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377 mil deseos de paz Dr. Adán W. Echeverría-García

 

“Muchos cristianos llegan a Israel como turistas y se van como
sionistas con la misión de servir al pueblo judío
que está regresando del exilio.”
Dr. Bill Adams

Desde 1983, Ahmad Sobeh, un estudioso palestino, ya señalaba que en el problema palestino está el corazón de los problemas de la paz y de la guerra, pues tiene un carácter internacional inevitable, marcado por el colonialismo inglés y francés, por el imperialismo gringo y por el deseo sionista de expulsarlos del territorio que milenariamente ha sido suyo.

Al favorecer el desigual enfrentamiento entre el pueblo palestino con el sionismo del estado artificial de Israel creado en 1948, el mundo occidental ha realizado durante más de 70 años una continuidad de ataques que para este 2025 se nos revela como un genocidio perpetrado por Israel y sus aliados sobre el pueblo palestino durante más de 100 años.

Un pueblo palestino del que la mayoría de su población se encuentra en el exilio enfrentando, una vez y otra más, a todos los países del mundo donde existan comunidades sionistas; ya que sigue siendo sometido a un trágico exilio desde 1948, cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU), obedeciendo a los gobiernos occidentales, perpetró la partición de Palestina; desde entonces el pueblo palestino no lucha para cambiar un régimen democrático ni contra una oligarquía dominante en su país; sino que fue desarraigado y arrojado por la fuerza de su hábitat natural lo que provocó la destrucción de su sociedad, implantándole artificialmente otra; por ende la lucha palestina ocurre en dos frentes: de adentro hacia adentro y de fuera hacia adentro al tener todo su territorio ocupado por las fuerzas sionistas.

El pueblo palestino lucha tanto en el campo militar como el político, el social, el cultural y el económico; sobreviviendo de injusticias cometidas por un estado ficticio y artificial que ha decidido ocupar, disponer y usurpar, tanto su tierra como sus derechos.

Los hebreos fueron llamados así por los árabes al verlos “atravesar” el Mar Rojo, cuando escaparon de Egipto, guiados por Moisés, para perderse en el desierto del Sinaí. Luego invadieron las tierras de los cananeos, atacando ciudades como Jericó y Yoro Salem; yoro en el idioma de los cananeos significaba centro, ciudad; y salem se refiere al día de la paz para los cananeos. Los invasores hebreos conquistaron la ciudad de Yorosalem (Jerusalén), pero no la fundaron.

En el año 923 a.C., bajo el reinado de Salomón, el reino de los hebreos se dividió en dos: hacia el norte quedó el reino de Israel, y hacia el sur el reino de Judea, dos reinos que siempre se mantuvieron en una lucha a muerte. Es necesario entender que el pasado de Israel evocado en la Biblia no es histórico sino mítico.

Para el 722 a.C. los asirios, procedentes del norte de Irak, invadieron el reino hebreo de Israel, y esclavizaron a sus habitantes llevándoselos como botín de guerra. Y no es sino hasta el 586 a.C. que los babilonios, procedentes del centro y sur de Irak, invaden el reino del sur, el de Judea, destruyendo el templo construido por el rey David, y destruyendo Jerusalén. Los hebreos de Judea fueron llevados a Babilonia como esclavos. Desde esa fecha, los hebreos de Judea no volvieron a Jerusalén sino hasta 1948 con la creación del estado artificial de Israel.

Para el año 538 a.C. el Imperio Persa, en su camino hacia Palestina, destruye Babilonia; ahí pide como guías a los más viejos hebreos para que los ayuden en el camino hacia la costa del Mar Rojo, ofreciéndoles reconstruir el templo de Jerusalén, pero los viejos hebreos rechazan acompañarlos porque ya se habían acostumbrado a la civilización de las ciudades babilónicas, al gran desarrollo que tenían y a su cultura, y no quisieron regresar. Solo los renegados de la sociedad hebrea acompañaron al rey persa hacia Palestina; y fue a ellos, a los que el imperio persa les reconstruyó el templo, pero los hebreos jamás volvieron a ser una autoridad en ese territorio.

Los persas dominaron la región hasta la llegada del macedonio Alejandro Magno en la siguiente invasión a Palestina ocurrida en el año 333 a.C. cuando el imperio griego conquistó toda la tierra de Canán.

La siguiente invasión fue la de los romanos en el año 64 a.C. y durante la dominación romana nace Jesucristo con un mensaje que poco a poco crea una nueva religión. Tras su asesinato en la cruz, sus seguidores cruzan el Mediterráneo hacia Chipre, Grecia, Roma; y es justo en Roma en donde el cristianismo se vuelve religión de estado en el año 380 d.C.; pero el imperio romano, en su decadencia, para el año 395 d.C. se parte en dos, formándose los imperios romanos de occidente y romano de oriente, éste último con su capital en Bizancio (imperio Bizantino). En el imperio romano de occidente se construye la ciudad del Vaticano, que para el 1929 se vuelve una independiente ciudad estado; pero que, desde la creación del imperio romano de occidente, y durante toda la Edad Media (del 476 a 1492), creó, nombró y desarrolló a los reinos de Europa, y luego de América, afianzando así al cristianismo como religión occidental mayoritaria tal como se conoce hasta el día de hoy, donde se derivan el catolicismo, el luteranismo, y las demás órdenes y sectas protestantes y puritanas, todas ellas cristianas.

Es justo durante el dominio romano de Palestina cuando ocurre la diáspora judía, es decir, la dispersión de comunidades judías fuera de la región de Palestina, especialmente después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén que realizan los romanos en el año 70 d.C. al sofocar un levantamiento contra el imperio.

Así, Palestina, ya sin judíos, siguió dominada por los romanos hasta el año 632 de nuestra era (consideremos que Roma, la capital del imperio, cayó en el año 476); y tampoco hay que olvidar que Mahoma comienza la predicación del islam en el año 610, luego de recibir la revelación del ángel Gabriel; que ese mismo año de 610, Mahoma llega a Jerusalén, donde rezó y luego visitó el cielo por una noche entera reuniéndose con Abraham, Moisés y con Jesús, según nos cuenta la tradición musulmana. Los romanos salen de la región ante la llegada de los árabes musulmanes. Esta invasión musulmana no solo abarcó Palestina sino también Jordania, Siria, Líbano, Irak, Egipto y toda la región de sus alrededores y hasta el norte de África y el sur de la península Ibérica; y son estas conquistas musulmanas de su territorio, las que dan al pueblo palestino la religión musulmana y el idioma árabe, que conservan hasta el día de hoy, junto con todos los territorios y pueblos que la rodean.

Reconozcamos también que la palabra filistín, quiere decir Palestina en árabe; proviene de los filisteos, que eran la mezcla entre los cananeos de la región y los inmigrantes del archipiélago griego desde hace más de 2500 años. Esta unión cultural ocurre en tiempos de la invasión hebrea a Canán como una forma de resistir a los invasores que llegaron señalando que su dios les había entregado esas tierras. Los términos filistín, filisteos, palestinos, Palestina, se conocen a través de los años, y a pesar de todas las invasiones de los pueblos que hemos relatado: hebreos, babilonios, persas, griegos, romanos, y árabes musulmanes, y subsiste incluso hasta en el tiempo de las cruzadas que inician en el año de 1096.

Para el año 1099, el líder de los cruzados Godofredo de Bouillón toma Jerusalén, así los reinos cristianos europeos también dominaron Palestina; permitiendo que sus habitantes sostuvieran cualesquiera de las tres religiones monoteístas: musulmana en su mayoría, judeo-hebraica y cristiana, haciéndolas convivir.

Para el año 1187 Saladino, sultán de Egipto y Siria, recupera Palestina expulsando a los cruzados cristianos europeos, volviendo a reafirmar el carácter irrevocablemente árabe de mayoría musulmana en la región.

La penúltima invasión a Palestina ocurre en 1517 por los otomanos procedentes de Turquía. Esta ocupación, también de religión musulmana, se extiende en el tiempo durante cuatro siglos, hasta el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, cuando el imperio otomano pierde gran parte de sus territorios, lo que se tradujo en el fin de este imperio para el año 1922.

Pero ya desde 1916 Inglaterra y Francia, habían firmado el acuerdo secreto Sikes-Picot donde estipularon cómo se repartirían los territorios tomados a los otomanos; un acuerdo que traicionó la relación de los árabes con Inglaterra; pues los árabes sólo habían decidido levantarse contra el imperio otomano, apoyando a los aliados; porque éstos les habían ofrecido recuperar su independencia al finalizar la guerra; lo cual desde luego no ocurrió. Todo lo contrario.

Para el 2 de noviembre de 1917 el secretario de asuntos exteriores británico en una carta dirigida al multimillonario judío Rothschild, de quien el gobierno monárquico recibió apoyo económico para hacer la guerra y sostenerla (la Primera Guerra Mundial), declara, a nombre del gobierno de su majestad británica, el propósito de hacer lo posible por formar en Palestina un “hogar nacional” para los judíos, “sin prejuicio de las otras minorías existentes en la región”. Las minorías a las que se refieren eran nada menos que el 92% de los habitantes de Palestina, ya que en aquel momento la comunidad judía que habitaba la zona era de apenas el 8% de la población, y apenas poseían el 2.5% de la superficie total de Palestina.

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