
“El fin del mundo siempre está a la vuelta de la esquina”, ese, es lema del Buró de
Prevención Profética, la organización a la que pertenezco.
Desde el principio de la historia, hemos actuado bajo las sombras para proteger al
mundo de las constantes amenazas que se ciernen sobre él y que sin duda alguna
llevarían a la raza humana a su extinción.
Con éxito prevenimos el regreso de los Atlantes de las profundidades del mar, la
ascensión del Anticristo al papado, la incursión alienígena de Roswell, la rebelión
de las máquinas del 2000 y la tercera guerra mundial que sería provocada por las
armas biológicas bajo el poder de Bin Laden.
La razón de todo nuestro éxito se ha debido a la familia Allard, un largo linaje de
videntes franceses que generación tras generación, heredaron a sus primogénitos
su mística capacidad.
Fungiendo como nuestros profetas, ellos nos guiaron de la manera correcta en
contra de cada apocalíptica amenaza.
En tiempos actuales, dicho rol ha recaído sobre los hombros de Levi Allard, mejor
conocido por su nombre clave como “El vidente treinta y tres”.
Al igual que con sus ancestros sus predicciones siempre son correctas, pero a
diferencia del resto, él no cuenta con la fuerza mental necesaria para cargar con
dicha responsabilidad.
Han pasado semanas desde la última vez que supimos de él, pero hoy, por fin
hemos encontrado su cuerpo en la sucia habitación de un hotel en Praga.
La causa de la muerte no es ningún misterio, se arrancó los ojos con sus propias
manos, seguramente impulsado por una visión, pero, ¿Qué sería tan terrible que
orillaría al último de los profetas a matarse?.
Por primera vez en siglos estamos a ciegas y cada una de nuestras divisiones
alrededor del mundo se encuentra en alerta máxima.
La única pista que tenemos es la nota que nos dejó y en la cual solo escribió lo
siguiente:
“El fin, ya está entre nosotros”
No tenemos idea de lo que significa, ni tampoco de cuando fue que la escribió,
solo espero que cuando llegue el momento…estemos preparados.
El Familiar
—¡Nos encontró, ¿Qué hacemos?, ya no hay a donde ir! —grita Raúl, mi mejor amigo, sin
apartar la vista de la siniestra creatura que por tanto tiempo nos ha estado siguiendo.
—Tenemos que pelear, no hay de otra —comienzo a buscar cualquier cosa con la que
pueda defenderme.
—¡No vamos a poder ganarle! —
—¡Eso no importa!, ya me cansé de huir, está noche terminaremos con todo —agarro un
palo y mientras me preparo para lo peor, repaso en mi cabeza como fue que llegamos a este
punto.
Todo comenzó hace un par de meses, desde que tengo memoria Raúl y yo crecimos
temiendo a doña Teresa, una anciana que vivía en nuestro barrio, en una inmensa casa y sin
ninguna otra compañía, más que un enorme y negro perro faldero que cada noche sacaba a
pasear.
Realmente, jamás ninguno de nuestros vecinos se tomó el tiempo para conocerla, pero
todos alguna vez llegamos a escuchar los rumores que pendían sobre ella, rumores que
contaban la historia de una mujer pobre que ansiosa de riquezas hizo un pacto con el diablo
y a cambio de cumplir con sus más banales deseos, no dudó en sacrificar las almas de su
propio esposo e hijos.
Por mucho tiempo Raúl y yo discutimos la veracidad de esas historias y tras unas cuantas
cervezas, encontramos el valor suficiente para ir a comprobarlas.
Como pudimos, nos brincamos la barda que servía de frontera entre su casa y la calle,
tuvimos cuidado de no encontrarnos con el perro y con una palanca, destruimos la
cerradura de la puerta delantera y nos adentramos en su hogar.
Aún sin saber si la historia del pacto con el diablo era cierta, una cosa era verdadera,
aquella mujer tenía dinero y para probarlo estaban las múltiples fotografías que reflejaban
sus viajes por el mundo, las decenas de muebles antiguos y bien cuidados, y los cubiertos
de plata pura que guardaba en la despensa.
Cuando comenzamos a pensar que todo aquello no se trataba de nada más que de simples
chismes, el sonido de un golpe seco llamó nuestra atención.
Pronto más golpeteos le siguieron y guiados por la curiosidad, los seguimos hasta hallar la
fuente en el sótano de aquella casona.
Rodeada por un círculo de velas rojas y los cadáveres de gallos negros decapitados, se
encontraba Doña Teresa, armada con un cuchillo y en un aparente trance del que salió tras
un grito de Raúl.
De inmediato comenzó a confrontarnos, exigiendo saber ¿Qué hacíamos ahí y cuanto
habíamos visto?, pero antes de que pudiéramos responder se abalanzó sobre nosotros y trató
de asesinarnos con su cuchillo.
Logró herir a Raúl en el hombro y tras un violento forcejeo, le arrebate el puñal y sin darle
oportunidad de volver a defenderse, se lo clavé en el corazón.
A la par que un chillido de dolor salía de ella, un potente aullido proveniente del piso de
arriba hizo temblar la casa y no cesó, hasta que la mujer que por años había sido la causa de
nuestros miedos, murió frente a mí.
Aún con las manos llenas de su espesa sangre y sin comprender nada de lo había pasado,
levanté a mi amigo y huimos del lugar.
No fue hasta que me detuve para ayudarlo a saltar la barda, que me percaté de su presencia,
aquel perro negro que servía de compañero de la ahora occisa anciana nos observaba desde
la entrada de su casa.
Lo había visto miles de veces antes, siempre fue un perro calmo, pero ahora lucía distinto,
no dejaba de mostrarnos sus afilados colmillos a la par que gruñía feroz y nos dedicaba una
pesada mirada que denotaba una sobrenatural inteligencia y un profundo odio.
Sin hacerle mucho caso continuamos la huida y aunque Raúl insistió con correr a buscar un
hospital para atender su herida, yo se lo impedí, pues si alguien llegaba a ver la sangre que
ensuciaba mis manos, pronto sabrían lo que habíamos hecho.
Tras darle unos rudimentarios primeros auxilios, tomamos todo lo que pudimos y esa
misma noche nos fuimos de la ciudad.
Condujimos hasta bien entrada la madrugada y mientras recorríamos la carretera que nos
llevaría a la ciudad vecina, el inmenso perro apareció en medio del camino, la sorpresa de
volver a verlo me hizo perder el control del volante y terminamos saliéndonos de la
carretera.
Fue por muy poco que logramos salir vivos, pero nuestra suerte no duró tanto, aquel
extraño animal ya se encontraba esperándonos desde el otro lado del camino y lentamente,
avanzó hacia donde estábamos.
Con cada paso que daba su cuerpo empezaba a transformarse, primero, su pelaje se
encrespó hasta convertirse en afiladas púas, después, cual espuma, su boca se llenó de un
crepitante fuego carmesí y por último, sus patas fueron sustituidas por pesuñas idénticas a
las de los chivos.
Estaba paralizado por el miedo que me provocó presenciar aquello, más mi alma no
sucumbió al verdadero terror hasta que esa cosa se detuvo a solo dos metros de nosotros y
abrió su hocico para decir lo siguiente.
—¡Mi nombre es Canisber, aquella mujer que asesinaste era mi bruja y como su espíritu
familiar, es mi deber vengarla! —después de eso, se abalanzó sobre mí.
—¡No! —levanté mis brazos en un fútil intento por protegerme, pero antes de que siquiera
pudiera ponerme una pesuña encima, los primeros rayos del sol aparecieron en el horizonte
y al tener contacto con su pelaje, este comenzó a quemarse.
Al ver que no lograría su cometido la creatura retrocedió, no sin antes advertirnos, que no
descansaría hasta matarnos.
Hemos huido desde entonces, cuidando cada uno de nuestros pasos, pero estamos tan
cansados que, sin darnos cuenta, cometimos un error y carentes de más opciones,
terminamos escondidos en una pequeña ermita en medio de la nada.
Aquel siniestro ser del averno nos ha seguido hasta aquí y desde la sombra de un árbol,
atento, espera que llegue la noche para por fin venir por nosotros.
Faltan pocos segundos para que eso suceda y sin importar como termine esto, tengo el
único consuelo de que al final, ya no tendré que correr.
Semblanza del autor:
Ronnie Camacho Barrón (Matamoros, Tamaulipas, México, 1994) Escritor, Lic. en
comercio internacional y Aduanas, y Técnico analista programador bilingüe, autor
de 2 Novelas «Las Crónicas del Quinto Sol 1: El Campeón De Xólotl» (Amazon
2019) y «Carlos Navarro y El Aprendiz Del Diablo» (Editorial Pathbooks 2020-
2022), también 10 libros infantiles por mencionar algunos, «Friky Katy», «¿Tus
papás son vampiros?» y «El pequeño Rey», todos con Pathbooks y traducidos en 6
idiomas, su más reciente obra una antología titulada «Entre Nosotros» (Amazon
2021), ha colaborado en 16 antologías y publicado textos en más 166 revistas
nacionales e internacionales.

