Antonio Guillén


01 LosPerros

 

Después de asistir a la obra Los perros, de Elena Garro, a cien años de su nacimiento y encontrarme con el trabajo que Sandra Félix nos propone, el concepto que viene a mi mente es herencia. Y acaso sea la única palabra capaz de mostrar al lector el efecto que el montaje tendrá sobre sus emociones:

En primera instancia el tema de la obra resulta tan vigente como amenazante, la violencia que se vive en nuestro país contra las mujeres y la impotencia de la sociedad ante esa situación es tan cercana que lastima. Los perros se desarrolla en un pueblo de situación marginal donde viven Manuela (mujer madura interpretada por Pilar Villanueva) y su hija Úrsula (niña de 12 años interpretada por Judith Cruzado), quienes son sacadas de su dinámica diaria cuando el primo de Úrsula, Javier (Carlos Verduzco) busca para advertirle el destino que le espera. A partir de ese momento Manuela entra en crisis (afuera los perros ladran) y comienza a recordar, y al recordar nos deja ver que las palabras, esas que auguran el pasado, esas que no se pronuncian por miedo a volverse realidad, han llegado demasiado tarde otra vez. Y en esta sensación es donde la obra pone en evidencia los mecanismos que han hecho del abuso una costumbre, además de focalizar el problema del silencio: no hablar del abuso por vergüenza, por miedo a perder la dignidad, por miedo al rechazo y la burla; no hablar del abuso por creer que negarlo lo hará desaparecer, ignorantes de que germina con mayor facilidad en la ignominia y el secreto. La herencia del silencio que nuestra sociedad aún conserva como un legado del que paradójicamente poco se habla.

En segunda instancia está la propuesta teatral cuya sinergia me impresiona, empezando con la escenografía que da una sensación doble, pues representa el recogimiento y las ganas de ocultarse por una parte y por otra, la orfandad, la fragilidad ante el exterior al que los muros apuntan. A su vez, algo en la composición del escenario me hace recordar a algunas pinturas de Francis Bacon, en las que el espacio se aísla desde su geometría (la estructura rectangular en este caso) y en las que el contexto sólo es verosímil por los objetos que alcanzamos a identificar (como el camisón, o el comal, el costal). Aplaudo a su vez la austeridad planteada por Phillipe Armand en la iluminación, que muestra al personaje de "Javier" amenazante, rondando este rectángulo que representa la vida y la inocencia de Úrsula. 

En lo que respecta a la propuesta escénica los movimientos son muy pequeños, sobrios y reflejan del mismo modo la contención latente en el personaje de Manuela, al que Pilar Villanueva hace crecer con la mesura necesaria para que el clímax nos derribe del asiento. Es por igual muy interesante que la obra transcurra casi a ras del escenario en un tiempo en el que es difícil no ver acrobacias y giros de todo tipo en el teatro, y doblemente interesante por el efecto visual que genera. De hecho, siendo estrictos, casi todos los cambios de intensidad reposan más en el manejo de la voz que en el movimiento, lo que resulta acertado tomando en cuenta que el texto gira en torno a la contención de las palabras. El trabajo de Judith Cruzado es también digno de mención, pues el personaje de la niña tenía dos retos nada fáciles que fueron muy bien resueltos a lo largo de la obra: la inocencia inicial del personaje y emular el pavor sin perder esa inocencia inicial. La interpretación de Carlos Verduzco, Adán Ramírez y Adolfo Sánchez termina de cerrar la idea de la brutalidad animal que se nos presenta en el momento más oscuro.

A todo esto se suma el excelente diseño sonoro de Icetrip, cuyo trabajo construye la sinécdoque del pueblo con una aparente sencillez.

Y en última instancia (que deriva de lo ya expuesto y le da el sentido de herencia), rendir homenaje a los artistas que nos han formado no es tarea fácil, porque implica establecer un diálogo atemporal con su obra, conscientes de que somos parte de una sumatoria que no terminará con nuestra labor. En este sentido considero que Sandra Félix ha logrado dialogar con Elena Garro y que sus inquietudes alcanzan esa potencia al incendiarse en cada función. No obstante los verdaderos ganadores somos quienes asistimos a ese diálogo, donde lo universal nos toca en lo íntimo, sin darnos posibilidad alguna de seguir siendo los mismos que éramos antes de mirar.

Enhorabuena, Sandra Félix nos ha repartido la herencia literaria de Elena Garro a través de su trabajo (aunque lo repartido duela).

 

LosPerros 2

 

Los Perros

Funciones: Jueves y viernes 20 hrs. sábados 19 hrs y domingos a las 18 hrs. Del 25 de agosto al 11 de septiembre. 
Sala Xavier VillaurrutiaPaseo de la Reforma y Campo Marte, Miguel Hidalgo, Chapultepec Polanco, 11560 Ciudad de México, D.F.

Libreto: Elena Garro
Dirección:  Sandra Félix

         Reparto:

Manuela - Pilar Villanueva
Úrsula    - Judith Cruzado
Javier     - Carlos Verduzco
Tejones  - Adán Ramírez y Adolfo Sánchez

 

Diseño de escenografía e iluminación:  Philippe Armand 
Música original y fotografía: Icetrip
Vestuario: Elodia Casas
Asisitente de escenografía, iluminación y producción: Carlos Verduzco
Asisitente de iluminación: Saremi Moreno

Material fotográfico para este artículo © Philippe Armand