Los ojos negros de la noche

Hiram Barrios

 

Los ojos negros de la noche (Surdavoz, 2019) de Roberto Acuña parecen provenir de una, o varias, de estas noches. Se antoja como una suerte de “diario de un insomne”, una memoria poética que abordase las sensaciones que se acumulan —ya en la ensoñación, ya en la somnolencia— tras un largo (o al menos punzante) periodo en vela.

Literatura, realidad y violencia: Una niña es una cosa a medio formar

 

Francesca Gargallo Celentani

 

Eimear McBride se tardó nueve años en encontrar editor para su primera novela, A girl is a half-formed thing, porque el lenguaje que pone en boca a su protagonista es entrecortado, intenso, evocador de voces y planos distintos mientras despliega una vida en el arco de un día, como el Ulises de su coterráneo Joyce. En 2014, un año después de su primera edición y su extraordinario éxito de crítica y lectores, su amiga Annie Ryan adaptó la novela al teatro, entresacando todas y cada una de las palabras del texto original. El resultado sorprendió a la joven actriz mexicana Pía LabordeNoguez en en el Festival de Edimburgo.

 

 

Por Mercedes Alvarado

 

Hace más o menos un año me invitaron a presentar esta misma novela, La costra de la tierra, y en aquel momento hablé de dos dimensiones en ella; la crisis como detonar y el viaje que ésta nos obliga a iniciar: hacia una misma y hacia otros puntos geográficos. Hoy, y como pasa con los buenos libros tras releerlos, debo decir que he encontrado no dos sino tres ejes fundamentales, cada uno abriéndose en sus dimensiones y que de una forma distinta Esta novela, generosa, se ha vuelto a abrir frente a mí. 

 

Espasmo, de Vádik Barrón

(Editorial 3600, 2019)

Por Camen Avendaño

 

Letras movidas sobre una pared pastel forman el nombre Vádik. Un nombre como de astronauta, de la época en que la URSS se gastaba la plata para sustento del Estado en apuestas de carreras hacia la luna. Vádik Barrón tiene antecedentes en este sentido: en 2002 publicó el libro Cuaderno Rojo, y en 2007 lanzó el disco Astronauta. Su biblio-discografía abarca otros seis poemarios -entre ellos Rocanrol y Canciones del Futuro 2011, o El Arte de la Fuga 2014); un libro de prosa (Minoría absoluta, 2014) y ocho discos-; como ejemplo Los diarios (2009), que dan constancia de su camino juglaresco, que por estos días lo trajo a México, al Festival Internacional de Poesía de San Cristóbal del Las Casas.  

 

Sobre Cerca del cadmio, de Alonso Guzmán

 

Por Salúl Ordoñez 

 

 

Antonio Gamoneda, a quien considero el mejor poeta vivo en lengua castellana, en su ensayo “Más allá de los géneros literarios”, afirma que la poesía es la literatura sin géneros o el género sin nombre, en términos de Aristóteles, y que es sinónimo de calidad. Para Gamoneda, la mala poesía no existe, porque sencillamente eso no es poesía. Según el español, el rasgo que identifica a la poesía es la musicalidad, el ritmo, presente en la buena prosa, incluso no literaria, porque es la música del pensamiento. Y precisamente La poesía del pensamiento es el título de un libro donde George Steiner analiza la relación entre poesía y filosofía desde el helenismo a Celan. Porque, aunque María Zambrano afirma que poesía y filosofía rara vez coinciden en el mismo individuo, la prosa de los mejores filósofos es innegablemente poética y los textos de los mejores poetas tienen una fuerte carga filosófica.

Por Marco Antonio Murillo

 

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Tierra nueva, de Kary Cerda es un libro que encapsula la voz de la tierra femenina entre sus versos. No es el canto hacia la mujer, tampoco el homenaje para ella (eso sería sencillo hoy en día), sino es la femenización del mundo a través de la escritura y su referente inmediato la fotografía paisajística. El letimotiv de los poemas, desde mi punto de vista, es la naturaleza y también su transformación en las cosas que rodean al humano. Desde este punto se articula la vida de la poeta y los referentes que son herramientas para descubrir su mundo interior. La poeta va recreando esto a través de una tierra nueva donde los símbolos que han acompañado al hombre a lo largo del tiempo, pesan ahora de distinta manera. Así, las palabras Savia, Jaguar, Piedra, Maguey, Montañas, Sacrificio, entre otras, adquieren una nueva frescura al ser puestas en diálogo con lo femenino trascendental:

Jorge Arturo Borja

 

Conocí a Sergio García Díaz en 2007, justo cuando hicimos la antología Que el tiempo lo decida, en la que Alberto Vargas, Javier Serrato y un servidor, reunimos textos para conformar un muestrario de narrativa que Alfredo Giles se negó a prologarnos porque dudaba de la calidad de los mismos. Finalmente Eusebio Ruvalcaba se discutió con las líneas introductorias, que entre otras cosas advertían: “es importante para el escritor ver sus líneas publicadas, porque a partir de ahí los errores saltan como palomitas de maíz puestas en una sartén al esplendor del fuego”. Así que al esplendor de esa antología, varios escritores primerizos como Gabriel Rodríguez Liceaga y Daniela Flores; y otros tardíos como Pterocles Arenarius, Ana Luisa Calvillo y yo, pudimos encontrar los errores pero no los aciertos. Recuerdo que Sergio García participó con cuatro minificciones entretenidas y certeras que mezclaban el desarrollo anecdótico con un final sugerente propio del buen ojo literario. Entonces pensé que Sergio era un buen narrador que estaba probando sus armas en el campo del cuento, que requiere de un ejercicio de la concisión y de la imagen, colindantes con los territorios de la poesía; pero era exactamente a la inversa, un poeta que probaba sus armas en el terreno del cuento corto. Ya para esas fechas, Sergio había publicado cinco libros de poesía: Dos entradas por un boleto (Cuadernos del Borde/Jano, 2003), Pétalos de mar (Práxis, 2003), Sueños de un chamán (Ediciones Coyoacán, 2004), Animales impuros (Fontamara, 2006) y Alicia en mi espejo (Práxis, 2006), y un libro de narrativa: Pasión por las moscas (Fontamara 2006); de manera que ya había tenido tiempo de reparar en sus errores y corregirlos.

 

Por Carmen Avendaño

 

Original, culto e irreverente, Guillermo Meléndez sería un poeta mucho más conocido si no fuera por su falta de pericia en “esa guerra sucia”, como llama a la carrera literaria, que exige “disimular plagios, dominar estilos en boga, (…) incrustarse con habilidad entre las mafias de aduladores profesionales”. Mi mejor lápiz (Libros de la Mancuspia y Universidad Autónoma de Nuevo León, 2018) de Guillermo Meléndez (Galeana, Nuevo León, 1947) es el libro XV de una trayectoria que incluye la antología Ciudad del Náufrago, (Fondo de Cultura Económica, 2002), además de publicaciones en Chihuahua, Morelia, Guadalajara, Ciudad de México y en su lugar de residencia, Monterrey.

 

Por Ana García Bergua

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“Siempre había imaginado lo que haría en una situación similar, cómo ese par de tacones representaban una desventaja para correr”, escribe en “Cobalto” Nilsa Martínez.

“Por el chisme de lo de la venta de drogas me corrieron de la escuela. Luego de un tiempo él salió del hospital, yo ya estaba en el Blue, ahí conocí muchos hombres, sobre todo polis, tus colegas: me ayudan a estar con él, aunque sea nomás por las noches”, escribe Norma Yamille Cuéllar

 

El mundo, entrecasa

 

Por Vádik Barrón

 

Quiero escribir aquí acerca del libro de poemas Adiós Rimbaud de Carmen Avendaño. Digo quiero porque expreso un deseo que ignoro si será o no realizado al final de estas líneas. Escribo acerca porque la lectura del citado libro me ha movilizado favorablemente y ha desencadenado una serie de reflexiones que espero tener la solvencia de conducir hacia  algún lado y porque esta palabra (acerca) también remite, en otra de sus acepciones, a la aproximación, al arrimo de mí mismo a la obra y a la cercanía que, sin más, ya recomiendo a los lectores respecto de este libro.

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