Área limpia

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ENTROPIA SUCIA 
Juan Ariel Zúñiga 
Mago Editores 2021 
por Víctor Hugo Díaz
                                                                                        


                                                                   ¿Será que la muerte sin conocerla 
la imaginamos sucia?

Para algunos, la poesía en esencia, es darle temporalidad a lo efímero e intentar aferrar lo inasible de las cosas sucediendo.

Bajo esta definición, podemos afirmar que la voz que materializa este libro logra tejer, con intensidad ante los ojos del lector, un agudo imaginario capaz de modelar la forma misma del proceso de finitud y disolución que este enérgico hablante, y sus —dosis de corriente alterna—, nos permite enfocar con nitidez; pero manteniéndose a una cauta distancia de cualquier reflexión temática, trascendente o conceptual. Haciéndonos en cambio, palpar el misterio y la textura exacta de una opacidad que desciende hacia aquello inevitable pero a la vez excitante y azaroso, lleno de tantas “heridas emocionantes«; más, que pretender atribuir propósito o conclusión a lo que esta entropía, este deshielo inevitable y este diario suceder, pudieran tener como desenlace.

Todas son fronteras artificiales 
Estamos en un borde, en un horizonte de sucesos
//
Tomar la única llave
Acertar con la única puerta

Entropía sucia, la reciente publicación de Juan Ariel Zúñiga (Chile, 1963), aborda el vehículo de la escritura, ya desde su título, seleccionando un lenguaje o nomenclatura que incorpora términos técnicos y elementos asociados a la ciencia, a lo cosmológico, atómico y molecular, desplegándolos geográficamente de manera certera y sutil a lo largo de todo el texto; tal vez a modo de constante expresivo o de recordatorio —pero alguien tiene que limpiar el cuarto y borrar las huellas //Estás demasiado cerca para escuchar— Todo ello, siempre en función de la experiencia estética y vital:

Algo en el fondo de las horas
se niega a recordar
//
Hay ecuaciones y dibujos obscenos en la pared del baño
tapados con varias capas de pintura
tres generaciones al menos, negando la verdad
//
Recuerda todo, luego quémalo al amanecer

Con esta panoplia de herramientas “aparentes”, Zúñiga logra pasar por encima de sus contenidos y saberes previos —en tanto su valor como container de conocimientos— quitándoles toda anterioridad, para luego transformarlos hábilmente en signos autónomos con peso propio; en formas que asumen y reciclan su rotunda materialidad simbólica.

No ideas, sino voluntad: intuiciones que hablan y ágiles densidades que se mueven dejándose ver; pero incapaces de entregar alguna respuesta:

Ningún árbol ha escuchado tu nombre
y las nubes que te siguen no conocen tu idioma
(…)
Los árboles no te conocen
Pero alguien te trajo aquí.

El transcurso en sí, es la tensión de este libro, su metáfora; el tiempo como objeto trazado pero inestable, un flujo por ese trayecto de una sola vía, esa que siempre espera ser habitada: “y esa será la edad que tendrás para siempre”

Miro por la ventana del hotel, la luz del final del verano
que apacigua la habitación, donde ahora 
solo vivirán flores de plástico.

Dejando ya claro la pertinencia, y pertenencia, de los elementos o materiales de construcción antes mencionados; podemos afirmar con certeza, que la lectura de Entropía sucia significa involucrarse en un crimen no resuelto, lo que implica cometer una mirada subjetiva que enfoca desde esos hoteles lejanos no arrepentidos en donde esperamos; en absoluto movimiento, cuando Los amigos se van, alguien los espera/ en la espesura de la noche. Durante ese único latido continuo en que solo se habla un idioma, donde “Todo es tan frágil y lleno de uno mismo”.

Entonces, dentro de esta habitación cerrada, desde este jardín privado abierto a todos, la poesía parece ser el Personal de Limpieza que viene cada mañana a agitar las sábanas, que lucha contra la gravedad y nos abre una ventana haciéndonos levantar los ojos, pero que al mismo tiempo no nos deja olvidar que somos “Partículas elementales congelándose sucesivamente”. Mientras también nos advierte, al oído, que a veces nadie responde del otro lado; porque quizás “Todo poema /No es más que un pequeño esfuerzo contra la muerte”, y como define con categórica lucidez el poema Antepalabras:

La poesía no significa, sólo se manifiesta
y detiene la descomposición de las cosas

Santiago, Chile, marzo de 2022

POEMAS ESCOGIDOS

HOTELES LEJANOS

No sabemos decir te quiero en otros idiomas
y solo dormimos tranquilos en hoteles lejanos

Me desperté, llorabas y no supe más que
abrigarte con gasas quirúrgicas
Como si fueras mi víctima
De alguna manera también fuiste de la idea
y se nos arrancó el toro por el campo

Sabíamos que nos arrepentiríamos
Apenas podemos pagar el alquiler, ya tenemos tres chicos;
la descomposición de siempre, más
Acá no hay justicia que valga
las cruces llegan hasta el horizonte y se doblan

Me gustaría ser yo, pero es tu cuerpo
Ya no se puede salvar esta distancia
Reviso nuestras imágenes, en una edición veloz
no hay ninguna flor mancillada, hasta ahora
Mientras hipnotizado dejo mi mano en tu vientre
y al fin dejas de sangrar

Ya no sabremos decir te quiero ni en nuestra propia lengua

No paras de llorar y yo también lo haría
pero alguien tiene que limpiar el cuarto y borrar las huellas
Te amo más que nunca, se me hace imposible decirlo
Veo tu rostro ahí y mis ojos
Que bella hubiera sido esa mañana todos juntos en el río

Miro por la ventana del hotel, la luz del final del verano
que apacigua la habitación, donde ahora 
solo vivirán flores de plástico.







JUEGOS SALVAJES

Se habla tan poco del horror
de la doble vida, de la sangre después del crimen
del hermano loco gritando en la azotea
Todo este blanqueamiento, esta disociación
lejos de alumbrar, rodea, sospecha:
¿Será que la muerte sin conocerla
la imaginamos sucia?

Supongamos a un monje sentado frente a una montaña
y a la nieve cubriendo el lago
¿Habrá una serpiente allí?
Una cobra que nos hipnotiza a todos:
al volcán, a la nieve, al monje, al observador
y nos deja sin mirar totalidades, cíclopes
ensimismados, sin el conocer original

El cosmos no son solo estrellas
La materia oscura es casi todo lo demás
Y a nosotros dale con la luz, las ecuaciones y la certeza

Todas son fronteras artificiales
Estamos en un borde, en un horizonte de sucesos
La insistencia en la resurrección, es un discurso alegre
carente de simbología

En las líneas de la mano y en el cielo abierto
andamos siempre buscándonos 
negando nuestro único final
Así nació la idea de los dioses y su limbo frenético

Nadie nos prepara para la vida, la celebración y la adversidad
Entropía, que deberíamos aprender desde niños
Así no dolería tanto la diáspora y la carencia
Sal y agua de nuestros días salvajes.






RECOLECTORES

Ningún árbol ha escuchado tu nombre
y las nubes que te siguen no conocen tu idioma

Cantas los romances del aire
la descomposición del tiempo, la luz fracturada
Pero ellos no te saben descifrar

Alguien te trajo aquí a leer la inmensidad
a veces, a decir solo lo correcto
Todo el resto es una ausencia interminable
La mitad de las palabras no tienen sentido
y pierden jóvenes su belleza

Dejarás prendida la luz del mundo
con la esperanza de la resurrección de un verano
y de poder elegir el día celeste
Pocas horas quedan ya para el viaje
Algunos restos que deja el tiempo en la orilla

No somos más que recolectores de palabras que envejecen
de cortas imágenes de una juventud esquiva
de algún dolor de cárcel y azules hospitales.
Nuevas oraciones que nacen en esa desesperación
Es más sincero el hombre en su caída
Los muros retienen su dolor
y son los últimos terapeutas que nos escucharán

Las nubes no saben descifrar tus versos
Los árboles no te conocen
Pero alguien te trajo aquí.

VARIANTES HELICOIDALES


Si te atreves a vivir un sueño ajeno, aguanta
el castigo, de fantasmas que no sabes combatir

Si existen otros caminos al otro lado de la cuidad
no serán tus rutas, no tendrán tu respiración
de sofocado verano

Algo está pasando en estos días finales
fuera de tu alcance
y sin la música que te suele apaciguar

Algo que solo los lagartos perciben
Algún vestigio cifrado, que muestra
el lugar de donde vienen los antiguos seres
Una infra-señal en los radares
Un síntoma distinto a tu pasado ribonuclear

Hay algo extraño en el aire, que no logras descifrar

Así que mejor tus réplicas, las propias variantes
helicoidales
Ahora vale la pena, transmutar tus viejas obsesiones
por frescas gotas de poesía líquida
Y no quedarte ahí
mirando sueños ajenos, sangre de otros muertos. 






ECUACIONES

Esa casa
que al entrar o salir
tenía el mismo silencio

Esos árboles
que tu abuelo plantó
hace noventa años

La lluvia oceánica
sobre las ventanas

Ese resplandor adentro
de ti mismo
Las calles laberínticas y rojas

El deseo impermeable
como el aceite de las noches

Aquel muchacho infectado por el aguardiente

Ese gris pegajoso en las paredes
y en el aire
una serie de ecuaciones
sin terminar
rayadas sobre la muralla del baño

Todos mis fantasmas reunidos:
que inútiles me parecen ahora.

Juan Ariel Zúñiga (Chile, 1963). Ha publicado Hallazgo de musas en 1981 y Ríos sin memoria en 1991. Fue fundador del Grupo de Creación Literaria Lilith, que proponía el desarrollo del Realismo Simbólico en el habitar urbano.