Bitáctora 542 Agente Popoch de Lucía Izquierdo

Bitáctora 542 Agente Popoch de Lucía Izquierdo

 

 

Bitáctora 542

 

Agente Popoch

 

Lucía Izquierdo

 

 

 

Día 1

 

 

En el domicilio habitan dos sujetos; uno femenino y uno masculino. Beben café casi compulsivamente, la femenina se la pasa oprimiendo teclas en lo que llama computadora, luego se comunica con otros a través de un aparato rectangular y plano, son de tecnología primitiva, pero parece que con eso les basta, el masculino hace dibujitos en su pantalla y casi no habla. Esta mañana, la femenina salió alrededor de las 10 am, hora del centro Terrestre y volvió pasadas las dos de la tarde, argumentó algo sobre dar unas clases; sospecho que se trata de algo educativo que tiene que ver con el lenguaje porque siempre está regañando al masculino por su manera de escribir y hablar. Estos sujetos me han acogido bien, sin embargo, guardo mi distancia para evitar cualquier suspicacia. La femenina insiste en hablarme y quiere rascarme la pancita, puede ser peligroso pues, si llega a desesperarme, tendré que decirle que se detenga y la misión estaría arruinada.

 

 

Día 14

 

 

Nuestra arma bacteriológica ha entrado con éxito en el sistema planetario, los agentes encubiertos lograron diseminarlo en China y expandir el virus hacia Italia, de ahí a Europa entera y, pronto, América, la sujeto femenino que habita en la base que custodio ha estado investigando mucho, se emociona cuando descubre información que hable sobre la desactivación del virus, cada que está cerca de información importante me aseguro de brincar a su regazo y distraerla, es humillante, pero todo sea por la misión 542. El sujeto masculino ha comprendido que yo mando, basta un sonido para que me alimente y, sorpréndanse, lo he educado para limpiar mis desechos y rendirme pleitesía. Hoy comienza la etapa 2 de mi misión, los tendré vigilados 24 horas pues ya no podrán salir de su domicilio.

 

 

Día 54

 

 

Esta tarde pude entablar comunicación con un agente de otro lugar. Tiene una misión parecida pero sospecho que enviaron a un retrasado mental que no deja de mover la cola, todo en la Tierra le parece fascinante y me comenta que su sujeto de estudio lo saca a investigar todos los días, él deja sus informes líquidos en los árboles, se conforma con comer algo asqueroso a lo que los humanos llaman croquetas; pobre, le sugerí exigir leche, atún y jamón, cuando menos; el que estemos de incógnito no significa que tengamos que vivir de manera precaria, nosotros somos los evolucionados. Por mi parte, mis sujetos de estudio comienzan a sufrir los estragos del encierro, han cambiado su ritmo circadiano, duermen hasta tarde y se levantan directamente a sus arcaicas computadoras, lo que me ha permitido investigar a fondo sus hábitat y descubrir en dónde guardan el catnip. He podido comunicarme con el baboso agente que les comenté líneas arriba y saber cómo va evolucionando el virus en el exterior.

 

 

Los humanos ejercen tortura afectiva por las noches, han descubierto que uno de mis puntos débiles es detrás de la oreja y, cuando trato de imponerme, la femenina comienza a rascarme ahí hasta que, no pudiendo evitarlo, termino por ronronear. Eso ha dado pie a que insista incluso a deshoras, no sé cuánto tiempo más pueda resistir.

 

 

Día 86

 

 

Ayer por la noche me puse enferma, casi no podía mantenerme en pie y una inflamación en mi torax comenzó a volverse insoportable, la humana me ha procurado cuidados y me llevó con la misma mujer que me revisó cuando llegué a la misión; esta vez no le bastó con clavarme su aguja en la pierna y perdí el conocimiento. Cuando desperté estaba en prisión, mi humana de estudio no estaba, agredí a la torturadora de bata blanca, violentamente mostré mis armas y ella retrocedió, yo estaba desubicada, pero pude defenderme lo suficiente hasta que llegó de nuevo la humana y me sacó de la cárcel en que me tenían, acepté su ayuda, pues ignoro lo que me ha sucedido, temo que me hayan implantado un chip de localización o algo peor, que me hayan esterilizado. Finalmente, aunque malherida, sigo siendo una agente en cumplimiento del deber y llegaré hasta las últimas consecuencias para cumplirla. Informaré cuando me recupere.

 

 

Día 96

 

 

La humana tose y duerme mucho, el humano masculino marca su distancia con ella y no me permite acercarme a investigar, él está triste, tal vez asustado. Ya que lo tenía solo, devolví la tortura afectiva y me he restregado en su pierna –que recuerde quién manda-. Hoy él me llevó de vuelta con mi victimaria de bata blanca, ella me quitó algunas costuras pero ni el humano ni yo permitimos que me hiriera, da gusto lo bien que lo eduqué. De vuelta al domicilio me di cuenta de que la humana estaba en un estado grave, transpiraba y no podía mantener sus ojos abiertos, le hablé y ella no respondió, el humano hizo una llamada y unos sujetos en traje blanco llegaron por ella, se la llevaron.

 

 

Día 116

 

 

La humana no ha regresado, el humano comienza a presentar el mismo cuadro; casi no habla, tose, suda y mira constantemente por la ventana cuando no está dormido, cree que no me doy cuenta, pero lo he visto llorando mientras abraza una cajita de metal. Estimados colegas, misión cumplida, estamos un paso más cerca para salvar al mundo, hoy seguro vendrán por él y yo volveré a casa. P.S. Llevo un poco de catnip para celebrar.

 

 

 

 

 

Semblanza

 

Lucía Izquierdo, México. 1987. Autora del libro Uni-verso, editorial Fridaura. Incluida en antologías de cuento y poesía y publicada en medios de España y Uruguay. Coeditora de la antología Poetas de Reserva, CONACULTA y editorial Fósforo. Directora de contenido y márketing de la agencia digital Passiko.