José Ángel Leyva

 

¿En qué momento la piedra se abrazó

a la forma del oído y no del odio?

¿Por qué la luz se le apagó a la fuente

en el segundo del desorden inicial

cuando el voraz reptil no pudo concluir

la destrucción del caracol?

¿Cómo pasó el ladrido de la muerte

sin deformar la perfección inmóvil

del espasmo brutal de la inconsciencia?

Ricardo Suasnavar

 

Han instalado pantallas en los trenes

y ahora los pasajeros pueden contemplar

en sus veinte pulgadas de mentiras

fotografías de un México que avanza,

—ciertamente uno que en nada se parece

al que se ve por las ventanas—

trivias de interés general,

consejos de belleza y hasta,

de vez en cuando, alguna adivinanza.

Neri Tello

 

sobre los recitales poéticos en los que alternas con pobres pendejos que creen haber encontrado el hilo negro de la poesía y lo que menos quieres es burlarte aunque te lo piden a gritos

me cai que oírte es como esperar a stravinsky

y en su lugar viene la banda del recodo

arturo suárez

a veces pareciera que lees a nocauts directos

a las mandíbulas de los asistentes

y que escribes sin la intención de hacerlo

Marta Leonor González

 

Me reconozco en los espejos que fui

como esas barcas mecidas por rocas,

vigiladas por un faro que anuncia fogatas,

canción apenas escuchada, aprendida en lugares antiguos.

A los días, les debo vigor

en los colores irrepetibles de los verdes que no veré

en la mano que me abraza y luego es ceniza.

No soy ese límite de horizontes que antes buscaba

adiós de eterna belleza,

Hugo Garduño

 

Sus mismas entrañas buscan destrozar.

Es a su imagen, semejante que hace el mismo gesto.

Las aceras lucen carcomidas bajo el peso,

bajo ese cadáver de horizonte putrefacto

que amputa y ciega de a poco.

En las esquinas se recrea la necedad

del pozo, las risas muertas y cortantes de asqueroso paño

con que el status se limpia al defecar.

 

Tomás Browne Cruz

 

1

 

El viento entró en las tumbas cerrando los párpados

De gordos gusanos colmados de nerviosa carne humana

Porque la muerte es la contracción final de los músculos,

Por eso haber tocado la piel de la muerte

            fue haber pisado una baldosa

Por eso haberle cerrado los labios fue callar con ella para siempre,

Y ya no sé. Son los ángeles que cantan en mi nombre

Víctor Hugo Díaz

 

Tú eres culpable del contagio

Deja que muera tranquila la víctima

cojo del pecho, cuando la ex prótesis

descansa en las vitrinas de la multitud

a pesar de las advertencias

El día cae encima cuando se piensa rápido

como las estaciones sin saber de dónde vino

sin moverse, dónde la viste

 

Esaú Corona

 

1

 

Para ti las manos que se agrietan en la sombra

para ti los salmos que se entonan

debajo de la mesa para ti la nieve negra

que nace de la tierra negra

para ti la sangre y el blues

la mezcalina y el semen.

Todo esto ofrendo para ti

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