JOSANLEY. Lectura y futuro

Eduardo Casar

LecturaYfuturo 

José Ángel Leyva, Lectura y futuro, Fondo Editorial del EDOMEX, 2015.

 

Conocí a Josanley, así le llamo a José Ángel Leyva por su nombre cibernético, en la casa de Silvia Bourdón, donde estaba refugiada mi actual esposa, Alma Velasco,  porque su primer esposo amenazaba con matarla sin saber nadie por qué… Sobre todo él,  pobre.

Era un buen departamento. Allí llegó Leyva y platicamos de poesías.

Qué curioso. Muchos años después, él no sabe quién soy, como yo no lo sé, y él no sabe quién es, pero por eso nos lo preguntamos y cada vez que nos vemos preguntamos quién eres y cuando no nos vemos yo leo sus poemas y él lee los que yo escribo para tratar de averiguarlo.

En la librería de Montreal fue el autor mexicano que me encontré y compré.

Ahora esa audaz y desconcertante editorial que es el Estado de México publica su libro sobre Lectura y futuro, con ilustraciones de Irma Bastida. Yo vengo a recomendar su lectura y a exponer para ustedes mis subrayados.

En los 70s la palabra lectura no era un concepto: no tenía más sentido que la alfabetización: alguien sabía leer o no sabía leer. Poco a poco la semiósfera fue experimentando un cambio climático conceptual, o sea determinando a la palabra lectura hasta convertirla en un fenómeno digno de pensarse y discutirse, y leer pasó a ser un estatus…y se fue diferenciando…surgieron las especies que ya sabían leer, las que leían poco y las que leían mucho, y las que sabían saviamente, con v chica y b grande, sabiamente leer.

Eso se llama evolución intelectual, porque unas especies palabras desaparecen y surgen otras…aunque “evolución” hay que ponerla entre comillas, porque sugiere que es más mejor lo que permanece que lo que había, y eso habría que considerarlo y cuestionarlo.

En el terreno de la subjetividad social hay cambios que se deben al surgimiento de nuevas experiencias, pero hay otros que suceden en el puro río Nilo del lenguaje, en el campo fluvial de las representaciones: en la más corriente corriente de la moda.

La lectura es una actividad fascinante. Pero de todo lo que puede leerse a mí me gusta la literatura: ese tipo de discurso donde el lenguaje, sus exploraciones  y sus acrobacias y sus mutaciones, juega el papel principal. Ese tipo de discurso que tiende a crear otro lenguaje con el lenguaje. Que tiende a integrar las dimensiones emotivas con las intelectuales y las sensibles. Que nos integra como seres humanos y nos intensifica. Cuando leemos en el artículo 115 de la Constitución que los municipios tendrán a su cargo los servicios de “agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de sus aguas residuales” estamos informados pero no sufrimos un schok emotivo ni se nos pone la carne de gallina, porque el lenguaje no está compuesto ni recompuesto para crear afectividad.

En el campo de la teoría literaria, esto es: de la reflexión generalizante sobre la literatura, uno de los enfoques más interesantes y más desarrollados actualmente es la llamada teoría de la recepción, donde se especula sobre la fenomenología de la lectura; sobre lo que sucede en el acto de lectura, tanto desde el punto de vista individual como desde el punto de vista social, relativo a cómo lee un grupo social o una sociedad entera.

En nuestros días existen muchos, pero muchos esfuerzos de parte de individuos y grupos, institucionales y privados, para fomentar la lectura. Una feria como esta y como muchas otras que hay en numerosas ciudades de la república, es parte de ese esfuerzo que poco a poco va dando frutos cada vez más nutritivos. Me gusta que Leyva toque y se inconforme con algunos tópicos que distorsionan esa cosecha y recolección. Por ejemplo cuando dice: “¿Leer literatura entonces, me pregunto, es una simple fuente de placer, tal como la suelen vender sus panegiristas? Pienso definitivamente que no, la literatura y la lectura en general, nos aleja del dominio de la placidez y la inocencia. Nos lleva al conflicto de la decisión, de la elección o de la duda abierta, sin más respuesta que la incertidumbre. Nos lleva, cuando realmente funciona como obra de arte o como pieza de conocimiento y reflexión, a la crisis que refiere Tabucchi”.

Se entiende que el comenzar las campañas de fomento a la lectura se acentuara el sigo del placer oponiéndolo al de la obligación coercitiva de la lectura, pero actualmente –y es lo que hace Leyva- tal vez convenga matizar ese principio, ya que el efecto estético es complejo e involucra muchas veces la desesperación, la angustia y el sufrimiento.

Leyva va más allá y señala que “La superación personal y la información sobre la vida de los famosos hacen un país de lectores”, y entonces propone una lectura más crítica, más reflexiva, más intelectual. Magnífica recomendación. Todos tienen derecho a leer y a opinar sobre lo que leen, pero es bueno que se vayan aportando ideas cada vez más complejas y enriquecidas sobre el milagro cotidiano de la lectura.

Leyva se queja de la falta de poesía en el ámbito lector. Y es que la metáfora y la poesía es donde se crea la semilla de la exigencia estética del discurso. Debo decirle, como abuelo que hace la tarea todas las tardes, que los libros que actualmente circulan en las primarias tienen muy buenas sugerencias y enseñanzas sobre poesía y narrativa. Lo malo es caer en las garras del oso de un mal maestro, pero textualmente ahí está el material.

Leyva se mete en el valor del sueño para la imaginación, en el papel del romanticismo y la vanguardia, en los temas de la muerte y la memoria…”Conversar con los muertos es recuperar la memoria, darle ánima a las cosas presentes, imaginar y defender el mañana. Entonces la solidaridad, la comunidad, la palabra, adquieren de nuevo sus valores esenciales para rescatar al individuo de su negación. La palabra vuelve a llenarse de significados y a representar al hombre en su soledad y en su misterio, en sus semejanzas y en sus diferencias”. Noten la buena cepa duranguense y revueltiana de estas reflexiones.

En un momento se refiere al Aleph de Borges y dice que no está en una computadora sino en el oído “en el sonido de las palabras, en lo visible de las imágenes que destacan entre los ruidos de los días y las noches”. La poesía contra el ruido. Bella idea.

Yo diría que el Aleph sí existe y que cualquier lo puede experimentar leyendo precisamente el cuento de Borges: el Aleph: ese punto desde el cual se percibe todo el universo, desde lo inmensamente grande hasta lo inmensamente pequeño y el presente del pasado, el presente del presente y el presente del futuro es la literatura, su experiencia que cada quien debe vivir.

Gracias José Ángel por tus textos y gracias Irma por tus niños monstruos y gracias a la editorial por publicarlos. Son ustedes una muy buena prueba de la evolución del homo lectoris.

 

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