1 -Naturalezas desbocadas
Entre ángeles y moscas es un libro que siento se inscribe en la tradición dialogante y subversiva de Quevedo y por tanto también dentro de una particular forma del barroco hispanoamericano.
Me explico. La poesía de Bosco no se enmarca dentro de la floritura exuberante de una sintaxis dislocada a lo Lezama Lima y antes de él, Góngora, sino dentro de un complejo abigarramiento de ideas y conceptos que se aglutinan y nos impactan. Me parecen versos más cercanos al Manierismo.
Entre ángeles y moscas es un proyecto de escritura que privilegia lo cognoscitivo, por encima de lo eminentemente sensorial.
No es un libro abigarrado, o como diría Sarduy, respecto al espacio barroco, materia cargada de “superabundancia y desperdicio”. Al contrario, la poesía de Flor trabaja una composición verbal precisa, por momentos parca y directa pero que no deja de sorprender por los cruces inesperados entre dogma, materialidad, insectos, podredumbre, vitalidad y memoria.
Es un libro cargado de vida y naturalezas desbocadas, como hundir la mano en un árbol seco lleno de criaturas que comienzan a deslizarse entre tus dedos.
Esta particular condición hace que nos enfrentemos a textos, que en primera instancia parecen compactos, pero en los cuales bulle un universo de ideas e imágenes que muestran un desajuste de la realidad capaz de llevar al lector al asombro, la incomodidad y el cuestionamiento. Un libro tanto certero como estimulante.
2 – Criaturas celestiales
Pájaros místicos, calamares, perros enroscados, moscas panzonas y peces rugosos, el libro tiene un surtido de bestias que lo habitan y también metamorfosis, a veces son propiamente especies mágicas que deambulan por estos poemas y proliferan, en otros casos, híbridos que nos interpelan: hombres con escamas, ojos almeja o la multitud como un gallinero que desafía el gruñido profundo y condena al hablante a una telepatía tortuosa.
Los poemas de Flor Bosco nos hacen transitar por un maravilloso bestiario, senderos vírgenes y espacios fabulados, que al poco andar dejan de ser geografías fantásticas para convertirse más bien en territorios de la mente y una sensibilidad herida por la normalidad, por los ritos lacerantes y la buena educación. Un amigo solía decir que escribimos porque las personas no escuchan:
Palabrasumbral, palabrasresquicio,
palabrastúnel, palabrasfilo:
Nidos de incertidumbre.
Otros días, sólo tinta seca,
cruces torcidas sobre mi hartazgo.
Estamos ante poemas de desacato frente al hartazgo que el día a día nos propone
3 – Arquitecturas del encierro
El libro además nos surte una ingesta de espacios, lugares cargados de rituales y lógicas que de algún modo nos devuelven la mirada y nos interpelan, mostrando represiones, lógicas y dogmas que habitamos, que se extienden más allá del cuerpo y que van echando raíces en nuestra mente, en nuestros movimientos y deseos.
La voz nos dice: un techo de dogmas frena la caída.
La iglesia garra cardadora de sesos o el convento de los malabarismos y el templo de avispas irritadas, sin embargo, estas imprecaciones que el hablante hace con tono desafiante / ansioso de puntos de fuga, no se remite sólo a una autoridad o institución eclesiástica, también apunta al hogar e incluso al cuerpo como topos/lugar, receptáculo de estas relaciones de control, poder y asfixia
Perdimos el horizonte en la niebla del nido / habría que nacer en otro vientre para poder morir, adheridos a la jaula, matriz, urna.
Como las pinturas negras en la quinta del sordo, estos poderosos versos – trazo goyesco sobre mi palidez – parecen ser un recorrido, inundando la mente del hablante, cargados de simbolismos, muestran las cicatrices de nuestra educación sentimental.
Como dice en uno de sus maravillosos versos:
Memoria por abolir
recuerdos por deformardesaguar de cabeza y corazón

Seis poemas del libro ‘Viene junto con’ de Rolando Revagliatti
EN ALGO HAY QUE CREER ¿En transpirar la camiseta?¿En la insobornabilidad de mis delegados?¿En un lecho clásico, de rosas?¿En los
