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Con la soltura de las aves en vuelo de Mariajosé Escobar

Ana María Oviedo Palomares (Valera, Trujillo, 1964) es poeta, músico y
promotora cultural. Licenciada en Educación Mención Desarrollo Cultural por la
Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (2018). Fundadora de la Red
Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela. Ha publicado los libros:
De fuego o de ceniza (1997), Flor de sal (2003), Ruegos (2004), Crueles, treinta y siete
canciones y un poema de amor (2007), y las antologías Domino Oscuro (2007) y De
fuego o de ceniza (2019). Su obra ha sido traducida al árabe, italiano, griego, portugués
y azerí. Fue la poeta homenajeada del XVI Festival Mundial de Poesía en el año 2022.
El reino de los sauces de la poeta Ana María Oviedo Palomares es un libro que
habla de tres heridas en la piel del mundo: Nakba, que agrupa los poemas que
visibilizan el terrible crimen de lessa humanidad que se está cometiendo ante los ojos
del mundo en Palestina; Jaima, en el que se encuentran poemas que hacen referencia
a las luchas Saharauis, y Mar Estrecho, ese mar doliente que es el Mediterráneo en el
que a diario se ahogan decenas de almas, tratando de escapar de la sed y la guerra en
la que es injustamente sumido el continente africano.
Ana María me regaló su libro hace un tiempo, y un jueves cualquiera finalizando
el año me desperté más temprano de lo habitual, en la madrugada, y se hizo propicio el
tiempo y el espacio para leerlo. Hay libros como este que no nos atrapan al inicio, sino
que deben esperar el momento necesario para poder resonar en nosotros, esto me
sucedió con el libro de Ana María. Ese jueves quise escribir un poema a Palestina, y
desperté muy temprano revisando noticias, leyendo la historia de Palestina, que ha
luchado desde sus inicios. La Franja de Gaza ha sido siempre un territorio en disputa,
ocupada en la antigüedad por los imperios Persa, Otomano, por Alejandro Magno y
más recientemente en una disputa desigual e injusta entre israelíes judíos y árabes que
lleva casi un siglo.


Nakba
En esta parte del poemario habla la madre que ha perdido a sus hijos, el abuelo
desolado, los niños que no pueden jugar entre misiles y destrucción de casas y
poblados enteros, la mujer que hereda las llaves de la ciudad perdida a la siguiente
generación luego de la nakba o catástrofe (palabra que hace referencia a los 700.000
palestinos que huyeron o fueron expulsados de su territorio ante la ocupación israelí, y
que es una tragedia que está sucediendo minuto a minuto, cuyo punto de inicio es a
veces marcado en 1948 cuando se crea artificialmente el Estado de Israel, pero que es
incluso anterior a esa fecha).

Te dejo las llaves de nuestra antigua casa.
El hogar que fue nuestro antes del despojo.
Antes de tener
que resguardar el corazón entre trapos,
añorar hasta creer en el olvido.
Seguro es que la casa ya no exista,
ni siquiera creo que esté
habitada por algún invasor.
Pero he guardado esta llave.
Y te la dejo.
Era mi amuleto de la esperanza.
Hazle un espacio entre los trapos
con los que envuelves
tu corazón (Oviedo Palomares, p.2)

El simbolismo mágico que encierra esa llave cobra en el poema de Ana María
Oviedo Palomares toda su significación de símbolo de la resistencia y la esperanza
Palestina ante la ocupación del invasor. El corazón, al igual que la llave, es
resguardado del horror, de esta manera hay una equivalencia poética entre corazón y
llave, como si toda la sensibilidad humana pudiera abrir los cerrojos de una casa que
tuvo que ser abandonada ante el estallido de un misil. De esta manera la madre hereda
a la siguiente generación la posibilidad del regreso, aunque la casa no esté, porque esa

casa puede ser reconstruida en una tierra que es suya. Hereda también el lugar para
guardar esa llave: los trapos con lo que se envuelve el corazón, lo más cercano al
alma, donde late la posibilidad de un mañana sin guerra.
Escribir sobre Palestina requiere conocer bien la realidad a ser poetizada, pues
si no es así se correrá el riego de caer en lo fácil, en el lugar común de la consigna
antibelicista, válida, necesaria, pero no poética. Es precisamente lo que no le sucede a
Ana María, que puede hablar incluso del amanecer en los ojos de un gato, en una casa
en Palestina, que habla de las rosas sembradas que florecen aunque a veces tengan
más espinas, pero que aun así siguen siendo rosas, de los niños que piden a las
estrellas un deseo repetido infinitas veces, un cielo con estrellas que no tengan cinco
puntas de sangre. Hablando de lo terrible se enuncia también lo hermoso en lo sencillo,
en lo cotidiano. Estos versos son denuncia que encierra la belleza de lo cierto, el dolor
de lo humano ante la injusticia y la barbarie.
Descubrimos en la voz de Ana María Oviendo Palomares, palabras
pertenecientes a ese territorio herido del planeta: nakba, jaima, wilaya, melfa, palabras
que gracias a ella conocemos, y se unen a un imaginario que se construye desde la
impotencia ante la injusticia.


Jaima
Ecos de voces que claman por ser escuchadas en el desierto, también las
luchas Saharauis se hacen presentes en esta colección de estampas venidas de otro
mundo que es nuestro mundo: el de la guerra y el dolor. Las Jaimas son las tiendas
árabes en las que los pueblos del norte de África se diseminan a lo largo del
continente. Esta palabra, desconocida para nosotros hasta el hallazgo de este libro,
tiene la función de crear en nuestra imaginación un símbolo: refugio, errancia,
perseverancia. Todo ello está descrito desde la poesía de Ana María.
En esta parte del libro, encontramos la enunciación poética de otra de las
grandes injusticias de nuestra actualidad. Encontramos el nombre de una ciudad,
Tinduf, que nos ubica con respecto al escenario enunciado por la poeta:

Tinduf es la provincia más occidental de Argelia, limítrofe con Marruecos y
Mauritania y, a través de una pequeña franja de terreno, con el antiguo
Sahara español. En Tinduf, y muy cerca de la confluencia de esas tres
fronteras, se encuentran ubicados los campamentos de los refugiados
saharauis, ilegítimamente expulsados de su tierra, el Sahara Occidental, por
Marruecos (…) En la actualidad, se estima que existen sobre 175.000
refugiados, aunque su número varía debido a los flujos migratorios, sobre
todo con España. (Torres Peral, pág. 1).


La poeta se pregunta desde la denuncia, pero sobre todo desde la poesía:
¿Cuánto pesa un grano de arena?
En mi patria tiene el peso exacto de la sombra
[de una nube.
¿Cuánto pesa una gota de agua?
La inclinación de la piedra en la que
cae una lágrima,
la medida de la sed de mi gente (Oviedo Palomares, p.21)


En esta zona el agua está siendo utilizada desde hace mucho como arma de
guerra. Lo más importante a mi juicio de este libro conmovedor hasta las lágrimas es la
combinación armónica de la denuncia política con la altura poética: hablar del agua que
les es negada a los Saharauis no es tarea fácil. O mejor dicho: puede asumirse desde
el facilismo del panfleto o desde la belleza, como lo hace Ana María, preguntarse
cuánto pesa un grano de arena, ponerla en relación con la sombra de una nube, es esa
la mirada de una verdadera poeta.


En todo el libro, se construye un imaginario que tiene que ver con la vivencia del
dolor de la guerra en esos espacios. Ese imaginario está fuertemente ligado al espacio:
nombrar los lugares en los que ocurre la injusticia con sus propios nombres tiene la
intencionalidad de visibilizarlos. Al describirlos en sus colores, texturas, olores y
especificidades la poeta los interioriza, primero dentro de sí misma, luego en el lector.
La construcción de imaginarios está siempre muy ligada a los sentidos. En este
poemario eso está patente: la piel, temblores, tibieza, humedades, la mirada, el sonido,
lo salobre, todas estas formas de nombrar lo que percibimos, son formas que
encuentra la poeta para ponerse en el lugar de enunciación de las víctimas de estos
conflictos bélicos.


Mar Estrecho


África es un continente olvidado, ante el que muchos son indiferentes, espacio
en el que se concentran las mayores desigualdades de este mundo: hambre,
desnutrición, sed, violaciones, ocupaciones. Familias enteras han muerto en el mar
tratando de huir de ese horror. A ese mar de espanto canta también la poeta, a esos
niños que siguen buscando a sus madres en las profundidades del lecho marino.

Treinta y cinco mil voces me hablan
desde el lecho de un océano.
Hay niños caminando en la arena del fondo.
Perdidos, buscan tal vez
a sus madres.
Ellas, unos kilómetros más allá
gritan bajo el agua,
                          anémonas deshechas.
No se encontrarán nunca.
Vacío es el consuelo de la trascendencia.
Treinta y cinco mil almas me dicen que no
termina el martirio de la sal,
que sólo se hundirán más y más
en un mar
indiferente. (Oviedo Palomares, 35)


Contra esa indiferencia la ternura doliente de este libro, poesía de la lucha y de
la denuncia, que a su vez muestra belleza en medio del horror. A veces frente al
espanto de la guerra tenemos la tentación de gritar. Pero la mirada del poeta puede ir
más allá incluso del grito, y hacerse no clamor, sino plegaria por la paz, por un mundo
en el que los ángeles de Palestina ya no sean ángeles, sino niños de carne y hueso,
que puedan jugar al escondite.


Creo que El reino de los sauces es una de esas plegarias, poemario que podría
ser musitado en voz baja, repetido como una contra de salvación en medio de la
destrucción.


Se trata en este caso de un libro que posee uno de los elementos que a mi juicio
deben estar presentes para que la poesía pueda ser considerada tal: hondura
espiritual. Es un libro que llega muy hondo en el espíritu, precisamente porque alude a
una realidad actual, a una causa urgente por la cual luchar para que la humanidad
pueda seguir existiendo.


Creo también que la tarea del poeta que cante a la paz debe ser como la que cumple
Ana María con este libro: hacerse imagen, que no slogan, sino con las posibilidades
infinitas que da una historia como la que cuenta y canta hacer materia del lenguaje
desde el arte, con la soltura de las aves en vuelo.



REFERENCIAS

 Torres Peral, Tomás Tinduf, disponible en:
https://www.larazon.es/opinion/tinduf_2024012465b04c7ee5843000011de99d.html
 Oviedo Palomares, Ana María (2022). El reino de los sauces. Monte Ávila
Editores Latinoamericana.








Mariajosé Escobar
(Caracas, Venezuela)

Escritora. Magister Scientiarum en Literatura Comparada (UCV). Licenciada en Letras (UCV).
Diplomado en Edición y Promoción del Libro y la Lectura (Uneartes y Fundación Editorial El
Perro y la Rana.
Ha publicado: Poemas de Insomnio y Lluvia (2011). Versos Diversos (Comp. 2011). La Casa en
el Espejo (2015) Mención Honorífica del Premio Municipal de Poesía Luis Britto García (2016).
Verbeldía, Locura del verbo (2019). Liquen (2022). Desde el vagón (2024) Mención Honorífica
del Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo (2022). Su cuento Gestación ganó el
Concurso Metro Relatos (2014), auspiciado por Monte Ávila Editores.
Ha publicado ensayos y poemas en diversas antologías y publicaciones periódicas. Ha
representado a Venezuela en la Feria del Libro de La Habana. Participó en varias ediciones de la
Feria Internacional del Libro (FILVEN) y del Festival Mundial de Poesía, en Venezuela.
Facilitadora de talleres literarios desde 2007, miembro de la Escuela Nacional Juan Calzadilla
desde su fundación, donde actualmente imparte talleres literarios a adolescentes. Forma parte de
la Gerencia de Cultura de PDVSA La Estancia, en donde imparte talleres literarios a niñas,
niños, adolescentes y adultos mayores así como también lleva a cabo actividades de
cuentacuentos y otras actividades de promoción del libro y la lectura.

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