La tarde es un aceite de oro
a Alfredo Luna
Que el canto de un insecto te acompañe
quizás una cigarra, tal vez un grillo.
El grillo (o la cigarra) cantarán una tonada seca.
El paisaje es arenoso, pero hay olivos.
Los olivos viven miles de años,
resisten la sequía y los vientos fuertes.
Me gusta que no estés atado a nada
y las palabras exóticas: Cícladas, Eubea, Catamarca…
La Vía Láctea se arquea como un puente
y hay un secreto que se quiere escapar.
Cuanto más chata la vida, más alto el sueño.
Cuanto más alto el sueño, más oro líquido.
Matilde se duerme en una casa barco
Hay una casa pintada de blanco
a la orilla del mar
Cada noche la casa se transforma
Es una isla
Es un bote y un faro
El atardecer se hace bosque
el bosque se hace arena
la arena se hace agua
Un ajolote
recién llegado de una luna de Neptuno
atraviesa la página.
Entonces Matilde
entra en el ensueño
Los príncipes que recorta en las revistas
a veces le besan los pies
a veces la atan desnuda al mástil
y la obligan a mirarlos a los ojos
(No todas las nenas
sueñan con orugas filosóficas
o gatos de Cheshire)
Los personajes
se deforman en cubos
ríen sin boca
se deslizan sin pies
se redondean
En el fondo del mar una amapola
danza inmóvil
La luz del barco gira
La amapola semilla
La noche hace su lluvia de perseidas
La casa se balancea
y huele a yodo y a verano
Gwendolyn navega entre los cielos
La tarde se dejaba caer anaranjada.
Un río oscuro partía en dos el mundo.
A la orilla había un bote con remos.
El otro lado se robó mis ojos.
Sobre las aguas silbaban
espíritus errantes.
Al otro lado las tiernas
lucecitas de noche
Habría remado en el agua espesa
Quizá una garza volara sobre mí
y blanca se perdería en la sombra.
Del otro lado quizás hay unos sauces
O un solo sauce cobija una bandada
Soñaba con un reino
bajo la sombra de una luna pálida
pero las tiernas lucecitas parpadearon.
Yo era una extraña con el pelo violeta.
Cómo un río desaparece en la noche
Tres tigres van a beber al río Paraná
Los tigres siempre andan de a tres
por exigencias de la aliteración.
Sus dientes de sable los hacen elegantes
pero no más fuertes, no más eficaces
Eso sí: inspirarán la fantasía
de paleontólogos, poetas, pintores.
Detrás de sus sombras las magnolias,
las orquídeas y las mentas
seducen con perfume a los insectos.
Beben con desconfianza.
Cuando dos agachan la cabeza
el otro contempla el horizonte.
Todavía no ha nacido Pedro
que será santo y le dará su nombre
al lugar que pisan.
Aún no hay animales erguidos
de ojos frontales, ni arcos.
No hay hachas de piedra
Un celaje oscurece la primera luna
El río se esfuma adentro de sus bocas.
Así se dibujaron las constelaciones
Cada partida es una mutilación.
No como quien poda unas ramas
o descorteza un sueño
Por eso estamos locos a veces,
por eso y porque sabemos
que vamos a morir
Mientras un cinturón de rocas
seguirá girando entre Marte y Júpiter
nuestros poemas serán destellos
de breve incandescencia
Por eso estamos locos a veces
por eso y por todas las criaturas
que no supimos querer
ni cuidar
Como si fuese
el libro de la sabiduría
escalamos del cielo
sólo unas pocas páginas
A lo demás lo llamamos oscuro
y le inventamos fábulas
Así se dibujaron las constelaciones
Por eso estamos locos a veces,
por eso y porque la Tierra
nos destruirá o nos soltará
a otras órbitas
como a un asteroide pequeño
Semblanza.
Lidia Rocha es profesora de literatura, diplomada en ciencias del lenguaje.
Publicó en poesía Aves migratorias (2006), Roma (2010), Así la vida de nuestra
primavera (2015), Soltar la casa (2020) y Hechicerías (20249. En ensayo: El lenguaje del
amor en la poesía de San Juan de la Cruz. Realiza, con Gerardo Curiá, el encuentro
literario Literatura Viva y el programa de radio Moebius.
@lidiarocha1512
https://www.facebook.com/lidia.rocha.777

