Me nombraron Mayra del Carmen Fragoso Medina. De ascendencia maya-chontal y mestiza. Nací el 23 de febrero de 1990. Crecí en el norte de Chiapas. Me formé como bióloga en la FESI, UNAM. Me titularon como maestra en ciencias, la Universidad de Sevilla y el IIES, UNAM. Actualmente, me moldea la selva, entre la poesía, el camino rojo y el doctorado. A los 32 años escribo centellas de poemas y he publicado en Poesía para morras: porque escribir, nos salva.
199_
Algarabía concéntrica y dominical,
espíritu Riveresco plasmado
en globos infantiles.
Caracol como boca parlante,
espiral que reúne a todo el pueblo,
y vibra de gente colorida.
En los ojos un arcoíris selvático.
Cuerpos que son pinceles
delinean el macrocosmos urbano.
¿Es esta la huella de que somos
la herencia de Pakal?
Fósiles que reviven de los murales.
Es el rojo, de la reina, el origen del crisol.
Quizá.
Oquedad corpórea
Ruido sórdido
Edifícame esta paz.
edades de la vida
Árbol
atraviesa con tus ramas mi pecho,
racimo.
Cada flor es un latido.
Sístole
de estambre,
Diástole
de gineceo,
Llena
de tu verdor explosivo, este eco hueco.
Qué generoso eres, árbol.
Me regalaste tus ramas más cargadas de flores,
las más buscadas por el colibrí esmeralda.
Ahora, un zumbido de abejas habita en mí,
soy color crema, amarillenta y rosa.
En el centro surge la flor.
A esta hora arbórea y florecida.
Mañana fruto policárpico seré
y las semillas buscarán la tierra.
Corazones donde puedan brotar.
El mañana es ahora.
Soy árbol,
edificio de paz.
10 mil olores diferentes
Dicen que cuando percibes un olor
sus partículas aromáticas rozaron ya
el epitelio olfativo de tu nariz órgano.
Palenque,
olores negros
de aguas que no quiero recordar.
Arroyo sonoro de sacrilegio embovedado,
cordón umbilical de la vergüenza.
Palenque, olor a tierra lluviada
a fruto abierto de selva,
dulzor expuesto devanado.
Palenque aroma, almizcle
de mono coqueto,
niños santos recién nacidos,
musgo verde # 90,
olor a piedra amontonada,
caliza despidiendo frío,
Palenque agua.
Los cedros después de la lluvia.
Ya está aromando el guásimo en fruto.
Saraguatos mensajeros
I
Palenque,
enclaustras el aullido de los monos
en tus cuevas.
Cuando la lluvia tarda,
cuando la lluvia duerme.
Se quiebran las rocas y disparan
alaridos rasposos.
Rugir de oquedades.
Sonido arácnido que envuelve el aire
lo golpea y retorna como un búmeran verde para agitar las ramas.
Exigen, no esperan.
¿Reclaman?
II
Viaja en el tiempo de los árboles un saraguato alfa,
la madre, detrás
tres medianos se suman.
Van negreando en la espesura
verde-amarillenta.
Pasar de negro lanudo
Pasear de verde al fulgor.
A lo lejos me saludan
mensajeros.
A lo lejos me dicen:
Mueve los pies del pavimento,
regresa al ritmo,
a la viva raíz, al suelo que respira.
Algo pasa.
Estas ramas, ramas cuna
que me acogen y hoy agito, estos frutos,
que me nutren
y hoy recojo
se sacuden.
No es por mi rugido,
ni por mi negrear lanudo.
Un tumulto de ruido estridente desploma la selva.
Cuatro ciclos de sagrados monos,
con garganta seca y vientres vacíos,
perdieron la fe en esta humanidad.
¿Dónde quedan nuestros pies?
Dos, mil, veinticuatro
En este pueblo de la Nada
decenas de magnolias llenaron las calles
en el mes de las ánimas.
Impulso selvático
la savia transitando hasta sus gargantas para estallar
en legítimos reclamos
de aves.
Llama a las otras,
las que salen de noche palpando el miedo tras los pasos.
Capullos que se deshojan,
en la oscuridad de la periferia.
Los escarabajos quieren nuestro polen.
Los escarabajos sin alas, con sus dudosas intenciones
mortíferas, muchas veces
caen en la trampa de los demonios sistémicos.
Soñé con una selva
donde flores y polinizadores vivían en paz.

