… el día en que dejes a la serpiente limpiar tus
oídos y te quites los tres velos que cubren
tus ojos, en el aire oirás los gritos de los
desterrados, y en las playas verás los cuerpos
de los que, a nado o en balsas, se arrojan al
mar, al mar que rodea tu nación, huyendo de las
ciudades arruinadas por los geómetras de la
violencia. por quienes, día a día, trazan las líneas
del horror. Ese día, con ojos y oídos limpios de
ruidos y espejismos, sabrás que la verdad, la
verdad que aceptas, es un muro de voces muertas.
(Fragmento de “Asteroides”, Cartografías/La yunta, Buenos Aires, 2023)
Sin libación de la flor no existiría la miel. La belleza es entrega y gozo.
El laberinto. Reflejos de lo oculto. Odiseo recordó que Teseo, tras matar con su puño al Minotauro miró horrorizado al monstruo y huyó. Durante días vagó mareado por galerías de luces y sombras hasta que salió a la luz. En su frente lucía la huella morada de un puño.
Más allá del jardín, caballos blancos cruzan la llanura.
Más allá del jardín, el mar y sus voces.
Los pasos del errante, como las naves, dejan tras de sí una estela de recuerdos que se pierden en el camino. Sólo la escritura nos salva del olvido.
No -se dice- no es posible escribir sin presentir la dimensión del silencio, sin comprender que somos tañido original que vibra en la carne.
(Fragmentos de “Odiseo en el jardín de doña Pabla”, Ediciones del Callejón, Los Hornillos, 2025)
Acordes de lo inefable embargan
el bosque. Alguien tañe una lira. Alguien
sopla un aulós. Dos ilusiones, inmortal
una, mortal la otra, dirimen el orden
de la belleza. Vibra el azul y una voz
anterior al mundo llena el aire con el
secreto don de la armonía, para
disgusto de los dioses. El relámpago.
El trueno. Sobre la tierra se abate una
furia líquida cuarenta días y sus
noches. Los dioses cuelgan de un árbol la
piel del fauno y dimiten del mundo. Ahora
comprende. El hijo del bosque ahora sabe
que la voz que atraviesa las cuerdas de
carne es humana. Y canta. Canta desde el
dolor, desde la indecible ausencia, desde
el vacío que dejaron los dioses, sin
apartar la mirada de la oscuridad,
sin quitar sus ojos del horror, sin negar
la fatiga, que anula al esclavo su deseo
de pensar y comprender. Mirar, sentir y
entregarse al mundo desde las lindes del
bosque, y ser. El cantar concilia la voz
con la vida. El fauno no está solo.
Su canto hiere al relámpago y al trueno.
Luz y sentido anuncian la lluvia. Tiemblan
las sombras. Los cuerpos sienten el ritmo y
bailan. Verdean las sementeras. Un claror
de tiempo nuevo ahuyenta a las fieras. La
piel, aún viva, del fauno cubre al amor
y el amor abriga al desterrado.
El hombre que envejece no olvidará el
nombre de los suyos ni las infinitas
caricias que despiertan los sentidos de
la carne. Las cenizas de ese hombre
serán en el bosque memoria de la dicha.
(Fragmento de “La piel del fauno”, Ediciones del Callejón, Los Hornillos, 2026)
Roma es una tortuga dormida que sueña
con el imperio de los dioses que fueron y son,
desde cuyo duro y milenario caparazón
vislumbro el amanecer del mundo y, a contraluz,
el caminar del alma aún encarnada. Una
mujer vestida de índigo siguiendo las huellas
del día, como siguen mis ojos la cadencia de
arena de sus caderas, y penetro en el
oscuro, oscuro, silencio de su boca, en
el tiempo quieto del verbo en espera de la voz,
acaricio la luna en la penumbra láctea
del desierto y un hondo gemido ciñe el
horizonte. ¿Cuándo dejarán, amor, de caer las
bombas? ¿Cuándo dejarán de llorar los hijos del
hambre, los desterrados de sus naciones? ¿Cómo
prolongar este gozo que se muere entre tus
piernas sin sentir el temblor de lo que se pierde?
(Canto XXVII de “Roma 2023 d.C.”, In-Verso Edicions de Poesía, Barcelona, 2026)
Antonio Tello
Poeta y narrador argentino. En 1973 inició su carrera literaria con El día en que el pueblo reventó de angustia, libro que la dictadura argentina secuestrará y destruirá, y que será reeditado en 2014 por Cartografías/UniRío, Editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto).
Su poesía incluye, entre otros, Sílabas de arena, Nadadores de altura, O las estaciones, Lecciones de tiempo, En la noche yerma, Asteroides, Odiseo en el jardín de doña Pabla, La piel del fauno y Roma 2023 d.C..
Es autor de las novelas De cómo llegó la nieve, Los días de la eternidad y Más allá de los días, que integran la trilogía Balada del desterrado, El hijo del arquitecto, Romance de Melisenda y El maestro asador, y de los libros de cuentos de El interior de la noche, El mal de Q, y Voces del fuego.
Amenazado de muerte por la Triple A, en 1975 se exilia con su familia a París y luego a Barcelona, donde ejerce el periodismo y desarrolla casi toda su obra literaria considerada como una de las más relevantes de la literatura argentina del exilio.