Agustín Cadena 

En cada texto, Agustín Cadena retorna a los instantes cotidianos, a las pequeñas sorpresas de cada día, a los “pobres de espíritu”, de donde extrae los temas y las emociones para explorar y desarrollar una nueva sensibilidad, un nuevo despertar espiritual. El autor ha renunciado a las situaciones límite, a las intensidades metafísicas abrumadoras y a los finales sorpresivos, pero ofrece cuadros y personajes memorables, en los que la sorpresa reside, a menudo, en que no hay sorpresa.

 

Locura 

Nada detiene el colmillo turbio del asesino.
Ningún rezo, ningún brazo ni aullido negando el paso de la muerte.
Ninguna madre suplicando clemencia para el que ama.
Ninguna pascua, nuevo año ni lejana resurrección.
El que mata no tiene ojos para mirar el tamaño de los gritos
ni oídos que midan la bocaza donde habita el miedo.

 

Mario Pérez Antolín 

 

A flor de piel                                                                                              

 

En las yemas de los dedos de una mujer ciega,

en las alas vibrantes de una libélula,

en el pecho del condenado a muerte                                                   

un segundo antes de ser fusilado,

Oceána Mazanarez

 

Juntos

Somos media maravilla

La décima octava de un mundo deshabitado

Cuando nos miran

Somos estatuas utopías de un segundo

Nos queremos

                                Es demasiado

Para este mundo

                                   Bastan las siete maravillas

Para admirar y sentirse plenos.

 

El Libro salva!!

Camino por una noche de invierno, de enero.

La luna llena ilumina todo el mundo

Yo camino escondiéndome de sus tenues rayos, de su luz profética.

Camino con un NO corriéndome por las venas

Un gato negro se atraviesa en mi camino y la luna lo ilumina como personaje principal de una obra de teatro,

atravesamos la calle, solitaria, fría, silenciosa.

El viento frio congela todo lo externo

y el pensamiento en blanco que me guía esta tibio.

Las luces de un auto iluminan

La silueta que el No hizo de mi,

Abrigo largo, pelo alborotado, ojos llorosos.

La noche avanza  mientras camino.

En la mayoría de las camas alguien duerme y sueña.

En muy pocas camas alguien lee con una luz tenue.

Me detengo cuando miro un escaparate lleno de libros,

No leo los títulos solo contemplo el libro como objeto: delgados, gordos, muchos.

Las formas de los libros me devuelven a mi ser, a lo que era antes del No.

 

Sexenio actual

I

Quiero escribir Amor pero me sale Muerte…

El llanto de 43 padres es el ruido de fondo a veces tenue,  a veces fuerte.

Los desaparecidos, los no encontrados,

los vueltos cenizas, pedazos, cabezas…

son las imágenes que nadie debe metaforizar.

Somos todos los otros

Los otros somos todos

Quiero escribir Amor pero me sale Muerte…

 

II

 

Hacen falta rapsodas, juglares,

Y no porque no haya sino porque mueren, al decir, al ejercer.

Hace falta también alguien que se arranque los ojos

Para ver de verdad, para decir la verdad.

Sólo el acecho de la muerte en cada minuto, en cada rincón, habla…

A las siete de la noche

Disparos

Que entran en la rutina diaria: merienda, tv.

A la una de la tarde

Disparos

Que atraviesan la luz blanca del aburrido día.

A las tres de la madrugada

Disparos

Que despiertan de la pesadilla que se vuelve sueño cuando abres los ojos.

Te escondes, te salvas.

No sales, te salvas.

Te callas, te salvas.

Kenia Cano

 

El reverso

Tiene estrategias que no conoces. Piensas que es una cuestión de docilidad y de dar la vuelta, pero no es así. No sabes qué verso desde el final de la página subirá hasta aquí para picarte los ojos. No trae idea de suicidio, no hereda los males visibles de tu casa. No tiene que ver con el miedo ni con los sueños en donde no llegas nunca a la estación.

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