Poemas DE Valentín Mateyka

Poemas DE Valentín Mateyka








Oh, Nina


Nina
dividida en dos mundos
solitaria como un Lange
tocando su piano
tocando su Bach.

Eunice
con nombre de novio
y noventa dólares
con canto y piano
sola.


Quizás esto
solo sea un sueño
de espectáculos y marfiles ennegrecidos
por siempre y para siempre
sin más tropezones
que el propio tropezón original.


Vivió enamorada
de su Lisa
de las tres primeras horas
de paz en el mundo
y de las paredes con tonalidad dorada.


Decepcionada aún
en su momento de mayor gloria
porque a pesar de haber llegado a la cima
ya no volvía a Bach.


Trabajando duro
a las piedras del hambre
al humo del hombre, el racismo y la pobreza
cuestionando
la falta de atención
a la música clásica.


No era un trabajo cualquiera.


El éxito sin tiempo
es un contrapunto mudo
cargado de cadenas rocosas.

Embrujada

de violencia marital
del monstruo machista
que devora las almas
cinco
cuatro AM


¿Le escribo un poema de amor?
¿O un poema de cemento y violencia?
¿Un poema de amor
o uno de verdad?


¿Acaso no lo ven?
¿Acaso no lo sienten?
Se siente
en el aire
en la sangre no mencionada de las hojas
en el balance pendular y acompasado
de un cuerpo sentado en la fila trasera
de una iglesia baptista y mentirosa.
Un blues al reaccionario
del bastón
del amante falogocentrista
anti-politico
anti-movimiento
anti-resquebrajamiento de la estructura
de un país
(mundo)
anti-sacudidas.


Y nadie abrió la puerta
así que apedreó las ventanas
y vuelta al trabajo
sin auto ni zapatillas
sin un mísero grifo de agua.
Sin poder hablar de su origen
sin dinero
sin perfume
sin patria
sin nada más que corazón y asfalto.


Así que será
un poema crudo
pero con algo de amor.
Un poema de identidad
un poema de cabello
clavículas, cerebro, pies, sexo

brazos, manos, dedos y piernas.
De vida, vida, dolor, días malos,
de orejas, de obligaciones y cultura.
Un poema de libertad
un poema de orgullo.




Conversación


Buenas noches
dejame tomar asiento enfrente tuyo.
Camarero
póngame una copa
del vino más barato que tenga.


Buenas
noches
gracias
por mandar
la invitación.
Tus ojos son bellos.
Me gusta la nuez de tu garganta.
Me gusta la diversión que me proporcionás en pequeñas dosis.
Me gusta la diéresis que forman nuestras dos cabezas frente al sol del atardecer.
Me gusta la idealización tan adolescente y creativa que tenés de todo lo que soy y seré.

Ayer encontré un jazmín en el piso
parecido a nuestra complicidad.
Asustaba.
Silencioso, cauto
frágil, real.
Luego la cantina de mi pueblo
tenía un cartel
que decía:
“Abierta por defunción”.
Y en la ventana
dos versos sueltos de Neruda
de que es tan corto el amor
y tan largos los suplicios de la noche.
Entonces pensé en vos
y en nuestra amistad de flora suave
antes de tomar el tubo del teléfono
para invitarte a esta reunión.

No
me arrepiento
de haber
atendido
el teléfono.
Quiero besarte los labios.
Me erotiza tu clavícula de flacuchento.


Me erotiza que me trates como a un ser humano.

Me erotiza la imagen de tus brazos encontrando a mi persona.
Me calienta tu pelo desmechado y teñido de cuatro colores blancos.


Quizás sea el único
que se arrepienta de la reunión.
Tenés mucha razón, te tenía idealizado.
Pero nunca soñé con ningún tipo de erotismo.
Eras algo más que un cuerpo, eras un alma voladora.
Como un recuerdo de la infancia bien escondido entre la ropa.
Como un monstruo de sábanas y camperas apiladas sobre una silla.
Como la imaginación de un niño con cuerdas y hojas sueltas del fantasma de Canterville.
Vengo a matarte de una vez por todas.
Esta será la antepenúltima vez que te recuerdo.

¿Por
qué
me apuntas
con un arma?
Quiero que bajes el arma.
Estoy completamente enamorado de vos.
Estoy completamente enamorada de todo lo que sos.
Estoy completamente
estoy completa
de cachitos tuyos.


Suena
un
disparo
y
la
idealización de la persona que alguna vez seguro que fue pero que ya no es más


se muere.




La historia de amor más corta del mundo


Te siento cada vez más cerca
y cada tanto me das miedo.
Querés tenerme en tu cama
mordiendo cada prefijo de tu carne,
sosteniendo la mentira.


Tus besos descuidados
son un éxodo de alturas,
un tajito cada día,
dejando huellas en mi espalda.


Espero sepas disculparme
me agarra hambre cuando quiero recordar
y desde que te conocí
Me rió un poco más de lo que quiero.


En cada puta pastilla
que el cuerpo me pide tragar
caen tus estocadas
y tus ojos mata-secreto,
sobre-extendiendo los milagros
del asiento que separa.


Hoy ordené
las paredes de mi casa
Y toda la mierda
acumulada sobre el piano.


Entendí
que no soy responsable del dolor ajeno
y que no está mal querer ser feliz.
pues sé que al morir
te olvidas tu propio nombre
si no hay nadie para decírtelo.


Pero hay siempre
identidades que se traspasan
en el agua bajo el puente.
Pues “Dios”
es tan solo una palabra
que nadie puede decir.




Canción para Delirio


Bajo la lluvia y con su perro
duerme Delirio.


Imagínenla,
con pelos rubios y ojos heterocromaticos
uno azul
el otro rosado.
Imaginen luego las calles frías
donde Delirio duerme,
cuando los hoteles cierran
y los faroles de la avenida dejan de existir.
Cuando las fotografías se mojan,
cuando los trenes se detienen.


Ella nunca quiso terminar así.
Pero tampoco le molesta.
Ya nada le importa demasiado.
Lleva dos años sin sentirse viva.
Dos años creando canciones sin letras
dos años escupiendo relatos gastados,
en cualquier bar que preste sus oídos.


Delirio acaricia a su perro,
cuando ambos despiertan,
y su perro le habla
con esa sátira que siempre tienen,
diciéndole que ella es buena
pero que esto es un poquito culpa suya.
Culpa de la pobre Delirio
que solo quería ser hermosa,
rellenar su hueco en el mundo de hoy.


Quiere empezar a fumar
pero quiere también ser cantante,
una cantante de voz limpia.
Entonces,
cuando alguien le convida un trago
bebe todo lo posible
y se olvida.


Cuando algún amigo de la calle pregunta
Delirio es sincera
Y ellos prefieren alejarse.
Cuando estás triste
la gente extraña tu alegría

pero no hará nada para traerla de vuelta.


Hoy
ya no llueve
Delirio terminó de diluirse.


Hoy
cae el sol
Delirio terminó de secarse.


Hoy
Delirio, Delirio,Delirio explota.
Y se convierte en rima.
Su sudor se vuelve jugo de lima
y en la cima de su dolor
Ya nadie la somete a su yugo.


Empañará mareas de llanto
en los astros de su escalera
entonará un canto de sirena,
dos poemas y un quebranto.


Y al final, con locura
inundará los diapasones
de las guitarras que nadie puede afinar.





Ciudad


Están atrapados dentro de un cuadro blanco. En los cielos, un sol azul de dos dimensiones
quema todo. A su derecha hay cubos voladores conectados al piso, que chocan contra un
árbol, impulsado por ondas de radio (suponemos que provienen de la Torre- Pescado). En
el río hay ojos, cerrados y abiertos, que flotan junto a monedas sin valor, sobre las cuales
unas arañas moribundas están subidas para no ahogarse. Una corchea baila junto a ellas,
cantando ‘’que ama’’ en inglés, ‘’que sintió’’ en español. Nadie sabe qué hay en el fondo.
Cerca hay casas de todos los tamaños, perfectamente cuadradas. En lo que podría ser el
piso circundante, hay grietas tan viejas como la ciudad. Nos hacen pensar que es el cuadro
mismo el que está roto. Suponemos que dentro de las casas viven personas. Gritan. Gritan
en el río y callan en las casas. Podemos ver las palabras escritas en la nada. Bajo la casa
más grande, al lado de una mariposa, corretea el último hombre-perro de cabeza redonda,
inexpresivo, yendo hacia la izquierda. Quizás salte la grieta, cayendo sobre un auto. Más
adelante, siguiendo la senda que tomará el hombre-perro, se halla la gran Torre-Pescado,
de donde salen la mayoría de los gritos y algunas ondas que vuelan al sol, pasando por el
río, luego por un interruptor, algunos billetes, un cepillo de dientes y por un sillón gastado
que vuela, siendo reclamado por el cono de luz de un ovni, que tiene encima a un insecto
gigante de ojos blancos. Este último mira una mancha negra con total tranquilidad.
Cerremos los ojos un momento. Recordemos a aquel taxista, que elige anteojos de sol,
prestándoles toda la atención del mundo, o a aquella chica que toca el violonchelo en el
subte, endulzando la noche. Abramos los ojos; muy por debajo de la casa más grande de la
ciudad, y a la derecha de la Torre-Pescado, hay una pequeña casita, una de las pocas con
techo. Es triangular, como lo suelen dibujar los niños. Cerca hay unos anteojos tirados, que
escupen electricidad por las patas, electrocutando al auto y, en consecuencia, al perro que
estaba ladrando encima. La mariposa arde también, cayendo sobre una gran equis, de esas
que parecen marcar tesoros. Del otro lado, en la lejanía, un conejo escucha los gritos
mientras mira a un cocodrilo, que parece haber salido de la casita con techo triangular,
dejando corazones y libros en su camino. Cerremos los ojos, esta vez sin pensar en el
tiempo; otra chica contempla la humedecida ventana de un bondi ronroneante y dos
señores charlan de cuando eran niños. Saboreamos el instante. Un amor intermitente, en
una silla de ruedas roja observa el gastado pavimento. No abramos los ojos nunca más.




Semblanza


Valentín Mateyka es un musico, escritor y productor nacido el 20 de agosto de 2002. Publicó su primer trabajo discográfico «Bienvenida a mi ciudad» en 2019, y su segundo trabajo «En algún lugar del mundo» en 2021. Fue seleccionado en 2019 por su cuento «Argentinos» en el Premio Itaú de cuento digital, categoría Sub-20. En 2021 publicó su primer libro, «Mambos raros».