Carlos Barbarito: voz mayor de la poesía argentina

 

 

Luis Benítez

 

 

 

 

A nadie que sea lector de poesía argentina le sorprendió, en octubre de 2009, que el primer Premio de Poesía Editorial Praxis, de México, DF, recayera sobre el autor local Carlos Barbarito, por su poemario Cenizas del mediodía.

 

 

Editado ya en 2010, el volumen ratifica plenamente las cualidades exhibidas por el poeta argentino en sus numerosas obras anteriores, así como la nota del jurado, constituido por Daniela Camacho, Saúl Ibargoyen y Juan Antonio Rosado Zacarías, quienes señalaron que decidieron: «otorgar por unanimidad el premio único e indivisible al poemario titulado Cenizas del mediodía, presentado a concurso con el seudónimo de Giordano Vanni, que, una vez abierta la plica de identificación, corresponde a Carlos Barbarito.

 

Por Marlene Zertuche

 

Diario de un clavo es un libro diferente. Cuando la palabra tiene que ver con una mirada, una mirada nueva, no ingenua, la literatura va más allá del género al elegir la que representa Latino América en un discurso del XXI. Vivimos en una era de confluencia de elementos tecnológicos varios donde lo visual, lo tipográfico, lo auditivo y lo sensorial en un sentido genérico, convergen y se funden en una nueva percepción del mundo de la que cierta narrativa, cierta poesía y cierto ensayo dan cuentan proyectándose, dialogando y estimulando una nueva función de la palabra en el tercer milenio.

 

Enrique Winter

 

Víctor Hugo Díaz anticipa en México un próximo libro. Es el resultado de una obsesión que tiene hace algunos años con pensar la poesía de sur a norte. Recuerdo cómo empezó durante la década pasada con el territorio chileno, compilando poéticas de Iquique antes desconocidas en la zona central y hoy en permanente diálogo con el sur peruano, el oeste boliviano y los estados mexicanos. El desplazamiento hacia el norte, siempre arriba en el artificio de los mapas, es también notorio sobre el cuerpo del autor, que comienza el libro No tocar (2003) con esta declaración de principios: “Escribo caminando y me siento a corregir”. De los pies en movimiento subiendo al trasero quieto rumbo al norte de los ojos donde todo comenzó, porque debe haber pocos poetas entre los nuestros que confíen más en el ojo que Víctor Hugo Díaz. Para él no hay otro ingreso a la poesía que salir a mirar lo que sucede en las calles, y de tanto habitar estos pulsos urbanos siempre tiene algo que decir, algo que él mismo le exige a toda obra, discriminando de antemano las que se engolosinan con cualquier otra cosa que no sienta el clima de la experiencia colectiva.

Pura López Colomé

 

Extraña, rara ave resulta quien hoy día recurra a la poesía como conformadora de mundos no imaginarios ni ficticios, sino poseedores de una cierta tangibilidad, susceptibles de comprobación cabal por vía de la metáfora. Todo aquel que pretenda precisamente crear mundos, para ser un verdadero poeta, tiene que merecer el nombre. No es fácil, y menos hoy, cuando hay juventud que, si llega a leer, es no por placer o por atracción ante el poder oculto en la connotación, sino en busca de originalidades o lugares comunes, en busca de usos o significados “singulares” yuxtaposiciones o lapidariamente “exhaustos”.

Lazlo Moussong

 

El hecho de que yo disfrute de este sitio, que en cierta forma sigo considerando inmerecido para mí, es que cuando Juan Antonio Rosado Zacarías me invitó a participar en la presentación del CD doble con música de su padre, mi respuesta fue inmediatamente, más o menos:

–No puede ser, Juan Antonio. Yo no puedo alternar en esa mesa de homenaje a tu papá, en la que participan naturalmente profesionales de primer nivel de la música, cuando yo ya ni siquiera sé leer la partitura de una canción vernácula.

Antonio Guillén

 

Después de asistir a la obra Los perros, de Elena Garro, a cien años de su nacimiento y encontrarme con el trabajo que Sandra Félix nos propone, el concepto que viene a mi mente es  herencia. Y acaso sea la única palabra capaz de mostrar al lector el efecto que el montaje tendrá sobre sus emociones:

En primera instancia el tema de la obra resulta tan vigente como amenazante, la violencia que se vive en nuestro país contra las mujeres y la impotencia de la sociedad ante esa situación, es tan cercana a nuestra realidad que nos lastima.

Moisés Ramos Rodríguez

 

Al ofrecer la conferencia inaugural del “xiii Congreso Internacional Poesía y Poética. La poesía al margen del canon”, que se celebró en la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el poeta Arturo González Rojo Arthur, inició leyendo “dos o tres poemas que aluden a la finitud de la vida, un problema de todos. Claro, es un problema más inmediatamente asumido por gentes como yo, que acaba de cumplir ochenta y cinco años. Pero es un problema de todos: todos nos vamos a morir. Y como todos nos vamos a morir, cabe, desde luego una reflexión que puede ser espiritual, filosófica, pero también puede ser poética. Estos tres poemas aluden a una reflexión sobre la finitud de la vida”.

Edith Ibarra

 

Conocí a Laura Medina Ham en el taller de poesía experimental del maestro Raúl Renán. Le gustaba sentarse en alguna esquina del salón, muchas veces junto a la puerta. Su llegada a la clase era silenciosa; contrastaba con el ruido de todos los demás. Nunca platicamos de nada personal; ahora que lo recuerdo nunca platicamos de nada. Me gustaba su silencio y que sus poemas me dijeran todo lo que necesitaba saber.

Juan Manuel Roca

 

Con motivo de los 40 años del asesinato del poeta Roque Dalton (1935-1975), reproduzco retocada la nota que hice a su “Antología Poética” publicada por Gerardo Rivas Moreno en la “Colección de Poesía del Quinto Centenario, Poetas de España y América”. (Bogotá, 1990). En esa ocasión hice la selección de 57 de sus poemas y el prólogo para el cuaderno del salvadoreño, introducción a la que doy algunos retoques:

Angelina Muñiz-Huberman

 

Si el paisaje es un verso, como Juan Vadillo afirma, entonces existe porque la poesía lo sustenta. Y si, además, es un verso de olvido no significa perderlo, sino que la memoria lo ha reconvertido. Es, por lo tanto, el paisaje un breve instante que sólo se mantiene vivo por la voluntad del verso. Será el acto poético el que detenga el fluir del paisaje y el correr del tiempo. Palabra tras palabra, ritmo tras ritmo, música no oída poseen la cualidad de seducir a la naturaleza y detenerla en su fragilidad. 

Harold Alvarado Tenorio

 

El barroquismo de la poesía chilena estaba llegando a su fin cuando Enrique Lihn [Santiago, 1929-1988]  publicó  Poemas de este tiempo y de otro [1955]. Con La pieza oscura [1963], la crítica encontró molesto e intrigante que ofreciera un lenguaje pastoril, al tiempo que ridiculizaba sus personajes como maestros en el arte de un libertinaje autodestructivo. Unos amantes que se cuestionan con brutales sarcasmos y parecen convertirse en dobles de sí mismos, que tratan de poseer a los otros como artefactos simbólicos de pasiones incontrolables. Las exquisitas especulaciones del poeta concluyen abruptamente en medio de expresiones violentas. Quien habla en La pieza oscura es un desencantado que comenta los hábitos y convenciones burguesas con el tono sentencioso de un estudiante de filosofía. El efecto acumulativo de discurso moral-amoral es de un doloroso pesimismo. Las declaraciones son cortas y van al grano; la mayoría de las especulaciones son vivas descripciones de cuerpos en posturas  grotescas.