arte poética
el poema es un animal que dice la verdad / que necesita amor / pero su amor devasta / que latiendo hasta los huesos canta / así respira el mundo / así entra la tierra en las flores
la poesía es amor
alda merini
llamada
no solamente eres
muchacha
tus besos
esparciéndose en mis venas
o el oro de tus muslos
que ansían mis muslos
eres la rosa disidente
la fragancia fugitiva
la siempre pura
y el silencio de los pájaros
te está nombrando
rito
ese poema qué quiere / golpeando largamente mi ventana / ¿por qué está ahí su cuerpo? / hasta que al fin canta su boca / es como una estrella / temblando en el balcón de la noche / oye / le pregunto no sé qué / mientras el silencio frotándose los ojos una vez más / quema hermosamente el poema / y todo quema por fin / mientras dura
¿de qué está hecho el mar?
¿de qué está hecho el mar? / abismo azul como tu sexo / ¿de silencio luz y cielo / olas soltando sus cabellos / peces pájaros que se deshojan? / de qué estás hecha mar / de qué tus labios nocturnos / desbocándose frescos recónditos fluviales / al tiempo se le abren las entrañas / y planea el deseo como gaviota henchida de presagios / relumbra tu piel que palpo inagotable / agua de hermosísimas llamas / si yo pudiera dentro de ti / llegar hasta la espuma silenciosa / agua sin orillas / y tumbarme en tus pechos / soltar amarras / entre tus piernas no hay ni vida ni muerte / el sol bebe su luz entre tus piernas / ¿qué te sostiene / líquida vehemencia / que todo lo amaras? / no: no eres ese mar abstracto de los mapas / ni el mar de los cuentos de piratas / ni tampoco el mar indomado que inunda a los poetas / eres este mar que toco esbelta inminencia / volumen de una edad sin edades / mientras cierras los ojos y el vértigo del jade / dime de qué estás hecha / ¿qué hay en el fondo del mar?
*Poemas de Las derrotas del silencio (Vaso Roto).
Román Cortázar
Nació en Mérida, en 1980. Poeta y ensayista. Infatigable viajero. Ha presentado sus trabajos en universidades y centros literarios de América Latina y Europa. Su poemario Las derrotas del silencio apareció, en España, a fines de 2019. Su poesía también fue publicada, en 2020, en la antología ¡Oh! Dejad que la palabra rompa el vaso y lo divino se convierta en cosa humana. En 2006 fundó la revista El Grito. Colaborador del semanario uruguayo Brecha y de varias publicaciones en México, como la Revista de la Universidad de México, y en Argentina, como Página 12 y Marcha. Ha sido publicado en la revista latinoamericana Sur y Sur; en Brasil, Colombia y Venezuela; en Estados Unidos, en Nueva York Poetry Review, y en España, en Morder el polvo. A mediados de 2010, sentado en un jardín, descubrió que nació para cazar palabras y se fue a Uruguay por invitación de Eduardo Galeano. A principios de 2012 regresó a México. Es un barquito buscando su puerto.
Un diario de viaje
Conocí a Román Cortázar en la cocina de mi casa. Siendo yo una adolescente, escuchaba sus travesías por el sur de nuestra América y por México. Cambiaba de ciudades como de autobuses, de Monterrey a Querétaro, de Mérida a la Ciudad de México, en un ir y venir casi frenético. Recuerdo el chirrido del teléfono y esa estruendosa voz a la que es difícil encontrarle un solo acento, como bien dice Eve Gil, norteña por momentos, llena de argentinismos damontescos, uruguaya o yucateca en sus pausas, proponiendo escritos, encuentros, revistas; invitándonos a sus amigas y amigos, bordadoras, pintores, cirqueras, editores, periodistas, filósofas y caminantes, a construir con él.
Pasaba por la casa para recordarnos la energía de sabernos vivas y después nuevamente emprendía el viaje, envuelto en su escandalosa risa. Me acuerdo de que mi mamá nos iba leyendo de a poquito sus mensajes, intentando reconstruir sus andanzas: “Se encontró con Galeano en Montevideo, fueron al Café Brasilero. Caminó por el Tigre hasta encontrarse con la sombra andante de Rodolfo y compartieron la palabra armada a pesar de la muerte o cargando con ella. Se enamoró y reconoció en el deseo. Escribe, eso dice”.
Las derrotas del silencio es un libro que se disfraza de mapa desdibujado por las lluvias y el tiempo, que acompaña sin precisión los caminos recorridos por otros maestros, amigos en la necesidad de buscarle sentido a la palabra y de recuperar la memoria como puente entre lugares y tiempos. Es también oleaje de los cuerpos que incendian de nostalgia las páginas en blanco.
“quema hermosamente el poema / y todo quema por fin / mientras dura”, dice Román Cortázar en “rito”. ¿Hay ritual más antiguo que hablar de los caminos que vamos descubriendo? El diario de viaje como salvavidas del dolor de construir casas en geografías distantes; o para evitar que las personas se nos escapen:
ya no estás, eso dicen mis ojos
eres la espuma que dejaste
Las derrotas del silencio es su camino. Con la libreta en el bolsillo, Román Cortázar habla de esos viajes solitarios que nos enseñan a conocernos y a esperar que la palabra se haga presente como brújula en estos tiempos genocidas y desérticos.
Dice Galeano que “La memoria guardará lo que valga la pena. La memoria sabe de mí más que yo; y ella no pierde lo que merece ser salvado”:
la luna
estremece el mar
y el sonido del agua
se va adentrando
hasta mi niñez en verano
hasta la inocencia
que de pronto un día
vencida en sus pechos
encontró
en esa mujer
una mujer
Román tiene el don de aventarme a hacer cosas que me aterran. Entre mentadas y risas, me hace hablar en público; caminar por la selva de Belice en medio de la lluvia; comentar sus poemas, aun sabiendo que soy una mala lectora de poesía. Pero así me adentro en él, en sus palabras derrotando al silencio.
Helena Scully Gargallo
Un bello libro
escribir es mentir
es el drama del camaleón al despertar
entre mis manos
como la llama en los ojos de los locos
como una hiedra húmeda
como ofrenda sobre el mar se esparza
el brillo profundo que hurga
entre el agua oscura
Ése es el primero de los sesenta y seis poemas del libro que integran Las derrotas del silencio, que publicó Vaso Roto. Muchísimos de ellos son poemas cortos, con poquitas líneas. Román Cortázar me contó que se llevó casi diez años trabajando en esos poemas. “Escribí, destruí, reescribí y limé y pulí muchas veces”, dijo; y al final logró: impuso varias derrotas al silencio.
Cuando el libro surgió, su autor no había cumplido los cuarenta años y es sorprendente ver la inoxidable madurez estampada en cada línea de cada poema. No sé si leí en algún lugar o si yo mismo llegué por mi cuenta a esta conclusión pero, para mí, en la literatura de ficción el cuento está en un lugar superior a la novela, pero por encima de toda forma de palabra escrita está el poema, y Las derrotas del silencio reiteran eso.
Hace como medio siglo, siendo muy joven, yo empecé en el oficio y a vivir de la palabra escrita, durante muchos años como periodista de lo cotidiano y desde hace unos veinte me divido entre la literatura de ficción, escribo cuentos, y la literatura de no ficción, me refiero a libros periodísticos. Yo me permito esta autorreferencia, siempre algo peligrosa, para explicar que entiendo bien el peso del silencio a la hora de escribir. Pero jamás logré acostumbrarme a ello. Si cuando joven, a mis veintipocos años, lograba escribir siete, ocho cuentos, entre enero y diciembre, ahora tardo toneladas de eneros y diciembres para terminar solamente uno. Ése es el silencio, el tamaño del silencio que me acosa, como acosa en mayor o menor medida a todos los que escriben, sean cuentos, novelas, poemas. Pues Román logró derrotarlo:
para qué sirve el poema
león que en la hoja se despelleja
y la hoja blanquísimo alabastro
que todo nos retoma y adensa
Bien, Román Cortázar se pregunta para qué sirve el poema. Yo recuerdo nítidamente a otro gran poeta, el brasileiro Ferreira Gullar, que está publicado en castellano. Una vez le pregunté para qué servía el arte y la respuesta fue fulminante. El arte existe porque la vida sola no basta, no alcanza, y si la vida sola no es suficiente, para eso sirve el poema, para ayudarnos a vivir, a existir. Román nos da en este libro sobradas muestras de que lo que dijo mi amigo Gullar es justo y verdadero. La delicadeza y el supremo poder de síntesis de Román Cortázar son, al menos para mí, impactantes.
Por ejemplo:
tú eres
la escritura que me escribe:
entro por tus ojos
Hay síntesis y exactitud también en los poemas que son más largos pero, aun siendo más largos que los demás, siguen siendo poemas cortos:
la luna
estremece el mar
y el sonido del agua
se va adentrando
hasta mi niñez en verano
hasta la inocencia
que de pronto un día
vencida en sus pechos
encontró
en esa mujer
una mujer
Además de los poemas de amor, que son la mayoría, también hay en Las derrotas del silencio poemas que tratan de otros escritores, como los argentinos Ricardo Piglia y Rodolfo Walsh o el gran literato uruguayo Ángel Rama, y de músicos, en especial Astor Piazzolla y su violinista favorito Antonio Agri, con un violín celestial o diabólico, vaya a saber.
Por razones mías muy personales, tres de los mencionados dejaron marcas nítidas en mi alma, muy claras y muy permanentes. Cuando me mudé de Madrid a la Ciudad de México fui presentado a un poeta nacido en España, más precisamente en Valencia, y naturalizado mexicano. Estoy hablando de Tomás Segovia. La verdad es que nunca tuvimos mucha cercanía, mucha frecuencia en nuestras relaciones, pero yo recuerdo su calidez y su generosidad al recibirme en el país que supo hacer suyo. El poema de la página 52 tiene por título su nombre. Es mucho más que un recuerdo, sólido, nostálgico, de profunda, profunda amistad.
Los otros dos son mi amigo y fraterno poeta, inmenso poeta, el argentino Juan Gelman y el hermano mayor que la vida me dio, el uruguayo Eduardo Galeano.
El libro, a propósito, está dedicado de manera delicada y discreta a Eduardo y Tomás, léase Segovia y Galeano.
En la página 48 un poema pagano, sin nombre, trae un registro inicial dulce y aclarador. Dice el poema, que es bellísimo:
me gustó verla desnudándose a la luz de la luna. El pelo revuelto
sobre sus hombros blanquísimos cavándome la carne. Llena
de olor que quema incompletamente y busca completarse.
Entonces me hundí en ella, como se hunden las raíces en la
tierra. Y le hallé adentro la última flor
El registro aclarador que mencioné: “por aquí andas, Juan Gelman”. Y así fue, así es, aquí anda Juan Gelman también.
En las páginas 23 y 70 quiero destacar la presencia palpable y sonante de Eduardo Galeano. Me resultó especialmente emocionante el poema que trae por título el mismo título del libro postrero de Galeano, publicado después de su viaje final, el único del cual ese viajero incansable no pudo volver, “el cazador de historias”. En ese poema el autor hace mención precisa de otro maestro de maestros, figura de infinita importancia en la formación de Galeano y de muchísimos más escritores de las generaciones que vinieron después, me estoy refiriendo al gigantesco Juan Carlos Onetti, inmenso, inmenso. Es impresionante cómo Román retrata a Galeano con precisión de cirujano. Si me oyera, Galeano me fulminaría por usar semejante lugar común.
Yo quiero volver a lo que dije hace poco para corregir un detalle. Dije que además de los poemas de amor hay poemas de amor que tratan de otros escritores y de músicos. Para Román Cortázar, como a propósito también para mí, la amistad, la verdadera amistad, es una forma de amor, y también es una forma de amor la admiración por la persona o la obra de alguien con quien nunca estuvimos personalmente pero que de alguna manera pasó a ser parte de nuestra vida. Eso también es una forma lejana pero consistente, creo yo, de amistad.
Otro aspecto que creo es muy importante en Las derrotas del silencio es la manera como el autor trata el paso del tiempo. Nada es lineal, todo está suelto. Tenemos una intensa búsqueda para encontrar distintas formas de ver el tiempo pasar, distintas formas de superar la distancia entre el silencio y la palabra, entre el silencio, la palabra y el tiempo.
Yo quiero terminar diciendo que soy desde la infancia un lector voraz. En casa de mis padres había una biblioteca que no hacía más que crecer. Ninguno de nosotros, que somos cinco hijos: dos muchachas y tres caballeros, jamás fuimos obligados a leer. Desde siempre la lectura nos fue presentada como un placer y sigue siéndolo todavía. Digo también que yo no creo en absoluto que algún libro de ficción, ni siquiera la Biblia, haya servido para cambiar la vida y el mundo. Pero muchos, muchísimos libros nos ayudan, de alguna forma, con mayor o menor intensidad, a cambiar nuestra manera de ver la vida y de ver el mundo. Algunos, más que cambiar nuestra manera de ver la vida y el mundo, fortalecen la manera que ya traíamos adentro. Y digo que la lectura de Las derrotas del silencio fortaleció mi manera de ver el amor en todas sus dimensiones, del amor amor al amor amistad.
Eric Nepomuceno

