Ángel Carlos Sánchez

 

Los dos maestros de levita,

cobrizo el uno, mestizado el otro,

van por el camino recordando versos,

caminando a veces, deteniéndose,

hasta que el de Tixtla

juguetonamente inquiere:

¿qué piensa hoy, maestro Ignacio, 

de su discurso tan temido

que aquel día en la academia de Letrán

provocara tanto escándalo:

Hortensia Carrasco

 

Una parvada de mirlos alborota mi entrepierna

te arrancas un ojo y lo haces recorrer mi cuerpo

Vamos hacia el campo y llevas en una mano la mía y en la otra ese ojo

Siento una mirada debajo de mi falda y simulo vergüenza

Porque sé que descubrirás el agua tibia que te espera.

Este es un gran juego.

 

Me pedirás que mire el crepúsculo desnuda y de bruces

Y te pondrás a dibujar sobre nalgas la furia del mar