El movimiento de la poesía en el mundo. Nota a propósito de La maestra de Kínder y Chantal Maillard

Adriana Ventura

 

La maestra de kinder

La maestra de kinder (Haganenet, Israel-Francia, 2014, 119 mins). Dirección y guión: Nadav Lapid. Con las actuaciones de Sarit Larry, Avi Shnaidman, Lior Raz, Gilad Philip Ben-David Hamuchtar, Ester Rada, Guy Oren. Actualmente en cartelera.

 

Debe ser casualidad que haya concluido la antología esencial En un principio era el hambre, editada por el Fondo de Cultura Económica de Madrid, de Chantal Maillard el mismo día que vi la película La maestra de Kínder (2014, Nadav Lapid).

Digo coincidencia porque el libro cierra con un hermoso epílogo en el que Maillard elogia la capacidad humana del canto pero también nos invita a buscar nuevos inicios; afirma que si bien el principio de la poesía fue el mito, o la cualidad humana de sentir compasión y traducir el lamento a la palabra, ahora que nos hemos extraviado, que la exhalación primigenia pasó a ser verbo y después materia desproporcionada en donde el primer respiro ya no puede distinguirse, queda buscar nuevos principios, o quizá conformarnos con el balbuceo que es puro ruido a fin de cuentas.

La película por otra parte trata de un niño menor de cinco años que tiene cierta determinación poética y es descubierto por su maestra de Kínder. Una mujer interesada en la poesía a raíz de la muerte de su madre. Es importante mencionarlo porque el niño Noav confiesa que su madre también murió, pero es mentira: la madre del pequeño se separó de su padre y se fue. Durante el juicio, el tío de Noav lo visitaba y le leía poemas para consolarlo. La madre, muerta o no, significa para el pequeño un desprendimiento, de este modo es que la poesía también germinó en Noav a partir de la pérdida. El dolor de la separación buscó traducirse a través de la palabra, de la poesía, como dice Maillard.

El principio de la película gira en torno a la autenticidad de los poemas; pareciera que la maestra entra en conflicto con la niñera Miri, quien es actriz y utiliza los poemas del niño para audicionar y además se adjudica la autoría. A pesar de las buenas interpretaciones que hace, se trata de un robo. Pero acaso no es ese el origen de la poesía: el canto de uno que se reproducía de manera oral a través de todos: el canto se hacía común y unificaba a los pueblos. Incluso en la película hay una escena en donde a través de una canción infantil se recrea el episodio bíblico de Judas Macabeo (una relato “mítico” que da identidad al pueblo de Israel). Pero la maestra parece preocupada por el plagio, denuncia a la niñera primero ante el tío y luego ante el padre del niño. El padre es un empresario restaurantero que deja claro su nulo interés por la poesía, ya que a su parecer los poetas son unos perdedores, mediocres sin proyección hacia el futuro. No le interesan los poemas de su hijo, pero reprueba el robo. La poesía que en un principio fue colectiva y a eso debía su importancia ahora se reduce a lo íntimo, al secreto. Y debe ser custodiada. Pertenece a alguien; la palabra entonces abandona su carácter colectivo, su capacidad de hacer comunidad, de poder tocar al otro para compadecerse con su dolor. La palabra es singular y se vuelve propiedad privada.

La maestra se erige como la protectora del niño. Piensa que el mundo en el que vive Noav no es apto para gente como él, su sensibilidad debe resguardarse, estimularse, porque “ser poeta en este mundo es ir contra la naturaleza del mundo” y a Naov le tocó vivir en un mundo “que odia a los poetas”. Pero hay diversos episodios en los que el niño demuestra no ser consciente de las cualidades que posee. Para él no hay explicaciones, si hace poemas sobre el amor y se le pregunta qué piensa de ese sentimiento, responde que no sabe nada. Porque la palabra encontró cauce en él de forma simple, natural. La maestra no era una buena poeta porque buscaba decir bajo estímulos: Mirar como un adulto, como un gato. Buscar el acontecimiento en lo cotidiano. Pero la poesía es lo cotidiano. Solo hay que buscar de qué manera es que lo cotidiano quiere decirse, o traducirse, como dice Maillard.

El empeño de la maestra por proteger al niño la conduce a presentarlo ante un escenario donde los jóvenes poetas exhiben su trabajo. La recepción del público no es la esperada por la mujer. Entre el público se escuchan comentarios de reprobación y en el segundo poema los espectadores le avientan dulces. Esta escena me produce extrañeza pues cuando la maestra habla con el padre de Noav le dice que su hijo es como Mozart, que a la misma edad (menos de cinco años) ya estaba componiendo música para orquestas dentro de los palacios y había quienes le servían caramelos al mismo tiempo que lo incentivaban a continuar. El hecho de que los poetas le aventaran dulces a Noav mientras recita parece todo lo contrario: en esa condición, darle dulces a un niño es un asunto despectivo, es restar valor a lo que hace porque es un niño y como niño debe estar jugando y comiendo golosinas, nada más. Quizá es la forma más cruel para hacer que un niño-poeta deje de crear. Porque en la película, lo que hace Noav es creación (no es él quien escribe, sino sus escuchas: primero Miri, la niñera y luego la profesora Nira), también es importante que en el momento de inspiración, Noav camine de un lado a otro, acaso se pretende transmitir que la poesía no es estática sino desplazamiento. De nuevo viene a mí Chantal porque repite incansablemente que escribir es traducirse, entonces Nira y Miri son las traductoras de la energía de las palabras de Noav.

No resuelvo aún esta escena. Pero me queda claro que el afán de la maestra, de querer rescatar al niño de un mundo que no fue hecho para él, que no está listo para él es un discurso que se quiebra a lo largo de toda la película. El mundo necesita la fortaleza de cantores naturales, ingenuos, inocentes. El mundo está urgido de ser nombrado de nuevo.

Incluso en otro episodio, cuando Nira visita el estudio de su profesor de poesía, ante la maravilla de ella por los libros, él dice que lo mejor del lugar es la ventana, luego la cámara sale al exterior y nos muestra un panorama no muy agradable: edificios desgastados, luz, colores: mundo después de todo. El departamento está bien para guardar silencio, pero la poesía es música, desplazamiento. Tal vez por eso el final de la película. Quizá la palabra no debe estar secuestrada sino libre y al borde del peligro, al lado de los desconfiados como el padre de Noav, junto a los intérpretes que harán la tarea de propagadores del canto. Si no es así, tampoco me queda claro el sentido de este poema dentro de la película:

“La poesía debe alzarse y hablar
alzarse como una lavadora rota
y hablar la lengua del calcetín que la averió.
La poesía debe danzar
y gritar la lengua del ratón
que vive bajo el escenario
aterrorizado por la excesiva ternura de la danza.”

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