APUNTES A LA POESÍA DE FLOR BOSCO POR DANIEL ROJAS PACHAS

APUNTES A LA POESÍA DE FLOR BOSCO POR DANIEL ROJAS PACHAS



1 -Naturalezas desbocadas

Entre ángeles y moscas es un libro que siento se inscribe en la tradición dialogante y subversiva de Quevedo y por tanto también dentro de una particular forma del barroco hispanoamericano.
Me explico. La poesía de Bosco no se enmarca dentro de la floritura exuberante de una sintaxis dislocada a lo Lezama Lima y antes de él, Góngora, sino dentro de un complejo abigarramiento de ideas y conceptos que se aglutinan y nos impactan. Me parecen versos más cercanos al Manierismo.
Entre ángeles y moscas es un proyecto de escritura que privilegia lo cognoscitivo, por encima de lo eminentemente sensorial.
No es un libro abigarrado, o como diría Sarduy, respecto al espacio barroco, materia cargada de “superabundancia y desperdicio”. Al contrario, la poesía de Flor trabaja una composición verbal precisa, por momentos parca y directa pero que no deja de sorprender por los cruces inesperados entre dogma, materialidad, insectos, podredumbre, vitalidad y memoria.
Es un libro cargado de vida y naturalezas desbocadas, como hundir la mano en un árbol seco lleno de criaturas que comienzan a deslizarse entre tus dedos.
Esta particular condición hace que nos enfrentemos a textos, que en primera instancia parecen compactos, pero en los cuales bulle un universo de ideas e imágenes que muestran un desajuste de la realidad capaz de llevar al lector al asombro, la incomodidad y el cuestionamiento. Un libro tanto certero como estimulante.


2 – Criaturas celestiales

Pájaros místicos, calamares, perros enroscados, moscas panzonas y peces rugosos, el libro tiene un surtido de bestias que lo habitan y también metamorfosis, a veces son propiamente especies mágicas que deambulan por estos poemas y proliferan, en otros casos, híbridos que nos interpelan: hombres con escamas, ojos almeja o la multitud como un gallinero que desafía el gruñido profundo y condena al hablante a una telepatía tortuosa.
Los poemas de Flor Bosco nos hacen transitar por un maravilloso bestiario, senderos vírgenes y espacios fabulados, que al poco andar dejan de ser geografías fantásticas para convertirse más bien en territorios de la mente y una sensibilidad herida por la normalidad, por los ritos lacerantes y la buena educación. Un amigo solía decir que escribimos porque las personas no escuchan:
Palabrasumbral, palabrasresquicio,
palabrastúnel, palabrasfilo:
Nidos de incertidumbre.
Otros días, sólo tinta seca,
cruces torcidas sobre mi hartazgo.
Estamos ante poemas de desacato frente al hartazgo que el día a día nos propone


3 – Arquitecturas del encierro

El libro además nos surte una ingesta de espacios, lugares cargados de rituales y lógicas que de algún modo nos devuelven la mirada y nos interpelan, mostrando represiones, lógicas y dogmas que habitamos, que se extienden más allá del cuerpo y que van echando raíces en nuestra mente, en nuestros movimientos y deseos.
La voz nos dice: un techo de dogmas frena la caída.
La iglesia garra cardadora de sesos o el convento de los malabarismos y el templo de avispas irritadas, sin embargo, estas imprecaciones que el hablante hace con tono desafiante / ansioso de puntos de fuga, no se remite sólo a una autoridad o institución eclesiástica, también apunta al hogar e incluso al cuerpo como topos/lugar, receptáculo de estas relaciones de control, poder y asfixia
Perdimos el horizonte en la niebla del nido / habría que nacer en otro vientre para poder morir, adheridos a la jaula, matriz, urna.
Como las pinturas negras en la quinta del sordo, estos poderosos versos – trazo goyesco sobre mi palidez – parecen ser un recorrido, inundando la mente del hablante, cargados de simbolismos, muestran las cicatrices de nuestra educación sentimental.

Como dice en uno de sus maravillosos versos:
Memoria por abolir
recuerdos por deformardesaguar de cabeza y corazón