Deseó Revolución: literatura cotidiana de eclosión

Rocío García Rey es una poeta y una ensayista que ha estudiado Letras, conoce el significado de cada palabra y el valor de la engañosa ingenuidad de los exilios voluntarios en las libretas, en un clima de afirmación que va del recuerdo de la niña muñeca a la vejez provocada por la muerte del amado por el que se han realizado actos extremos, como bailarle la muerte para que se hiciera llevadera.  Por encima de las anécdotas, se impone la fuerza de la desesperación y el anhelo de buena vida. Si en muchas ocasiones usa personajes literarios como metáforas, construyendo deseos con nombres de figuras míticas y rememorando autoras, en otras recurre a un erotismo sin disfraces, intenso e igualmente amoroso que permite introducir en el presente la imagen del hombre que ha muerto, se ha ido o ha implicado actos de despido y renovación.

El corto cuadro de la novia que sabe de haber sido cazada, víctima de su inercia y aun así rebelde a su condición, y que se presiente víctima de un brutal feminicidio,  el brevísimo relato de la exhumación de la voz del padre, la reducida crónica de la satisfacción sexual en una noche, se acoplan en este libro a los gestos de autocuidado de quien actúa para sobrevivir al desamor y al viaje de autoconocimiento que hace de Veracruz el territorio de la nostalgia y el descubrimiento. En cada una de las páginas de Deseó Revolución destila la sabiduría del aprendizaje. Ilustración para ser feliz. Exposición de quien aprende a ser apta para la plenitud a través y a pesar de los otros. Su calidad poética retrata los ojos que se retienen por un instante o para toda la vida, las obsesiones de la memoria y los mantras personales. Los recuerdos son básicamente recuerdos de promesas, expresadas o imaginadas, que desatan emociones y fuerzas no conocidas con anterioridad. Con tales estrategias narrativas, los relatos de García Rey ofrecen un ejemplo de literatura de múltiples facetas: una bitácora de diálogos de la autora con una sí misma dispersa en todas sus fantasías, una colección de mujeres externas que tocan su vida al narrársela,  un perene coloquio con las sensaciones, imágenes y personaje de lo leído y convertido en interlocutor. 

Como maestra de literatura y tallerista, Rocío es una conocedora de lo escrito por mujeres en un largo tiempo sin repercusiones ni visibilidad, cuando las mujeres descubrían formas de narración que sólo eran reconocidas cuando autores masculinos las adoptaban, como el despliegue de una formación personal para un personaje de historia cotidiana y fundamental que hace de las novelas de su amada y estudiada Teresa de la Parra una crónica del devenir; a la vez, conoce y nutre la escritura de mujeres que le son contemporáneas, con las cuales puede compartir la mesa en cafés y bares para dar voz a la propia indignación ante la violencia impune, o para contarse chistes o para intercambiar opiniones y referencias literarias.

El perfil de una femineidad en transformación, menos jocosa de lo que pretende la falsa perspectiva de modernización urbana, con atisbos de ternura, ingredientes de desesperación, alimentos de erudición y una gran dosis de material necesidad de producir y reponer la vida, hacen de los relatos de Deseó Revolución una crónica de liberación que se acopla perfectamente a una poética de la erudición encarnada.

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