Por Indran Amirthanayagam

 

IMG 0432

 

 

Hay que reirse de todo y de nada, deja que las endorfinas solucionen la sopa

del día, que la vuelva un caldo claro, sencillo, y vendido a cinco soles. Así

puede ser factible, la vida en Lima, no importa si los edificios son encrustados

de cenizas impactadas, esa famosa patina oscura de la época de gaz de plomo,

de secuestradores de diplomáticos, de matanzas de paisanos, lo que la memoria

insiste revelar a pesar de las apuestas a un futuro incierto donde las mariposas

y los canarios siguen cayendo como tropas del primer batallón de las especies

del mundo contra el olvido. Así que Limeños, olvidemos y recordemos

nuestros pecados, y dediquémonos a cuidar a nuestros dependientes. Dice

mi estudioso de la selva que nuestros niños no alcanzarán los añs que hemos

gozado en esta tierra. Le respondo que no debemos revelar estos secretos a ellos.

Olvidemos y hagamos lo que podamos: buses inteligentes, ciclovías, mariposas

cultivadas bajo paneles solares, detrás de vidrio transparente, con una huella

ecológica inexistente, mi invernáculo, mi vida, mi bebé, bienvenido.

 
dr) el 15 de julio, 2018

 

Por Maximiliano Cid del Prado

 

38208473_10216386586438848_437379845719064576_o.jpg

 

Tienen los presos una gata a la que aman.

Indiferente y orgullosa la felina se pasea por los talleres

en donde los reclusos hacen su jornada.

En ocasiones los mira desde lejos retorciéndose en el piso

con sus ojos de lagarto.

En los días calurosos, 

la gata aparece dormida en la litera de algún hombre.

Al despertar

el animalito se estira en un espasmo perezoso

entre las piernas de un convicto.

Un día nefasto

la gata llegó al taller maullando locamente.

Un alacrán la había picado.

Luego de unos minutos de agonía,

murió ante los ojos de los prisioneros.

Uno de ellos,

aquel que cometió los actos más salvajes,

tomó a la gata y la enterró en el patio.

Un par de hombres hicieron guardia

bajo el sol del mediodía.

Otros, se escondieron en sus celdas

a llorar amargamente

como se llora la muerte de la mujer amada.

 

La revista realiza este pequeño reconocimiento a Saúl Ibargoyen, mas allá de su reconocida valía creativa, como poeta, narrador, ensayista y crítico social, Asimismo, pues fue un colaborador constante con nuestra publicación, nos acompañó como traductor de poemas del portugués, la entrega de poemas de su propia creación, a lo largo de estos 30 años y la colaboración de enlace con escritores de diferentes partes de nuestro continente.., Fue y es parte activa de la difusión literaria de Blanco Móvil .

Eduardo Mosches  

 

DE MI SE ESCRIBIRÁ…

DOCTOR HONORIS CAUSA 2.jpg

Ana Bertha Gómez: “Con nadie aprendí tanto sobre técnica y teoría, pero sobre todo de respeto a todos los estilos poéticos. Una genial actitud de desapego a su propio estilo al transmitir sus conocimientos”. Coincido con Ana Bertha, Saúl tuvo la capacidad de dejar ser a sus alumnos sin imponerse o imponer. Permitió que las vertientes fluyeran por sus propios caminos aun cuando el agua permanecía inevitablemente atada al cauce original. Nos dejó ser de manera respetuosa, pero disciplinada y crítica; jamás otorgando concesiones que demeritaran la esencia de la literatura.

Ulises Paniagua: “Lo que mejor he aprendido de Saúl es a vivir con la poesía a ras de tierra, a ensuciarme las manos con el barro de los versos; es decir, a escribir con la sencillez del hombre o de la mujer común. Yo lo quiero por su integridad, por su inalterable congruencia entre el decir y el hacer, por una postura clara y diáfana que permite conocer su mirada a pesar de las inclemencias del sistema”.

Judith Santopietro: “Ibargoyen es el Poeta y amigo de quien he bebido la poesía política y quien me adentró en la lectura minuciosa del Gilgamesh. Lo más valioso para mí es su amistad de poeta que canta siempre en toda circunstancia, incluso ahora en la decepcionante situación de este país”. 

Juan Carlos Castrillón: “Por la rica vastedad y la profundidad de su obra he apodado a Saúl Ibargoyen como el Tagore Latinoamericano. Valga la analogía para acercarnos al trabajo creativo de uno de los más importantes escritores en las últimas cuatro décadas, el poeta sembrador de poetas.  Cualquier libro suyo es siempre un deslumbramiento libertario ya que él supo apropiarse y potenciar la difícil receta de José Martí. Saber más que los demás, vivir humildemente y tener la compasión y la paciencia que los demás no tienen”.

Katia Palacios: “Tengo sus sabias palabras ensortijadas en los momentos de crisis: De lo que se trata es de salvar el pellejo, nena. Aprecio al maestro, pero también la charla solidaria del amigo que  responde chamánicamente y sabe querer desde la humanidad”.

 

Por Indran Amirthanayagam

 

IMG 0432

 

 

Me escribes preocupado por la falta

de un correo en más de un día,

nada de metáforas, de logros

laborales, de reflexiones sobre

un sexo que desaparece

en la hierba como un conejo

sorprendido. Ok, te escucho.

Es una imagen sagrada y no debo

sacarlo de la Pascua para

una reflexión cotidiana

de la falta de un abrazo,

un beso, un reconocimiento

de mis músculos trabajados.

Pero no todos los lectores son

fieles a las tradiciones católicas.

De hecho, se dice ahora

que algunos sacerdotes cazan

los feligreses en cada misa….

Dios. Qué ruta tomas

en tu caminata. Pare.

Reflexione bien. Somos

culpables, celosos, vanidosos

y un sacerdote como

cualquiera con poder

pueda ser tentado

por el diablo. Gracias a Dios,

tenemos ese diablo para

explicar nuestras tendencias.

Todo está en orden.

Las explicaciones.

los motivos, hasta

no escribirte ayer por falta

de ideas e imágenes.

Roma no fue construido

ni en una semana.

Te escribiré. Lo hago ahora.

 

dr) 22 de agosto, 2018

 

La revista realiza este pequeño reconocimiento a Saúl Ibargoyen, mas allá de su reconocida valía creativa, como poeta, narrador, ensayista y crítico social, Asimismo, pues fue un colaborador constante con nuestra publicación, nos acompañó como traductor de poemas del portugués, la entrega de poemas de su propia creación, a lo largo de estos 30 años y la colaboración de enlace con escritores de diferentes partes de nuestro continente.., Fue y es parte activa de la difusión literaria de Blanco Móvil .

Eduardo Mosches

 

 

VOZ INCESANTE EN LA PLUMA DE OTROS

 

Atisbaremos aquí algunas palabras sobre la palabra de Saúl Ibargoyen. Ensayos que sobre la obra del maestro fueron presentados en diversos foros. Iniciamos con algunos fragmentos de  la presentación que Ulises Paniagua, también discípulo del escriba uruguayo, hizo del libro “El escriba de pie”, en julio de 2013, y que nos muestra el impacto que la palabra de Saúl Ibargoyen origina en el lector desde la perspectiva filosófica abordando, también, la belleza de la fealdad en la obra ibargoyeana:

 

SOBRE EL ESCRIBA DE PIE Y OTROS VERSOS IMAGINADOS

Ulises Paniagua

2 de julio del 2013

 

La literatura latinoamericana de finales del siglo XX y principios del siglo XXI no puede explicarse sin la presencia poética y narrativa de Saúl Ibargoyen (aunque a algunos les pese); y en especial, no puede comprenderse sin los escribas, los bichos, los pelos y las salivas que el autor integra en su obra completa; y en particular en este poemario, que debe considerarse imprescindible para cualquier estudioso o franco lector de poesía. Los versos de Ibargoyen se atraen y complementan en la más fantástica de las entropías dentro de sus páginas.

Hay libros que dejan precedente, libros que se constituyen en símbolos, en estandartes de una causa, una idea, un desasosiego. El escriba de pie es uno de esos libros. Ignorarlo implicaría traicionar la contemporaneidad de las letras. Adentrarse en él, es internarse a la fascinación que produce leer los mejores sonetos de Quevedo, o contemplar los cuadros de Rembrandt o Gironella; sin  deslindarse de los tremendos claroscuros que podemos encontrar en la meditación interior a través de la poesía sufí, o sufí. Como referencia, acudamos al inicio de El escriba de pie:

No yo no soy el escriba ni el pintor / yo no soy el que manda en las palabras  / Mi nombre no fue encerrado en tinta mortal / mi nombre nunca fue borrado de la tierra.

DEFENSA.jpg

Hay tres referentes principales que constituyen el barro de estas letras. El primero, la inmensa carga espiritual en versos como: su puro nombre de paloma / nada tiene de canto… porque el nombre de paloma / nunca fue escrito aquí/  ni palabra alguna lo escribió… La más pura mística oriental.

El segundo, el cuestionamiento social en pasajes como éste: nunca he conocido…/ ni corrupción de desdentados funcionarios/ ni culpas de sacerdotes/ ni crímenes de estado / ni balanzas fraudulentas/ ni orinadas túnicas de rey… El grito rebelde de un librepensador en contra de las tiranías.

Finalmente, el planteamiento existencialista, al  más puro estilo de Sartre o de Simone de Beauvoir, al confesar: No soy el responsable / de que los astros tuvieran / vómitos de humo y fuego negro / ni de que la noche encerrara al mundo…/ No soy el escriba / ni sentado / ni en cuclillas / apenas balbuceante / apenas de pie. / Simplemente no pude mentir.

Una extraña concatenación de filosofías y conceptos, sin duda, las que se encuentran en la alquimia de Ibargoyen; pero en la profundidad y en la contradicción radica el encanto de su poesía. Por supuesto, la voz poética, este misterioso amanuense que se interna en el manejo de los elementos mencionados, integra a su propuesta otras tres virtudes, indispensables en los grandes poetas universales: la sinceridad, el oficio y el ritmo. La poesía de Saúl Ibargoyen nos remite de inmediato a esa honesta musicalidad del lenguaje, a ese canto acompasado que se gesta desde las hermanas tierras sudamericanas. Pocos como él para manejar el ritmo, un ritmo natural, una música libre y sin artificios.

También es importante destacar, en su obra, la eterna búsqueda del feísmo. Así podemos optar por llamarlo. No se trata de una fealdad burda, desafortunada; sino de la fealdad que permea su belleza a través de las más filosas pero perfectas espinas. Hablar de la estética de la espina, de la saliva, de lo pútrido que, en su oscura aparición, pertenece a la equilibrada maquinaria de la naturaleza y a la relación armónica de la vida y la descomposición: sarna de granito, vacas de basalto y pellejos partidos, chacales que fornican entre hierbas, espeso hilo de baba de araña, humo en coagulación; poros y pelos y gases y párpados son sólo algunas de las metáforas e imágenes que el poeta construye sobre esta línea.

Ibargoyen comprende y admira, con mirada científica, incluso, la muerte de todo aquello que perece. De lo que perece de forma natural, desde luego, porque, este combativo escriba se muestra firme en la lucha infatigable para derrocar las vanidades de los emperadores y la futilidad del poder que corrompe y aniquila al mundo; y sobre todo, se erige valiente contra el hambre y el exterminio globalizado, que nada comparten con la idea de la descomposición y las causas que rigen la vida y la muerte cotidianas en el planeta. En este sentido, se cuestiona en muchos versos, esta voz poética, el salvaje comportamiento de seres egoístas y asesinos. Ideas que se han forjado, sin duda, siguiendo las líneas de uno de sus autores favoritos, el Conde de Lautréamont.

Y el escriba, que nunca supo mentir, afinca su estilo en la preocupación perpetua de Lautréamont  de buscar en el hombre mayores virtudes, ajenas a los procesos dictatoriales, a la tortura, a los verdugos de hinchadas cuentas bancarias: ¿Qué poderes se alojan/ en el verbo poder?, nos dice la voz poética, ¿Alguien podrá respirar…/la ácida turbulencia del mundo?/ ¿Podrá multiplicar sus rentas de aire?/ ¿calcular las sumas de su estiércol?

El escriba de pie y otros poemas es un libro completo, redondo, que visita los confines de la entropía física, metafísica y social. Un viaje al microcosmos, al macrocosmos y a la cosmogonía interior del escriba… Vendría poco tiempo después la continuación de este poema, El escriba otra vez, como una persistencia, una obsesión que obligará a la voz poética a mostrarse de nuevo; esta vez asegurando: Yo soy otra vez el escriba de pie/ con un corazón que empieza a herrumbarse /  por decisión de los dioses interminables, en una continuación tan magnífica como el poema que dio motivo a su escritura.

&&&&&

En el 2010, Francesca Gargallo –escritora, feminista, activista, editora y docente- participó en el ciclo Protagonistas de la Literatura Mexicana, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, y realizado en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México el 28 de marzo de 2010 dedicado al maestro Ibargoyen. Ahí, Gargallo exploró la erótica faceta del poeta y su relación con la frontera lingüística entre el español y el portugués conocida como portuñol , así como también la experiencia y sino del migrante que tanto Gargallo como Ibargoyen conocían. La ponencia devela, en adición, la triquiñuela con que el maestro nos engañó durante algunos años con sus dos heterónimos: Muahmmud Ibn Al-Mahad y Mishiko Hado:

 

SAÚL IBARGOYEN, POETA DE UNA TÍMIDA Y DESMEDIDA ERÓTICA DE LA VERDAD 

Francesca Gargallo

marzo 2010

Cuando la realidad es desmedida, la poesía no tiene forma de ser equilibrada. El eros, que es pulsión de

 vida y canto necesitado de romper barreras, construye entonces el nexo entre lo final, lo extremo de nuestra experiencia humana: el amor y la muerte, la finalidad y el término, el objeto y su anulación. Pero a diferencia de lo que se cree normalmente, la relación amor y muerte no es sólo la que lleva a Tristán e Isolda a espirar una en los brazos del otro, es también la de la siembra en temporada de seca, es la búsqueda campesina de una semilla que desafíe al desierto o al huracán, es la pulsión de un mejor futuro, es la cotidianidad política del poeta que deja sus palabras para que la gente las haga germinar.

CON MARILUZ 2018.jpg
Tengo el honor de conocer a poetas que desafían la censura implícita en la fama comprada con rodeos. Entre ellos, Saúl Ibargoyen es el erótico pronunciador de las “s” de la vida: sangre, sudor, semen, saliva, sentimientos, saudade, sobrevivencia, suspiros, sonatas, sur son las palabras que pesan en sus poemas, en sus relatos, en sus novelas y aún en esos híbridos novelescos que recogen sus memorias.
Desmedido como quien se libera de lo desagradable permitiendo a la escritura soltar las verdades que se guardan, Saúl Ibargoyen es conocido como “la gran coneja de la poesía uruguaya” por su capacidad de parir literatura: 40 libros de poemas, tres novelas, cuatro recuentos de relatos, una obra teatral, diversas antologías, la impresionante reflexión ético-política-sicoanalítica y literaria contenida en Sangre en el sur. El fascismo es uno solo son la avalancha de escrituras que su fértil pluma nos regala para inscribirlo, y de paso inscribirnos como lectoras y lectores, en el lugar de la vida, en el aquí y ahora que se multiplica en la hondura de los recuerdos, el arrebato de la pasión, la intensidad de la mirada amante.
Y desmedido como quien ha podido cantarle al mundo mejor y al sujeto del deseo carnal, haciendo de ambos un único objeto inalcanzable del deseo, Saúl es también un poeta de la palabra oral. Ha teorizado sobre las “hablas” reales de los pueblos que viven sin reconocimiento pleno, y que la literatura sólo recoge cuando la censura de lo reconocido ya no puede soportarse. Hablas en ocasiones poéticas y, en otras, prosas crudas de las fronteras lingüísticas, las que dicen las flores en el náhuatl castellanizado de Puebla o expresan posiciones en el español brasileñizado de la frontera norte de Uruguay, su frontera, su lugar del habla primigenia, su lugar de políticas necesariamente internacionalistas porque locales.

En La sangre interminable, de 1982, novela que se ubica en la misma área de la frontera lingüística y política de los cuentos de Frontera de Joaquim Coluna, de 1975, Saúl monta, tal y como lo haría un director de teatro, una narración de política, amor y muerte mediante dolores heroicos y cotidianidades laborales que se resuelven en metáforas históricas. Utiliza palabras y situaciones para expresar que entre las habilidades de sus personajes y el significado de sus actos en un clima de represión policial totalizante, se inserta casi como si fuera un personaje insustituible un lenguaje tan coloquial como reinventado por la necesidad de darle grafía al habla de la existencia popular. En Noche de espadas, de 1987, los neologismos, regionalismos, sincretismos son nuevamente los personajes de la trama de una lengua capaz de incorporar una palabra en guaraní y otra en francés para reconstruir la historia mítica y real de un Uruguay que es, en sí, todo él una frontera. En Toda la Tierra, del 2000, la zona de la frontera entre Uruguay y Brasil sigue siendo desde México el espacio donde ubicar la lengua de la utopía de América, la lengua de un mercader musulmán, un cura campesino, todos con algo de indio y algo de migrante, con algo de negro y algo de culto, personajes de un habla que permite al autor inventar el derecho a ser de una compleja América nuestra para no errar en la repetición de lo consabido, según el mandato de Simón Rodríguez.

Así como consagra el habla en su prosa, de manera continua, sin ruptura de sentido, Saúl Ibargoyen se manifiesta como un poeta de la palabra vital en su labor de tallerista y periodista. Saúl es un educador nato. Es un maestro. Un hombre que narra porque sabe, que suelta la imagen en la palabra para explicar, para exponer, para proponer.

Saúl ha escuchado, formado, dialogado a centenares de poetas, despertando en algunas la poeticidad con sus propias palabras, y empujando a otras a no censurarse, a defenderse, a que nada ni nadie logre impedirles dar rienda a lo que las inscribe en el lugar de su ser. Se necesita el entusiasmo del adolescente, la fuerza del militante, la perseverancia del estudioso, el interés del enamorado, el cuidado del amigo, el todo aderezado de despreocupación por el bienestar económico y la atención por la humanidad de la otra persona para lograr una oralidad poética tan constructiva. En Nuevas destrucciones escribe cual quisiera darme la razón:

Alguien sí se adelantó a todos los tiempos

y dijo en su lengua de cantor trashumante

que haría un verso de nada

un verso tomado de palabra sin nacer

de sonidos de árboles partidos

y llanuras incendiadas…

sí aquellos sonidos del tercer verso

de este canto que el viejo cantor

y sus cenizas perdidas

no podrán escuchar

 

La existencia de una musa total no es cosa menor para este poeta que tiene dos heterónimos, un muy místico Mahmud islámico y un amistoso Mishiko Hudo, de sintoísta memoria, con que homenajear insistentemente a la mujer que pone en peligro la seguridad del hombre construido por la sociedad tanto como al poeta que la desafía. En una ocasión Saúl me dijo: “Cuando me enamoro no corro peligro, la imagen nunca es real. No hay musa real. Las musas concretas tienen capacidad de iluminación, pero no son físicamente definidas”.

TANGO NEGRO 2013.jpg

La realidad del exiliado es no poder entender cómo ha llegado donde está ni poder ser entendido a cabalidad porque entre él y el mundo nuevo que lo acoge se inserta una especie de espejo humeante –creo que esta imagen mexica de la realidad que despierta a la razón es muy concreta para describir a la emigrante, al exiliado-; de tal forma la expresión del exiliado es la del elemento poético que se devela sólo poco a poco, tras mucho hacerse del rogar. La expresión del exiliado es la de la timidez de la poesía, la timidez que desgarra el velo del silencio sólo gracias al ímpetu de la necesidad de decir para ser.

En El escriba de pie Saúl, con tímida desmesura, escribe:

Pero que oiga el que nunca escucha

que lea o adivine

el de los ojos innumerables:

tampoco ahora soy el escriba…

Sí puedo palpar el frío

deteniéndose en un corazón

que se contrae

entre cáscaras y élitros negros…

Oye tú que aún no encuentras

una casa sonora

para los ecos de tu boca subjetiva

ni cinco huecos en un tubo de hueso

o de caña o de barro

para que una lengua se disponga a soplar:

 

 

&&&&&

En el 2015, Saúl Ibargoyen me invitó a presentar, en la Casa del Poeta Ramón López Velarde, una hermosa edición de su libro “Gran Cambalache”. Un libro maquilado como en el siglo XIX, en una imprenta de tipos móviles donde cada letra es un paciente y meticuloso instante de tiempo que el formador deja en cada uno de estos libros como prueba de su, también, poético trabajo:

GRAN CAMBALACHE

Angélica Santa Olaya

Coyoacán, julio, 2015

 

Gran Cambalache es una bella cajita de Pandora donde podemos encontrar la voz poética de Saúl Ibargoyen, inconfundible, rotunda e infatigable, como ya la conocemos; pero manifestándose, esta vez, en una diversidad de formas poéticas que sorprenden y emocionan en un solo libro. No me refiero sólo a los hallazgos tales como un poema a ¿Dos voces? que es un diálogo poético de profundidad ontológica a la manera mayéutica de Sócrates donde la luz del autoconocimiento es producto del cuestionamiento y, aun dolorosamente, aparece a los ojos de la voz poética que decide no llorar. Tampoco aludo, sólo, a esos haikus que se manifiestan intempestivamente, como pequeñas y sabrosas gotas de agua, casi en la parte final del libro. Me refiero también a los reencuentros con algunos poemas ya clásicos y bien conocidos por nosotros, los que seguimos y apreciamos la prolífica obra del maestro Ibargoyen, como lo son El escriba otra vez, cauda resplandeciente de ese bello libro titulado El escriba de pie o el ya también, por él cantado, en diversos foros y momentos y que le da nombre a este libro: Gran Cambalache; homenaje dedicado al músico argentino Enrique Santos Discépolo. Porque al poeta le gusta el tango y el candombe y la milonga como a todo buen uruguayo. Y entre sus tangos preferidos estaba el Cambalache porque su letra, al igual que los versos de Ibargoyen, es universal y atemporal en su incisiva lanza contra la miseria humana.

Gran Cambalache es una joya literaria no sólo por su contenido.  El papel, la tinta roja, las letras que hablan al tacto de los dedos ofreciendo sus pequeños canales y barrigas de papel son testimonio del tremendo cuidado y amor que este libro entraña. Texturas, colores, olores y detalles que delatan una acicalada elaboración que se convierte en delicia para el sibarita amante de la literatura.

CON ANGÉLICA SANTA OLAYA mayo 2015.jpg

El tango Cambalache  fue escrito en 1934 y es un lamento que se vierte sobre los acontecimientos de la Argentina de entonces denominados la Década Infame, inaugurada y clausurada por dos golpes de estado, y durante la cual las condiciones político económicas de la población fueron precarias debido a los pactos realizados con el Reino Unido que promovieron el desarrollo industrial y, con él, la migración de población campesina a las ciudades. Proceso también conocido en México más o menos en la misma época. Es así que el Cambalache fue escrito poco después de una dictadura, la de José Félix Uriburu, que dejó al país sumido en una gran depresión, y represión, económica y, obviamente, moral. Entre las represiones sufridas se encontraba la del lenguaje lunfardo y las expresiones populares que referían críticamente a la ya mencionada Década Infame. De modo que el tango fue censurado.

No es una casualidad que este libro se llame Gran Cambalache. Parte de la letra de este tango dice, proféticamente: Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé… en el quinientos seis y en el dos mil también… pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcados en un merengue…  Llegó el dos mil y estamos en el 2015 y el gran merengue continúa a todo lo que da, no sólo en México y Argentina, sino en todo el mundo, como bien lo cantaba Discépolo. ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!… ¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!, dice la letra de este tango, y hasta presidente, juez o actor. Porque antes la actuación era parte de la política; ahora son, literalmente, lo mismo, aunque de pésima calidad y sin conocimiento en ambos temas.

El Gran Cambalache de Saúl Ibargoyen comienza con una serie de definiciones de la palabra “cambalache”: Confusión, trueque de poco valor, mitote (esta me gusta mucho porque es muy mexicana y la aprendí desde que era una niña). Y otras más sofisticadas como: “coyuntura social no clasificable” o “mezcla híbrida de tendencias ideológicas o estéticas”, para aterrizar en “mamarracho cultural, político o religioso”. Es decir, un ecléctico, y nada inocente, desmadre. Justo como nuestras sociedades actuales.

Así pues, este conmovedor y poético Gran Cambalache, se ocupa, también de los desmadres que el mundo vive actualmente. La temática no es de sorprender conociendo al poeta Ibargoyen, siempre preocupado por los temas sociales y el estado interior de los hombres que los propician o lo sufren. De este modo, encontramos en este libro poemas llenos de preguntas que no sólo son lamento sino también provocación al bien vivir, a la esperanza:

¿Por qué descender llorando / el espacio que subimos a plena carcajada? / No dejemos que una sucia altura nos domine:... / no que las aguas de un gran río / ensanchen su negror de roncos esqueletos.

 

El poeta sabe que las preguntas son abismos en los que el hombre arriesga la cordura a cambio de un leve resplandor que guíe sus inciertos pasos. Pasamos la vida preguntándonos, extraviándonos, merodeando las verijas de la oscuridad donde habita la duda sólo para darnos cuenta de que somos simples ausencias defenestradas y buscándose. El libro, todo, en sus diversas posibilidades expresivas, es un gran cambalache de preguntas y respuestas que, no como un desmadre, sí como un diálogo, nos conduce de la mano de la poiesis del lenguaje por las veredas de la memoria colectiva e individual de nuestro desmadre material y espiritual.

Lo que importa en la poesía no es la plasticidad en sí, sino la imagen plena de acaeceres, henchida de vibración, dice Johannes Pfeiffer. Y la poesía de Saúl ibargoyen es precisamente imagen que vibra, a veces con rudeza, a veces con áspera ternura, al cobijo de la forma que es, más bien, el pretexto para que el Ser exprese las íntimas inquietudes del alma. Y esas inquietudes, en el caso del maestro, son casi siempre colectivas. Se ocupan del otro y del paisaje en el que ese otro encuentra el espacio de su fenomenología intuitiva y cosmogónica. Ese espacio que, consciente o inconscientemente, ha convertido en el patíbulo donde, día a día, sucede un Suicidio Anunciado, como se titula uno de los poemas más duros en el que nadie ve el rostro de una mujer diluyéndose peligrosamente en las calles de una ciudad horrible donde caminar puede significar buscar la tumba, en una vereda, acera o banqueta, sin saberlo. Este poema me causa una gran impresión reflexiva pues los acontecimientos mundiales de los últimos tiempos me han llevado a pensar en un suicidio terráqueo globalizado. Porque una sociedad que violenta, tortura y asesina a sus mujeres, a sus niños y a sus ancianos, es una sociedad que se está suicidando. Sin mujeres y sin niños no hay futuro. Y sin ancianos no hay memoria. ¿Qué quedará entonces? ¿Un ejército de robots que trabajan y repiten: Sí señor.  Sí señor., esperando el momento de la muerte antes de la tercera edad para no causar más sangrías a los bolsillos de los patrones con sus improductivas y enfermas ancianidades? Las ciudades son monstruos donde, hoy, todos somos extranjeros de la propia tierra, e incluso de nosotros mismos, sumidos en el pasivo conformismo de la incertidumbre que degüella la razón:

-¿Escuchas el combate del silencio / en el levantado aire de la cafetería?

-No, sólo puedo oír lo que tú no escuchas.

-¿No estoy aquí? ¿O existo como ausente?

-No te oigo. Ya te fuiste. Tu sombra en el suelo dejó una marca de café.

Sólo eres lo que en algún sitio / tu ausencia recuerda de ti mismo//

-Nada oigo. No importa. Sin pedir permiso / pasaré ahora al cuarto de aseo / y

derrotado el pantalón / me sentaré en el retrete / y no lloraré.”

La poética del espacio, como diría Gaston Bachelard, de este Gran Cambalache es el mundo. No sólo Argentina, Uruguay, México, Palestina, Israel, o Egipto. De hecho, el espacio poético es el Ser que se cuestiona y nos cuestiona con poemas fallidos o tangos fracasados. Es ese plato donde esperan las uvas, ese camino que sueñan los huaraches, esa piedra en que se disfraza la tortuga, el árbol, los perros, la copa, el viento, la noche o la niña cuyas lágrimas alguien de nosotros tendrá que cantar con toda su violencia se convierten en el numen que posibilita la frágil palabra y su cauda de letras con que el escriba, otra vez, nos recuerda que Quieren borrar el sudor de las naciones y que nos pregunta si están cantando los cantores. Hay que estar atentos, porque cantar es el recurso y el arma del que no olvida. Del que se pone en pie, con sus dos voces y su cargamento de preguntas a cuestas y, pluma en mano, sencillamente canta, aunque sepa que Siempre es difícil hablar como cantando.

Las canciones de este Gran Cambalache están llenas de vibraciones que nacen y estallan en el otro quien, en su infinita multiplicidad, posibilita al yo. Lo universal, finalmente, será siempre lo particular, pero para llegar al sitio del encuentro hay que caballear animaleando / entre células que agonizan / entre mojadas palabras y bostezos / entre anchas hojas que protegen / el roncar sagrado de la especie.

Un libro que nos retorna al origen y nos invita a cantar el perfumado vapor de la oscura transparencia.

 

Por Maximiliano Cid del Prado

 

38208473_10216386586438848_437379845719064576_o.jpg

 

 

Veo tu desnudez como un océano abierto

donde el sol se clava en la materia

en una costra de luz sobre el azul que arde.

¿Sabrá el mar en su infinito tiempo

el número de todos los seres

que se amaron en sus aguas?

O esta perfecta progresión de números

que va de la primera estrella que brilló en la oscuridad

hasta esa gigante y soberbia

que nos da la vida

y se alegra cuando nos encuentra amándonos

en esta innumerable sal de calcio

que te hace brillar como una estrella muerta

orbitando en la costa.

 

 

La revista realiza este pequeño reconocimiento a Saúl Ibargoyen, mas allá de su reconocida valía creativa, como poeta, narrador, ensayista y crítico social, Asimismo, pues fue un colaborador constante con nuestra publicación, nos acompañó como traductor de poemas del portugués, la entrega de poemas de su propia creación, a lo largo de estos 30 años y la colaboración de enlace con escritores de diferentes partes de nuestro continente.., Fue y es parte activa de la difusión literaria de Blanco Móvil .

Eduardo Mosches

 

A REGAR CENIZAS enero 13 2019.jpg

 

SAÚL IBARGOYEN

 

La vasta y reconocida trayectoria del maestro Saúl Ibargoyen -poeta, novelista, cuentista, editor, dramaturgo, ensayista, docente, periodista y traductor- de origen uruguayo mexicano está plasmada en un centenar de publicaciones que quedan como legado para la literatura latinoamericana.  Entre ellas destacan Soñar la muerte (1994), El escriba de pie (2003) con el cual obtuvo el Premio Nacional Carlos Pellicer para obra publicada en 2002, ¿Palabras? (2006) que lo hizo acreedor al Premio Nacional de Poesía Juegos Florales de San Juan del Río en 2004, Sangre en el Sur (2007)  y Gran Cambalache de 2013. En 2008 el poeta fue nombrado miembro de la Academia de las Letras de Uruguay, su país de origen, donde recibió, también, varios premios y reconocimientos que pueden consultarse en la página Palabra Virtual donde, también, encontraremos poemas de Ibargoyen en su propia voz.

Saúl fue integrante de la llamada “Generación de la Crisis”, ubicada en Uruguay, entre los años 50 y 60 del siglo XX y radicó en México desde 1976 obteniendo la nacionalidad mexicana en 2001. Fue maestro de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México, SOGEM y director de numerosos curos y talleres literarios en México y Latinoamérica (Taller Juntaversos el más reciente), fungió como editor de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea y Subdirector de la Revista Plural. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad “Monseñor Oscar Romero” de El Salvador colaboró en la edición electrónica de la antología 43 poetas por Ayotzinapa publicada en 2015. Recibió el Bastón de Mando de los Pueblos Originarios en el estado de Hidalgo. Su obra fue traducida al inglés, ruso, francés, polaco, coreano, portugués, bielorruso, rumano, árabe, alemán, esloveno, croata, italiano y neerlandés

CANTANDO TANGO.jpg

 

ALADA PRESUNCIÓN DE LA SEMILLA

Angélica Santa Olaya

Coyoacán, 13 enero 2019

 

El conocimiento absoluto, no existe, pero hay que buscarlo… Quizá el amor tampoco exista, pero hay que buscarlo, dijo Saúl aquel día mientras hojeábamos libros de poesía y conversábamos de la insustancialidad de las certezas y de la dolorosa materialidad de la injusticia en la intimidad de su estudio, acogidos por la impaciente tibieza de las palabras que asomaban por entre los lomos polvorientos o lustrosos desde los altos libreros de la pequeña habitación.

Me gustaron tanto estas frases que las escribí de inmediato en la memoria de las cosas sustanciales. Faltaba espacio para almacenar tantas sabias y amorosas palabras germinadas por su boca de vate irredento, auténtico hasta la crudeza, terco en su colectivo pensar, amoroso en su áspera, pero límpida ternura. Conversar con Saúl Ibargoyen era beber de una fuente inagotable de sabiduría. Su memoria prodigiosa, la cual conservó hasta el último momento de conciencia, tenía la lucidez y el brillo de una necia luciérnaga que alumbra la oscura realidad.

Saúl tenía la fragilidad física de una libélula y su misma agilidad. Iba de un lado a otro sin cesar a todos los lugares donde la palabra pudiese habitar y ser construida. Volaba de un lado a otro del mundo dejando en el soplo de sus alas el mágico aliento de la poesía verdadera. Esa que sólo existe en los seres que no fingen, que lo dicen todo sin importar las consecuencias.

No soy el escriba

ni sentado

ni en cuclillas

apenas balbuceante

apenas de pie.

Simplemente no pude mentir.

 

Saúl Ibargoyen no le mentía a la poesía porque sabía que ella era su amante más fiel. Entre sus palabras preferidas estaba “pellejo”. Esta palabra y sus derivados son una constante en la obra de Saúl y tengo la impresión de que cada pellejo nombrado por el poeta es precisamente esa piel de la que él se desprende para mostrarse ante los demás a través de su palabra.  Esa cubierta, cáscara o escama, como también le llama, que parecemos ser y que con frecuencia se aleja de las profundidades. Con ella, el entrañable maestro nos alerta acerca de esa apariencia que puede resecarse, desgarrarse o incluso partir y abandonarnos dejando lo esencial intacto. Como la cáscara que cubre la carne jugosa, no siempre gustosa, de un fruto pero que, sin lugar a dudas, constituye la sustancia de su ser y a la que hay que llegar para conocerse.  

Saúl Ibargoyen escribió y escribió, caminó y caminó por los despellejados y violentos territorios de este planeta sin soltar la pluma.  Cada poema, cada cuento, cada novela, cada testimonio, es un intento de conocimiento y autoexplicación.  Cada verso y cada línea la confirmación de que no pudo detenerse en el camino porque es un “animal incesante” que nos regala, paso a paso, la belleza y profundidad de su palabra que invoca los pellejos de todos los lectores, escuchas y aprendices.

Por eso Juan Gelman, quien compartió con él la dura experiencia del exilio además de la amistad, decía que Saúl era un “poeta original” que “suele padecer el embate del silencio que le dedican quienes están afiliados a lo novedoso y no atienden a lo sustancial.”  La palabra de Ibargoyen no fue vacua ni cumplió mandatos de silencio acerca de lo esencial que es, siempre, lo que a todos atañe. Por eso a veces el atronador silencio a su alrededor, por eso la cruenta cáscara de la indiferencia que de soslayo lo miraba, a veces, como se mira la verdad que padece de impudores. Las rasposas “pellejas” en las letras de Saúl no eran tersas y a veces rezumaban mostrando los agrios jugos en que dormita la indolencia. Palabras no aptas para oídos sordos guardados en la caja de las canonjías. Palabras que para el poeta eran un instrumento social. La firmeza de su ideología política marxista-leninista aderezada con el budismo y el sufismo, no era un abalorio sino la viva encarnación de la dolencia por el otro.  En ella no cabía el individualismo ni la falta de amor y esa membrana, tejida con el pensamiento y el sentimiento más desnudos, lo cubrió siempre con la luz que pertenece a los seres que esparcen su vital esencia con la sencilla generosidad de la semilla.

FUTBOLISTA.jpg

El poeta Fernando Corona lo ha nombrado, sin titubeos, “el poeta más poeta” porque él y su palabra, entes indisolubles, perennes animales incesantes, eran Poesía. Cuando lo escrito va de la mano de lo andado no hay diferencia entre el poeta y su verso. Imposible distinguir al uno sin el otro. La poesía de Saúl Ibargoyen es inconfundible porque lleva el sello de la autenticidad y de la intensidad con que eróticamente, en el amplio sentido del término, exorcizaba la prolija turbiedad de lo inmóvil. Y, sin embargo, reconocía la belleza aún en lo confuso. Sacaba el agua de la piedra con su cincel de escriba terco que ha decidido grabar su huella indeleble. Y con esa misma humildad del escriba que sólo tiene cincel y corazón, dejó luminosos rastros forjados con recuerdos como hacen los grandes poetas con la tierra que los vio pasar.

 Para Angélica de su presunto maestro y amigo, Saúl Ibargoyen solía firmar -abrazos más, abrazos menos- los libros que me regalaba subrayando, con el “presunto”, la vulnerabilidad de la certeza que en él era cualidad y no defecto. Cuando escribió “Para la amiga y colega” mi corazón dio un vuelco porque sabía que él no hablaba de más ni perseguía la facilidad de algunas sonrisas triviales. Si alguna palabra, sobre mi palabra, creí con la certeza de estar viendo la luz, fue la de él. Porque cuando tuvo que sustituir la sonrisa por el gesto adusto para señalar el abrojo lo hizo y cuando tuvo que empujar el carro de la ajena indecisión lo hizo también con la férrea disciplina que tan bien sabía combinar con la claridad de sus afectos. Corregirnos sin dejar de hacernos sentir su cariño fue uno de sus grandes regalos.

Recuerdo que, al terminar el diplomado de Creación Literaria en la SOGEM, el cual cursé del 2004 al 2006, el maestro invitó, al terminar la última clase, a un pequeño grupo de alumnos, yo entre ellos, a conformar un taller fuera de aulas que, junto con sus enseñanzas anteriores, sentó las bases de mi quehacer literario. Desde ese momento se convirtió en mi guía, en mi gurú. Cuando publiqué mi segundo libro, “El lado oscuro del espejo”, tuve la ocurrencia de solicitar el prólogo de un renombrado poeta que en el texto más bien descalificaba mi trabajo. Totalmente confundida y triste, acudí a mi maestro y le pedí que me diera su opinión y la verdad porque, mi juventud y mi corto camino en el mundo literario, me hicieron trastabillar y contemplar la posibilidad de abandonar el intento de ser escritora. Cuando me llamó, luego de haber leído el libro, dijo: “Tengo que hacerte algunas indicaciones”. Temblé.  Al llegar me señaló una coma de más, un punto y el traslado de un verso a otro lugar del poema donde la música era mejor. Criticó mis tres puntos suspensivos que nunca le gustaron y que son mi maña. “Pero, ¿es publicable?”, pregunté aún incrédula. Me miró fijamente y dijo: “¡Por supuesto que es publicable! ¿Por qué no habría de serlo?” Y escribió la contraportada poniendo el calor de su mano en el hombro de mi temor. Nunca le mencioné el susodicho prólogo. Y, entonces, más que nunca, seguí con toda atención y  hambre sus enseñanzas que no sólo eran literarias, sino principalmente, de vida. La congruencia, la generosidad, la sensibilidad le eran inevitables.

Saúl Ibargoyen sufrió, física y psicológicamente, los golpes del poder desmesurado que transforma a los hombres en bestias indolentes y altaneras.  En junio del 2014, la UNACAR, Universidad Autónoma del Carmen, Campeche, rindió al maestro Ibargoyen uno de los numerosos homenajes de que fue sujeto. Ahí tuve el honor de proporcionar un acercamiento, al público carmelita, sobre su obra y su relación con las cruentas vivencias experimentadas durante la dictadura que propició su exilio en México donde permaneció 43 años hasta su muerte.

El poeta luchó, decenas de años, contra la indolencia y contra los estragos del exceso de poder no solamente desde su literatura en libros como Poesía política, Volver volver o Sangre en el Sur, por ejemplo.  Saúl es admirable porque luchó esgrimiendo la pluma para denunciar las desgracias del abuso de poder en las sociedades y también luchó, de manera directa y personal, en la construcción de una opción de gobierno mejor para las sociedades latinoamericanas. Sólo quien ha vivido en carne propia la tortura y el encarcelamiento, sólo quien sabe lo que es la huida en medio de la noche evadiendo al enemigo, sólo quien ha amado a un país, a una mujer, a un amigo, a un hermano o a una causa con la pasión con que Saúl lo hizo puede escribir desde el corazón el manifiesto amoroso, bien arraigado en la tierra, que lo echó al mundo. Un legado que Saúl desgranó, palabra a palabra, semilla a semilla, a lo largo de los años en su obra literaria. 

LEYENDO 2012.jpg

Pero no por esgrimir la pluma como arma se olvidó de amar y cantar a la mujer. Saúl no sólo cantó a la dolencia y al deseo de justicia en el mundo. Amó y cantó a las mujeres que, sin saberlo, paren a veces a los monstruos y a sus víctimas. Les cantó porque son el origen de la esperanza que el poeta tanto busca en los entresijos de las letras. El poeta ama la justicia de la palabra y de las mujeres al crear vida y materia con el amor. Las ama y les canta a todas. A las amorosas, a las malditas, a las polvorientas, a las solísimas, a las enviejadas, a las llorosas, a las eróticas, a las hermosas, a las sacerdotisas, a las extranjeras, a las doncellas, a las deshojadas, a las que viajan en avión y a las encalzonadas. Todas las mujeres y sus empellejados encantos fueron inspiración para la pluma del escriba que canta de pie a su diversa magia en libros como Poemas con amor, Erótica mía, Maldita mía o La musa en calzones.

 

Saúl Ibargoyen es un escritor mayor no sólo por la multiplicidad de sus temas sino por la variedad de géneros literarios que produjo. Novela, poesía, cuento, ensayo, testimonio. Además de ser periodista, traductor, editor, jurado, congresista, conferencista, prologuista, colofonista, incluso presentador de presuntos escritores árabes, activista y, por supuesto, Maestro. Un maestro generoso que compartió su sabiduría y su conocimiento; porque sabiduría y conocimiento no son lo mismo. Sabiduría es más que conocimiento, es intuición, es emoción, es corazón. Yo seguí su huella con fiel interés y amoroso respeto porque no sólo compartió conmigo su saber y conocimiento, sino porque fungió como discreto impulsor-catalizador de mi andar por el difícil mundo literario. De él he recibí no sólo la herramienta y la técnica, sino también la intención del conocimiento propio y de la otredad. Lo más valioso que Saúl me regaló, aparte de su amistad, es la conciencia de la otredad. Saúl no es un escritor del sólo si mismo. Su conciencia colectiva va de la mano de su experiencia y su grandeza humana.

Él, el Poeta. El despellejado que no duerme, el animal incesante, el palabrero de todos los abismos y todas las fronteras, el Escriba de pie que nos enseñó su peculiar y poético  modo de estar y tratar de ser en el mundo, o en la realidad, que es más pequeña que el mundo para nunca olvidar quién se es, junto a la musa, o el muso, que a veces andan por ahí rondando y cantando sus heridas en calzones.

 

 

Les invitamos a escuchar esta conversación de un homenaje realizado al poeta Saúl Ibargoyen publicada en la página Código CDMX

"Primera parte de un homenaje al poeta Saúl Ibargoyen, con la participación de los poetas Eduardo Mosches y Angélica Santaolaya. Lectura de la obra lírica de Saúl y comentarios sobre su trabajo literario y su vida en indeclinable rebelión, en la frontera, en el camino, en el viaje, en la amorosa escritura, en la amorosa entrega."

http://www.codigoradio.cultura.cdmx.gob.mx/index.php/podcast/saul-ibargoyen-i/

 

Por Indran Amirthanayagam

 

IMG 0432

 

 

 

Me dices que ayer la tierra vio un eclipse

y será propicio esta mañana comprar una planta

e introducirla en la casa, al mediodía. Me va a

traer buena fortuna. Me va a sanar los males

psicológicas, me va a hacer feliz cuidandola.

O puede ser igual una mascota, y así seré responsable

de la vida de otro ser vivo. No está mal, enseñar

ser generoso, buscar alimentos, hacer la limpieza.

Y ya sabes lo que que recibiré, ese amor, esos ojos,

esas flores abriendo a la luz. No lo pierdes. Sal.

Busca tu planta, mascota, novia, piedra preciosa,

el poemario de tu padre, aquel que te dio

luz verde, cuyo poeta revisó tus primeros versos

y te presentó con sus amigos, con aquel otro papa,

el barbudo Allen G. Qué suerte y fortuna vives

por haber ido esta mañana a buscar una planta.

 

dr) 11 de agosto, 2018

 

Por Indran Amirthanayagam

 

IMG 0432

 

 

 

¡Para! Ya no más en inglés, al menos para hoy.

El español sigue circulando en mis venas

desde mi renacimiento en la ciudad que se llamaba

el Distrito Federal en aquella primavera del fin

del siglo cuando se escribía todavía en cuadernos

con lápiz, y los poetas andaban por las calles

y en los peseros al acecho de la frase al oído

para iniciar sus poemas. Espera, imagino

que los jóvenes poetas escuchan también

el uno al otro--buey, que chingón, hijole,

hijo de puta. Me late fue la frase que aprendí

fumar como tabaco, beber como leche,

en aquella 1999 cuando José Emilio escribía

todavía en Progreso 63 y solía venir

a comer conmigo en un bistró neoyorquino

al lado de la embajada. Siempre le agradezco

aquel gesto generoso del poeta veracruzano,

llegar adonde estuve yo él que podría

haberme recibido con su dedazo

en algún trono. Fue un hombre sencillo

como los grandes de otros lares

y disciplinas, un caballero

como el presidente que hoy

se celebra su funeral.

 

c) 4 de diciembre, 2018

Numero actual

PORTADA BM 141142 .jpg