contaba con un secretario de estado fallecido de esa manera.Los hechos además, le ofrendan a este verso mucha vigencia: más recientemente, se recuerda un enfrentamiento donde los narcos le derribaron una aeronave a la misma Armada de México. El corrido termina con una apuesta, acaso una propuesta, por la solidaridad “entre todos los rancheros / la tenemos que amarrar”.

 

 

El Bestiario (Danger Alto Kalibre)

 

Danger, como parte de su disco Moebius (lanzado apenas 10 años después de La Granja de Teodoro Bello), nos ofrece una muy lograda alegoría, donde la sociedad mexicana actual está reflejada en todo su horror. Utiliza de nuevo la imagen bestial y un tanto la idea de la granja distópica como espacio común. Sin embargo, la noción de una granja comienza a diluir, transfigurada más bien de un territorio semi-salvaje, quizás la misma realidad impele a desbordar las órdenes fijados, volviéndose más caótica y brutal: “la jungla de asfalto”. Se diferencia de las dos granjas anteriores, tanto en su forma literaria como en su descripción de la realidad (y la realidad misma where se inscribe va más allá).Decía antes, que el elemento constructivo por excelencia es el calambur, que Danger utiliza con maestría para formar imágenes y metáforas.

 

En este bestiario, la sociedad se refleja no en su conjunto, sino en su terrible individualidad. Los sucesos se consignan con una límpida fidelidad a su horripilancia. Los hechos, pese a estar embozados por calambur y jerga, se hacen más notorios; esta forma literaria hace las veces del pasamontañas neozapatisa: los hechos se ocultan para hacerse más visibles. Emergen a partir de una identidad encubierta. Lo hechos adoptan así, en la pluma de Danger, un pasamontañas orroroso para ser vistos en todo su apogeo: “el chapulín tiene boleto al infierno / se lo va a dar el jefe cuando alce el cuerno”, “el que no se pone trucha le cantan las golondrinas ”.

 

La riqueza del lenguaje acumulada en la jerga y explotada por Danger, lo lleva a que el bestiario incluir nano relatos en su descripción. Incluso, hecha mano de la herencia helénica para rescatar a un temido y enigmático monstruo mitológico, la Medusa, trastocada en su significado y extrapolada en su monstruosidad, gracias al infame toque del negocio ilegal de las drogas: “Hasta un xoloescuincle dice ‘Yo si le atoro ‘/ no es veterinario pero bien por el loro / Su papá era rata por alcohol y hierba / ahora le dicen Medusa: todo lo que convierte en piedra ”.

 

La fatalidad de la vida y su brutalidad se ejemplifican con distintos hechos “el que cobra piso es
culebra”, “parece que no se puso buzo y hoy dormirá con los peces”, “le dicen puerco espín / trae
clavos por todos lados”. El drama de la migración como negocio ilícito está presente y de nuevo, la sociedad se muestra indefensa y dócil en contraposición con quienes lucran con su dolor, coincidiendo así con la jerga que denomina pollos a los inmigrantes, y coyote a los traficantes de inmigrantes: “Los coyotes no tienen corazón / pueden meter cien pollos a la caja de un rabón”. En esta jungla, también hay dueños, sí, pero tampoco se explicita, se refleja más bien el orden brutal y sangriento que gobierna en y para el caos. Los delincuentes, de nuevo, son bestias y animales;pero no solo ellos, gracias a la jerga, objetos (un halcón: un helicóptero de los modelos Hawk de la empresa Sikorsky; el cuerno: el rifle de asalto AK47 o cuerno de chivo), mercancías (chiva, perico / cristal, cocaína) y situaciones (“la troca se ve panda”: una camioneta cuya estructura resiente la carga) adopta su avatar, su tótem distópico. También aquí aparecen los cerdos como amos y señores, y nuevamente por obra de la jerga, se pueden identificar como autoridades civiles y uniformadas (policías, militares) e incluso los mismos sicarios del crimen organizado “aquí los puercos se están haciendo patos”, “ los puercos voltearon a un halcón ”. Esta última frase, desde luego es una liga macabra con el hecho comentado en la otra obra: las aeronaves oficiales derribadas por la delincuencia) e incluso los mismos sicarios del crimen organizado “aquí los puercos se están haciendo patos”, “los puercos voltearon a un halcón”. 

 

Este bestiario, es fiel a la inspiración de los bestiarios medievales al servir como elemento didáctico no tanto normativo, pues aunque alude a consejos prácticos, se centra en la exposición del escucha una realidad figurada, la imagen y la metáfora como maestras: “uno por cocodrilo se dio un pasón en la sierra / según el topo la autopsia revela: / traía más rayas que una cebra ”,“ Mejor la horca que alimento de caimanes / que te cortan con la sierra mientras suenan los Tucanes ”.

 

En un ambiente tan corrompido e inestable, el llamado ya ni siquiera se acerca a la petición de solidaridad que se veía en el corrido La Granja, más bien lo que se explicita es la búsqueda de la supervivencia sin exentarla de cierto dejo de crítica: el cierre del Bestiario se apega a la máxima signada en la sabiduría popular, reminiscencia también del silencio mafioso como pacto de no agresión “y en lo más alto hacen tratos / sabe quién le va a poner el cascabel al gato”.

 

 

Epílogo

 

La granja ha sido convertida en carnicería, en rastro. Según el homocentrismo aún imperante ahora trastocado por otras concepciones e ideas, que hace al hombre el culmen de la racionalidad y la volución logradas por la naturaleza a través de millones de años), el hombre en su arrebato racional, puede disponer de personas, de cabezas, de cuerpos, tan sólo así: porque puede. Sólo el poderoso es hombre, bestia, depredador, todos los demás son presas. En ese impulso, se trasciende lo bestial y se aproxima a lo maquinístico, llegando a una proporción casi industrial por sus millas de muertos y lo reiterado de las tragedias.Hay que infligir miedo, porque hay que imponerse, porque hay que seguir una orden: la muerte perpetua, la muerte en línea de producción, la muerte como parte de la cadena de suministro. Eso reitera seguramente que la supuesta cúspide evolutiva no es tal. Envuelta en su impotencia y su terror, la víctima, sea culpable o no, deberá pagar por mil la ofensa, el atrevimiento, la bizarría. O, simplemente, como dicen las autoridades, asumirse víctima de la mala coincidencia de tiempo y lugar.

 

Pero, en este tiempo y lugar, el desafío creativo, que se enfrenta a lo bestialmente maquinístico de la fatalidad a través de su palabra, de su música y de otras bizarrías y atrevimientos artísticos que hilan una salida del laberinto sangriento, ¿qué haríamos si no?

 

Sea este un pequeño saludo a los juglares, para que nos sigan contando esta historia en clave, que sus letras nos la revelen, que sus canciones nos rebelen. Que sus personajes sean valientes pero no bestiales, que como en el jaguar, las únicas manchas sean de estrellas. Que la granja sea pradera y las únicas bestias sigan siendo las panteras.

 

 

 

 

Wulfrano Arturo Luna Ramírez, CDMX, 1979. Tengo estudios de Posgrado en Inteligencia Artificial y Ciencias de la Computación. Actualmente soy profesor de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad Cuajimalpa. Me interesa la poesía y la narrativa en tanto formas de creación y expresión artística, medios de generación y difusión del conocimiento y como procesos cognitivos complejos, así como sus posibilidades de síntesis y reproducción mediante medios artificiales –por ahora computadoras. Fui miembro del extinto colectivo Adict @ sa la Poesía situado en Xalapa, Veracruz, donde participé en el Libro Memoria I y en la Revista Abiert @. Participé en el 1er y 2o módulos del Taller de Lírica, impartido por Antonio Rodríguez (Frino) Secretaría de Cultura – Centro Cultural Ollin Yoliztli (2018). Participé en el colectivo Adict @ sa la Poesía (Xalapa, Ver.) Y en los encuentros México Joven (Monterrey 2010) y Los Santos Días de la Poesía (Tampico 2013). Blog de poesía http://liberaturaylitertad.blogspot.com/