Tres sorbos de café

 

 

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Para leer en voz alta

 

 César "Chico" Gonzalez

 

 

 

Primer sorbo

...para mí la hora del café es literalmente "La Hora del Café"...quiero decir que no importa a qué hora ocurra, -aunque es indispensable que sea la primera hora después de despertar-; "La Hora del Café" me toma al menos una hora... es un tiempo crucial e indispensable porque no sólo se trata de un sujeto medio dormido que a oscuras, bebe café en silencio durante una hora larga... en realidad se trata de un sujeto medio despierto que en la oscuridad y en el silencio, repasa los rostros de sus queridos cercanos y ausentes, garabatea las primeras letras del día, tararea alguna cosa y se pone en paz consigo mismo antes de salir al mundo mientras bebe café durante una hora brevísima... hay quienes elevan oraciones a dioses indiferentes, hay quienes meditan, hay quienes hacen yoga, hay quienes salen a correr... bueno, pues yo bebo café, oscuridad y silencio... ¿un café?... yo invito...

 

Segundo sorbo

...desde que naces la vida te va quitando cosas...

...primero son tus padres quienes te despojan del primigenio y natural anonimato...ay de ti si son gente con imaginación porque podrías llamarte Oasis, Diarenis o Evergreen... si no lo son te llamarás como ellos: Luis, Roberto, Marta; algún nombre de esos que traen integrada una corbata… pero si ya en el octavo mes del embarazo de tu madre el suministro de buena suerte había dejado de fluir por el cordón umbilical, -señora, no olvide el ácido fólico-, te llamarás como los abuelos: Tiburcio, Exsuperancia, Segismunda... aunque luego el resto de la familia se encargará de hacerte perder ese primer nombre para adjudicarte el que será tu nombre definitivo: El Negro, La Cuquis, El Gordo, La Chata... la vida te irá quitando de a poco el encanto con el que naces, porque luego de un tiempo te darás cuenta que ya nadie te festeja cuando te arrojas la comida encima o te haces pipí en los calzones... poco a poco te irá privando de pequeños placeres a través de la limitación física, que es la forma más maligna que tiene la vida de quitarte cosas... te quitará por ejemplo tarde o temprano, el puro y legítimo onanismo de chuparte a placer los dedos de los pies... luego irás a la escuela y perderás tus garras, tus colmillos... perderás los restos de criatura salvaje que todavía te quedan, los que no hayan logrado arrancarte las canciones, los cuentos infantiles y aquello será el origen de futuras pérdidas... perderás tus instintos, tu iniciativa y mucho, mucho, mucho tiempo... y cuando la mires cruzar el patio del colegio y consigas por fin deshacerte del miedo -no perderlo, porque el miedo no lo perderás nunca- y te animes a hablarle y logres arrancarle una sonrisa; perderás por primer vez la cabeza y perderás tu ser individual y tu existencia dependerá de una sonrisa suya, de una mirada...perderás tal vez la dignidad y la autoestima… al final la perderás también a ella aunque seguramente nunca perderás su recuerdo... aprenderás que la vida es así, una lista interminable de cotidianas pérdidas... sin ir más lejos, la otra semana un buen amigo médico pretendió quitarme el café y la vida me privó de un buen amigo y de un buen médico...un día pierdes un vuelo, otro la vesícula, un día pierdes el cabello y al siguiente el trabajo…perderás innumerables veces el autobús, perderás la figura y los dientes...perderás cosas y perderás personas...en la recta final podrías perder la facultad de caminar, de comer, de hablar, de reconocer a los tuyos y al extraño que te mira desde el espejo... y cuando ya no tengas nada que perder; cuando la vida te lo haya quitado todo y te aplaste definitivamente, ojalá los guantes que acabas de colgar tengan rastros de sangre y ojalá te vayas con la sonrisa en los labios de quien todo lo perdió porque todo lo tuvo...

 

 

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Imágen: Ingrid Méndez Loría

 

 

Tercer sorbo

Hay mañanas en las que despiertas y la tristeza ya está allí... se acurrucó contigo durante la noche y amaneces con ella abrazada a tu cuello... se levanta contigo, compartes con ella el silencio y el café que hace mucho no te sabían tan amargos; le lees los encabezados del periódico, te acompaña a regar y a cantarle a tus plantas a las que sólo consigues tararearles canciones tristes… ya sabes que no vale la pena pedirle explicaciones porque a veces la tristeza, es inexplicable... avanza la mañana y vas con ella a todas partes murmurándote cosas al oído, que te tienen todo el tiempo a punto de llorar...todo el mundo se pregunta porqué vas por ahí en tan mala compañía... adivinas que muchos de ellos van también con su tristeza de la mano pero la ocultan, la disfrazan de otras cosas que hacen que la tristeza se avergüence de sí misma… los peores, los más tristes, son aquellos que disfrazan su tristeza de un exultante optimismo; los que ríen a carcajadas para que los escuchen y parecen tener labrada en el rostro una inamovible sonrisa que hace de su tristeza un espantajo… y aunque tú no la disfrazas, tampoco la entiendes del todo... haces resumen de tus días recientes y no encuentras nada que justifique andar con la tristeza de la mano más que tu obstinada reputación de triste... como la tuya es una tristeza calladita, que sólo te mira cuando tú la miras, decides que más vale dejarla en paz... le permites que se pasee por el jardín olisqueando las flores, la escuchas andar de puntitas por la casa hurgando en los rincones más oscuros, en los más olvidados... la sientes mirando por encima de tu hombro cuando escribes y la dejas susurrarte esa frase tan triste que no habrías encontrado de otro modo... y dejas que te invada, que te oprima el pecho, que te abrace… tú lloras y escribes o escribes mientras lloras y te vas a dormir a su lado exhausto y satisfecho... hay mañanas en las que despiertas y la tristeza ya no está allí...

 

El poso del café

...como el mar, si el amor no va y viene será otra cosa... pero no amor... pero no mar...

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