Enrique Winter

 

Víctor Hugo Díaz anticipa en México un próximo libro. Es el resultado de una obsesión que tiene hace algunos años con pensar la poesía de sur a norte. Recuerdo cómo empezó durante la década pasada con el territorio chileno, compilando poéticas de Iquique antes desconocidas en la zona central y hoy en permanente diálogo con el sur peruano, el oeste boliviano y los estados mexicanos. El desplazamiento hacia el norte, siempre arriba en el artificio de los mapas, es también notorio sobre el cuerpo del autor, que comienza el libro No tocar (2003) con esta declaración de principios: “Escribo caminando y me siento a corregir”. De los pies en movimiento subiendo al trasero quieto rumbo al norte de los ojos donde todo comenzó, porque debe haber pocos poetas entre los nuestros que confíen más en el ojo que Víctor Hugo Díaz. Para él no hay otro ingreso a la poesía que salir a mirar lo que sucede en las calles, y de tanto habitar estos pulsos urbanos siempre tiene algo que decir, algo que él mismo le exige a toda obra, discriminando de antemano las que se engolosinan con cualquier otra cosa que no sienta el clima de la experiencia colectiva.

Lazlo Moussong

 

El hecho de que yo disfrute de este sitio, que en cierta forma sigo considerando inmerecido para mí, es que cuando Juan Antonio Rosado Zacarías me invitó a participar en la presentación del CD doble con música de su padre, mi respuesta fue inmediatamente, más o menos:

–No puede ser, Juan Antonio. Yo no puedo alternar en esa mesa de homenaje a tu papá, en la que participan naturalmente profesionales de primer nivel de la música, cuando yo ya ni siquiera sé leer la partitura de una canción vernácula.

Pedro Salvador Ale

La voluntad poética e intelectual, es –hoy como siempre, urgente e imprescindible. El rol del poeta en este tiempo es la reflexión y el constante trabajo por ser original, desde el punto de vista estético, pero no por la mera originalidad de la obra, sino porque el mundo en el que vivimos necesita de nuevas ideas, de audacia de pensamiento, de osadía e invención.

No existe otro modo de inventar las utopías, y es fundamental, sobre todo en una época que, desde la violencia,  ha decretado la enfermedad de la poesía, que aún se resiste a morir, porque uno de los aterradores poderes de la violencia es que está destinada, precisamente, a la tarea de destruir la imaginación, tarea en la que es inmensamente eficaz.

Moisés Ramos Rodríguez

 

Al ofrecer la conferencia inaugural del “xiii Congreso Internacional Poesía y Poética. La poesía al margen del canon”, que se celebró en la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el poeta Arturo González Rojo Arthur, inició leyendo “dos o tres poemas que aluden a la finitud de la vida, un problema de todos. Claro, es un problema más inmediatamente asumido por gentes como yo, que acaba de cumplir ochenta y cinco años. Pero es un problema de todos: todos nos vamos a morir. Y como todos nos vamos a morir, cabe, desde luego una reflexión que puede ser espiritual, filosófica, pero también puede ser poética. Estos tres poemas aluden a una reflexión sobre la finitud de la vida”.

Rodrigo Gardea Montiel

 

Es muy difícil hablar de una película sin revelar la trama y –peor aún– sin arruinarle al espectador esa sorpresa que nosotros vamos descubriendo poco a poco cuando asistimos al cine.

El arte auténtico (aquel que experimenta) habla por sí mismo y con una voz irrepetible. Tal es el caso de Kaufman, que con ‘Anomalisa’ repite como director. Basta ver el tráiler para quedar pasmado ante el delicado alarido de belleza que el director le planta en la cara a los artífices y mandamases de la era ultraindustrial.

Anomalisa es la película más humana que se haya hecho en mucho tiempo y resulta impresionante que el autor no necesitara de humanos para su realización, sino todo lo contrario. Y es justo allí donde radica la genialidad del asunto, que no es sólo un recurso estético o creativo, sino un posicionamiento ontológico-axiológico y un vehículo semántico para mostrarnos durante 90 minutos un gran retrato de nosotros mismos, un espejo dinámico y versátil que nos lleva a la reflexión hiperbólica de una realidad donde nos hemos cosificado, donde nos hemos despersonalizado y donde es preciso metaposicionarnos para codificar nuestra identidad más allá de las máscaras del consumismo y la cibernética milenial, más allá de la frívola publicidad que se convierte en la piel sobre la cual transpiramos, para poder vernos a los ojos del espíritu. A través del espejo de Anomalisa nos reencontramos: humanos demasiado humanos, fuera de las redes (anti)sociales, que no son otra cosa que un engaño holográfico: el espejo en el espejo.

Juan Manuel Roca

 

Con motivo de los 40 años del asesinato del poeta Roque Dalton (1935-1975), reproduzco retocada la nota que hice a su “Antología Poética” publicada por Gerardo Rivas Moreno en la “Colección de Poesía del Quinto Centenario, Poetas de España y América”. (Bogotá, 1990). En esa ocasión hice la selección de 57 de sus poemas y el prólogo para el cuaderno del salvadoreño, introducción a la que doy algunos retoques:

Jorge Pech Casanova

 

Leyendo los textos de Basuras cuidadosamente escogidas de Óscar Tanat, he evocado al poeta y boxeador Arthur Cravan, quien desapareció frente a las costas de Salina Cruz en 1918. Recordado más por su existencia aventurera y escandalosa o por su descomunal estatura (le faltaron dos centímetros para medir dos metros) que por su arte poética, Cravan era, sin embargo, un hombre de múltiples habilidades y oficios, cuya expresión aunada a sus acciones se anticipó en varios años al Cabaret Voltaire, al dadaísmo de Tzara y sus adeptos. En su poema Hie!, Cravan dejó una lista de sus disímiles ocupaciones, incluidas las de “químico, borracho, músico, obrero, pintor, acróbata, actor, estafador, juerguista, burgués, cactus, jirafa y cuervo”, sin enlistar la de editor de la revista Ahora, que es casi el único testimonio  de su belicosa existencia, además de una breve película en la que mide guantes con el campeón mundial Jack Johnson, quien lo tendió en la lona al sexto round.

Harold Alvarado Tenorio

 

El barroquismo de la poesía chilena estaba llegando a su fin cuando Enrique Lihn [Santiago, 1929-1988]  publicó  Poemas de este tiempo y de otro [1955]. Con La pieza oscura [1963], la crítica encontró molesto e intrigante que ofreciera un lenguaje pastoril, al tiempo que ridiculizaba sus personajes como maestros en el arte de un libertinaje autodestructivo. Unos amantes que se cuestionan con brutales sarcasmos y parecen convertirse en dobles de sí mismos, que tratan de poseer a los otros como artefactos simbólicos de pasiones incontrolables. Las exquisitas especulaciones del poeta concluyen abruptamente en medio de expresiones violentas. Quien habla en La pieza oscura es un desencantado que comenta los hábitos y convenciones burguesas con el tono sentencioso de un estudiante de filosofía. El efecto acumulativo de discurso moral-amoral es de un doloroso pesimismo. Las declaraciones son cortas y van al grano; la mayoría de las especulaciones son vivas descripciones de cuerpos en posturas  grotescas.

Víctor Hugo Díaz

 

Hay narradores que escenifican de modo directo los conflictos y tragedias del día a día, del año en año, logrando apenas que lo escrito sea igual a lo dicho.

Pero hay otros que hacen con experiencia, observación y talento que esos mismos conflictos y tragedias funcionen como metáforas, como signos de algo más amplio y real (en la condición del aquí y el ahora).

No es lo mismo mirar que ver, hablar que decir, la profundidad y lo que es propio de todos, hace la diferencia. No es escribir acerca de algunas vidas y situaciones, sino hacer que el lector sea quien las viva.  

Antonio León

 

La ciencia médica, desde Hipócrates hasta los estudios anatómicos de Leonardo Da Vinci, y aún hoy, permanece cubierta de un halo de magia de luz y sombra que, a lo largo de la historia, parece hipnotizar a no pocos artistas. Ello a pesar de los grandes avances tecnológicos y la desacralización que significa contar con nuevas curas y un entendimiento distinto de esta ciencia, a como lo era por ejemplo en la edad media o en el renacimiento.

La dicotomía del cuerpo humano como contenido y contenedor, ha desarrollado sendos estudios y obras maestras en el arte que van más allá de la simple contemplación y embeleso por las siluetas del cuerpo y la proyección de la carne, como una manifestación simbiótica del alma.

Eduardo Casar

 

Conocí a Josanley, así le llamo a José Ángel Leyva por su nombre cibernético, en la casa de Silvia Bourdón, donde estaba refugiada mi actual esposa, Alma Velasco,  porque su primer esposo amenazaba con matarla sin saber nadie por qué… Sobre todo él,  pobre.

Era un buen departamento. Allí llegó Leyva y platicamos de poesías.

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