Ivana Melgoza

 

Eso no es lo difícil, amor,

lo verdaderamente difícil

es que tu rostro otro

con tus pestañas otras

se me difuminen

en un pozo de aguas blanquísimas.

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Aída López

 

En el centro de la mesa,

están las flores que adornan cementerios.

Mis muertas comen de su blancura

y beben el llanto de los rezos.

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ

 

La violencia insolente

hace temblar los márgenes del cuerpo

y en su lenta combustión como de encina

la tinta de las venas escribe ese calvario

cuando era profanado el templo de la carne

y en el aire se anotan garabatos, grafitis

con la voz enfangada y sucia de ese grito

que calcina los labios, las cuerdas de la boca

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Fabián Espejel 

 

(las flores)

entre dos pétalos

entera se suspende

la primavera

 

(la canícula) 

en su pupila          

recoge el vientre nuestras          

transpiraciones  

 

Estela Guerra Garnica

 

Entre  marasmo de  tormenta

ave perdida soy, errante mi vuelo

zozobra en un barco de nubes.

 

Huracán de viento solar amenaza.  

Siento miedo al igual que todos.   

Hay que volar hacia la cumbre

que la furia del mundo quede abajo.

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Melissa Nungaray

 

Abandono la distensión del silencio.

El día mece sus custodias,

los signos acuden al espejo

y la materia vuela en blanco.

Hortensia  Carrasco

 

Detrás de un mezquite, espío a los que trabajan

Muerdo la cáscara del mango y brota un jugo apetecible

Lo bebo y los hombres ya se han quitado las camisas

Sus cuerpos se abandonan a la hierba

hurgan entre tallos, ramas y hojas

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Armand Virallonga Chavarrías

Treinta de nuestras crías salieron hoy del cascarón.

Dos de ellas murieron, porque así es el Hades, egoísta.

 

Las otras veintiocho están bien, tienen tus ojos,

tendrías que verlas dejando sus primeras huellas por la playa.

Artemisa Téllez

 

Sé bien,

                       abuela,

que quisieras devorarme

                                       para llevarme contigo

                                                  a donde quieras.

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Yendi Ramos

 

La carta de Augusto I

Querido padre:

Para borrar el efecto de mi pelleja he oído al idiota. Decía algo así como “que le corten la cabeza por
chillón”. Y nomás me acariciaba la espalda. Mi alma siempre ha tenido arena. Una heredad revolcada,
padre, por sinceros e irremediables nortes. Qué fácil es morder la fantasía, cuando se está solo,
frotándose a ella con aparente sumisión y salvajismo; sin vergüenza ni modo posible de encontrar el
límite.