Por Mercedes Alvarado

 

Hace más o menos un año me invitaron a presentar esta misma novela, La costra de la tierra, y en aquel momento hablé de dos dimensiones en ella; la crisis como detonar y el viaje que ésta nos obliga a iniciar: hacia una misma y hacia otros puntos geográficos. Hoy, y como pasa con los buenos libros tras releerlos, debo decir que he encontrado no dos sino tres ejes fundamentales, cada uno abriéndose en sus dimensiones y que de una forma distinta Esta novela, generosa, se ha vuelto a abrir frente a mí. 

Quiero abrir justamente con las palabras de Sofía, la protagonista, cuando explica: 

'Las autopistas me causan una inquietud nerviosa, como cuando de niña me arrancaba las costras de las heridas porque creía que por debajo de ellas mi piel no respiraba. se me figuran costras que sofocan la piel de la tierra, una superficie endurecida sobre las llagas que los seres humanos le provocamos y ella no puede rascarse.’

Partiendo de esta declaración, hablaré ahora de La Costra de la tierra como de un terreno en el que tenemos tres grandes conceptos que se entrelazan, se cruzan, se golpean, se coquetean, se reconquistan, se repelen y se complementan... esa es la arena sobre la que se mueven nuestros personajes. 

 

  1. El viaje es un estado emocional. 

Sofía está cansada de la vida en la ciudad, cansada de la violencia sostenida, del miedo, de las jornadas interminables. Hay un detonador y se marcha. Pero viajar no es solamente el movimiento físico de llevar nuestro cuerpo de un punto geográfico a otro, ni el esfuerzo de supervivencia por el que hay que atravesar cuando una se está moviendo a la zona caliente más caliente del país, no... aquí Francesca nos habla del viaje como de un estado emocional. 

Es que hay que tener mucho coraje para echar la vida a andar, para salir de la parálisis del miedo y buscar un punto de entrada a ese fluir natural en el que se mueven las cosas de la tierra. A este punto volveré más adelante, por ahora apunto que hay una manera natural, viejísima, de suceder del mundo que todas conocemos y que sin embargo tenemos reaprender de manera consciente.

El estado de viaje significa aceptar y abrazar lo no estable, significa el regreso a la naturaleza nómada que tiene el ser humano y además significa saber, aceptar y aún querer que haya otras posibilidades más allá de las normas siempre binarias y siempre con los bordes bien delineados de lo que significa el modelo de vida de la profesionista súper ocupada en la ciudad súper caótica, súper insegura, súper transitada. 

Irse, estarse yendo; esta es una novela sobre el atreverse a vivir en el me estoy yendo. Aunque una nunca sepa bien a dónde va, qué hay ahí o si va a llegar, pero bien que sabemos cuando es tiempo de irnos. 

 

  1. Una larga oración.

Digo 'oración' en el sentido de 'las cosas que nos decimos bajito porque las verdades no necesitan gritarse sino sentirse cerquita del cuerpo y de todo lo que una es'. 

En este camino Sofía, la viajera, aprende y aprehende la sabiduría de las culturas viejas; lo mismo escucha a un hombre hablar en p'urhe que se da el tiempo de sentarse en el monte para sentir las señales que la tierra le va dando. 

El personaje principal no es Sofía aprehendiendo todo esto, sino la tierra misma. Tierra - ente vivo, tierra que se mueve, tierra que tarda miles de millones de años en generar las condiciones para que un día empiece a crecer un volcán, o se mueva una placa tectónica, o se llene de sargazo medio caribe, o...  las maneras de hablarnos de la tierra están aquí, en el libro y a la vista de todos nosotros. Y hay que mirar con mucha cautela y disposición para recuperar el vínculo natural que tenemos con ella. 

Escuchar a la tierra es escuchar nuestra propia oración interna. 

 

  1. Lo primitivo no se recupera: se libera. 

Estamos frente a una trama apocalíptica; muy al estilo de La Roca, Schwarzenegger o Bruce Willis... el mundo como lo conocemos colapsa en un periodo brevísimo de tiempo, el malo es el hombre [la humanidad] y la única posibilidad de recuperación está justamente en manos de la humanidad... casi como en Hollywood. Pero casi, porque esta es una trama feminista y humanista. 

Así que, cuando la tierra empieza a sufrir terremotos, se abren surcos, se vienen abajo las ciudades; cuando la desgracia realmente se cierne sobre las poblaciones, se libera también el instinto de supervivencia y con esto 'el bien' y 'el mal'. Vamos, no falta el que va buscando a quién robarle, a quién violar, a costa de quién sobrevivir, pero pasa otra cosa, igual de natural: el orden debe restablecerse. 

Y son las mujeres las que van marcando pauta, las que deciden dónde instalarse, qué sembrar, cómo establecer los vínculos sociales; y los hombres siguen su pauta, se suman, trabajan en equipo.

En este nuevo orden, no sirven los diseñadores de moda, los empresarios ni los oficinistas; son esenciales los campesinos, los maestros, los curanderos... hay un movimiento natural, que los personajes deben buscar y esforzarse por entrar en el, pero que fluye hacia lo más relevante: nuestra naturaleza revelada. 

 

 

Mercedes Alvarado

Ciudad de México, 28 de junio de 2019

 

Por León Cuevas

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¿Y qué hacer ahora que no ha quedado nada? Ahora que ya todo se ha inventado, ahora que tenemos al final de los tiempos en la palma de la mano. Ahora que ya nada puede salvarnos de que se ha inventado todo y nos ha arrojado a la nada.

            Entre toda una devastación de ideas encontramos un pleno y frondoso valle, un valle tan hermoso que ya no nos pertenece, un valle a metros de desierto y bosque que le hacen sombra a un canal de aguas grises repletas de ajolotes y nahuales que nadan en hilera. Entre las estepas, Antonio Calera observa un segundo antes que el resto de la humanidad como el planeta va a expirar para probablemente volverse a realzar. En aquel segundo que en tiempo real son siete días, Calera escribe un testamento en prosa poética, el último evangelio de nuestras herencias, la última palabra cuando los dioses tuvieron sed en diferentes lenguas. Mientras que el autor ha traducido las voces de las musarañas, rinocerontes y de los jaguares.

            Antonio Calera inicia un viaje comunicando su palabra mientras crea una bitácora. A pie encuentra un Comala a mitad del Edén y los Campos Elíseos, iluminados por un sol en perpetuo eclipse y que a la vez dividido en siete hacen rotación para en penumbras volver a alumbrar. Y Calera sigue sacando su bitácora para anotar mientras pasa por debajo del incandescente silencio. Avanza y llega a un templo a la mitad del desierto, a la mitad de un día que se ha quedado a la mitad del infinito y en aquel templo en constantes ruinas conversa con epicúreos, mayas, dioses olvidados, moros, artistas y gusanos revolucionarios, seres ancestrales de pieles moteadas, hedonistas y filósofos de piedra lijada. Acto seguido encuentra en el corazón de un Tenochtitlán ya solo en sueños, un vasto vaso con agua y tras este una fila inalcanzable de sedientos peregrinos sin fusil. Con las últimas gotas de tinta redefine al ombligo de la luna y llama a aquel testamento Sed Jaguar.

            Sed jaguar (Bonobós, 2018) está escrito en concreto como las tablillas de barro que formaron  a la Epopeya de Gilgamesh. Está escrito en pergamino como los rollos de todos los mares muertos. Está escrito como los códices que entienden solo las deidades de maíz que prevalecen dormidas bajo la neblina del presente; es una biblia posmoderna que reúne los escritos de todas las épocas traducidos en poesía aunque se deba entender que no es un poema. Y aún así, toda sed está dicha en poesía, porque la poesía estuvo ahí cuando sucedió todo y estará ahí cuando todo esté terminado, y cuando seamos solo una leyenda más del universo. Porque la poesía entra en cualquier manuscrito y entra como cualquier forma. Porque la lírica amantó y vio crecer a la narrativa para después poderse fusionar con ella al igual que con la dramaturgia, el ensayo, la música y hasta las matemáticas. Porque cuando entre la abundancia aún prevalezca la sed, la poesía estará siempre sentada en ese páramo viendo como las cosas parten y nacen en distintas luces. Porque la poesía estará aun cuando todo ya se haya inventado… Y Antonio Calera lo escuchó y transcribió un segundo antes que toda la humanidad.

 

Lee tres poemas de Sed Jaguar aquí

 

Por Jorge Manzanilla

 

La literatura para niños siempre resulta compleja para el adulto. Muchas veces queremos crear literatura para ciertas edades y nuestros personajes piensan más como adultos que como niño. Este no es el caso de Fer de la Cruz, ya que sabe crear un mundo alternativo a su vida adulta. Logra conectar con este tipo de público tan difícil y más exigente que el de un adulto. Su formato no es muy lejano a libros como el del poeta Ramón Iván Suárez Caamal y no sólo lo menciono por el corte de versos y la estructura tan acotada, esto se ve desde el tipo de ilustración, por ello inicio mis comentarios con estas similitudes que van de generación y que a su vez, convergen geográficamente con la península. Árbol de la vida de Marco Aurelio Chavezmaya también se asemeja al tono de Fer de la Cruz, versos heptasilábicos convergen en estructura y en el uso de animales para acercarse a los niños. El trabajo de Fer de la Cruz no sólo es loable porque piensa en un grupo específico, sino que busca un ejercicio pedagógico y crear un juego con sus lectores.

El corazón de Plutón nace de un hecho real y la nota inicial del libro anticipa:

“Escribí El corazón de Plutón en agosto de 2015, justo luego de darse a conocer en el mundo la primera foto de Plutón tomada desde cerca. Ésta y muchas otras fotografías fueron tomadas por la sonda espacial Nuevos Horizontes, la cual tardó siete años en llegar hasta Plutón desde la Tierra. Las imágenes muestran que en la superficie de Plutón existe una enorme región helada en forma de corazón”.

La poesía documental poco a poco abarca mayores trabajos en México, tal es el caso de Balam Rodrigo con Braile para sordos, Luis Felipe Fabre con Sodomía en la Nueva España y Sara Uribe con Antígona González. Todos estos libros reconstruyen contextos con materiales investigativos para mostrar una perspectiva entre la experiencia y lo informativo. Si bien, los títulos anteriores aluden a otras temáticas y a otra perspectiva por completo a la de Fer de la Cruz, en el uso de un hecho investigativo, funciona igual. Una nota científica, se convierte en fábula. Este es el punto más favorable del libro.

“Este libro es para los niños y para sus maestros y padres de familia, potenciales astrónomos o no”

Dicho lo anterior, Fer busca que el lector se sumerja primero a la “Sonrisa de Sarigüeya”, que nos hagamos parte de su mal comportamiento y de ver cómo enfrenta al resto de sus compañeros de clase. En “Corazón de Plutón” vemos el universo colocado por medio de frutas.

 

 

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Las otras dulzuras del libro, están en la tercera parte y se presenta en un fichero de especies o glosario de animales que son la guía para entender más la fauna yucateca. Así que en el libro no sólo veremos la parte pedagógica de los niños con problemas de comportamiento o adaptación escolar, también veremos poesía. Es muy difícil no caer en lo discursivo o quedarse en el plano investigativo, Fer de la Cruz logra vencer este obstáculo y focaliza desde la fauna yucateca. La ilustración de Miriam Pérez Ballesteros no puede minimizarse o hacerse a un lado, su trabajo permite la cercanía de los niños o adultos. El corazón de Plutón y otras dulzuras no caen en el tono de tratar a los niños como pocos reflexivos, por el contrario, se le busca una noción científica y astronómica, se busca que reconozcan su fauna y el respeto a las especies y a sus demás compañeros.

El autor menciona con énfasis lo siguiente:

“Este cuento en verso también se basa en la manera maravillosa como los nuevos descubrimientos obligan a la comunidad científica a replantearse viejas definiciones, por ejemplo, sobre qué es un planeta y si Plutón es uno. El cuento propone una lección basada en los principios de la pedagogía vivenciada, el aprendizaje acelerado, la estimulación temprana, el trabajo en equipo y el amor a la investigación y al conocimiento. Estos principios pedagógicos se emplean con éxito en algunos preescolares y primarias de Mérida”

No sé si realmente esto ocurra realmente en Mérida, de ser cierto, entonces Sedeculta- Yucatán tiene el trabajo de promover este libro en los acervos escolares y no sólo dar una presentación para luego meter todos los libros en bodega. Los libros deben estar en los sectores educativos de manera obligatoria y ojalá los niños y adultos puedan acerarse al Corazón de Plutón.

 

 

 

Por Ana García Bergua

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“Siempre había imaginado lo que haría en una situación similar, cómo ese par de tacones representaban una desventaja para correr”, escribe en “Cobalto” Nilsa Martínez.

“Por el chisme de lo de la venta de drogas me corrieron de la escuela. Luego de un tiempo él salió del hospital, yo ya estaba en el Blue, ahí conocí muchos hombres, sobre todo polis, tus colegas: me ayudan a estar con él, aunque sea nomás por las noches”, escribe Norma Yamille Cuéllar

“El gordito se arremolinaba en mi alfombra llena de pelos del Kayser, además de polvo de días, ya que no había aspirado desde hacía como dos meses. De tanto darse vueltas acariciándose su mano ya tenía toda la cabeza llena de migajas de Kayser y pelos dorados. A pa’ pinches escritores. Estoy seguro de que a la primera chinga acabaría confesando que él había matado a Lady Di y hasta Trotsky”, escribe Iván Farías.

“Siempre me pareció estúpido ver a veintidós hombres corriendo tras una pelota. Durante el medio tiempo, cuando Antonio se acercaba a tomar un poco de agua, deslizaba la mano por su espalda empapada, bajo la camiseta, y le susurraba que había mejores formas de sudar.”, escribe Iris García Cuevas.

“Dicen que hemos matado a cuatro, y yo estoy seguro de que es mentira. Nadie se muere por un par de golpes en la cabeza. Se morirán de otra cosa, del susto, quizás.”, escribe el cubano Lorenzo Lunar

Y así podríamos seguir haciendo una pequeña antología de frases muy afortunadas en “Latinoamérica entre ladrones, policías y parias”, el número más reciente de Blanco Móvil: en él podemos leer un interesante y variado grupo de narraciones en las que el sustrato multitudinario de violencia y pobreza que asuela a nuestro desdichado continente se manifiesta de muy distintas y creativas formas. Narrativas provenientes de Argentina, Guatemala, Uruguay, Cuba, México por supuesto, cuyas distancias geográficas resultarían muy cortas a la hora de contar un fenómeno que iguala en sus desdichas a grandes territorios del mundo: la violencia de la multitud y la pobreza, las pequeñas venganzas, la corrupción y los abusos policiacos, los submundos del crimen y las drogas que son cada vez menos subterráneos, la crueldad de la muerte impuesta y su pérdida de peso y significado. El clásico género policiaco o el más turbio noir, con su pregunta de “quién lo hizo” y sus detectives melancólicos y ambiguas han tenido que adaptarse a una realidad cada vez más oscura y compleja donde los lindes entre el policía bueno y los delincuentes malos están desdibujados desde hace tiempo y la literatura tiene que abrevar de manera irremediable de la nota roja y la crónica periodística, de una realidad que en su horror mucho tiene de ficticia. Estas narrativas complejas y cada vez más actuales lanzan sus oscuros destellos escarlata al lector en este número de escalofrío de Blanco Móvil, la revista que desde hace tantísimos años dirige contra viento y Marea Eduardo Mosches.

Autores como los citados, entre muchos otros como Iris García Cuevas, Rebeca Murga o Carlos René Padilla, junto con otros de generaciones menos recientes como los argentinos Miguel Ángel Molfino y Guillermo Orsi y el mexicano Guillermo Rubio, o jovencísimos como Darío Zalapa, exponen las realidades dolorosas en las que se ahoga tantísima gente. La tradición de la novela negra y su lúgubre glamour han quedado quizás sobrepasados por un mundo en el que no parece haber otras alternativas más que las de contar y recontar esta violencia que no cesa y preguntarse por sus sinrazones. Este número de Blanco Móvil abarca también otro subgénero de la narrativa que sería el cómic noir de gran factura, a cargo de Edu Molina, de quien son las excelentes historietas e ilustraciones.

Texto de Francesca Gargallo Celentani

 

Pequeños y valientes gestos para crear la vida y sus deseos mientras se sobrellevan las transformaciones que las crisis y los cambios han provocado: los 34 cortos relatos que integran Deseó Revolución, de Rocío García Rey (Cisnegro, Ciudad de México, 2018), localizados en su mayoría en los interiores de una ciudad densamente poblada que puede ser tan tierna como inclemente, violenta y displicente, presentan actos revolucionarios de mujeres diversas, aunque reducibles a una misma, que sueñan decirse en primera persona. Actos como vivir el domingo desafiando la locura, los árboles de la nostalgia, el encuentro, la trasformación en poesía o como soltar los andamios y las amarras del pasado, la pesadilla de la soledad, los matrimonios como cárceles, el cuerpo que se renueva, el fantasma de la madre que no quiso a la hija que tenía por soñar con otra, la consumación del duelo, el salir del dolor son los temas de una narrativa que presenta realidades experimentadas en cuerpo de mujeres y exige ser leída.

Rocío García Rey es una poeta y una ensayista que ha estudiado Letras, conoce el significado de cada palabra y el valor de la engañosa ingenuidad de los exilios voluntarios en las libretas, en un clima de afirmación que va del recuerdo de la niña muñeca a la vejez provocada por la muerte del amado por el que se han realizado actos extremos, como bailarle la muerte para que se hiciera llevadera.  Por encima de las anécdotas, se impone la fuerza de la desesperación y el anhelo de buena vida. Si en muchas ocasiones usa personajes literarios como metáforas, construyendo deseos con nombres de figuras míticas y rememorando autoras, en otras recurre a un erotismo sin disfraces, intenso e igualmente amoroso que permite introducir en el presente la imagen del hombre que ha muerto, se ha ido o ha implicado actos de despido y renovación.

El corto cuadro de la novia que sabe de haber sido cazada, víctima de su inercia y aun así rebelde a su condición, y que se presiente víctima de un brutal feminicidio,  el brevísimo relato de la exhumación de la voz del padre, la reducida crónica de la satisfacción sexual en una noche, se acoplan en este libro a los gestos de autocuidado de quien actúa para sobrevivir al desamor y al viaje de autoconocimiento que hace de Veracruz el territorio de la nostalgia y el descubrimiento. En cada una de las páginas de Deseó Revolución destila la sabiduría del aprendizaje. Ilustración para ser feliz. Exposición de quien aprende a ser apta para la plenitud a través y a pesar de los otros. Su calidad poética retrata los ojos que se retienen por un instante o para toda la vida, las obsesiones de la memoria y los mantras personales. Los recuerdos son básicamente recuerdos de promesas, expresadas o imaginadas, que desatan emociones y fuerzas no conocidas con anterioridad. Con tales estrategias narrativas, los relatos de García Rey ofrecen un ejemplo de literatura de múltiples facetas: una bitácora de diálogos de la autora con una sí misma dispersa en todas sus fantasías, una colección de mujeres externas que tocan su vida al narrársela,  un perene coloquio con las sensaciones, imágenes y personaje de lo leído y convertido en interlocutor. 

Como maestra de literatura y tallerista, Rocío es una conocedora de lo escrito por mujeres en un largo tiempo sin repercusiones ni visibilidad, cuando las mujeres descubrían formas de narración que sólo eran reconocidas cuando autores masculinos las adoptaban, como el despliegue de una formación personal para un personaje de historia cotidiana y fundamental que hace de las novelas de su amada y estudiada Teresa de la Parra una crónica del devenir; a la vez, conoce y nutre la escritura de mujeres que le son contemporáneas, con las cuales puede compartir la mesa en cafés y bares para dar voz a la propia indignación ante la violencia impune, o para contarse chistes o para intercambiar opiniones y referencias literarias.

El perfil de una femineidad en transformación, menos jocosa de lo que pretende la falsa perspectiva de modernización urbana, con atisbos de ternura, ingredientes de desesperación, alimentos de erudición y una gran dosis de material necesidad de producir y reponer la vida, hacen de los relatos de Deseó Revolución una crónica de liberación que se acopla perfectamente a una poética de la erudición encarnada.

 

 

Por Marco Antonio Murillo

 

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Tierra nueva, de Kary Cerda es un libro que encapsula la voz de la tierra femenina entre sus versos. No es el canto hacia la mujer, tampoco el homenaje para ella (eso sería sencillo hoy en día), sino es la femenización del mundo a través de la escritura y su referente inmediato la fotografía paisajística. El letimotiv de los poemas, desde mi punto de vista, es la naturaleza y también su transformación en las cosas que rodean al humano. Desde este punto se articula la vida de la poeta y los referentes que son herramientas para descubrir su mundo interior. La poeta va recreando esto a través de una tierra nueva donde los símbolos que han acompañado al hombre a lo largo del tiempo, pesan ahora de distinta manera. Así, las palabras Savia, Jaguar, Piedra, Maguey, Montañas, Sacrificio, entre otras, adquieren una nueva frescura al ser puestas en diálogo con lo femenino trascendental:

Se han roto todas las magias y todos los amarres, y suelto como una bestia, lo oscuro se ha instalado en mis sustratos. (…) El mapa lo constata, pero yo, necia en mi extrema necesidad de cumplirme, insisto. Necesito un paraje donde pueda florecer este clamor para iluminar con esa hoguera el fondo del acantilado.

El libro, que intercala fotografías y poemas de la autora, se encuentra dividido en tres apartados: Clamor, intemperie y canto.  Clamor pone sobre la mesa de la imaginería el campo semántico que se va a ir desarrollando a lo largo del libro. Aquí encontramos esos poemas en los que lo trascendental se vuelve femenino y reclama su pequeña porción de paraíso fotográfico. Los poemas, que acaso por influencia de las fotos que lo acompañan parecieran ser hechos a cielo abierto, en realidad exploran paisajes interiores y nos recuerdan que la conciencia del ser siempre está en jaque y nace desde los adentros mismos, tal como en este poema que es de hecho una reescritura femenina de las oraciones cristianas:

Soy versión insustituible

del quehacer de vivir

me bendigo me respeto me amo

camino por valles de sombras

confiada en la fuerza eterna de la luz

que anima toda vida desde mi centro

 

soy mi más sólida conquista

mi cimiento estructural

 

capitana de mi ejército

señora de mis reinos

 

Intemperie, por otro lado, es un salir de la conciencia de uno mismo y buscar explicaciones afuera, en los acontecimientos que rodean una historia personal. Su primer poema es revelador, recupera el mito del padre que deja el hogar y se va lejos de la vida familiar, para posteriormente hallar un cierre de ciclo en una acción similar ejercida por la poeta años más adelante. Esta vez la salida no es trágica, pues hay una experiencia previa que transforma el acto en responsabilidad humana:

 

Hoy también como tú

me voy al otro lado

 

pero me voy con todo y chamaco

el que traigo adentro

para que no le falte nada

ni crezca como huérfano

 

Posteriormente, en este mismo apartado encontramos algunos otros poemas que sirven de reclamo al mundo y la injusticia que rodea a la poeta: la objetualización de la mujer, la malacrianza por parte de la madre, las dificultades que hay de ser madre soltera, la destrucción de la infancia que hay en la violación de menores, y, por lo tanto, el reconocer que Soy hija de un  mundo ahogado / en la insensatez de la guerra / donde si no mueres / sobrevives ebria de zozobra y pérdidas. Para mí, esta es la parte del libro a la que hay que ponerle mayor atención, pues nos invita a concluir que si bien el mundo (recreado en las fotos) es paradisiaco, hay un infierno brotando en él, muy a pesar de él.

Canto, que es el apartado final, propone una serie de poemas líricos en donde la voz femenina de la  poeta se funde con su entorno; es decir, pierde su forma material para volverse una canción inmanente, impregnada en la propia naturaleza. Todo está en uno y uno está en todo, entendemos cuando leemos: soy mi amante y soy mi novio amante / ávido esposo aguardando mi llegada / un atardecer en Egipto. El erotismo está presente en estos poemas finales, pero no es el típico que reconoce la necesidad carnal del otro, sino este es panteísta en cuanto a que siente su presencia en los tonos de la naturaleza: cada ola tiene un acento / y un tono / las tuyas saben a piel dormida / sobre la arena oscura de la noche.

 

Texto de Maria Elena Solórzano

 

¡Qué soledad experimentan las generaciones actuales, que aislamiento! Hace sesenta años las relaciones entre los humanos, aquí en la CDMX y sus delegaciones eran muy diferentes.

Recuerdo la época de mi niñez cuando nos reuníamos todas las tardes en la privada, jugábamos, platicábamos, reíamos, nos abrazábamos, es decir convivíamos. Los cumpleaños los celebrábamos la misma palomilla en la casa del festejado, no había salones de fiestas infantiles ¿Para qué? Si éramos felices con nuestros hermosos y estimulantes juegos.

Ahí empieza el problema niños solitarios, serán adultos agrios, inseguros, insensibles o excesivamente sensibles.

Rocío se enfoca a las mujeres que sufren desamor, abandono y que no les bastan los títulos universitarios para alcanzar la felicidad.

Las mujeres hemos ocupado los sitios que antes eran de los hombres; las mujeres son: médicos ingenieros catedráticas astronautas, pilotean autos también hay matemáticas filosofas, cronistas, geógrafas y en toda la gama de la ciencia y la tecnología encontramos representantes.

En fragmento filigrana la protagonista se refiere reiterativamente a esa frase como una muletilla, que sirve como dique para que no se despeñen recuerdos y sentimientos.

El excesivo peso de la protagonista ella piensa que es el obstáculo para conseguir la felicidad cito:

No pasa nada nada, al contrario, así pueden sentirse más ligeros más activos. Supe entonces que las profecías de aquellos libros antiguos estaban configuradas para suscitar la perdición con consecuencia de una excesiva alimentación…

En Vestigio nos damos cuenta de cómo han cambiado las relaciones se han vuelto de parte del varón con menos consideración y calidez hacia la mujer.

En Máscaras encontramos una hermosa prosa poética cito: Labios agonizantes. Frígida melodía la del vocablo tumba.

Y encontramos otra vez esa soledad cito: Yo también una mañana de abril procure confundir la taza de café con incesantes besos…

Llegó y fui yo quién uso la voz para desvestir el llanto…

También toca el tema de la mujer inteligente que es usada por un maestro con el pretexto de enseñarle y lo único que hace es plagiarle su trabajo y desde luego los halagos.

En su obra también campea la nostalgia cito:No cabe duda en este sitio no hay adoquines, pero si mucha tristeza.

En algunos de los relatos se siente el miedo a vivir, a los recuerdos, al resurgimiento de los fantasmas.

Cito: El miedo a la memoria abarca mis sentidos.

Rocío maneja en forma acertada la ironía y el sarcasmo cito: Ir a los panteones a buscar el amor fue la terapia perfecta para nunca más temer que un hombre pudiera traicionarla con la muerte.

Algunos hombres admiran a las mujeres intelectuales, pero todos les temen y les huyen. Cito: Ella asumió que el color inmediato de ese encuentro seria la ausencia.

El texto es un reflejo del paradigma psico-social, que ira adquiriendo distintos sentidos y trascendencia, en la observación de las brechas generacionales.

Dichos relatos son verosímiles y exponen la naturaleza humana con un tono subjetivamente femenino por lo cual son enriquecedores, en el contexto del rescate de las voces y los sentimientos acallados por los esquemas sociales.

Texto que bien podría prestase para la Antropología Filosófica y la Sociología, pues muestra hábilmente las transiciones generacionales por ejemplo en la generación actual la ausencia del cortejó al género masculino, así como la paulatina desaparición del eterno femenino.

Otra situación interesante, es como nuestras relaciones e interacciones personales varían dependiendo la forma de nuestros cuerpos, lo cual no debería de ser así pues nuestros valores culturales e intelectuales son los que deben determinar nuestras interacciones.

Y para terminar, esta obra me deja el dulce sabor a soledad con café...

Felicitó a la autora y recomiendo ampliamente la lectura de la obra que dejará un agradable sabor de boca y distintos interrogantes.

 

Por Carmen Avendaño

 

Original, culto e irreverente, Guillermo Meléndez sería un poeta mucho más conocido si no fuera por su falta de pericia en “esa guerra sucia”, como llama a la carrera literaria, que exige “disimular plagios, dominar estilos en boga, (…) incrustarse con habilidad entre las mafias de aduladores profesionales”. Mi mejor lápiz (Libros de la Mancuspia y Universidad Autónoma de Nuevo León, 2018) de Guillermo Meléndez (Galeana, Nuevo León, 1947) es el libro XV de una trayectoria que incluye la antología Ciudad del Náufrago, (Fondo de Cultura Económica, 2002), además de publicaciones en Chihuahua, Morelia, Guadalajara, Ciudad de México y en su lugar de residencia, Monterrey.

En parte responsable de esta marginación es la geografía de la ciudad que padece, Monterrey, a casi 700 kilómetros de la Ciudad de México. Tal vez por ello en este libro el poeta fabula su fundación para deshacerla, para arrancarla de raíz, como si el valle donde fuera alzada contra todo pronóstico fuese uno de los sitios baldíos que hoy pueblan su centro. En el escrito de título barroco Apuntamiento sobre la fundación de la Villa de Nuestra Señora Santa Rita del Valle de Monte Montura, Meléndez toma la voz de los tlaxcaltecas para narrar el episodio donde el fundador postizo, Don Diego de Cabra, les pide a los colonos que junten las chivas, y partan por la mañana de vuelta a Santiago de Saltillo:

“Que Monte Montura se quede como pueblo fantasma entre sus hermosas montañas y su esplendente sol, nosotros nos largamos lo más pronto posible, ya que aquí, aparte de las múltiples adversidades que nos anulan, como ustedes saben, vivimos con el riesgo que los Pistisfiafuiles, como lo hacen con las tribus enemigas, nos arranquen las cabezas y luego, sepultadas en un pozo entre pencas y brazas, sirvan de cena en el banquete donde empeyotados y en pelotas danzan al derredor del petate que contiene los huesos de sus ancestros.”

Poemas en prosa es un modo de llamarle a estas piezas de nombre propio que comprenden tanto formas de las escritura como de la oralidad. Al “Apuntamiento”, o crónica fabulada, se suman materias de la memoria: recuerdos, cartas, informes, elogios; y de la predicción: presagios, vaticinios, ovomancia (lectura de un huevo) y metoposcopia (lectura de arrugas y marcas en el cuerpo).

Como se desprende de estas prácticas el autor es un lector empedernido, que se inviste a sí mismo de la dignidad de interlocutor de grandes escritores atrincherado junto a sus héroes contra el menosprecio de la poesía: “a veces, si hay viento y vino, se filtran por entre las cortinas inmortales que charlan conmigo sin incomodarse con el tufo de mi aliento aguardentoso”. Meléndez los baja del pedestal y los invita a su presente, donde alternan con su familia,  sus amigos, sus cantantes favoritos. De este modo el solitario se vuelve un anfitrión que convida al lector a conocerlo en su vida cotidiana, haciendo de ella lugar de encuentro con los inmortales.

 “Juglaría” marca una sección y bautiza un escrito donde el poeta retrata a los actuales juglares que pasan por su calle: “una niña tamborilera que recolecta las monedas, su madre que va tras ella dando las gracias y el padre vestido de manta, con huaraches de tres agujeros, es un músico que fue aprendiz de clarinete en una banda de Juchitán. (…) Gracias amigos por cantar la Barca de Guaymas, Modesta Ayala y El hijo desobediente. No hubo desperdicio; puras buenas. Gracias, Mester de Juglaría por hacerme llorar con la trova de la Delgadina que al negarse al incesto, el rey, su padre, la dejó morir de hambre entre las aldabas de una almena.”

Como pocos Meléndez insiste a largo de su poesía en la antigua hermandad con la música, que los juglares llevaban de la mano por los caminos, aunque ya en ese tiempo los trovadores de la corte se afanaran en distinguirse de ellos. Así, en La senda del paupérrimo, aparece Rubén Darío con ecos de tango:

(…) “Sólo sé y me alegra saber que soy testigo de la aparición de un roble igual al que don Rubén Darío imaginó lleno de rosas frescas. Sí, el árbol tiene flores muy preciosas, efímeras como amores de estudiantes, sus miradas renuevan los bríos a los que necesitan más de un hervor para perder la dureza del alma, sus corolas color sangre son signo de asombro auténtico pero por desgracia en lo que dura un parpadeo se deshojan y terminan su existencia en los hocicos  de los cerdos prófugos de las granjas de un villorrio que llaman Atongo de Abajo.” La fugacidad que observara el poeta japonés Matsuo Basho en las sendas hacia pueblos lejanos la retoma el autor en sus barrios, haciendo extraño lo propio.