El grito rojo de la noche. Anidro Azabache

El grito rojo de la noche. Anidro Azabache

(0)

Vuelo nocturno

 

(Mal intento de preludio)

 

Desde el incinerado borde

y el alba de ceniza

brota el humo blanco,

Garza de las dos de la madrugada

que te eleva

en horizonte negro

donde nacen las pesadillas.

 

Los candiles agonizan,

el estómago se revuelve.

Parece que en lo oscuro

suena un río a tu izquierda,

bajas e intentas beber;

solo hay una inmensa cloaca.

Sus vapores tiemblan contra tu sed

Y sonríen

Solo hasta donde llega la sombra

has de cerrar la cortina

Garza de las dos de la madrugada

Y allá, donde el humo te pertenece

Ya no habrá más que mirar.

 

La vida es cortada

a cada instante

 

nada florecerá en sustancia yerma,

no hay lugar amable al tacto.

 

Una navaja afilada

resplandece entre lienzos añil opaco.

 

Se oye una invitación

hacia la cima del monte oscuro

donde solo tu agonía

has de encontrar

sin la muerte.

 

Solo es dejarse fluir

en mezcla con la sangre

que viene de lejos,

solo es mirar el terreno

y hallar una tierra humeante

con figuras de carbón.

 

Paseando por esos páramos

Garza de las dos de la madrugada

jamás se encuentra descanso.

 

Debes hundir el filo en tu pecho

para reanimar el pulso

Y comprobar

que aún existe un corazón

que late.

 

Pero un poco de vida debes guardar

-Garza de las dos de la madrugada-

para diluirte cuando llegue el momento.

 

Una página que se rasga

resbala por entre la noche

y deja un rastro de esperanza

en vano, al parecer.

 

 

(1)

 

Y entonces nunca termina

aquella sensación

el ajado matiz

sudor amagado que resbala

foráneas convulsiones indescifrables

El día                                                                   se contamina.

 

El ojo palpita y los labios se fruncen

hay un agujero en el grito del viento,

que rasguña las paredes de la memoria.

 

La mano tiembla con una daga

y las hadas                         resucitan

descarnadas

 

Es funesto

arrojarse a la romería de los ojos cerrados.

 

Y si en la luna hay un opaco ruiseñor,

así las marrullerías del caos asesino se despellejan

en lo flemático de su crepúsculo inventado.

 

Es un vomitarse

un trasegar negro

hacia la inexistencia

con las manos vacías                                                                    y el puño cerrado

 

Es el resistir…

Genealogía de los aullidos,

el parto de la madrugada,

el grito del silencio,

el sinsentido del retorno.

 

Suele ser un buscar la maravilla

dentro de lo irresoluble

El auténtico erizo conspicuo de la conciencia apalabrada

desgarrando los rojizos muros del espejo roto.

 

Se abre la mirilla y la fortaleza se muestra ruinas

 

Terso espanto inflamable

en medio del indiferente

supurar de lo muerto.

 

Piezas

Reconstrucción

 

El plañir de Sísifo.

 

 

(2)

 

 

En aquel segundo se reveló

una promesa de alba

Y el borde invita a ser ocupado.

 

Poblada la mente de fulgores

de un arquetipo quebrado,

el cuerpo reposa, la mente divaga

y el narcótico ingenio, prominente,

roza las pupilas, sedientas de engullir

de atragantarse  con el imposible

sudor del sol.

 

Un desvío ocurre en el quebradizo horizonte

Horridas retinas contrahechas:

el alba nonata.

Huye de su terror

el desparpajo de luz moribunda,

y su cromático gemir que amortece.

 

Cráneo sonoro queriendo lanzar

su tañer y agonía desde los labios atónitos

del que contempla

el olvido.

 

Malhecha evocación de los fragores

primigenios de la vida.

Y esa construcción brillante

tambalea en su desecado corazón.

 

Muerden las aceras, pasos que evaporan la imagen de su dueño.

Réprobos callejones muestran su garganta infecta.

 

La imaginación jamás da para tanto cuando arden los infiernos bajo el cuello.

 

Desandar es traición,

desdecirse tentación.

 

Y es la malograda alquimia del miedo a la ceguera

quien pide tortura y deceso en dolor propio.

Maúlla canciones rojas,

se arrulla en la muerte y el grito de la entraña

 

para que no me pueda levantar

si es que pierdo la garganta y el sudor.

 

 

Anidro Azabache Laru. Nace en la CDMX en 1988. Tiene formación en Historia y ha incursionado en actuación. Es poeta y narrador. Aportó con sus textos al programa de radio por internet “el espantapájaros” en 2014 y 2015 bajo el seudónimo de “Hermes Demián”. Recientemente ha participado en diversos eventos, como el 13º miércoles de poesía itinerante (2019), la “caravana literaria musical: encuentro de escritores de México, Sudamérica y el caribe” (2019), la primera lectura del ciclo poético “El núcleo de la roca” (2020), la mesa redonda “la poesía hoy y su retorno a la oralidad: jóvenes escritores  y campeones del torneo de poesía opinan” en la FIL del palacio de minería (2020), así como diversos eventos de difusión cultural (poesía) en el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM.  Su primer libro El grito rojo de la noche, tendrá pronta aparición bajo el sello de Verso Destierro.