¿Un año más? Alfredo Coello

¿Un año más? Alfredo Coello

 

 

 

¿Un año más?  Alfredo Coello

 

 

Solo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece.

Jorge Luis Borges

 

 

De noche en mis manos una copa de vino contiene el tiempo de todos mis tiempos. Esta noche me detengo un momento a decidir si el lugar en el que estoy, ha cambiado lo suficiente como para contener mis pasos. No lo sé y mi olvido pertenece sólo y únicamente al presente, a ese tiempo de la interjección del momento sin tiempo. A ése en específico me quiero referir hoy.

 

 

Cuando acceso a mi distracción se desvanece un año más. Diría mi querido amigo Carlos Alcaráz “El Veneno” (ya ausente) en una de sus rolas cuando se estaba despidiendo de Colima: “con mis amigos un año más”. Tuvímos 15 años y … más en Colima.

 

 

Y bien; estoy aquí a más de la mitad del camino. Entre mezcales escritos y tequilas. Quizás mas allá del principio que significa el fin o el fin sin principio. Es el juego de mis espejos. A veces me encuentro a escritores desde la ventana de mi cuarto, los escucho y sé que me escuchan aún después de muertos; me ha sucedido entre los murmullos y los gritos pegados a las paredes de adobe por los pasos en mi querida Comala. La mía; no la de Rulfo.

 

 

Son los amigos que han pasado a vivir entre esas paredes literarias o fantasmales de su propia irrealidad, muchos, a veces, en las mañanas; no sé por qué hago el repaso y me doy cuenta de los muertos; hablan y cantan la mayoría de ellos.  Al menos los míos sí. O entonces escucho la voz del poeta y me suena familiar el sentir que: “El mundo se nos vuelve más extraño, más compleja la ordenación de los muertos y los vivos…

 

 

Hoy para mi suerte me he topado con un excelente libro. Lo he venido leyendo hace tiempo, de vez en vez y de cuando en cuando. Y su lectura es reconfortante, me gusta para cerrar el tiempo que me contiene hoy; como el agua contiene al agua, como la mirada del animal antes de que apareciera el ser humano sobre la superficie de la tierra.

 

 

De este libro leo tan sólo cuatro páginas: Tienda del Mago Röckle. Un relato bellísimo, así lo quiero asumir yo, como un sencillo relato que habla de “un hombre que pesa sobre la vida de todos nosotros y que al mismo tiempo cada vez se sustrae más a nuestra vida.” (R. Calasso). Ése ser hunmano cuando lo conocí, joven a los 16 años;  lo he afirmado siempre, a mí me cambió la vida ¡así nomás!.

 

 

Un hebreo emancipado que quiso cambiar el mundo y quería emancipar la humanidad, fue “el marido de la más hermosa muchacha de Tréveris (la aristócrata Jenny von Westphalen, que tantos describen pelirroja, opulenta, de mirada brillante, de natural autoridad, semejante a una “dama de las Indias occidentales” y semejante también a otra noble mujer alemana rebelde…)” (ídem). Esa mujer le dio varios hijos y una de ellos (Laura) se suicida el mismo día junto a su marido, otro famoso que dejó en vida El Derecho a la Pereza: Paul Lafargue (ya clásico). Paradojas de la vida, esa relación del nuero con Marx como suegro siempre me ha intrigado.

 

 

Qué no se ha dicho hasta el cansancio de éste ser humano, todo o casi todo y al mismo tiempo ya muy poco o casi nada. (afirma Calasso) … Y es por lo mismo que le doy gracias al cielo por habérmelo encontrado hoy, en estos días de agonías temporales, antes diferentes ¡pero muy diferentes a otros años o a otros sueños! También no sé decir por qué es tan diferente.

 

 

Hay quien afirma que Marx después de escribir su obra “Capital” prometió escribir un comentario a la Comédie Humaíne de Balzac, nunca sucedió….

 

 

Se cuentan por millares los libros sobre él, y por docenas sus biografías. Con frecuencia útiles, a ratos preciosas; pero están todas almidonadas por el respeto, y no tardan en transformarse en biografías de las ideas, en Historias de la Causa.” (ídem) Y no sólo los libros, también las actitudes, los sueños y las derrotas, las desveladas reuniones clandestinas aquí en nuestro tiempo de estudiantes; cuando ‘intentamos cambiar la vida y tranformar el mundo’.

 

 

Y el relato de Calasso se extiende por otros espacios temporales poco explorados de éste chiquillo pickwickiano de los picnics familiares en el Hampstead, cuando intercambiaba cortaplumas con otros chiquillos de su barrio.

 

 

Karl Marx un chiquillo más de la banda de su barrio. Son muy pocos lo que han intentado hablar, escribir, o inventar la biografía de Marx desde su niñez. Pregunten hoy a la gente que ni leyó (y hablan de él), ni conoce a Marx si saben de su niñés. Es más, los teóricos marxistas de Marx, poco saben de su existencia infantil.

 

Desde luego que sabemos; hay excepciones honrosas… Ironías de la vida

 

 

Escucho un Midnight Jazz suave, contorneado con esa bella rola Autumn Leaves (Charly Haden) Me suena el alma y me sueña en este momento el silencio que se desvanece en la porción temporal que sostengo con mis dos manos. Hoy. Bebo una copa de vino y en mi escritorio se dispersan las fotografías en su propia memoria, algunas ya viejas a blanco y negro en mini formatos donde aparecen, debajo de un puente, mi madre y sus hermanas, jóvenes y aireadas, pues el aire forma parte esencial de la foto, se ha dejado fotografiar y está ahí, en ese mismo instante irrepetible cuando ellas soñaron el viento. Vuelan sus miradas, sus vestidos, sus cabellos, vuelan sus recuerdos.

 

 

También navegan por aquí otras fotos del siglo pasado a colores, las de mis hermanos y alguien más. A veces creo que estas fotos sienten el tiempo, no nuestro tiempo; Sino un tiempo más antiguo / Que el tiempo de los cronómetros, / Más antiguo que el tiempo medido por las mujeres angustiadas…” (The Dry Salvages: T. S. Eliot).

 

 

Cambio de música; Janela de Ouro de Egberto Gismonti y se me viene encima la Saudade de otros tiempos. Recuerdo la primera vez de mi encuentro con este excelente músico, fue en el Circo Voador en Río de Janeiro. Su rola Palhaso (payaso) dedicada a sus hijos. En aquellos tiempos tendrían cuatro o cinco años y juegaban libres en el escenario de su música.

 

 

Regreso a La Tienda del Mago Röckle. El personaje de esta tienda está a punto abrir la cortina y en un pase misterioso, inventa su propia figura y al mismo tiempo aparece en su mismísima memoria. Si mal no recuerdo, el autor de esta fantasía, escribió su tesis doctoral que versó “Sobre la Caída Libre de los Átomos en Epicúreo y Demócrito” (si estoy equivocado, me corrigen; aunque estoy seguro fue así.)

 

 

El personaje y el nombre de este ser humano “aletea” por doquier; ave del paraíso o buitre, mensajero de Verdades últimas (dice Calasso) o extrema encarnación de la pesadilla de la historia… fue “el gran visionario que supo ser el primero en ver el mundo como un inmenso Almacén de Mercancías y mientras tanto, trafica con el Monte de Piedad en una lucha incesante y sórdida (¡ah, aquella vez que fue a empeñar la vajilla de plata de su mujer, con el emblema de los duques de Argyll, y lo tomaron por un ladrón!) Muchos testigos agudos, comenzando por la mujer, Jenny, veían en él algo salvajemente infantil. Las fábulas que sabía contar a sus hijas, fascinándolas, se las contaba en primer lugar a sí mismo. Así levantaba la mesa polvorienta y llena de objetos estropeados como encima de una alfombra voladora… y la transportaba a la tienda del mago Hans Röckle, cuyas historias se transmitían después interminablemente a la hijita Eleanor…

 

 

Bueno; el lector de aguda mirada y memoria, seguro, preguntará si… Sí, así es, se trata de nuestro querido Karl Marx. Y el pequeño relato sobre el Mago Röckle lo escribe ni más ni menos que uno de los mejores editores y escritores vivos hoy; Roberto Calasso en su libro “Los cuarenta y nueve escalones” que publicó Anagrama en 1991. Me encanta el estilo del maestro Calasso al referirse a la vida de Marx, con un respeto incomparable y el cariño se deja asomar cuando nos relató algo, ya lo sabíamos, pero no de ésta manera, dice así:

 

 

En los primeros tiempos de estancia en Londres, cuando vivía con la mujer, los hijos y la fiel Lenchen (gobernanta-amiga-eminencia gris, que después se convertiría en madre de un hijo de Marx, cuya paternidad fue atribuida – para salvar las apariencias – a Engels) en dos habitaciones del Soho, en aquella Dean Street que un día estaría casi totalmente dedicada al strip-tease…” En el sabor de la escritura encuentro una voz que contrapuntea la Historia y apunta hacia un horirzonte hasta hoy casi desconocido por todos nosotros. Calasso se preocupa por la persona-humana de Marx y desecha los estereotipos pobres y evidentemente embrolladores. Rescata ese Marx que entretenía sus hijas e hijos pequeños con historias extraordinarias e imaginativas, ‘primero se las inventava él y después se las contaba a sus hijos.’

 

 

Hoy escribo esta noche, no la describo, simplemente la escribo. Primera noche del primer mes del año (2020) la acompaña una luna casi llena más allá de mi mirada y más cerca a mi corazón, aunque duela. Hoy es 20; el tiempo, el implacable pasa, la verdad no sé por dónde. El único rostro de su mirada que reconosco hoy es el viento que acarició ese día la mirada y los cuerpos de mis tías y mi madre.

 

 

Se asoma el momento a mi ventana y escucho la querida interpretación de la Marche de Sacco et Vanzetti del gran oso y querido Georges Moustaki (se le extraña). De nuevo sostengo con mis dos manos la copa que contiene mi tiempo, todos los tiempos. Y otra vez se me aparece la voz del poeta (T. S Eliot) en esa imagen que escapa a todos los tiempos, a todos. Su poema Burnt Norton abre así la brisa de su imaginaria sonrisa en medio del viento, abajo del puente de esa fotografía a blanco y negro de los años cuarentas del siglo pasado: “El tiempo presente y el tiempo pasado / Acaso estén presentes en el tiempo futuro. / Tal vez a ese futuro lo contenga el pasado. / Si todo tiempo es un presente eterno / Todo tiempo es irredimible.” (Traducción de José Emilio Pacheco)

 

 

Eleonor Marx recuerda aquellas noches en que su padre reunía a sus hijos, después de noches y días cuando escribía El Capital, para contarles aquellas historias en viva voz del “mundialmente famoso” Karl Marx; tan vilipendiado por la derecha internacional y con enfasis por los pobres del Poder Mundial y por otro lado, mal venerado por una izquierda que, a final de cuentas de la historia actual, poco o nada lo ha entendido y en su nombre ha asesinado lo mejor de su pensamiento.

 

 

Escuchemos a su hija, cuando pequeña, se refiere a las fábulas contadas con una voz modulada por la misma imaginación de un padre que adoraba a sus hijos: “En lo que a mi se refiere, de las inumerables historias maravillosas que me contaba mi padre prefería por encima de todas la de Hans Röckle. Duraba meses y meses; era una historia larguísima, que no acababa nunca.”

 

 

Hans Röckle, es un mago del tipo que le gustaban a Hoffman o a Thomas Mann en su bellísima novela “Mario y El Mago”. El mago de este genial contador de historias, tenía una tienda de juguetes y muchas deudas. En su tienda había las cosas más maravillosas del mundo entero: hombres y mujeres de madera, gigantes y enanos, reyes y reinas, maestros y aprendices, cuadrúpedos y pájaros tan numerosos como en el Arca de Noé, mesas y sillas, carrozas y cajas grandes y pequeñas. Pero, ¡pobrecillo!, auque fuera un mago, Hans siempre tenía problemas de dinero, y así de mala gana, tenía que vender al diablo todas sus bonitas cosas, pieza por pieza. Pero, después de muchas y muchas aventuras y peripecias, esas cosas volvían siempre a la tienda de Hans Röckle.

 

 

Carlos Marx fué y es hoy un ser humano del que la humanidad olvida o, como afirma Roberto Calasso: “un hombre que pesa sobre la vida de todos nosotros y que al mismo tiempo cada vez se sustrae más a nuestra vida.”

 

 

Tengo sueño… me da un poco el miedo a probar, si bebo o no la copa desde mi tiempo. Tal vez, lo mejor, sea derretir la historia y archivar su memoria en el olvido. No.

 

 

A veces el tiempo se perfuma y nos espejea como si fueramos gentes a las que no le toca la repentina furia del mar. También me pregunto si el Futuro no será el ladrón de todos los tiempos. Bebo mi copa. Continuo mi camino de ida y vuelta ¡quien sabe a dónde! Si encuentro en su  transcurso al mago Hans Röckle me gustaría acompañarlo… aún sin saber a donde vamos y ¡aunque lo sepamos! Es el principio de Libertad.

 

 

¡Un año más! diría mi querido amigo… (saudade). Y voy mucho más allá; el baile se detiene cuando muere la memoria. ¡La imaginación al Poder! Reclama el 68.

 

 

Cierro hoy esta noche en su interjección. Me despide “Bird on a Wire” de Leonard Cohen.

 

 

Madrugada: 2 de enero del 2020. Entre Colima y  Ocelotzin en Tepoztlán.

 

 

 

 

 

 

Alfredo Coello Torres. Antropólogo, escritor, traductor, caminante y amante de todas las expresiones del insomnio.