Tres sonetos luchadores y un prólogo
para una luchadora social
 
 
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 Por Gustavo Enrique Orozco
 
Prólogo
 
 
 
venido he yo a traer estos sonetos
que quieren ser plegaria y homenaje
a alguien con más virtud y más honestos
principios y palabra y más coraje
traigo a estos tres que infiero bien impuestos
en las más finas artes de abordaje
y lucha en los terrenos más funestos
que sean tu compañía para el viaje
te los entrego limpios y sin mancha
pequeños y luchones por lectura
y así cuando la calma sea más ancha
y esté más cerca o sea menos futura
tendremos luchadores y esperancha*
para internarnos en la selva obscura
* licencia poética 090909
 
 
 
Soneto del santo
plegaria 
 
 
 
oh santo muy señor de las mil llaves
sanpedro de la iglesia pugilista
acepta estas palabras de turista
plegarias traicioneras pero suaves
ruegámoste merced en estas graves
dolencias que obscurecen nuestra vista
oh máscara de luz equilibrista
venid pues ya bajaron de sus naves
y peores son que el peor de los infiernos
y obscuros son y obscuras son sus mañas
venid a defender a tus cuadernos
que te rezamos todas las mañanas
les puedes preguntar hasta a sus yernos
podrás reconocerlos por gandallas
 
 
 
 
Soneto de blue demon jr
azul azul más bien azul clarito
mas no de coagulada lontananza
así como lo ves casi sin panza
hijo de azul también salió azulito
y aunque este sí salió más que bonito
cabrón como su padre y de templanza
que no podrá frenar ni la venganza
del mismo Vengador del infiernito
hijo del más mejor es y se queda
a usanzas del recuerdo y homenaje
cual fuerte luchador que no se enreda
con cosas que le den cualquier coraje
y así siempre pudiendo lo que pueda
nos gana por su máscara y su traje
 
 
 
Soneto de atlantis
 
 
 
brincar desde las cuerdas es canijo
y más canijo si es hacia adelante
es bien cañón vencer a algún tunante
que ve el vuelo venir cual amasijo
de carne con madera y entrecijo
por eso yo le canto hoy al de atlante
que no juega futbol ni es un gigante
con cara de cartón y gesto fijo
cambió de bando pues cosa es de sabios
mudar en la opinión y en sanos juicios
y aunque no salgan poemas de sus labios
y no combata el odio y los perjuicios
levanta sus pesados astrolabios
a la hora de irse a hacer sus ejercicios
(Ningún luchador fue lastimado durante la escritura de estos sonetos).

Nada restituirá tu sangre,/ nadie oficiará lo que tus manos dejaron irresuelto./ Has caído en el pozo sellado,/ las raíces enroscan sedientas los rizos de tu infancia./ El corazón de tu madre no entiende el desvarío./ Tu nombre se disuelve en papeles amargos./ Es imposible detener el paso de la lluvia./ Tendrás suerte/ si encuentran tu cadáver.

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Meciendo la tarde y ahí al fondo, junto al abuelo, la foto de mi vieja -también en blanco y negro- presumiendo la sonrisa, con menos años a cuestas de los que cargo yo ahora. Leo entonces a Miguel Santos y me pregunto si la vida es en verdad un vaso de agua para beber o evaporarse; si los días se irán llenando de palabras, si las palabras irán tejiendo poesía de la que se guarda en una -aún si no se escribe- para retornar a ella con otra palabra, dicha por otros labios, rememorada en otros tiempos… de la poesía que se vive incluso cundo una no la mide, ni la reescribe, sino apenas la vive.

 

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A la noche le quedan muchas horas y una sigue dando vueltas sin saber si es curiosidad o susto lo que siente el cuerpo al encontrarse con el frío sobre la piel. La ciudad dibuja bien sus límites y de cuando en cuando nos permite redelinearlos como si con esto nos fuera un poco menos ajena. 

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