Voces que hacen camino – Antonio Porchia

 

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Por Mercedes Alvarado

 

Voz como sonido y posibilidad de eco; voz susurro, instrucción, invitación; voz inflexión y reflexión. Aunque dar voces pareciera un acto inmediato y finito, las Voces que dejó Antonio Porchia han permanecido en su brevedad y hecho camino propio.

Porchia (1885-1968) llegó a mi vida hará unos quince años cuando un librero de la calle de Nuevo León me miró terminándome un cigarro en la banqueta y sin más me dijo: ‘En la forma de apagar el cigarro, se reconoce a la mujer cruel’. Sobra decir que después de media hora de conversar sobre el italiano que llegó a Buenos Aires a los 17 y nunca más salió de esa ciudad, salí de ahí con un libro en las manos y las ansias de sentarme en cualquier lado a navegarlo.

La primera recopilación de ‘Voces’ la publicó en 1943 y a lo largo de los años se fueron añadiendo unas y recortando otras. Cuentan que nunca mostró mucho gusto por la vida pública como escritor, pero Juarroz lo recuerda como una persona para quien ‘la amistad sencilla era su arte’.

Cuando alguien le preguntó por qué a esa forma de poesía suya le llamaba voces, Porchia respondió ‘Es difícil decir. Todo se escucha. Y se escucha de todo’. Dijo también que sus voces eran ‘casi una biografía. Que es casi de todos’.

Para mediados de la década de los sesenta ya habían sido agotadas varias ediciones y pasaban fotocopiadas y hasta manuscritas de mano en mano, pero no fue sino hasta 2006 que la editorial Pre-textos publica las ‘Voces Reunidas’, una recopilación que bien podría considerarse un trabajo de arqueología literaria preparado por Daniel González Dueñas y Alejandro Toledo.

Y he aquí, que desde mi hamaca defeña les lanzo hoy algunas de estas Voces, esperando que entre ustedes encuentren eco y maneras de seguir andando, de mano en mano, largamente.

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Cuando todo en torno mío es un mar que sube, como una amenaza; yo, como una amenaza, bajo.

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No dejan de existir en mí nunca, nunca solamente mis muertos

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Sí, he estado equivocado, pero no solo. También las cosas han estado equivocadas.

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Todo juguete tiene derecho a romperse.

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Los ojos que donde miran buscan donde mirar, destruyen donde miran.

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De las flores y de lo que las flores me dieron quedan las flores; y quedan las flores porque pude apartar las flores de lo que las flores me dieron.

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El tiempo que me demoro en vivir es exactamente igual al tiempo que me demoro en morir.

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Creo que el movimiento es el no saber, porque se mueven más los de menor saber.

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Mis manos se han acortado tanto, de tanto alargarse en vano, que ya no alcanzan ni hasta las estrellas.

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La distancia que me aleja de todo, ya es toda la eternidad y aún no me he separado nada, de nada.

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Lo que soy ahora casi no me pesa, porque no lo he sido antes que ninguno.

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En un viaje solo, se vive y se muere.

Por Alberto Sánchez Martinez

 

 

 

Cucharada

 

Una cucharada de recuerdos

atraganta mi noche

carcome mis ganas de dormir

e hincha el deseo de beber

una copa de olvido

para arrancarme los desechos de mis ayeres.

 

 

Guarida

Los latidos de la guarida se detuvieron,

el nido en su pecho se secó,

dejé de resguardarme en sus adentros otoñales,

vi su desmoronamiento:

recuerdos enterrados por escombros

de ramas, piel, hojas, caricias, plumas.

Una herida quiebra mi brazo izquierdo,

pudre mis nervios,

calcina mi ser,

inmoviliza mi cuerpo

me arrastro…

La sombra de una jacaranda me refugia

y me cubre con pétalos marchitos.  

 

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Ocaso

 

Recuerdo cuando cayeron sus flores:

humo, camino de muertos, besos tabaco,

el amargo perfume de las jacarandas

en el atardecer de marzo,

con pétalos sucios de tierra,

dando paso a un albor de abril.

¿Quién diría que el sol rojizo perfumaría el cielo

y  lo rayaría en un montón de hojas secas?

Recuerdo la Luna dando su último baile,

rozando las nubes, al ritmo del viento.

La llovizna cae sobre los capullos,

el rocío de las telarañas

reflejan y multiplican los ayeres.

Pinturas en el lienzo: amarillo, rojo,

violeta, azul extinto.

Las raíces de la noche crecen,

bajan lentamente a la tierra;

se expande la semilla.

 

Alberto ha colaborado en algunas revistas electrónicas como Nomastique y La Pulcata; en revistas impresas como Oajaca, Materia Escrita y, próximamente, en Gata que ladra; y en un fanzine que se llama Áspera. Estudio la Licenciatura de Creación Literaria. Formo parte del equipo de una revista electrónica que se llama Tlacuache.

 

Ulven: el arte es el anzuelo en una jaula para ardillas. (Poesía nórdica contemporánea)

 

Mercedes Alvarado

 

 

Por Mercedes Alvarado

 

Poco más de un año antes de su muerte, Tor Ulven (Oslo, 1953-1995) dijo en una entrevista que ‘el arte es, y siempre será, anzuelo en una jaula para ardillas’; lo explicó como algo suficiente para generar movimiento, aunque naturalmente imposible de habitar. Dijo también que la diferencia entre hablar y escribir es que en lo segundo puede uno situarse a cierta distancia del lenguaje; quizá por eso nunca mostró mayor interés en dar discursos o conceder entrevistas pese a ser, él mismo, un periodista.

Ciudadano de un país que hoy pasa apenas los 5 millones de hablantes, Ulven escribió siempre con la intención de incomodar, de nombrar lo que atormenta, de no esconder ni maquillar el corriente estado de las cosas. En este sentido, el lenguaje le jugó siempre a favor.

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Puede que la estructura semántica de las lenguas escandinavas tenga mucho qué ver con esto, pues hay pocos conectores y el idioma mismo es sintético en su uso diario; lo cierto es que los versos de Ulven caen como agujas que señalan antes de pincharnos, ahí mismo, ahí donde vive la miseria de todo lo que existe.

Referente indispensable en la literatura nórdica y noreuropea, hombre celoso de su intimidad, tomó su propia vida en la ciudad de Oslo a los cuarenta y dos años, apenas iniciando la primavera, un 18 de mayo.

Hoy, en esta tierra del sur y desde ésta hamaca, se lee a Tor Ulven con infinito agradecimiento por la poesía que nos dejó.

 

Være vann i

vannet.

Være stein i

steinen.

Eller elske hånden

som griper steinen

under vannet.

Fra Forsvinningspunkt, 1981

Ser agua

en el agua.

Ser piedra

en la piedra.

O amar la mano

que coge la piedra

bajo el agua

De Punto de fuga, 1981

Du er mitt

solskinn, deg

kan jeg ikke

skru av.

Du lyser på meg.

I Maven

er det mørkt.

Fra Løse Dikt

Eres

sol, a ti

no puedo

desconectarte

Me iluminas.

En las tripas

hay oscuridad.

De Poesía perdida

Flaskene

er tømt,

bøkene

er lest, støvet

har falt;

den rykende sigaretten

kommer en annen

og tar.

Fra Løse Dikt

Las botellas

vacías,

los libros

leídos, el polvo

ha caído

el cigarro humea

Otro viene

y lo toma.

De Poesía perdida


Minutter, kanskje timer
av din egen eksistens

som du har glemt,
men som jeg

husker. Du lever
et hemmelig liv

i en annens minne.

-fra "Som fossile bølgeslag", 1984

Minutos, quizás horas

en tu propia existencia

que has olvidado

pero que yo

recuerdo. Tienes

una vida secreta

en la memoria de alguien más

De El golpe del mar fósil, 1984


Sitt hos meg
kjære, fortell

om den tiden
da jeg ikke

finnes mer.

Fra  "Søppelsolen", 1989

Siéntate conmigo

querida, cuéntame

del tiempo

que yo

no encuentro más.

De “Basura solar”, 1989

 

** Versiones al español de Mercedes Alvarado.

Por José Luis Domínguez

Foto mia de Libertad Villarreal

 

Se desata la cónica metralla en el taller mecánico en ciudad Juárez,

la multiplicidad lacónica de la ojiva ojete.

Nueve gramos de plomo en la nuca de un hombre bastan,

replican entre dientes y a escondidas los bastardos.

Ni el dueño, ni sus tres empleados, quisieron pagar la cuota y ahora están bien muertos,

se lee la nota roja en los periódicos,

y ni siquiera aprendieron a bailar claqué;

nunca fueron a Québec, mucho menos a Francia,

no vieron bailar a Fred Astaire en el cinematógrafo,

ni escucharon cantar a Edith Piaf en un disco digital.

No les gustaba el jazz, pobres,

eran simplemente unos mecánicos demasiado mecánicos.

De todas las armas del arsenal ruso tan vasto

-sigue diciendo la nota-

ninguna proporciona más ganancias que el avtomat kalashnikov

modelo mil novecientos cuarenta y siete,

el mejor conocido como cuerno de chivo.

Más de cien millones de unidades vendidas alrededor del mundo

y un premio de récord Guinnes corrobóranlo.

Duermo muy bien.

Los políticos son los culpables verdaderos por no saber llegar a acuerdos

y por usar como un recurso último y muy efectivo la violencia,

declaró en el dos mil siete Mijaíl Kalashnikov.

Por dondequiera surgen las señales de los virulentos

                                     lentos

                                                        rescoldos

del antiguo germen del germano,

ese fascismo que fascina al ismo,

que subyuga a los espíritus más simples, a los más primitivos,

a los espíritus que no pueden casi ya presumir que son espíritus

y que nacieron con la herencia infausta de su propio infierno.

Antes tenía la palabra el camarada máuser,

pero ahora el rifle de asalto más popular del mundo es el kalashnikov,

un arma que los guerrilleros aman

y que los sicarios idolatran, cargan y disparan;

una sencilla y elegante mezcla de cuatro kilogramos de acero forjado y contrachapado a la antigua.

Aunque hay sus excepciones a la regla, como en casi todo:

Un fusil de asalto que formaba parte de la colección privada de Sadam Hussein,

allá en Irak en el dos mil tres,

resplandecía de oro,

ahora ya se encuentra en el vasto territorio del imperio mejor conocido como yu es ei.

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Para qué entonces darle tanto vuelo a la ele hilarante,

al hilo y a la hilacha,

al hacha y a la hache sorda y muda,

cuando los negocios turbios son los que causan más disturbios,

en esta nueva época de Cloto, Atropos y Láquesis.

Aunque a veces son los tragos

los que causan más estragos.

Un hombre,

casi un mozalbete,

armado con un cuerno de chivo,

ingresó

esta madrugada de sábado tres de junio del dos mil diecisiete,

al bar Chicho´s,

ubicado entre las calles Segunda y Cuarta,

por la avenida Miguel Hidalgo,

en el mero corazón del municipio de Cuauhtémoc. Chihuahua, México,

y comenzó a disparar en abanico,

asesinando a seis personas e hiriendo a más de veinte,

la mayoría de ellas, jóvenes,

huyendo luego del lugar a bordo de un automotor marca Malibú.

En la madrugada,

fue exitoso fatalmente el madruguete,

y sin cantar falsete,

antes de refugiarse, el móndrigo,

en su oscura madriguera,

reza el que quiso hacer un trabalenguas y se quedó en una simple aliteración.

Piedra metálica informó que Fuentes internas de la Fiscalía, señalan la hipótesis de que con el objetivo de eliminar este punto de venta de drogas, integrantes del cártel contrario decidieron realizar esta multi-ejecución.

Más de un cuarto de millón de seres humanos

mueren cada año bajo la metralla del kalashnikov.

Qué remedio,

esta vida sólo a tragos,

a trasgos.

Antes tenía la palabra el camarada máuser,

pero el a-ka cuarenta y siete es el último grito de la moda:

no se rompe,

                       no se atasca,

                                                   no se sobrecalienta.

Disparará estando bajo el lodo, 

disparará bajo una tormenta de arena,

disparará bajo el agua,

disparará, disparará, disparará.

Disparará siempre por lo bajo,

porque lo bajo es lo que más lo caracteriza.

Su mecanismo es tan sencillo,

que un niño africano de tan sólo diez años, por ejemplo,

quien dispara su a- ka cuarenta y siete

y luego tranquilamente se come sus copos de sémola de maíz tostados

con plátano macho, azúcar mascabada y leche de cabra,

se convierte, literalmente, y por la vía de la sangre ajena derramada,

en un auténtico asesino cereal.

Y sigue, de rama en rama, la derrama de graznidos de un cuervo enseñoreándose sobre el país,

este país que sigue en ruinas en manos de los ruines

que siempre han codiciado el códice y el codicilo,

que ahogaron de manera impune la revolución cuando apenas iba a florecer,

los ruines que se escudan bajo los nombres de dos partidos

que están partidos porque no reparten

lo que le corresponde a cada mexicano,

y nos tienen sumergidos en la inequidad de tanta iniquidad,

por los siglos de los siglos de estas siglas: de i a zeta, pe erre i y pe a ene.

Antes tenía la palabra el camarada máuser,

pero al rifle de asalto a ka cuarenta y siete

los soviéticos lo han puesto en una de sus monedas,

y aparece en los escudos de Burkina Faso y Timor Oriental;

y Mozambique,

la que, como casi toda África, pobre,

también se ha ido a pique,

lo lleva en su bandera como un prístino símbolo de su poder,

incluso,

en algunos estados de esa parte del continente negro,

los recién nacidos están siendo bautizados

con el nombre de Calash, amén, amén.

A veces la nostalgia me da neuralgia.

El país, entonces, nuestro pobre país pobre,

es como un edificio derruido,

derruido de tanto escándalo y tan poquitas nueces.

Mucho antes del fin de la gran guerra gélida entre dos imperios,

el fusil de asalto se había convertido ya en la mayor exportación soviética,

detrás de él venían el vodka, el caviar, los novelistas suicidas

y, no se nos olvide,

las simpáticas matriushkas.

Siempre lo he dicho,

si mientes simientes

mientes el sí,

y, paradójicamente, afirmas el no,

y a estas alturas, agrego,

que hasta para ser un desgraciado debe tenerse suficiente gracia.

Siendo por demás honesto,

no creo ser el indicado para esto,

pues lo único más espiritual que yo poseo,

que yo recuerde,

es el hueso que está junto al ilíaco,

o sea,

el hueso sacro.

Porque nunca serán lentos copos de nieve

los proyectiles candentes

qué tristeza,

qué coraje,

qué grado tan grande de impotencia,

saber que las desaforadas palabras de este escrito,

podrán detener jamás,

las balas mortíferas de una automática kaláshnikov

modelo mil novecientos cuarenta y siete.

Antes tenía la palabra el camarada máuser

pero ahora la tiene el camarada kaláshnikov.

Andrei Kirilienko,

nacido en la sagrada zona del Izhevski,

con sus poco más de dos metros de altura

en el canal de you tube,

en la liga de la ene be a,

impide infinitamente, que entre la pelota en la canasta,

luego anota, también infinitamente,

como un águila rusa en picada,

favoreciendo a su equipo.

Andrei Kirilienko, A Ka,

lleva en su playera una pirámide y un cuadrado,

y también lleva, como sus iniciales,

el espíritu de la a ka cuarenta y siete.

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