Enumeración del agua
El agua en el azul izado
del mediodía en Aegiali.
La que se relame por las rocas de los muelles
o gorgotea en las narices del puerto.
La lavandera, que se disuelve en mugre.
En la barranca
el líquido cigarrillo del crepúsculo.
El detrito tumultuoso hasta el Embudo.
Hasta el Embudo, la antipatía del Canal.
La tiniebla en sus seres despiadados.
El ocular secreto de los peces.
La que encarna el mal en la oda de Neruda.
La sorda resentida
que asesina las raciones del ternero.
Y la serena modestia en la botella.
Agua
en el hilo sudoroso del deseo.
La hermana de la curva en su saliva.
La prima lerda
que se vierte y no se nombra.
La del pámpano que rompe su camisa.
La escurridiza túnica del pétalo.
Lo que hay tras la ropa de la leche.
De noche, la que se lo pasa hablando sola.
La que espera siempre abajo.
La muda y lenta explosión del ahogado.
La oscuridad que se esconde tras lo oscuro.
Tras la ventana,
la que hace coro a la tibieza.
La fugaz, que resbala sobre el daño.
Y el agua indecisa
que en la presa de sus párpados
amontona la alegría.
Enumeración de las islas
Rudo el cuero de las islas
donde el sol y las saladuras,
pero auspiciosas y fragantes
para el que infla sus pulmones.
Al acecho y desnudas
como traviesas morenitas
en las miniaturas del estanque.
Sombra a sorbitos
para inclinarnos las cabezas
y acordarnos
del seco polvo y de las piedras secas
entre el fastuoso mar,
bajo el sol fastuoso.
Plantas del Egeo
a sequía y a desgaste
a lento esmeril de la inclemencia.
Y el agua
que duplica su frescura
en la ávida garganta del xilema.
Islas,
altura y lejanía,
presencia del tamaño y del meteoro.
Elástica la piel,
sombrío el pelo verde en São Miguel
que va y viene relumbrando
bajo el capote de las nubes.
Alternancia del silencio
con el trago de la lluvia.
Olor de los detritos
entre el murmullo de la tierra.
Laboratorio negro que se abisma
en la agitación de los procesos.
Y que vigilan,
enhebrando la espesura,
vigorosos grillos y lombrices vigorosas.
Y que aprovechan las vacas preguntonas
que no saben que saben
de declives y de espacio.
En un cuadrado territorio
el terremoto del arado,
su ajena sequedad
su látigo sobre la tierra
para que se esfuerce en recitar
las escalas de la economía.
Isla,
conocimiento desde el cielo,
proyecto del satélite
y especialidad de las rapaces.
Isla,
saber a ras de piso
insuperable en los vecinos.
Isla,
prominencia de la soledad,
enclave de las contemplaciones,
refugio de las amadas escaseces,
consagración de los afuera.
Islas peinadas del Pacífico,
bandó del viento,
que deja a los pinos en cuclillas
y jorobados a los hombres.
Islas frescas del Atlántico,
flores peregrinas
en los rebordes del paisaje.
Flores movedizas y hacendosas
como manos de mujeres.
Islas,
faros de los meros,
almácigos de los delfines,
explanadas de escualos y ballenas.
Islas del extremo,
heladas,
que pasan la noche boca arriba.
Isla del corazón humano,
corazón de las navegaciones
desde donde zarpa el vocerío
en busca de otras islas.
Enumeración del valle
(y oda a Calingasta)
Menuda democracia de la huerta,
pequeña Babel de la ganadería
mansa y con derechos.
Sombra,
Contrapunto,
frescura y rumor,
que mira cómo se descargan,
pacíficos, los vellones del sol.
Sombra sin espera,
erótica molicie
que da tiempo sólo al tiempo.
Agua,
reina del resuello
que va, calcárea, en las acequias.
Agua embalada desde arriba,
única alma presurosa,
repartiéndose,
tendiendo sábanas mojadas,
desde sus cabellos de frescura.
Paz del trébol, de la poa,
paz del diente de león,
paz de las chufas descalzas sobre el charco.
Hierba y forraje
en las ciudadelas de los prados
que recorre barrio a barrio
la eléctrica inquietud de los insectos.
Profusión de la alfalfa,
princesa de los pastos,
vestales refulgentes y apiñadas
antes de la siega y de los fardos.
Olor a heno de los fardos,
añoranza en el invierno.
Olor a polvo de hielo
en los troncos congelados,
sólido silencio de la helada.
Obligada hostilidad
en el pobre ladrillo deshornado.
Erosión sobre el adobe,
polvorienta casa de la ausencia,
polvoriento muro solitario
bajo los troncos replegados de los sauces.
Perita lentitud del labrador
en el amance de los burros
y en el amance de las estaciones.
Paso ingrávido del guanaco
que quiere poco con el hombre,
compañía de los perros
que quieren siempre con el hombre.
Anfiteatro apacible del cielo sanjuanino
que se alhaja igual que en el desierto.
Estrellas, necesaria multitud,
nombres en el cielo
para aliviar al solitario.
Valle,
juvenil pariente del oasis,
ni tan esencial ni tan hierático
ni tan poeta ni tan prudente.
Dispuesto a los convites de septiembre
y a los banquetes del verano
que engordan con las uvas.
Valle, puerto del arribo,
consumación del viaje,
mundo concentrado,
vestigios de riqueza,
alivio del que baja.
Valle
vigilando y a la espera
con su historia,
con la ilusión que proyectan sus ventanas,
con la escuela
y la digna biblioteca
donde una muchacha morena
abre palabras como puertas.
Valle.
Valle recordado y que recuerda,
mojón de Patria
no pequeña, no mediana.
Mojón de Patria Grande
con su cama limpia,
con su plato tibio,
con promesas prorrogadas,
con su circunstancia y con su hombre,
con su mujer y con su fruto.
Valle, agua y piedra
pulsación,
lerdo corazón terrestre
donde lo gratuito no es extraño.
Ebel Barat (Rosario, 1957) es poeta, narrador y guionista, artista marcial, agrónomo de
profesión y viajero por vocación.
Integró el taller “Julio Cortázar” coordinado por Alma Maritano y cursó los seminarios
para escritores desarrollados en la Biblioteca Nacional de Francia durante el año 2005.
Ha publicado los poemarios El amor (Editorial Fundación Ross,1999), Caballo de las
horas (Ciudad Gótica, 2002) y Haber andado (Ciudad Gótica, 2010); Asignaturas
terrestres (Paradisso, 2025), los libros de relatos Cuentos amarillos (Editorial
Fundación Ross, 2007), Rosario viaja con perros (Homo Sapiens, 2010) y Florence y
otros apuntes del amor profano (Homo Sapiens, 2020); y las novelas El retrato de
Vermeer (Editorial Fundación Ross, 2013), La bruma y los pasos (Homo Sapiens,
2015), La Montes (Homo Sapiens, 2016) y Diario de mediatarde (Homo Sapiens,
2018), Los perros del Amazonas (Homo Sapiens 2024). Es autor también de crónicas de
viaje como La ruta de la seda (2011), de textos teatrales (Soy el tango y Tango
rapsodia, 2008; Las mujeres del poeta, 2013) y de la adaptación para ballet Tita o las
formas del amor basada en la novela Como agua para chocolate de Laura Esquivel,
2010, así como coautor del libro de ensayos Aproximación a la narrativa de José
Saramago (2009) junto a Alma Maritano y Alejandro Rébola.
Dirigió la sección “La literatura en el cine” en el programa de radio Noches de cine en
LT8, Radio Rosario. Fue columnista del programa La Mona de Dios en la Radio
Universidad de Rosario y coordina los talleres de lectura y escritura de la editorial y
librería Homo Sapiens y de la Biblioteca Municipal de Funes.
Dirige la revista literaria (EN)Tropi@ con dictamenes de La Universidad Nacional de
México y La Universidad Nacional de Rosario
Colabora con los diarios Rosario/12 y La Capital, y las revistas Barullo y Del Siglo.
Referencias: www.ebelbarat.com
Correo electrónico: ebelbarat@gmail.com.

