El alfabeto poético. Palabras en el desierto

Para comenzar la presentación de Palabras en el desierto de Eduardo Mosches, quiero reflexionar sobre su título… el desierto, la palabra. En primer lugar, esta idea del desierto como sitio abierto a la trascendencia, lugar propicio para la revelación divina. El desierto: ese reinado del sol, manifestación pura de la luz donde el poeta se da a conocer a través de, si Dylan Thomas me lo permite, este oficio o arte sombrío. Pero ¿qué es “lo sagrado” en Palabras en el desierto?


Este primer acercamiento, se reafirma a lo largo del libro. En el poema “Cielo”, el poeta expone el gesto que ha realizado la humanidad desde tiempos inmemoriales: mirar hacia arriba, hacia lo trascendente. Sin necesitar un matiz religioso, en el sentido ortodoxo, logra un equilibrio entre la parte metafísica del hombre y el pensamiento de tono reflexivo. Aquí se entiende al cielo como tabernáculo de oraciones y deseos y al amanecer (símbolo del renacer de la conciencia) como algo que convierte en ciegos a los que miramos el infinito. Otra vez aquí la búsqueda, pero ¿de qué?


Otro de los puntos a destacar que recorren el quehacer de Palabras en el desierto es el anclaje en lo real como forma de no abstraerse del mundo que quiere ser representado en su costado más tangible, material. Se recurre a imágenes sólo cuando es necesario, cuando lo pide el sentimiento lírico. Un ejemplo de ello se verá en la descripción realizada en el poema “Comunidad”: Cuerpos arremolinados en el vagón/ el tiempo transcurre entre cerrar y abrir/esa puerta/ la intranquilidad se sostiene en el vaivén/ susurro de los pensamientos o charlas/ que terminan al llegar a su destino. En estos versos, se establece un balance: lo que aparentemente es meramente descriptivo, no lo es: también está la figura del observador ¿por qué decide posarse en esa escena y no sobre otra? Vamos sumando preguntas que, prometo, las contestaremos al final.


Asimismo, otro rasgo de Palabras en el desierto es la realización de lo que la buena poesía logra: resumir en una o dos líneas cosas para las que los filósofos necesitan páginas y páginas, y los narradores tramas y personajes. Al final del poema “Flauta” nos encontramos con que con la música todo es inicio. Imposible resulta no relacionar esto con aquel maravilloso libro El origen de la tragedia de Nietzsche. Su idea de que es el espíritu dionisíaco es el que yace en la música, la cual da origen a la tragedia. En esta frase del poeta, se oculta una visión del mundo, una obediencia a una tradición. En el poema que sucede a “Flauta”, no casualmente (pienso) se titula “Fuego” y dirá La primera fogata fue el inicio. No sólo el hablante reivindica lo expuesto en los versos anteriores, sino que del filósofo alemán pasa al griego Heráclito: aquel que sostenía que el fundamento del mundo y de las cosas, era precisamente el fuego. Esto, unido a la tradición bíblica del símbolo del corazón, centro de la voluntad, la identidad y los sentimientos. Se dirá: El corazón humano es el primer símbolo ardiente de la existencia.


En este discurrir del libro hay lugar también para el Eros. Un ejemplo es “Danza”: la sensualidad y la descripción de lo amoroso se hacen presentes, desde un costado de reivindicación de la ternura. Acto político hoy día si los hay: reivindicar de la seducción, la ternura y lo erótico, en medio de un mundo marcado por lo explícito, la vulgaridad y la pornografía. Al mismo tiempo, vemos la contemplación, en algunos casos influida por una visión casi mística, de objetos y circunstancias mundanas (“Gatos”).
Llegando al final, y para no extenderme demasiado, sé que prometí una respuesta para aquellas diversas preguntas que versan sobre la búsqueda de la voz, qué concatena a la palabra como Dios, a lo erótico, al corazón, al cielo, a la contemplación de lo mundano, etc… ¿si no es desde un costado religioso, en dónde encuentra entonces “lo sagrado” Palabras en el desierto? La respuesta es exhalada en cada página: lo sagrado aquí el hecho humano, lo humano redescubriéndose, revelándose y alumbrando poema a poema.


De hecho, los versos de “Humano”, no casualmente terminan diciendo El humano es carne y esencia. Así, puede resumirse toda la búsqueda de la voz; apuntar al yo más íntimo, esto es, palabra fundida en el todos, hecho que conlleva una declaración: solidaridad frente al egoísmo, reflexión frente a la liquidez y la frivolidad, belleza frente al capitalismo salvaje y la tecnocracia, resistencia frente a la deshumanización, la velocidad, el consumo.


Palabras en el desierto es una visión trascendente del ser sumergido en la existencia, en contraste con las lógicas actuales del mercado en donde se pretende reducir al hombre y a la mujer al estatus de mero hecho material robándole su parte metafísica.


Palabras en el desierto, se vuelve un libro necesario porque reivindica a la persona hoy devenida en consumidor, usuario, o número. El ser humano con sus defectos y virtudes, falencias y aciertos, tratado como está tratado en el este libro, me hace no temer decir que Palabras en el desierto es un libro humanista, un canto hacia la identidad de ese todos que se hilvana, se concilia y armoniza en pos de un conocimiento completo sobre nuestra propia identidad.


Para terminar, quisiera citar unas palabras de ese gran poeta chileno Vicente Huidobro: Como especialista, tu primera especialidad, poeta, es ser humano, integralmente humano.







AGUSTÍN MAZZINI (Buenos Aires, 1993) ha publicado los poemarios El ciervo blanco (sobre el artista y su oficio) (Aguacero Ediciones, Argentina, 2021, poesía) Premio Nacional Homenaje a Jorge Luis Borges de la Fundación ProArte, El cielo no termina de quemarse (suri porfiado, Argentina, 2017, poesía) Premio Nacional “Bustriazo Ortiz” Para Jóvenes Poetas, Poemas de Rue Parthenais (Editorial Difácil, España, 2021, poesía) XIX Premio Internacional de Poesía Joven “Martín García Ramos” El nombre de todos los desiertos (Aguacero Ediciones, Argentina, 2021, poesía) y El perfume de la flor tatuada (Eolas ediciones, 2022) -Premio de Poesía Joven de la Fundación MonteLeón-. Finalista del I Premio Hispanoamericano de Poesía “Francisco Ruíz Udiel”, fue becado por el Ministerio de Cultura argentino en convenio con el Conseil des Artts et des Lettres du Québec para una residencia de creación en la ciudad de Montreal. Condujo el programa online de poesía “Puentes de papel”. Ha ofrecido conferencias entre la que se destaca “La poesía argentina del siglo XX. Algunas de sus voces, corrientes y movimientos” en la Université du Québec à Montréal, participado de festivales nacionales e internacionales como el Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de México y publicado notas y reseñas sobre literatura, filosofía y cine.

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