Desde la hamaca – La posible ciudad en ruinas, poesía de José Manuel Vacah

(Columna)

 

Mercedes Alvarado

 

Por Mercedes Alvarado

 

‘¿qué había antes?’, es la pregunta en la que se insiste y a partir de la cual José Manuel Vacah crea un espacio en el que detiene a la ciudad para recorrerla con la mirada, a modo de panorámica, como el espacio en el que se han apareado animales y humanos por igual; el mismo espacio en el que él mismo habrá de reproducirse y vivir, bajo las lucecitas artificiales de las casas del cerro.

Hay, en la poesía de Vacah, una cierta certeza del futuro; sabe que el tiempo ha de venir, intuye que habrá amores, pérdidas y ganancias, y explora sus posibilidades a partir de los dolores presentes, como quien sabe que, si algo cae hoy, mañana construirá sobre sus ruinas.

 

Cicatriz

Salimos de la fiesta a comprar cigarros.

Desde el cerro una cicatriz de pequeñas casas,

iluminadas por el rencor de las estrellas,

se desgarra

y la luz hierve en el cielo oscuro.

Dentro de aquellos muros

—la noche nos está gritando—

una madre violenta,

un padre idiota,

se acuestan, se penetran las entrañas;

dices que lo sabes y te quedas señalando a los fantasmas.

Hemos salido entonces para conocer la cólera

y el amor que crece

en nuestro lado del frío.

Te he dicho que ya no convoques aquellos frutos,

que no los comas,

¿qué había antes?, te pregunté.

Te abracé

mientras las gatas maullan para atraer a los machos.

El cerro es un animal

de huesos brillantes,

es injusta la visión,

¿qué había antes?,

porque tú y yo salimos de la fiesta hacia la noche

felices

y de pronto

has pensado en las consecuencias

y yo he quedado triste.

Tus pasos resuenan todavía sobre la calle rota.

En esta soledad larga de la calle

tus pasos

día, noche, todavía resuenan sobre la calle rota,

las manchas de óxido en nuestra piel

lucen bajo las lámparas

cuando la última tienda está cerrando.

Tuve miedo,

era sólo un muchacho que registraba tu voz

pidiendo que la noche no terminara.

He corrido a comprar los cigarros,

la perra luz,

aquella luz enferma de las casas,

ha encendido el primero.

El humo se espesa en las cicatrices,

¿qué había antes?,

en el silencio de las premoniciones,

la música que llega

es atravesada por la muerte.

He guardado la visión de tu cuerpo

a esa hora;

atrapado en el lugar más oscuro de la ciudad.

Tus ojos mirando a las luciérnagas que no se mueven;

tu mano señaló una casa entre todas,

atravesó el futuro:

“esa es la nuestra,

allí llorarán nuestros hijos,

llevarán nuestro nombre

y nuestras cicatrices”.

Tuve miedo entonces del mañana,

¿qué había antes?,

te he preguntado.

“Primero fue la fiesta”, me dijiste,

“ahora es la noche”.

 

El encuentro

Todo ha muerto tranquilamente.

No hay certezas, nada hay,

cómo podría saber que no hay dudas,

acércate,

aquí está el rastro del amor más firme,

los signos y las advertencias,

por eso acércate muchacha,

aquí está mi ternura y cada quién en su sitio.

Depende de ti saber qué momento es éste,

de mí dudar.

Está bien que haya un instante preciso,

no te arrepientas.

Qué dirás de mí si llego tarde…

No mires atrás,

doblaré en la primera esquina,

entre animales nocturnos

podré caminar hasta perderme.

Aunque a la distancia sean recuerdos

estos tatuajes, todos son palabras y música,

y esto que llevo bajo la chamarra es un libro,

no desconfíes.

El último pájaro ha pasado.

Cómo podría yo saber que abriste la jaula

o que la cerraste,

puede ser...

Pasaste tú y detuviste el tránsito de las bestias.

Lustré mis zapatos con saliva de la mañana,

planché mi camisa,

me froté poemas en el pelo,

recorté mi barba.

Si me pongo bajo la luz,

mírame,

mi pelaje es gris y suave.

Islote bajo las sombras,

mírame solitario,

yo soy un perro manso,

y aquí hay militares haciendo rondas,

peces de dientes puntiagudos

ratas que devoran ratas,

lobos,

serpientes sigilosas,

y no te voy a morder esta noche.

 

 

Vals nocturno

Bebo de este amor, y vuelvo a empezar

como si nunca la hubiera besado.

Este vals a la orilla de la tarde herida

que moja su cola en el río de los autos…

La tomo de la mano, bailaré con ella,

mientras los edificios sigan siendo el piano

enloquecido de alcohol y de ternura,

enloquecida ciudad de amantes y asesinos.

Este vals que tomo entre mis manos

se convierte en pájaros, ay, cómo vuelan;

guardaré esos trinos para ti, le digo al oído,

toma este vals de dulces plumas

que desaparecen en las guirnaldas negras de las nubes.

Toma este vals, le digo, mientras la noche nace sobre nosotros. 

Este vals, dice ella, me recuerda viejas canciones

que ponía mi padre durante las fiestas.

Pero yo la quiero, y bailaré con ella

por melancólicos pasillos y oscuras sendas.

La beso sobre las sombras, en los libros muertos

y en la locura de los perros ladrando a las estrellas.

Este vals, este vals, este vals

que pinta de azul el lomo de las ratas,

pinta de blanco el pecho de los ladrones;

mientras la beso en nuestra cama hecha de luna

en cada esquina un fragmento de nuestro amor

sin que nadie se dé cuenta.

En cada esquina está ella y estoy yo,

locos al sentir que todo está en armonía, 

ay, el mundo a cada paso nuestro,

el amor a cada paso cortando de la noche las espigas,

a cada paso reventando los sepulcros de la acera,

sanando las heridas de las calles rotas.

 

José Manuel Vacah (Estado de México, 1990). Escritor y periodista cultural. Es editor de los diarios digitales Tercera Vía y Revueltas Times. Su obra poética incluye los títulos Desearás irte, Los perros tras de mí y Demasiada luz en esta noche. Obtuvo el primer lugar en el Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero 2018 organizado por Editorial VersodestierrO.

El día miércoles 24 a las siete de la noche nuestra muy querida amiga Rocío González falleció. Gran mujer, de una integridad y valor humano enorme, madre amorosa, profunda poeta que ha dejado poemarios incomparables como Las ocho casas, Pasiones tristes, Azar que danza, Como si fuera la primera vez y Neurología 211, este gran libro que retoma como tema su propia enfermedad. Excelente ensayista y gran académica muy querida por sus estudiantes de la UACM.


Ha dejado a sus amigos, entre los que me cuento,con sentido dolor, a partir de su partida.



Hace dos semanas se realizó un homenaje en la Casa del Poeta, con su querida presencia. De ese homenaje van los tres textos que fueron leídos esa noche.


Eduardo Mosches

 

Por Carmen Nozal

 

“A punto de volverme un bloque de hielo,
salgo de mi escondite
sé que he ganado el juego:
¡uno, dos, tres por mí y por todos mis amigos!”

Rocío González

(De: Neurología 211)

 

Lejos estoy de ser de las mejores amigas de la poeta Rocío González. He venido aquí como una de tantas personas que ha tenido la fortuna de conocerla. Por decirlo de alguna manera, solo soy una gota de Rocío. La primera vez que la vi fue hace 27 años, en 1992. Estaba en casa de la poeta Natalia Toledo, sentada frente a una mesa a punto de comerse una tlayuda. Era una noche de verano y recuerdo que llevaba una blusa de colores tropicales y un rebozo de seda que brillaba entre sus brazos morenos. Era impactante. Tenía una belleza exótica y una delicada fortaleza que me abrumaba. De repente, su mirada se cruzó con la mía. No fui capaz de sostenerla. Sus ojos negros estaban llenos de luz. No pude hablar nada con ella pero esa imagen quedó impresa en mi memoria y ahora, al recordarla, escucho en mi mente lo que escribió Rilke: “Sólo a veces, permite en silencio, la apertura / de los cortinajes que ocultaban sus pupilas”.

        El tiempo transcurrió y a la fecha hemos compartido distintos momentos. Un día me la encontré por la calle en la Colonia del Valle. Me habló de un tumor en el cerebro. A partir de ahí, no nos volvimos a separar: pudimos abrirnos el corazón y conversar en muchas ocasiones de lo que nos ha tocado vivir en este mundo. Con el tiempo me convertí en un testigo de su transformación. Las vicisitudes de la vida nos cambian y sirven para sacar de nosotros lo mejor. Rocío para mí se convirtió en un pozo sin fondo: se me ha vuelto inalcanzable. Ha logrado ir más allá del miedo y del dolor. Su alma es tan inmensa que me rebasa. A pesar de las circunstancias, cuando la escucho, invariablemente encuentro una voz estable, de una entereza extraordinaria, de un ánimo inmejorable. Tiene una sabiduría intuitiva y un olfato profundo. Distingue a la perfección lo que hay que pasar por alto y sabe darle vuelta a las cosas. Es generosa, inquisitiva y solidaria. No se anda por las ramas y posee un gran conocimiento de sí misma. Sabe lo que quiere y lo que no quiere. Toma responsabilidad de sus decisiones. Una tarde le hablé sobre medicina alternativa. Me dijo: “Ay, corazón, yo prefiero comer y beber lo que me gusta. Eso de los ayunos no es, precisamente, para mí”- Especialista en el arte de soltar, no se clava con nada. No es ansiosa. Nunca la he visto victimizarse. Se ha vuelto experta en asentir a la vida y a vivirla espléndidamente con todo lo que implica. La he visto reconciliarse con su pasado, mirar lo terrible de frente, llorar para sacar la tristeza y poder reírse a carcajadas. En ningún momento la he visto caída. Más bien la he visto tomar al toro por los cuernos y luego, caminar, pacíficamente, al lado del toro. Tiene la inmensa bendición de no creerse el centro del universo ni la última coca-cola del desierto. Mucho podría seguir diciendo. Pero terminaré con la gran enseñanza que a mí me ha dejado que es la ausencia de queja. Rocío es mi ejemplo de cómo se hace del limón, la limonada. A pesar de lo que ella vive, siempre ha tenido espacio para darle empatía a los demás.

    Recuerdo que tras el terremoto del 8 de septiembre fue la primera en llegar a casa de Natalia, espacio que de un día para otro se convirtió en un centro de acopio. Cuando entré, la vi en acción: organizaba cajas; separaba la ropa, de los víveres; clasificaba medicinas. Con una actitud anti drama, ahí estaba apoyando todos los días y reanimando a cuánta gente llegaba. Luego, sucedió el sismo del 19 de septiembre, nos olvidamos de Juchitán y cada quien corrió a dónde pudo. Yo me pasé un buen tiempo bien frikeada con el tema del temblor. Rocío me sacó a dar la vuelta, me llevó a comer, caminamos por la Roma, pero yo seguía duro y dale contando la historia una y otra vez: que si la grieta, que si la brigada, que si la alerta, que si no dormía, mientras al caminar miraba las macetas de las casas como si todavía nos pudieran caer encima. “Ay, mi reina, como que sí te asustaste”, me dijo ella. “Mira, hermosa, ¿no quieres que entremos a comprarnos algo en Stradivarius? Hay unas blusas divinas.” Fin de la historia. Ni el cáncer, ni el temblor, ni los asuntos familiares de los que tantas veces hablamos, tenían en ella manera de quedarse. Tal como aparecían en la conversación, desaparecían igual que un puñado de falsas ilusiones.

   En estos años que hemos desayunado, comido y cenado, que nos hemos emborrachado, que nos hemos separado y reencontrado, que nos hemos caído gordas, que nos hemos tratado como hermanas, que hemos recorrido la ciudad en manifestaciones, que hemos ido al Zócalo a celebrar, que hemos compartido amigas comunes, que nos hemos contado nuestros secretos familiares, que nos hemos dado tips sobre los hijos, que nos hemos confesado los ires y venires con nuestros galanes, que nos hemos regalado cositas y un buen tiempo para acompañarnos, aunque todo ha sido a través de la poesía, los poemas son ahora lo menos que me importan. Más allá de las palabras y de su extraordinaria obra, me quedo con ella, la persona, la bella amiga que me ha dado la oportunidad y el honor de estar hoy en esta mesa para decirle: “Pinche, Rocío, gracias por seguir aquí”.

Por Eduardo Magoo Nico

Historia de una evoluciòn.jpg

 

Une femme est une femme

Hoy la sirenita

Amor de la ballena por los náufragos

Animal de piel fría, y sangre caliente

Sobre una roca en la rompiente

Repasa su pasión terrestre…

Hay una infamia en lo que ella trae

Parte y enluta

Una blancura excesiva y transparente

Ofelia de cuya mano se abrió el ramo

En el agua lenta del estanque

Queriendo decir sólo lo propio

Perdimos la palabra en esa tierra de ninguno

(El lugar de nuestro encuentro)

Leves los toques que sentimos en la espalda

(Casi imperceptibles empujones)

Yo que ya no sé

Cómo el cuerpo de una mujer

Podría ser acariciado

De sus tetas blandas me prendí

Como un parásito insaciable

Ahora vuelven a mí las palabras

Que en vos hubiese aborrecido

Foca parlante…

Viscosidades, equívocos, espasmos

Seda, anemia, corales

Pulpos, ansiedad, sonambulismo

Orcas, biso

Hipocampo, erizo…

Loloch loloch (amorcito)

Lola pirà, piramboiita, cururù…

¡Siestas de sol!

¡Sì! ¡Siestita!

Y ese tu: "huele a sobaco de lobo"

Dicho con un mohín tramposo

 

Uno viene como dormido

Cuando vuelve al tranco, del desierto

Basta el declinar de un parpadeo

Para que unos hilos invisibles me envuelvan

En la dulce cautividad

De quien por bien poco se rinde…

Dos pálidas camelias o un rubicundo eucalipto

Son suficientes

Para verme lanzado, nuevamente

Sobre el delirio del mar

 

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Toda juventud que ríe...

La Lepido-Sirena-Paradoxa

(En mi pesadilla)

Me comía lentamente por el culo

¿Su audacia?

Introducir todo el rimero en la ranura

Fina/Rosada

¿Estrecha?

Toda la remembranza

Todo el imaginario de uno

En el fruncir del otro

(La cabeza como una antorcha en llamas)

Y junto a la aborrecible enfermedad del abrazo

(Encendido)

La arcada

Como una flecha lanzada contra Bora y Marea

Los hombres y mujeres de mi generación

Que habiéndose ya batido

Aún están dispuestos

En este virtual "último asalto"

A talar de un tajo el arto necrosado

A poner el cuerpo vivo

En el adorno

Y con las banderas de Alceo

Bagual/Calelián/Catriel/Calfucurá

Calfiao/Pincén

Molfinqueupú

Nauculeo/Namuncurà

Epumer y Baigorrita...

En en el frenesí del trazo

Cortar la tarde

Armar la bronca

Morir-matando

Hay una crispación de nervios

Que anticipa todo tiempo venturoso

Veo la luz de tu voz

Tensa como la cuerda de un arco

"Ebria de ausencia, la vida es vasta...

Agua que parpadea"

Su tensar se acentúa

Con el temblor de los cobardes…

(De la "ira de los elementos"

Tal vez debería hablarte)

Pero debo aún arrastrar el cadáver

De quien me ha venido arrastrando

Hasta el borde mismo de este embudo

Que no se abisma

(Del agujero en ciernes)

De esta preciosa Mira

Que no quiere, todavía, abrir sus ojos...

¿Un animal forzado a seguir amando?

¿A vivir para la muerte?

Contento de verme envejecido

Envejecer este poco más aún...

Hasta casi no poder arrastrarlo

(La Lepido Sirena sigue haciendo lentamente su trabajo)

Saturado de alabanzas y podrido en formas

Me maravillo:

Sea ya por su naturaleza / Haya sido por el huerto

(Por el orto, por el muerto)

¡Toda juventud que ríe es invencible!

 

Eduardo Alberto Nico nació un 22 de marzo de 1956 en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en la casa que era de su madre (antes del remate). Vive y trabaja en Trieste (Italia) en el ámbito de la psiquiatria democrática “de escuela basagliana” (Franco Basaglia realiza y promueve desde Trieste una profunda reforma del sistema de salud mental italiano, logrando a través de la ley 180, la abolición del manicomio y la restitución de los derechos civiles a los “locos”). Los años juveniles, pasados en Argentina, lo ven formarse en el compromiso político contra la dictadura militar y en la actividad cinematográfica. Sucesivamente, pasa a la expresión poética y a la fotografía.
Publicó en Argentina un libro de poemas, “La Polaca” (edic. Cronopio Azul, 1995), y el relato “Resurrecciòn”, en el diario Perfil, de Buenos Aires (6/1/2008), el libro de poemas “Puros por Cruza” (Editorial El fin de la noche) en 2011, y se encuentra en proceso de ediciòn en Italia “Servidumbres” su tercer libro de poesía. Ha realizado lecturas con buen suceso de público en Buenos Aires junto al grupo “Verbonautas”. Edita desde el 2005 su propio blog literario en la Web, “Se escribe: Magoo” (http://magoolefou.blogspot.com/).
En Italia ha publicado la fotonovela “Escuela de Sirenas” en el suplemento semanal de el diario “Il Manifesto” (Alias-9.02.2002).

 

Por Gabriel Mosches

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Cantos degollados

La alegría es magia vital

Sagrado fluir que recorre mi aliento

Mortuorio sufrimiento

Canto de pájaros apedreados

Sangre surge de mis labios

Mi corazón late en tus manos

Desespero de pasión y de locura

Quiero besar tus labios

Mi aliento desea el tuyo con ardor y deseo

Solo los niños gritan felices mientras se columpian entre la vida y la muerte

Frente a la muerte una piedra en la mano infantil

Resquebrajo huesos en crecimiento

Un asesino en potencia menos

Es por la patria

Me digo mientras acaricio su agujero

Ese es mi consuelo

Cantan al cielo su destierro

Crecen para ser cortadas

Tristes se marchitan

Mis manos están sucias de sangre

Todo se olvida en un abrir y cerrar de piernas

Te amo con locura flor de mi vida

No deseo verme el rostro

Llorar en tu hombro

El silencio de la tormenta cuando se avecina

Quiero encontrar el aliento que endulce mi existencia

Unir tus carnes a las mías, flor de mi desconsuelo

Llenarlo de mi ser divino

Los niños se ríen con carcajadas silenciosas

Me estremezco porque los siento pero no logro verlos

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¿Quieres que reventemos de felicidad?

No tienes nombre pero en el primer instante que mis ojos tocaron tu cuerpo

Una vibración interna removió todos mis sentidos

Una alegría surgió de mi hambriento pecho

deseo llamarte por tu nombre y amarte

Olvidarme del destino y perderme en el destino sin destino

Perdido me encuentro en el eterno presente

Una mirada sin sonrisa hiela mi anhelo

El infinito se expande en mi interior

Ojos en blanco que se buscan a si mismos

Mutaciones del ser se enlazan sin cesar.

Me gustaría volar entre tus brazos

Hermosura del existir

Me retumban los oídos

Busco tus ojos

El infinito se expande

¿Por qué me engendraste?

 

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Espectros

Los espíritus se han liberado de su materialidad

Seres livianos que elevan sus pensamientos hacia el sol

O que descienden hacia sus apegos

temerosos de lo desconocido, de soltar lo que conocen

corroen el espacio con su falta de presencia

esa ausencia se convierte en un voraz agujero negro de energía

son succionadores de energía y deambulan por todas partes

Cuando cierras tus ojos y te pierdes aprovechan y se introducen en tu interior

se entrelazan en nuestros pensamientos

te controlan a su antojo. Realizas actos de los cuales no te acuerdas

En Taiwán, que mantiene las tradiciones ancestrales de la antigua China, la relación con los espectros es muy cotidiana. Todos los meses frente a los negocios encienden una pirra en la cual echan inciensos y hojas que representan dinero para que los seres sin materia no interfieran en el crecimiento del negocio e incluso para que ayuden a su crecimiento. Como en tierras mexicanas en el día de los muertos van a los cementerios a limpiar las tumbas de los ancestros y les ofrendan con comida y bebida para que en ese día puedan refrescarse y tomar descanso. Sean de la religión que sean cristianos, taoístas o budistas todos realizan la ceremonia a los ancestros.

 

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Poder ser

Puedo tener

Voy a tener

Soy poder

Soy el ser

Voy a poder

Voy a ser

Puedo ser

Puedo ir

Voy a ir

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Gabriel Mosches es artista multidisciplinario, escritor, director y actor de teatro físico ha dirigido y actuado en variadas obras de teatro. Nacido en 1981 es un viajero empedernido, ha recorrido las colinas, playas y montañas del continente americano, europeo y asiático. Licenciado en Filología Románica es un apasionado de los idiomas y con la maestría en pedagogía  en  lenguas  romance, se dedica, asimismo, a la enseñanza de las lenguas y sus culturas.

 

Por José Luis Domínguez

Foto mia de Libertad Villarreal

 

 

Lanzo una piedra:

la luna destrozada

en el aljibe.

 

 

La nueva luna:

oblea taciturna,

skoptofílica.

 

 

 

DESVELO

Ojos abiertos,

un aguijón oscuro,

es el insomnio.

 

 

 

OTOÑO

Solares párpados,

monedas espiral:

las hojas secas.

 

 

 

           

En el reloj

se ha puesto a picar piedra

 el carcelero.

 

 

       

Oscuridad,

irrumpe un kamikaze:

es un mosquito.

 

 

        

Qué poderoso

el frágil corazón

que sabe amar...         

 

     

     Pájaros.

Sonidos tránsfugas

de la invisible jaula

que es el azul.

 

 

     

     Cuervo.

Tiza que grazna

con su raya oscurece

las nubes blancas.

 

 

 

 

CHUBASCO

La lluvia aplaude

la función de la tarde

sobre los techos.

 

 

 

        

 Después de la lluvia.

Sobre los charcos

prodiga el buitre sol

sus picotazos.         

 

 

 

Cavilo, fumo;

un disfraz, una máscara,

un biombo: el humo.

 

 

 

HAIKÚ ALTERNO

Y ni la máscara

más cara menos no te

brinda más cara.

    

 

Trampa de luz

y espejismo que engaña:

la telaraña.

    

 

 

Tu corazón

y mi corazón, ambos

son ditirambos.

 


      

Definición.

Misericordia:

miserable cuerda de

la compasión.
 

 

 

DEFINICION BAJO LA LLUVIA FRÍA.

Este paragüas

debería llamarse

así: parteagüas.

 

 

        

      Lápiz.

Árbol de Líliput

oculta, diminuta

mina y carbón.

 


        

Antiguas llaves:

máquinas oxidadas

del tiempo cíclico.

 


       

Escurridizo

siempre, ese pecesito

de oro: el poema.

 

 

 

 

        FARO

Firme y monópode

creando lo que ve

se eleva el cíclope.

 

 

José Luis Domínguez. Escritor polígrafo nacido en Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua, 1963. Es promotor cultural desde 1992, cuando funda el primer Taller literario en su comunidad. Coordinó el grupo filosófico de los Neoexistencialistas y el taller literario “Scripta manent”, hoy llamado “Octavio Paz”. Ha coordinado los talleres literarios en las ciudades chihuahenses de Jiménez, Delicias, Guerrero. Ha fundado, coordinado y sido colaborador de varias revistas literarias del norte de México.

Libros: "Jonás", 1996; "Quinteto para un pretérito", 2000; "El jardín del colibrí", ensayo literario, 2002; el poemario "Los dedos en la llama”; crónica y memorias "El Barrio Viejo de mis recuerdos", 2006. El libro “Diez leyendas de Cuauhtémoc”, 2007. En 2008, la editorial canadiense Lettres des forges le publica “El amor es un tibio, tierno cuerpo de mujer” en francés y español. También aparece el libro “El amor destruye lo que inventa” en el sello de la editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México. Sus textos poéticos también han sido traducidos al inglés y al griego. En el 2009, la editorial veracruzana de Orizaba, Letras de Pasto Verde, le publica el cuadernillo de poemas titulado “Homenajes”. En el 2012, la editorial de la Benemérita Universidad de Puebla le publica el poemario “Palimpsesto”. En el 2013 publica el libro 12 Leyendas de Cuauhtémoc”. En el 2014 publica su poesía reunida “Los dedos en la llama”. En 2016 publica los libros “La otra historia de los menonitas”, “Manual de Poética para Universitarios” y “Dèja Vu y otros cuentos”. Desde hace ya varios años ha trabajado fomentando los cineclubs en varios cafés y restaurantes de su comunidad, además de ser el editor de los trabajos literarios de los alumnos del taller que coordina en su comunidad.

 

El día miércoles 24 a las siete de la noche nuestra muy querida amiga Rocío González falleció. Gran mujer, de una integridad y valor humano enorme, madre amorosa, profunda poeta que ha dejado poemarios incomparables como Las ocho casas, Pasiones tristes, Azar que danza, Como si fuera la primera vez y Neurología 211, este gran libro que retoma como tema su propia enfermedad. Excelente ensayista y gran académica muy querida por sus estudiantes de la UACM.


Ha dejado a sus amigos, entre los que me cuento,con sentido dolor, a partir de su partida.



Hace dos semanas se realizó un homenaje en la Casa del Poeta, con su querida presencia. De ese homenaje van los tres textos que fueron leídos esa noche.


Eduardo Mosches

 

 

Por Claudia Hdez de Valle Arizpe

 

Conocí a Rocío González en 1991, cuando fuimos becarias de INBA/FONAPAS. Van a ser treinta años de aquellas primeras sesiones de trabajo, de aquellos días de compromiso más serio frente al hecho de escribir poesía. Desde entonces la pasábamos muy bien juntas. Ella tiene esa capacidad de establecer vínculos entrañables con otras personas a través del diálogo abierto y de la complicidad. Rocío conoció a Sofía, mi hija, cuando tenía tres años y yo fui testigo de todo su embarazo. En mi casa fue la celebración por el bautizo de su hijo Ollin.

Recuerdo numerosas fiestas, reuniones, comidas; viajes y estancias en Cuernavaca, en Veracruz y en Oaxaca que fueron y siguen siendo muy especiales. Fuimos en familia a Juchitán hace más de 20 años. En la casa materna de Rocío me vistieron y ajuarearon para una boda: el gran vestido bordado, aretes y collar de oro, el pelo trenzado y con listones. Ya en la fiesta, miramos absortos cómo se abría una jaula de la que salían palomas blancas sobre los novios que bailaban al son de la hermosa música istmeña. Vimos cómo se llenaban las mesas de una barbaridad de cascos de cerveza junto al desfile de totopos y quesillo, camarones, caldos y moles.

Dormimos en hamaca aquellas noches y nos despertaron gallos de madrugada frente al mar bajo las estrellas más brillantes que he visto, el primer día de un nuevo año. Lo que más le gustaba hacer a Rocío desde niña lo hicimos en ese viaje: nadar en un río, en un ojo de agua. Años después me lo ha dicho otra vez: “Quiero hacer lo que más disfruto: nadar en un río, tomar cerveza helada, comer camarones para pelar con el jugo de limones frescos”.

Rocío ha vivido con los ojos bien abiertos y el oído aguzado. Todos los sentidos puestos en vivir, en leer y en escribir, bajo un ritmo que ha marcado su poesía. Una poesía de difícil clasificación, creo que ni confesional ni neobarroca —como algunos críticos subrayan— pero sí centrada en la memoria. Una poesía que necesita volver a la infancia y a la familia para indagar, para preguntar, para reclamar y explicarse algunos miedos, ciertas conductas, muchos enigmas. Su escritura ha transitado por el poema en prosa, por la desconstrucción y, más recientemente, diría yo que por un mestizaje que explora en la que ha sido su mayor fuente de interés: la lengua. El lenguaje como herramienta pero también como fin en sí mismo. El lenguaje en relación con la filosofía y en relación con la alteridad.

Rica en símbolos, en imágenes oníricas, en preguntas ontológicas, su poesía ha encontrado sus disparadores en temas muy diversos. Es el caso del I Ching para su libro Las ocho casas, por el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Benemérito de América”, el caso ejemplar de la enfermedad en su tan original libro Neurología 211 y el caso, más reciente, del español que se habla en el Istmo mezclado con palabras y expresiones zapotecas y al que busca conferirle, a través de su poesía, una visibilidad distinta.

En materia de ensayo, también ha sido el lenguaje el tema de sus preocupaciones. De ahí que escribiera El lenguaje como resistencia, publicado en 2008, y el libro-antología: Literatura zapoteca: ¿resistencia o entropía?, publicado en 2016 por la UACM, una aportación en materia de análisis y replanteamiento del mestizaje como fuente de comprensión y como entidad creadora.

En una comida reciente en el jardincillo de mi casa me impresionó su gesto elocuentísimo y su palabra plena de convicción y compromiso frente al hecho poético cuando —al hablar sobre éste como un ejercicio, justamente, de resistencia— nos dijo a todos: “La poesía es el mayor de los misterios. ¿Alguien puede, realmente, decir qué es la poesía?”

Rocío González me ha sorprendido muchas veces en la vida. Su belleza que llegó a ser francamente escandalosa, su generosidad para dar y para corresponder, su capacidad de llevar situaciones a un límite, a veces, casi insoportable; su entereza, su sentido común, y esa capacidad que ella tiene de rescatar, cueste lo que cueste, lo que se creía frágil o hasta perdido.

Nadie dice la palabra “corazón”— el vocativo— con la gracia y la contundencia que ella le imprime entre risas, o cuando enfatiza, ironiza, o pone los pies en la tierra del resto de los mortales que nos asombramos con su fortaleza ante las peores adversidades.

Para mí, Rocío González encarna la plena aceptación de sus raíces; una aceptación que la ha llevado a entender a cabalidad quién es y desde dónde escribe.

Las maneras que encontramos Rocío y yo para vivir al máximo nuestra juventud, nuestra forma tan osada, “tan arriesgada” — me ha dicho ella no pocas veces— de dar rienda suelta a lo que nos invadía, es algo que nos ha unido por décadas y que nos mantendrá juntas para siempre. Rocío es una de las personas que comenzó, antes que muchas mujeres en México, a hablar y a escribir sobre sororidad. Cierro leyendo un poema de ella, extraordinario, sobre los asuntos mujeriles que también le han interesado poderosamente:

“Marguerite Duras solía citar un escrito de Jules Michelet en el que registraba, amparada en fuentes fidedignas —supongo—, que durante las cruzadas del medioevo o las guerras feudales, las mujeres se quedaban largos periodos de tiempo solas, al cuidado de sus granjas, y que a falta de interlocutores empezaron a hablar con los árboles, los animales o consigo mismas —tal vez también cantaban o tensaban el viento o adornaban flechas—. Ese acto espontáneo se fue volviendo un hábito, una costumbre a la que nadie se oponía, que ninguna de sus vecinas juzgaba mal, al contrario, muchas se sumaban a dicha práctica; pero cuando los hombres regresaron y encontraron a las mujeres hablándole a los pájaros o a los zorros, se asustaron, el discurso femenino les pareció demencial, intolerable, y de ahí nació la brujería, mejor dicho la acusación de la brujería contra ese lenguaje incomprensible, el de las mujeres. Lo que nos permite entender que, a veces, la diferencia en los discursos es cosa de vida o muerte”.

Desde la hamaca 

(Columna)

Mercedes Alvarado

 

Por Mercedes Alvarado

 

Mucho se dice que en México la revolución dejó grandes y numerosas novelas, pero no una ‘poesía de la revolución’ y aun, afirman los estudiosos, que su falta se debe en buena medida al cambiante escenario de alianzas y traiciones que hacían prácticamente imposible un corpus ideológico bien cimentado entre los poetas de aquellos años.

Será, tal vez, que es más común identificar a los intelectuales del sistema antes que a los intelectuales de la clase campesina. Pero he ahí que a cien años del asesinato de Zapata se siguen entonando los corridos que han perpetuado el mito de un hombre que según cuentan, al presenciar el despojo de tierras, con apenas nueve años aseguró a su padre: ‘¿no se puede? Pues cuando yo sea grande haré que las devuelvan.’

Quizá hacía falta tiempo para que la palabra, y los poetas, asimilaran todo lo que se vivió en quince años convulsos. Pero la poesía es siempre, pese a todo, un acto revolucionario. Y hoy, a propósito de esta tierra mexicana que sigue siendo trabajada por tantos y poseída por tan pocos, rescatamos algunos poemas de Salvador Novo, Efraín Huerta y José Emilio Pacheco.

 

Del pasado remoto

Salvador Novo

Del pasado remoto 

sobre las grandes pirámides de Teotihuacán, 

sobre los teocalis y los volcanes, 

sobre los huesos y las cruces de los conquistadores áureos 

crece el tiempo en silencio.

Hojas de hierba 

en el polvo, en las tumbas frías; 

Whitman amaba su perfume inocente y salvaje.

Nuestros héroes 

han sido vestidos como marionetas 

y machacados en las hojas de los libros 

para veneración y recuerdo de la niñez estudiosa, 

y el Padre Hidalgo, 

Morelos y la Corregidora de Querétaro.

Revolución, Revolución 

siguen los héroes vestidos de marionetas, 

vestidos con palabras signaléticas.

La literatura de la revolución, 

la poesía revolucionaria 

alrededor de tres o cuatro anécdotas de Villa 

y el florecimiento de los maussers, 

las rúbricas del lazo, la soldadera, 

las cartucheras y las mazorcas, 

la hoz y el Sol, hermano pintor proletario, 

los corridos y las canciones del campesino 

y el overol azul del cielo, 

la sirena estrangulada de la fábrica 

y el ritmo nuevo de los martillos 

de los hermanos obreros 

y los parches verdes de los ejidos 

de que los hermanos campesinos 

han echado al espantapájaros del cura.

Los folletos de propaganda revolucionaria, 

el Gobierno al servicio del proletariado, 

los intelectuales proletarios al servicio del Gobierno 

los radios al servicio de los intelectuales proletarios 

al servicio del Gobierno de la Revolución 

para repetir incesantemente sus postulados 

hasta que se graben en las mentes de los proletarios 

-de los proletarios que tengan radio y los escuchen.

Crece el tiempo en silencio, 

hojas de hierba, polvo de las tumbas 

que agita apenas la palabra.

 

 

Tortuga 1910

Efraín Huerta

La Mexicana

Es la única

Revolución

Que ha girado

Como loca

A 45

Revoluciones

                  Por sexenio.

 

 

Alta traición

José Emilio Pacheco

No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal)

daría la vida

por diez lugares suyos,

cierta gente,

puertos, bosques de pinos,

fortalezas,

una ciudad deshecha,

gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

-y tres o cuatro ríos.

 

 

Dicen también que la poseía civil (o social) debe abordar la visión de un futuro y aludir a la historia reciente, y que el nacionalismo estaba exiliado de los versos

A propósito del centenario del asesinato de Zapata rescato hoy algunos poemas sobre esta tierra -mexicana- que sigue siendo trabajada por muchos y, sin embargo, poseída por muy pocos.

La tierra es de quien la trabaja, fue el lema del movimiento que proponía una reforma agraria radical misma que, cien años después, sigue pareciendo lejana en los hechos.

El día miércoles 24 a las siete de la noche nuestra muy querida amiga Rocío González falleció. Gran mujer, de una integridad y valor humano enorme, madre amorosa, profunda poeta que ha dejado poemarios incomparables como Las ocho casas, Pasiones tristes, Azar que danza, Como si fuera la primera vez y Neurología 211, este gran libro que retoma como tema su propia enfermedad. Excelente ensayista y gran académica muy querida por sus estudiantes de la UACM.

Ha dejado a sus amigos, entre los que me cuento,con sentido dolor, a partir de su partida.

Hace dos semanas se realizó un homenaje en la Casa del Poeta, con su querida presencia. De ese homenaje van los tres textos que fueron leídos esa noche.

Eduardo Mosches

 

 

Por Myriam Moscona

 

De Rocío González, la legendaria Ro, no fui amiga desde mi juventud, le llevo algunos añitos, pero cuando me acerqué a ella, no sé, quizá hace ya cerca de dos décadas, me causó adicción inmediata por su trato, su claridad, la forma única de vivir sus procesos, los modos tan querendones de entregarse a su gente. Siempre me impactaron los contrastes entre sus formas suaves y aterciopeladas y su determinación para decir “NO”. ─Ajijos, Ro, ¿y cómo le hiciste para quitarte de allí tan fácil?, déjame frotarte la barriga a ver si se me pega. Y ella, con esa sonrisa seductora siempre me contestaba como desde otra estratósfera: ay, por qué lo dices, corazón? 

No me entra en la cabeza que hayan pasado trece años de una entrevista que me dio para la columna semanal Luz negra  del suplemento Confabulario de El Universal. No sobre su poesía ni sobre su pasión por la lectura, sino sobre un suceso familiar que marcó su vida. Fue la primera vez que habló de ello fuera de un ámbito íntimo y siempre le agradecí esa confianza.

Retomo la palabra “confianza” porque eso nos ha mantenido en una misma clave. Aquel suceso familiar no es tema de esta mesa de celebración, pero no resisto las ganas de aludir a la honestidad de Rocío en las primeras respuestas de esa vieja entrevista.

M.-¿Hasta qué edad viviste en Juchitán?       

R.-Hasta los 11 años. De hecho, yo vivía en Ixtepec, un pueblo extraño lleno de comunidades árabes, chinas, japonesas, a 15 minutos de Juchitán.

M.-¿Allí ibas a la escuela?

R.- Sí. El resto del tiempo vivíamos bastante recluidos en mi casa, la más bonita de todo el pueblo, gigantesca, había hasta un parque adentro con criadero de conejos y gallinas. Siempre he pensado que era como el castillo de la pureza, un paraíso aislado.

M.-¿Cómo era tu familia?

R.- Mis padres eran “la pareja ideal”, la más envidiada. Mi papá cambiaba de coche cada año, los dos eran muy guapos. Mi madre con una belleza indígena y él, más españolote, era de Veracruz.

M.-¿Por qué fue a dar al istmo?

R.-El era ingeniero, llegó a construir la carretera transítsmica cuando descubrió a mi mamá. Mis abuelos maternos eran extraordinariamente ricos. Imagínate, llegaron a tener cien casas, así que a mi mamá se le consideraba un partidazo. Cuando se hicieron novios mi abuelo habló con él. “Si quieres a mi hija te quedas en el pueblo” –le dijo- pero ¿sabes que le dio?

M.-Pues no...

R.-La concesión de la cervecería Corona. Juchitán se hizo alcohólico y mi padre millonario.

La hija de esa familia pudiente es un ser excepcional. Siempre ha vivido al margen de esa fortuna, que ni quiere ni extraña ni es suya y su conciencia creció en diagonal, de espaldas a esa pertenencia de clase.

Siempre interesada en los demás se convirtió en una formadora de generaciones en la Universidad donde trabajó hasta hace poco. Amaba a sus alumnos y me consta cómo fue correspondida. He sido testigo de su trabajo con la poesía, de la época en que cursaba la maestría en la UNAM y de cómo le hice broma y media por haber recibido la medalla Gabino Barreda. “Ay, Ro, qué moñotes eres, qué aplicada, te la pasas estudiando”. Y ella, como siempre, contestándome desde su estratósfera: ¿por qué lo dices corazón?

Quiero referir aquí, de entre todos los sucesos vividos a su lado un viaje a Acapulco que hicimos tres amigas del grupo “Paisaje para tres”: Rocío, la pintora María Tello y yo. Conseguí que me prestaran una mansión, un palacete en lo alto de un cerro enorme. Desde allí, Acapulco se ve como tarjeta postal y las vistas de día y de noche son apabullantes. La casa es atendida por un personal de servicio ultra fifí. Nos reíamos porque de tanta atención nos sentíamos asfixiadas. Por la noche, después de cenar, la casa se quedaba por fin en silencio y sin charolas de servicio, y nosotras, semejantes grandulonas, nos transformábamos en tres adolescentes descarriadas. Rocío fue la que empezó. Yo me quito la ropa, quién me sigue. Métanse al jacuzzi, no sean, tráiganse el vino, no sean, súbanle a la música, no sean y fórjense un relajante, no hay que ser. Porque allí sí le sale su penacho juchiteco y sabe imponer su voz. De pronto empezó a llover a mares. Nos salimos de la alberca en carnes. María Tello que es la paparazzi del grupo tomó sin que nos diéramos cuenta tales imágenes que casi le confiscamos el celular para que no quedara registro de los desmanes.

Al día siguiente, Rocío volvió a la disciplina. Habíamos aprendido por el mismo tiempo la práctica china de Zhineng QiGong (o chikún para abreviar) y juntas, en ese viaje, repetíamos los movimientos. Esto también la retrata. Tal como volvió al chikún como si no le hubiera pasado nada al cuerpo tras el aquelarre, así ha vuelto toda su vida a su trabajo, a sus poemas, a lo que le ha dado, además de su hijo Ollin, el mayor sentido a su vida. Me siento orgullosa de haber visto cómo su obra ha crecido en potencia, propuesta y claridad. Su libro Neurología 211 tiene un arco discursivo de una libertad envidiable. Lo mismo que ese proyecto donde mezcla el español con el zapoteco y trenza las dos lenguas en un híbrido encantador y con un telón de fondo biográfico y una sintaxis rota y recreada que resulta fascinante.

 

gasti xpiani dicen en mi pueblo

no tienes cabeza, pues, no tienes juicio,

vamos curarte xñá vamos curarte

ingrata esa bola, ¿por qué, pues?

si tú mero tan juiciosa,

ay padre dios, m’ija

xpiani ¿a qué horas se volvió tan fiero?

galán cuando venías estrenando

esa ropa de flor, cortita, fresca, ja’a

¿quién iba a pensar? bonito verte

en el estero, el ojo de agua, Chipehua,

comiendo camarón, iguana, pan bolita,

así te quiero ver mamá, como endenantes

moza…

Ella sabe cuánto me entusiasma ese proyecto, aunque cuando se lo dije la primera vez, me vio con sus ojos oscuros y sus dientes blancos, con una mirada tan suya, entre la gratitud y la sorpresa y, como siempre, volvió a preguntar: ¿por qué lo dices, corazón? Rocío sabe lo demás. Y junto a ella y a la celebración de la amistad, uno de sus más altos y venerados valores, me pregunto con sus propias palabras, sin tener una respuesta clara, esa increpación sacada de su libro:

¿por qué duele la felicidad?

Nos ha dolido juntas, por fortuna, en un tiempo que no dejará de ser continuo, aunque su conjugación sea el pasado, el pasado perfecto de la unión, la nuestra y la de “Paisaje para tres”, más allá de cualquier desperfecto.

Por qué duele la felicidad?

Me parece importante aventurar una respuesta. Entonces en ese diálogo imaginario, como acostumbraban los viejos talmudistas, escucho su voz respondiendo una pregunta con la misma pregunta reformulada:

 

Se fracturó el lenguaje.

una mañana la frase se rompió

mañana sin frase aviso la rompió lenguaje

monosílabos para atar la realidad

una erre seguida de una i o una jota

y no este escándalo en los ojos

no te dejaré entrar en mis células

¿por qué duele la felicidad?

 

Esto es Neurología 211, uno de los libros más intensos de los últimos años. No soy la única en pensarlo (¿verdad Jorge Esquinca?). Rocío González le ha dejado lecciones de claridad a quienes la hemos acompañado en el proceso de su larga enfermedad. “Estoy ya en una sobrevida y agradezco lo que he aprendido y lo que me ha rodeado. Me iré cuando ya no pueda leer, eso es lo que me irá apagando”. Sin una queja, sin dramatismos, parece haber comprendido en su laicismo, sin titubeos, sin pedirle tiempo y atención a nadie, qué la une y la separa de aquí.

 

 

Por Gabriel Mosches

 

Imagen 2

 

Aquí los saludo desde el inframundo
Ya completamente esclavizado al sistema
controlado por el mundo cibernético
Intento con este último aliento contarte
cómo transcurre el mundo en estos días.
Alienados por los productos de consumo
que mastican
nuestros pensamientos y estructuran todos nuestros comportamientos masificados
El arte es el fruto del alma pero en estos días se encuentra al servicio del dinero
cuyo valor es inconmensurable
Todo da vueltas alrededor del susodicho.
Es el nuevo Dios que todos anhelan y necesitan.
La música y la imagen controladas por los grandes medios de comunicación
adoctrinan el pensamiento de los jóvenes, los nuevos retoños que tienen que escuchar y sobre todo imitar
Todo aquello que debe ser

 

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El beso de la censura, de la muerte del alma
Ya no eres libre, ya no puedes ser feliz
Tienes que pensar en sobrevivir
No puedes gozar del aire
Ya que este pulveriza tus entrañas
No puedes disfrutar del sol ya que este quema tu piel
No puedes sonreír, no puedes, no puedes
La muerte es tu último consuelo

Tienes suerte ya que eres un ser humano
El rey de la creación
Sino imaginate siendo un pollo hormonado
Sin pico y sin plumas encerrado de por vida
Nunca habrías podido sentir el sol en tu piel
Nunca serías libre de leer estos versos
Solo podrías llorar y llorar
Esperando ser degollada y devorada

Te cortan el pescuezo y un chorro surge
bailando al alarido de su último son
Con tu sangre me embadurno el cuerpo
Mientras bailo desnudo de cuerpo y alma
Ya no tiene sentido seguir retozando
Todo gira y gira y no para de girar
Como los planetas del cosmos a nuestro alrededor
Es un baile de estrellas, de luciérnagas cósmicas

 

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Tus caricias me salvan del irreductible sino
Aunque sea por un instante
Son mi panacea y mi salvación
De sus viles sonrisas llenas de desprecio y amargura
Que triste son sus ganas de destruir la luz y la alegría
Que habita en mi interior

Fue un beso en la mejilla
el causante de tanto sufrimiento y asimismo liberación
Sus odiosos pensamientos, su envidia y lascivia fueron los causantes
Del penoso momento que padecí ante la injusticia
De su acto dictatorial y sin posible apelación.
No había nada que decir ni comentar sólo resignarse a la triste realidad
libertadora

De nuevo la historia se repite en el fluir del tiempo aunque ahora no fue un beso
Sino el triste dinero que debía ser conseguido y entregado al amo
Esclavo ando entregando mi tiempo, floreciendo canas
Aunque seguiré tranquilo, sonriendo al tiempo
Aunque intenten con sus artimañas viles destruir la libertad de mi espíritu.
Es el único tesoro que anhelo conservar
Aunque me muera de hambre

 

Gabriel Mosches es artista multidisciplinario, escritor, director y actor de teatro físico ha dirigido y actuado en variadas obras de teatro. Nacido en 1981 es un viajero empedernido, ha recorrido las colinas, playas y montañas del continente americano, europeo y asiático. Licenciado en Filología Románica es un apasionado de los idiomas y con la maestría en pedagogía  en  lenguas  romance, se dedica, asimismo, a la enseñanza de las lenguas y sus culturas.

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