La Rinoceronta en el cuarto (…para las 12)

 

 

 

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Por Daniel Olivares Viniegra

Un verdadero gusto resulta sumarse al esfuerzo de Sikore editores para respaldar elya reconocible talento de Svetlana Garza, quien, gracias a su formación biográfico–vital, y como traductora, lo mismo quea su probado oficio como literata y poeta(contundente e incansable) se proyecta como una de las voces más atendibles en el actual entorno literario.

Los epígrafes de Efraín Huertay Wislawa Szymborska que anuncian el poder, la inmarcesible necesidad, y la pertinencia/ impertinencia/ persistencia de la voz: las voces; no siempre las más amables ni las más “cuerdas”, son ciertamente los adecuados para guiar el subtexto de la lectura e invitan a volver, después de la primera exploración, a rescatar (o he de decir a paladear) otros posible significados.

Abre el poemario con un erotismo recio y crudo, apreciablemente vehemente, y que en cuanto al lenguaje asestado y sus imágenes directas, dan cuenta de las también profundas posibilidades edificatorias y destructoras del (quizá) verdadero amor. Tales combates–encuentros, en otros episodios serán igualmente recreados con matices que van del desenfado hasta la divertida autoaceptación, no exenta de una invocación muy estremecedoramente combativa, en muchos otros sentidos: (Entierra tus muertos/en mi vientre/ que yo les daré patria, dice por alguna parte).

Tanto el rimbombante pero acertado título, todo él tanto anuncio como premonición, lo mismo que el breve y contundente “prólogo” (más que prevención, advertencia) dejan en claro, y asíse confirma rápidamente,que en todo momento, la corporeidad, ya en aceptación o incluso en permanente conflicto con el entorno, será asumida también contoda fortaleza, valentía, y, como correspondeen ocasiones, como coraza, arma o escudo, sin descartar inclusive–así sea por breves momentos– el poder ser por igual elemento reconciliatorio… Si bien,quizá a su pesar, aunque sin ningún rubor,o por ello mismo, la autora nos deja saber tambiénque dentro (por si fuera necesario esclarecerlo) hay desde luego un alma en pugna por afirmarse, por salir a flote, pese a sus lastres y dolores, siempre escurriendo (se) hacia una salida apenas y escasaoprobablemente triunfal.

Asidua acrecentadora de sus mitologías personales, lo mismo que amante de todos los monstruos posibles, los literarios inclusive (o en primer lugar), la fantasmagoría alegórica de esta Mengana Boreal recrea ambientes y escenas lo mismo de algún modo “divertidas”, que sarcásticas (¿o no es esto exactamente lo mismo?), donde el cinismo o, mejor dicho, la aceptación cabal de nuestros demonios igualmente ha de abonar hacia el fortalecimiento del espíritu.

Ante la creciente y acumulable agonía de la vida, la propia, la natural e inclusive la cósmica (por si alguien pretendiera quizá omitirlo) hay que aducir que la puerta falsa está al alcance de la mano, y el salto al vacío (o por la ventana de manera preferente) sería sin duda una eficiente salida. Pero el ejercicio… el placer del estoicismo, está en encontrar la jugada más elegante, el harakiri másomenos sangriento, la propuesta decorosa o indecorosa que más haga polvo al oponente (a veces amante–oponente; a veces oponente tú/uno mismo), y en ese dolor y en ese placer es que diluye (se va) también la vida–que resta–, al tiempo que otro goce y otro dolor inevitable es velar las armas, honrar el duelo, “sacar la sopa”, narrar la(s) derrota(S), nombrarlo todo sin perder la apostura, reconocerse-regurgitarse, recordando, enunciando uno a uno, todos los idiosincráticos y concernientes nombres de batalla, en tanto se ejerce la sagrada proeza poética de –al menos– la autoinmolación (a nuestra muy personal manera) que en algún momento supondremos trascendente.

Mostrar(nos) además que cualquiera es/somos un desastre o cataclismo en potencia… tal es la sucinta, pero insistimos inteligente y categórica, apuesta de Svetlana Garza mediante esta su Rinoceronta; lo mismo guerrera implacable que alma en vilo despeñándose hacia su último y quizá elegible destino, mientras que en el trayecto o durante toda esta impactante ceremonia ostenta ante los espectadoresel fascinante brillo de su armadura, el calibre de sus armas, el filo de sus espadas poéticas y las muchas destrezas que con todo ello puede/sabe ejercitar.

Un trago dulceamargo, o bien patológicamente deleitoso, y aún más veneno–antídoto–medicina inevitable resulta entonces este escuálido libro, apenas opúsculo, al que hay que reclamarle apenas y si acaso esa su brevedad que nunca deviene levedad… Con todo, primordialmente agradecemos a la autora éstey sus anteriores ejercicios de honestidad, todos los cuales, esbozados increscendo, más que desnudarla a ella o a sus personajes nos sitúan ante el mágico espejo en el que todos y todas (todas y todos) ya no vemos a los cuerpos y caras de siempre sino meros sentimientos-pensamientos-miedos, sostenidos por frágiles esqueletos, rostros descarnados, calaveras, grasas y sistemas circulatorios y linfáticos, vísceras y entrañas que, sin ser despojos, nos igualan incluso como género además de como especie, sin contar con que pone(n) el acento o último acorde siempre muy bellamente en lo fundamental…“eso” que viene a ser el espíritu que somos y el cómo lo domamos: ya en soledad (como acaso fuese deseable y necesario), o bien en solidaridad o de la manera más empática o humanamente-hermanamenteque pudiera ser posible.

Salud, pues, por ésta y todas las rinocerontas, y por todas las voces poéticas (o no) que las hacen factibles. Honor y gloria siempre al ser que somos (como somos) y por/que somos, mientras somos… y que vengan, por parte de Svetlana, muchos breves o luengos, imponentes-hermosos, o piadosamente dolorosos, infinitos monstruos más.

 

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SVETLANA GARZA, La Rinoceronta en el cuarto, México, Sikore Ediciones (Colección Aguafuerte, 1)

2017.

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