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Poesía de Antonio Tello




… el día en que dejes a la serpiente limpiar tus

oídos y te quites los tres velos que cubren

tus ojos, en el aire oirás los gritos de los

desterrados, y en las playas verás los cuerpos

de los que, a nado o en balsas, se arrojan al

mar, al mar que rodea tu nación, huyendo de las

ciudades arruinadas por los geómetras de la

violencia. por quienes, día a día, trazan las líneas

del horror. Ese día, con ojos y oídos limpios de

ruidos y espejismos, sabrás que la verdad, la

verdad que aceptas, es un muro de voces muertas.

(Fragmento de “Asteroides”, Cartografías/La yunta, Buenos Aires, 2023)

Sin libación de la flor no existiría la miel. La belleza es entrega y gozo.

El laberinto. Reflejos de lo oculto. Odiseo recordó que Teseo, tras matar con su puño al Minotauro miró horrorizado al monstruo y huyó. Durante días vagó mareado por galerías de luces y sombras hasta que salió a la luz. En su frente lucía la huella morada de un puño.

Más allá del jardín, caballos blancos cruzan la llanura.

Más allá del jardín, el mar y sus voces.

Los pasos del errante, como las naves, dejan tras de sí una estela de recuerdos que se pierden en el camino. Sólo la escritura nos salva del olvido.

No -se dice- no es posible escribir sin presentir la dimensión del silencio, sin comprender que somos tañido original que vibra en la carne.

(Fragmentos de “Odiseo en el jardín de doña Pabla”, Ediciones del Callejón, Los Hornillos, 2025)

Acordes de lo inefable embargan

el bosque. Alguien tañe una lira. Alguien

sopla un aulós. Dos ilusiones, inmortal

una, mortal la otra, dirimen el orden

de la belleza. Vibra el azul y una voz

anterior al mundo llena el aire con el

secreto don de la armonía, para

disgusto de los dioses. El relámpago.

El trueno. Sobre la tierra se abate una

furia líquida cuarenta días y sus

noches. Los dioses cuelgan de un árbol la

piel del fauno y dimiten del mundo. Ahora

comprende. El hijo del bosque ahora sabe

que la voz que atraviesa las cuerdas de

carne es humana. Y canta. Canta desde el

dolor, desde la indecible ausencia, desde

el vacío que dejaron los dioses, sin

apartar la mirada de la oscuridad,

sin quitar sus ojos del horror, sin negar

la fatiga, que anula al esclavo su deseo

de pensar y comprender. Mirar, sentir y

entregarse al mundo desde las lindes del

bosque, y ser. El cantar concilia la voz

con la vida. El fauno no está solo.

Su canto hiere al relámpago y al trueno.

Luz y sentido anuncian la lluvia. Tiemblan

las sombras. Los cuerpos sienten el ritmo y

bailan. Verdean las sementeras. Un claror

de tiempo nuevo ahuyenta a las fieras. La

piel, aún viva, del fauno cubre al amor

y el amor abriga al desterrado.

El hombre que envejece no olvidará el

nombre de los suyos ni las infinitas

caricias que despiertan los sentidos de

la carne. Las cenizas de ese hombre 

serán en el bosque memoria de la dicha.

(Fragmento de “La piel del fauno”, Ediciones del Callejón, Los Hornillos, 2026)







Roma es una tortuga dormida que sueña

con el imperio de los dioses que fueron y son,

desde cuyo duro y milenario caparazón

vislumbro el amanecer del mundo y, a contraluz,

el caminar del alma aún encarnada. Una

mujer vestida de índigo siguiendo las huellas

del día, como siguen mis ojos la cadencia de

arena de sus caderas, y penetro en el

oscuro, oscuro, silencio de su boca, en

el tiempo quieto del verbo en espera de la voz,

acaricio la luna en la penumbra láctea

del desierto y un hondo gemido ciñe el

horizonte. ¿Cuándo dejarán, amor, de caer las

bombas? ¿Cuándo dejarán de llorar los hijos del

hambre, los desterrados de sus naciones? ¿Cómo

prolongar este gozo que se muere entre tus

piernas sin sentir el temblor de lo que se pierde?

(Canto XXVII de “Roma 2023 d.C.”, In-Verso Edicions de Poesía, Barcelona, 2026)











Antonio Tello

Poeta y narrador argentino. En 1973 inició su carrera literaria con El día en que el pueblo reventó de angustia, libro que la dictadura argentina secuestrará y destruirá, y que será reeditado en 2014 por Cartografías/UniRío, Editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto).

Su poesía incluye, entre otros, Sílabas de arena, Nadadores de altura, O las estaciones, Lecciones de tiempo, En la noche yerma, Asteroides, Odiseo en el jardín de doña Pabla,  La piel del fauno y Roma 2023 d.C..

Es autor de las novelas De cómo llegó la nieveLos días de la eternidad y Más allá de los días, que integran la trilogía Balada del desterrado, El hijo del arquitecto, Romance de Melisenda y El maestro asador, y de los libros de cuentos de El interior de la noche, El mal de Q, y Voces del fuego.

Amenazado de muerte por la Triple A, en 1975 se exilia con su familia a París y luego a Barcelona, donde ejerce el periodismo y desarrolla casi toda su obra literaria considerada como una de las más relevantes de la literatura argentina del exilio.

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