Yendi Ramos

 

La carta de Augusto I

Querido padre:

Para borrar el efecto de mi pelleja he oído al idiota. Decía algo así como “que le corten la cabeza por
chillón”. Y nomás me acariciaba la espalda. Mi alma siempre ha tenido arena. Una heredad revolcada,
padre, por sinceros e irremediables nortes. Qué fácil es morder la fantasía, cuando se está solo,
frotándose a ella con aparente sumisión y salvajismo; sin vergüenza ni modo posible de encontrar el
límite.

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