Pequeño cerdo feminista

Adán Echeverría




Todo me está negado.

Luis Alberto de Cuenca





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Insistes en decir que te parezco increíble.

Increíble mi furia Increíble mi aliento

Increíble el lucero que anuncia mi debacle cada madrugada

como si la luna se cansara de esperar entre mis piernas

y bailara esa música negra que sale de las contaminaciones del jazz

o del marco apócrifo en que no pudimos nunca jamás desenvolvernos

Las noches son apenas un supositorio para tanto sueño perdido

a veces venimos de dos en dos y nos quedamos corpóreos

como amedrentados por los alucinógenos

en esa noche de gatos que se arrastran sobre las celosías de las farmacias

y como si tu padre no nos estuviera persiguiendo con sus camionetas

y sus guardaespaldas

¡Qué bonito!

E insistes en que te parezco tierno

y que me vas a decir duerme duerme negrito

como si se lo dijeras al nuevo ratón de la luna anaranjada

con mi cabeza sobre tu corazón la camisa sudada y abierta

los llorosos dientes de la sin razón que aguarda tu seno cual crisálida

para mis desleídos abrojos

Tú metida en el drenaje

con los párpados morados y la cantimplora a todo lo que da

Levanta la barbilla levántala bien para que la gota blanca

quede prendida en el centro de tu lengua

Abre los ojos y mírame desde esas alturas

arrodillada perla blanca blanquísima irradiando la locura de un presagio

cuando las cejas acaban por sangrar en cada una de las credenciales

y no hay pudores nácar que nos evidencien

más allá de los lunes y los martes en el desempleo

de aquellos días de junio cuando nos enamoramos al mismo tiempo

o decidimos que las noches no iban a faltar porque éramos ángeles

que se embriagan de pieles besos y pieles y aquellos pequeños excesos

que siempre dijimos nos iban a doler en las entrañas

¿Tienes hambre? preguntabas

como si el pulpo de tu mirada no terminara por saber

de la noche parda porque  parduzcos nos hemos vuelto a socorrer

para los nuevos dientes de la camarera

Ellos han vuelto y de nuevo les dices que sí

que eres la verdadera reina de las confidencias

la que salta desde la cornisa sin el rencor cintilando látigos

porque los días de granizo no hay descanso para las mordidas

e insistes en que soy un poco rincón luminiscente augurio

hecho de pequeños cerdos que siempre has soñado en tu costado

debajo de tu cama en tus relicarios multicolor

debajo de las veladoras y las agujas de emociones exactas

No podremos parar Ni para desangrar de nuevo

porque si ven un listón más alto ellos preguntaran por qué

Que dónde está aquel ebrio Que dónde lo has metido

Se preguntarán por qué venir a socorrerte si siempre

acabas por saltar de precipicios nuevos

eléctrico tu canto y las alas desplegadas de diamantes

nuevos cortes de cabello la barba y aquello de la luz clareando en derredor

No podrán comprender tu raciocinio amor de unicornios y estrellas puntiagudas

que se remojan siempre las puntas de dos en dos

y por tus muslos solo las lampreas de mi desesperación habitan

Y dirás que hace días no me has visto

Y que aquel pequeño cerdo feminista que tanto ha doblegado tu interior

tu mutilado adiós a la familia tu irreconocible intelecto de niña de sala

de niebla y oscuro lunar y diablo encarnizado al rojo vivo

morado por la superioridad de los bemoles de la angustia

ha enrojecido de violencias los colores del sudor y a tiempo

pero contigo no

contigo todo es un adiós sincero por las madrugadas

y el limón cae en todas las heridas

los besos en los párpados y la cuna del abrigo

ahí en el hueco de mi pecho donde siempre ronroneas

tu voluntad

Ellos lo saben

Tú te has valido sola para soportar el amor como las tormentas

impúdica y revolucionaria como las nuevas quimeras del siglo XXI

como las tantas mágicas sonrisas en que te descompones en lodos y láminas

dispuesta a guardar la esencia de mi nombre en los perfumes de tu carne

y proteger mis actos Porque eres tú la dueña

La que todo lo puede en la punta del tacón y el cenicero

la reina de las confidencias de todo amanecer

Acá está mi brazo otra vez     mulata

ven a sangrarme de nuevo las violencias del dilatado párpado

No cerraré los ojos nuevamente

quedaré encandilado por tu platinada radiación

mientras la luz se abre y tu lengua esparce la maravilla

Ven a cubrir de algas todos mis rincones con tus labios de anémona

como si no hubiera más dolor que regalarte en cada uno de los abandonos

Insistes y eres la insistencia hecha sombra hecha grito hecha de todo argumento

maquinaria de sueños y réplica empoderada hacia los adioses de antiguas familias

sumidas en las cuevas lunares

en las que siempre hemos de poder reconciliarnos

Vacíos y envilecidos y

felices y entrelazados muslos abdomen puños abiertos

noche tráfago

escalar la madrugada de lamentos que ya no nos importan

En el azul el día en un silbido

donde se cortan los espejos y todos diremos que

la libertad pueden metérsela en

Y habremos de escapar una y otra vez las veces necesarias

para que la dulzura en nuestros cortes y en el fuego de tu amor sea acaso un poco

silencio oscuro

y mal de ojo el aquelarre de no poder ser buenos

como las santas costumbres de los viejos paradigmas de sombras

hacia donde nos quieren conducir

Hay los días y hay los tiempos lúgubres para poder discutir

y aquello de ‘habremos’ no se ha preconizado en la voluntad y no hay disculpa

A qué pedirles a los demás que acepten nuestra luzcuridad inmediata

Las palmas que nos hemos entregado Las mordidas descompuestas

siempre advenedizas

en el rigor de no transparentarse

el peso de nuestra memoria el calamar que se abre

en nuestros pezones perforados

No sabrás de nuevas distancias para poder reconciliar los tiempos y los días

si las tardes de ayer vienen de nuevo a mordernos los tobillos

como fastuosos grilletes de otros oros de la edad media en la que no sabíamos

del placer que causa amar las mordidas de nuestros omóplatos

¿nos dejarán en paz alguna vez?

Ven a verme en esta calavera

cuerpo de cerdo habitación de cerdo palurdo cerdo agrio que soy al revolverme

cual si fueras apenas un refugio

que surge de este raciocinio inmediato

Quítame los pergaminos para no contaminarte

Seremos la insistencia en la cordura

El pájaro a medio camino y la enramada de los puños

praderas para poder volver a ti o que tú corras y escapes

en la furia de los días por venir

donde te he depositado

Yo te esperaré porque estoy arrinconado en tu memoria

y de nada sirve que me filtre en nuevas iridiscencias

en otros claroscuros si en los tantos brillos de tu carne

va mi salivar amargo

los ahorradores de silencios en que desesperas todavía

Ellos siguen ya la cacería de mi cuerpo y tú

insistes con miradas agrias

para esconder mi estrella preferida mi todo parpadeo por la luz de tu locura

Me he quedado sin ojos en alguna edad remota como pez multicolor

Diafragma serpentino arcoiridistinto y malcriado por ti mujer alabardera

Solicitante pátrida voluntariosa de muslos recónditos y milagrería

de espacios

siempre tan precisos en tu insistencia de buenas voluntades

Estaremos acá desnudos tirados en los basureros sociales

en los manantiales de espejos que forman los antros todos

en aquellas madrugadas citadinas donde el mercurial penetra nuestros corazones

y la música es un cataplasma donde agitamos la carne en pos de algún silencio

para nuestros cuerpos amarrados en el infinito de estar juntos contra el mundo

y las patrullas siguen su aterida persecución de infancias que ya se nos van olvidando

quedan arrastradas cual estelas de mugre detrás de nuestros espejismos

detrás de las pastillas los condones y tanta jeringa de puntas oxidadas

somos apenas un nublado espectro en que volcarnos

el uno contra el otro divididos ya en la historia pertinaz de la memoria social

Ellos lo han estimulado tú lo has escarbado en mi espalda en mi nuca calavera

Y yo quedaré anochecido en aquellas primeras voces cuando

duradera tú insistías en que yo era

la maldita maravilla

 

Madrugar sobre cerdos.

Hay silencios que siempre esperan detrás de las barreras del sol

hay colores afrodisiacos colores andróginos

colores que apaciguan los dientes de la violencia

y está el rosa color cerdo

que salta de cama en cama sobre cuerpos lustrosos

Rosados cuerpos de hadas y los cerdos desleídos

que se emborronan por los marcos de las ventanas

en las cabeceras de las camas

en los burós como teléfonos descolgados

las botas bajo colchones y algunos dientes apenas

pizcando sueños en el aire angustiado

de las alucinadas hembras

que cantan de luz en luz

y parpadean apenas el oscuro trébol

en el que dejan los muslos

por si acaso.




Soñar cerdos cotidianos.

Amanece una nueva ciudad cada ciudad cada fresca ciudad gris multicolor

Los edificios abandonados en corbatas tacones rojos y pintalabios

que no terminan de dormir

Se sirven desayunos a prisa montados en las bicicletas

y ellos salen a correr la milla

Como si esperaran trashumar lo cerdo en alguna carretera

Como si lo cerdo apagara sus latidos

Las jóvenes publicistas cantan en los almanaques

y los apátridas van colgados del tranvía

La noche sueña que el día pudo doblegarlos

Que la casa de moneda se ha extraviado y que todo apenas

es la poesía del momento

Corren los cerdos con sus rabitos rosados

y ellas que se enamoran de dos en dos de tres en tres

del mismo descarado cerdo que les abre las compuertas del amor




Cerdos trepadores hieden.

Los multifamiliares apilados en caricias y tendederos

acá se escucha la música de la flauta y el taconeo de aquellas coristas

que apenas regresan para conciliar el sueño diluido en algún reclamo

desde el aparador desde la bocina del teléfono desde el colchón sin premura

Los cerdos las esperan con las espinilleras puestas a un lado de la hamaca

los elevadores no son apenas un espacio para el desamor

lágrimas en cada piso en todo ladrillo escurriendo en las paredes

borroneando las fotografías de algunas victorias antiguas ya

Y los cigarros se apresuran a elevarse a escondidas de las alarmas de humo

Seamos la humareda de otra nueva persecución

Ellas han traído el desayuno para despertar a su cerdo que está pálido

de tanto no dormir

¡Vamos querido que el día se apresura

y tienes que llegar a la oficina!

Ahí viene la nalgada

El apretar testículos con la trompa del cerdo multicolor

en el baño metidos bajo el agua caliente las cerdas en la piel

se erizan

Cada cerdo en su corbata a rayas

desde el caserío para volver a la avenida

Ellas se quitarán la máscara para ser menos la damisela ilustre

y caminar hacia las cortinas en cada desayuno

mirando alejarse al cerdo en su traje sastre

Ya llegará la noche

para ponerse el maquillaje

y salir a conseguir otra moneda.



La noche cerda parricida.

No infligirás dolor nuevamente en los corazones de las muñequitas de porcelana

En Ámsterdam las prostitutas caminan sobre el látex

de aquellos pequeños cerdos inaugurales

Entre amigos no hay mucho que esconder para decirnos que sí cada trémula fiesta

En los tocadiscos quedamos varados como alrededor de la fogata

Detrás de la ventana se presiente el festival y la carnicería

La marcha de las putas da una vuelta nuevamente al planeta

y aquellos cerdos tercermundistas vienen a copiarlo todo

como lo han hecho con la peste la prostitución y la pederastia tan segura ya

de su epistemología

Los días multicolores no van a volver si apagamos la televisión

no hay que ser irresponsables

para hablar de habitaciones vacías cuando los migrantes no

lo han logrado apenas caen de los barcos hacia las orillas y la arena

Aquellos cerdos se quedaron de rodillas a media manifestación

Se han cancelado los permisos

y la frontera

es el túnel hacia la Tierra de la Desesperación

¡Este año hay elecciones!

¡Malditos cerdos comunistas

déjennos en paz!




Las reinas se enamoran de los cerdos

y avanzan sus cartas sobre la mesa

Leen el fondo de cada cafetera en busca del discurso

para abolir lo que han leído en el calendario

A veces parecen decir que sí

luego los divorcios

las reuniones sobre cuerpas coños relámpagos y madreselvas

Pero al caer la tarde enamorada

corren sus tiaras hacia la cadera

y se siembran en el rincón de alguna cafetería solitaria

con un libro entre las manos

dispuestas a ver pasar la piara

pendientes siempre de la cacería

porque se saben intactas y revolucionarias

capaces de empuñar el picahielo

para atravesar pulmones y uno que otro corazón

de cerdo.




Los monstruos cara de cerdo.

Ahí estaba en la ventana de la habitación de mi hija

flotando su rostro sobre la luz que apenas fluía hacia la noche

Yo había metido el carro cuando llegaba del trabajo

Se me había hecho temprano era día de exámenes

Laura me entretuvo con nuevas preguntas acerca de su tesis

                      “Los días enfermos de la literatura occidental”

Tuve que dejar la puerta abierta del cubículo

para no ser presa de posibles acosos a universitarias

Me entretuve cerrándome la bragueta porque no me dejaba terminar

y al fin corrí las avenidas y su carne

su cuello de cisne su garganta los párpados cerrados

el intelecto intacto insigne en la ignominia

decididos a ignorarlo todo

Al llegar a casa

la madre de mis hijos salió al jardín a recibirme

llena de quejos y llantos y acusaciones de

“Te he estado hablando muchas veces

tenías el móvil apagado”

Callad mujer, epa, ¡vámonos al diablo!

y la besé en medio de la lengua

Debí decirle “Amores van y tú me perteneces”

y jalar la media trenza

sobre los omóplatos equidistantes a mi ruina y su desesperado celo

pero no pude con su cara de Mona Lisa

en este perseguirme mundo qué interesas

le mordí tres veces cada párpado y le arranqué una sonrisa de crucifixión

y escuchamos el grito de mi hija de catorce años

Volteamos juntos a mirar la ventana iluminada de su cuarto

la noche nos había cubierto con su oscura calma

las aves alzaron el vuelo

(¿o eran los murciélagos que salían del follaje?)

Alzamos la vista hacia la luz desperdigada y

ahí estaba la cabeza del cerdo

Flotaba en el aire como un globo rosado

con sus ojos achinados y el hocico largo

lanzaba besos de dolor a nuestra alma

Corrimos hacia la habitación desesperados

abrimos la puerta

pero mi hija ya no estaba.

 

Cerré mis ojos de cerdo

y disfruté tus gritos

que se agolparon en la orilla de mi mente

en la puerta del destino solo tendrías que empujar

para reconocerme

y clavar las espuelas en mi corazón

Da ese último paso hacia la oscura voluntad de sentirte perseguida

Atrévete hacia el espacioso encierro de mis favoritas calaveras

en esos rincones

donde guardo antiguos amores amarrados en la memoria

ahí te esperará la angustia el dolor el resquemor de labios

ahí te habitarán las serpientes de mis brazos el veneno de mis dedos

el animal que me persigue en madrugadas

lamerá la cuenca de tus ojos

si te animas




Los cerdos matinales se vislumbran

antiguos y llenos de telarañas en el pecho desnudo

caminan con sus camionetas arreglándose el bigote

Los hay con sombrero o calvos o con alguna gorra de militar o beisbolista

ferrocarrilero Lo cierto es que a su edad se observan ya las costras

de una educación que apenas los ha cambiado luego de  cinco mil años

De nada nos sirve culpar a nuestras queridas religiones

si tan solo de dioses se tratara esto de clavarnos uno al otro la carne desprendida

y todo aquel fuego que crece en las plantas de las manos

que brinca de los ojos

como el centellar de universos paralelos

en la noche de la Vía Láctea ¡ya no insistas por favor!

Las hadas mueren porque las princesas hace tiempo que se casan con los parias

Y los reyezuelos se han dedicado a buscar actrices de Hollywood

para insistir sobre cuerpos filmes ocupación desempleo triunfos

y hasta algunos premios obtenidos en el elevador

Los hay cerdos que sobresalen en la película porno de moda

pero los pequeños cerdos feministas siguen ahogados en la muchedumbre

siguen apuntando en la cabeza de Linda Lovelace

para consumir más y más preciada carne latiente miedo

terror y fama tomadas de la mano

corriendo en arco iris de sustancias que hierven hierven en las venas

Ellos cruzan con sus camionetas los aires de alcohol las drogas las prisiones

y hasta los tatuajes en el cuello todos ellos muy fuertes muy coráceos

radiantes en su furia en su bestialidad de dragones invencibles

Los hay que regalan biblias y cuidan las fronteras

Los hay encimados en las televisoras produciendo películas

Los hay durmiendo con las colegialas en las universidades

Y bendito el tiempo de lanzar la última piedra

en esta serie de acusaciones

que no es posible que nos alcancen confesados

Los cerdos matinales no pudieron lograrlo

Un día se miraron sanos y rosados con sus colitas espiral siempre dispuestas

a la cimentación de su gloria

y ahora se ven tan necios diciendo que No que No han sido ellos

que los disculpen que eran otras épocas

Ellas vinieron a mi fiesta Ellas entraron solas al hotel fantasma

Acaso no las hice actrices No aprobaron las materias y hoy son

altas estrellas altas diputadas grandes escritoras lejos del escroto

de sus perseguidores

Los pequeños cerdos feministas las empujan en los diarios

en las marchas en las manifestaciones Y acá aparecen sus rostros

barbados rostros con sombreros lentes negros espejuelos

diamantinas y hasta brillo en los labios

“Aprovecho para decirles que soy gay” dicen los estúpidos ojos del viciado sueño

Los cerdos matinales se han juntado a discernir los futuros del mundo

El país es un estercolero Los cerdos matinales lo saben y

lo han dibujado en pequeños almanaques

¡Que Ishtar bendiga a Linda Lovelace!

Seguiremos a la espera del nuevo anuncio en marquesinas

Del nuevo periodicazo que exponga a nuestra raza

de cerdos que ya no se puede

con tanto lodo en la azotea.

 

 

Noviembre de 2017

Ensenada, Baja California

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