De la corchea de ala oscura a la génesis del paso sin cadenas, selección poética de Angélica Santa Olaya

Locura 

Nada detiene el colmillo turbio del asesino.
Ningún rezo, ningún brazo ni aullido negando el paso de la muerte.
Ninguna madre suplicando clemencia para el que ama.
Ninguna pascua, nuevo año ni lejana resurrección.
El que mata no tiene ojos para mirar el tamaño de los gritos
ni oídos que midan la bocaza donde habita el miedo.

En los muros del hambre se derrite el párpado que cuida la ceguera

y en la conciencia de los mudos reverbera el color de la guadaña.
El horror, con la misma cara y nuevo nombre,
descansa sobre las lágrimas que nunca se pensaron derramadas.
Entre aquel que muere solo y los 43 que estuvieron acompañados
hay 10 y mil y cien mil muertos…
hombres y mujeres cuya ausencia es nombrada
con muchas burocráticas letras
feminicidio, daño colateral o desaparecido
Todos ellos, desde la descalza inopia, nos piden auxilio.
¡Escucha!
Sus voces roncas vacías de esperanza
caen sobre los días como una enloquecida cascada.
Pero ella, la locura, sólo cuenta rifles, balas y monedas
despiadadamente más pequeñas que un sólo corazón.

 

The Poetic Heart

El asunto 

 

Se trata de limpiarle los mocos

a la actriz de moda


De encontrar el intríngulis
de los diseños automovilísticos


De alegrarse con la reconciliación
de los pájaros con el alambre


Se trata de no decir hambre,
sangre, muerte


para que las moscas
sigan sangrando apasionada 
y despreocupadamente…

 

Culpable

Me declaro culpable
de intentar -a veces- 
caminar con una venda de alas
en los descarriados ojos.

Culpable de sonreír
-a ratos-
y buscar almendras 
y arándanos frescos
para adornar el quicio
de mi ventana
mientras los arteros
mercaderes del grito
se lavan los bolsillos
con la sangre de ancianos,
mujeres y niños inocentes
al otro lado del mundo...

Me declaro culpable
de escribir con la mano entera
cuando hay un sitio
-que no veo, pero existe- 
donde alguna cabeza rueda
bajo las garras de algún buitre.

Me declaro culpable de vivir
comiendo, bailando, latiendo...
en este caldero de cenizas
al que damos vuelta 
una y otra vez
con la endeble cuchara del verbo.

Nada más interminablemente 
culpable -y triste-
que la palabra protegiendo 
a un vulnerable ser 
con ganas de preservar la sonrisa...

 

Buscando

 

Revuelvo frases de errática huella

con la esperanza de encontrar

en las entrañas de una nube

la punta del ovillo que guíe los urgentes dedos,

orugas perdidas que se ofrecen

incrédulas

a la confirmación de la palabra.

Hay que escarbar en el barro

y lamer el numen

que aluza la noche del topo

para aprender la indivisible

colectividad de los granos de arena

Hay que acariciar al ser de los oscuros tactos

que no conoce las transparencias del halcón

pero sobrevive a fuerza de ganas y tozudos andares.

Hay que navegar las angulosas raíces

que se niegan a ser tragadas por la sombra

sólo para decir que alguna vez

-aunque fuera con las patas para arriba-

tocamos los dedos del sol.

No todo es azul ni todo es negro.

El cristal más claro

oscurece con el vaho

de los que no saben respirar

al compás del universo.

 

Periférico

 

Una cruz de metal

a la orilla del camellón,

rosa plástica sin aroma

aferrada al hierro,

descolorida, sola,

abandonada por el verbo.

Dos morfemas tristes

invocan un recuerdo:

“aquí falleció...”

El iris de caucho impasible

prosigue su carrera

 al calor del pavimento

a las doce del día.

 

 

Corchea de ala oscura

 

En la flor de cristal

que corta con sus pétalos

la piel del aire,

en la huella que dejó

sobre la playa

la lengua de Neptuno,

en el cielo que derrama

su aliento fantasmal

sobre los hombres,

en las calles cansadas

que detienen su paso

frente al llanto de un niño

y en la sonrisa abierta

a la migaja de la vida,

está la mano

que abre la puerta de todos los templos

la mano que echa a rodar por la cuesta

las piedras del silencio

y luego las reúne

en cualquier vado a la orilla del camino

ahí están todos

ahí estamos todos

tatuados en el sueño de la palabra

y en el adormecido filo

de una hoja prendida de la rama

lecho de antiguos arsenales

donde duerme la semilla

corchea de ala oscura

que despierta la voz de las retamas

guerrera que apunta la flecha de su canto

hacia el ojo del molino que no cesa de girar.

 

 

Lunar 

 

Bajo la mirada lunar

un grano infinitésimo de carne

deviene semilla

boca

beso

rechinar de músculos

fulgurar de huesos

las sedientas lombrices

prodigan su parda esencia

en un duelo de orgánica verdad

 

El lugar 

                                                                               “Alicia... pudo ver al través del pasadizo

                                                                               el más hermoso jardín... Pero ni siquiera 

                                                                               podía  meter la cabeza por la puerta”.

                                               La punta de la lengua

                                               sueña dibujar el tímido contorno de tus labios;

                                               el filo de los dientes,

                                               sacarte el alma a mordidas por la boca;

                                               la cara oculta de los muslos,

                                               cobijarte mientras habitamos el lado oscuro del espejo;

                                               el lecho entre las caderas,

                                               trasladar tu savia hasta las nuevas hojas;

                                               las plumas de mis alas,

                                               subir contigo al lugar

                               donde no hay papeles ni firmas

                               que acrediten la posesión del sol.

 

Estelar


Escuchar tu voz en mi oído 
pidiendo que nombre los suspiros... 
Saber que has escrito 
la inconsistente permanencia 
de la palabra "siempre" 
en el abismo donde el fuego fatuo 
pierde la cabeza 
conquistando el corazón del ritmo... 
Lamer el hueco de tus manos 
donde el susurro de las hojas tiembla
indefenso entre tus dedos... 
Reconocer el sabor de tu cárcel 
y dar el primer paso al interior 
con las alas abiertas 
a la aterciopelada cúpula de tu cielo... 
Creer que te habías ido 
y encontrar el agridulce fuego de tu luz 
en el involuntario latir de las estrellas
que titilan sobre mi almohada... 
Asumir que, a pesar de 
nuestras impermeables cortezas, 
el universo habita, aún, el punto exacto 
donde desfallece un gemido que 
resbala sin aviso por la orilla de la cama…
El afiebrado espacio donde, 
sin pronunciarla, 
desbaratamos a besos
con artera batalla de lenguas 
la incorruptible fragilidad 
de la palabra “deseo”…

 

Inédito 

 

Soy una ola

que galopa en el mar

de tus espumas.

 

Y qué...

 

¿Y qué si los dedos

rosados de mis pies

se convierten en cenizas?

Seré polvo que canta

el porvenir al abrigo

de otra huella palpitante.

 ANGELICA SANTA OLAYA 2016

 

El desasosiego por la palabra 

(Prólogo al libro “Árbol de la Esperanza”)

 

Marianne Toussaint Ochoa

 

Angélica Santa Olaya, como todo poeta, anda por el mundo urgido de palabras. Esta permanente búsqueda le da la certeza de una soledad. Apenas logra tejerse una frazada para el frío y ya hay que abandonarla; la urgencia por la palabra es más fuerte.

                                              

                                           A esos

                                           frutos inciertos

                                          yo los nombro

                                                                palabras

                                        como nombrar

                                        el pan, la sal o el agua

                                       y saturo las llagas

                                       con su miga

                                      y su fiero mineral

 

La incesante búsqueda de la palabra justa que llene y rebase el contenedor, la lleva a crear mundos particulares donde encuentra a la palabra convertida en metáforas y alegorías. Una escritura que roza con las tendencias impresionistas y expresionistas. Personifica lo abstracto, construye una zoología donde la duda: …antena de mil bocas / las dudas que asoman bajo la lupa / con sus dientecillos de tiburón / tendiéndole una trampa a la certeza… Parte de lo concreto para hacer tangible lo abstracto, en todo caso: trasmitir la emoción es el objetivo principal.

Su poesía propone siempre un viaje abismado de ida y vuelta. Hay un constante regocijo por tejer palabras con sentidos opuestos provocando desconcierto en el lector, invitándolo, así, a sumergirse en su propio imaginario poético y a tender puentes  invisibles entre los sentidos que, aparentemente, permanecían desconectados. Así, observamos como este recurso sostenido de crear alianzas entre lo irreconciliable provoca  la paradoja, como el leitmotiv de su poesía. En la constante  paradoja  somete a juicio al mundo, a la vida, a la misma palabra.

                                      

Su visión del mundo nos habla de una poeta que apenas ha dicho poco de todo aquello que bulle por salir en sus versos. Lo que nos augura muchos poemarios más de esta escritora en búsqueda continua de si misma. Enhorabuena a este libro donde la palabra es obsesión y recinto; desasosiego, pero también su templo y su reposo.

 

 

CONTRAPORTADA DEL LIBRO “EL LADO OSCURO DEL ESPEJO”

                          Saúl Ibargoyen

Un texto abierto cuya lectura puede presentarse, tal vez, en forma de espiral. El presunto final es un principio que continúa el ciclo de la lectura que puede ser infinita toda vez que el texto lo permite si así el lector lo desea. Las líneas de lectura pueden ser variadas. El libro es diferente a lo que antes había leído en la poesía mexicana. Crea un mundo propio a partir de otro ya creado por Carroll con características, como en el texto de Carroll, de apertura y continuidad radicadas en la convivencia del absurdo con la realidad cotidiana. Una manera distinta de abordar la poesía. El libro es, tal vez, un solo poema; posee una unidad que divaga entre lo imaginativo y lo real discurriendo a través de una conciencia crítica. La autora se pelea, incluso, con su propia herramienta: las palabras y da un salto significativo desde su primer libro hasta este lado oscuro del espejo: ha crecido. Pero, ¿Quién escribió este libro? ¿Alicia o Angélica? ¿En qué momento Alicia se convierte en Angélica o viceversa? Finalmente, la identificación de la presunta autora es lo que menos importa. Importa el texto por sí mismo y sus propias posibilidades ontológicas y literarias.

 

CON SAÚL IBARGOYEN

69 Haikus

 

Saúl Ibargoyen

 

La contemplación de la naturaleza presente en el haiku de los primeros siglos, hoy, en las grandes ciudades, es un tema complicado por las características específicas del paisaje y de la vida citadina y porque no debe contemplarse lo que uno piensa, sino la realidad, para luego incorporarla –espiritualmente- en función de y gracias a la palabra. Por eso, cuando escribo un haiku, escribo la palabra haiku entre comillas y con mano temerosa. Pero, lo importante, acá, es ¿qué hacemos con la tradición poética? ¿Nos agregamos a ella, la modificamos o la cuestionamos? Porque los cuestionamientos pueden ser, incluso, revolucionarios. Y pueden, como sucedió con la vanguardia del siglo XX, convertirse también, posteriormente, en una tradición. Los hechos en la poesía, demuestran que hay, también, un solo tiempo para la poesía que es atemporal, pero histórica. Y, justamente, esa atemporalidad no niega el tiempo sino al revés, lo amplía; para fijar el producto poético en un momento histórico determinado. De modo que dicha negación produce una afirmación.

El libro 69 HAIKUS, de Angélica Santa Olaya, está dividido en cinco partes. Una de ellas, más cercana a la tradición haikuísta clásica, llamada NATURA es la más extensa y presenta la utilización de algunos elementos retóricos como la prosopopeya:

 

Soñaba el árbol

desatar el cabello

claro del sol

 

En el apartado llamado PALABRA la autora vierte una reflexión sobre la propia escritura y la experiencia de lectura utilizando, incluso, rima y neologismos que refieren el arte poética de la autora:

Runapoesía

palabra de cristal

agua de ría

 

En el apartado titulado COSAS encontramos una variedad temática que obliga a una mayor amplitud en el desarrollo del pensamiento poético y que propone también una nueva forma de conocimiento.  La poesía es conocimiento:

Tic tac, tic tac

dos navajas rebanan

botón lunar

 

Lo mismo sucede en el apartado HOMBRES donde la propuesta es la utilización de temáticas de carácter social; el poder particularmente referido:

Sobre las lágrimas

rojas de los sin poder

bailan monedas

 

En el apartado llamado AMOR la autora aborda la temática que aparece en prácticamente todas las modalidades de la poesía y, aunque debemos reconocer, que en algún momento hay muchas alas, debemos decir, también, que ese vuelo se realiza desde la tierra,  no apoyándose en el aire:

Danza de orugas

en terso mar de almíbar.

Callado beso

 

En este mismo apartado encontramos la temática erótica que en el haiku japonés clásico es tratado de una manera muy sutil y no muy frecuente ya que, si bien, la mujer aparece en él, lo hace como un sujeto del cual no puede ser referida su sexualidad.  Angélica Santa Olaya, acá, hace lo contrario:

Soy una ola

que galopa en el mar

de tus espumas

 

Lo que ha hecho la autora de los 69 HAIKUS es, indudablemente, algo muy valioso y arriesgado. Por lo cual, queremos felicitar a la compañera Angélica Santa Olaya por este libro que, además, se presenta en dos idiomas.

 

 

CON DOLORES CASTRO VARELA

 

De la corchea de ala oscura a la génesis del paso sin cadenas

 

Jesús Gómez Morán

 

El desapercibido lector tiene en sus manos un libro que puede arrojar al terreno del desconcierto si sus pisadas son dirigidas con un impulso de ingenuidad. Debo entonces asumir como un deber ético advertirle que lo que aquí se retrata es la constatación de una pérdida de la inocencia, si es que alguna nos quedaba. Cuesta trabajo todavía, ya bien entrados en el siglo xxi, asumir que la palabra poética tenga como reto describir un panorama de actualidad, por muy crudo que éste sea. Habría que anotar una especie de hipocresía o doble moral, en el hecho de aceptar como tema válido el evidenciar sin tapujos el ámbito desolador del alma o la psicología patológica de un ser humano en las hondonadas de su espíritu, pero realizar lo mismo con respecto a una problemática colectiva suele ser percibido, diría yo, casi con escozor.

Sobre este territorio de arenas movedizas se desenvuelven las páginas del libro De leyenda... cuyo eje central lo conforma un espíritu de crítica social que se integra, curiosamente, a una corriente de cierta actualidad en la poesía mexicana reciente. Habiendo ya obras poéticas que han denunciado la injusta atmósfera en la frontera norte, sitio donde se imbrican por igual los feminicidios, el agresivo trato a los inmigrantes y la violencia de la guerra contra el narcotráfico, Angélica Santa Olaya por su cuenta aborda varios puntos problemáticos de situaciones políticas y sociales acontecidos durante el anterior sexenio (2006-2012). Pero, como lo venía diciendo, el riesgo asumido por este tipo de escritura es doble: por un lado tenemos la posibilidad de que los poemas se sostengan más por su postura de denuncia y menos por su decir en términos estrictamente poéticos, de modo que cuando el suceso abordado pierde vigencia, el poema en cuestión podría también debilitarse; y por el otro lado se halla el archisabido conflicto de la poesía de corte panfletario, que de manera inversamente proporcional puede afectar la calidad de la misma de acuerdo al grado de compromiso temático que detente.

Sin embargo nada de esto sucede en este libro. De hecho un calificativo que me atrevería a aplicar para el mismo sería que contiene una poesía de simbolismo social. En primer lugar, para describir a la bestia que como sistema impone un régimen basado en la injusticia y corrupción, la autora de estos poemas acude a un inventario de términos como “araña”, “moscas”, “buitres” , “cuervos”, “marranos” y “zopilotes” coprófagos. Asimismo son notables las construcciones enunciativas que además de acentuar el tono de crítica, ridiculizan a los aludidos en situaciones como la de un elefante haciendo impúdicos malabares: “Por más zancos que se ponga el elefante/ su trompa sólo podrá otear el océano/ donde descansa el sueño”, dice el poema “Galopar en ancas”. La descripción de orden grotesco no sólo es pertinente conforme al tema referido, sino que vincula  estos textos con una rancia tradición estética que puede remontarse hasta Víctor Hugo y su prólogo a la obra Cromwell de 1827.

En segundo lugar es posible atender que estos poemas, en medio del reflejo de inhóspitos espacios citadinos (que respaldan la idea de Desmond Morris de la que las ciudades son auténticos zoológicos humanos), o de la ironía de que su calle principal ni es “eje”, ni tampoco resulta algo “central”, enfilan sus baterías no sólo contra las entidades políticas de nuestro país, sino también a las eclesiásticas como sucede en el poema “Apología de los marranos”. A este respecto no está de más señalar el punto de contacto que Santa Olaya establece con la tradición mitológica clásica, pero subvirtiéndola al momento de aclimatarla a los aires del Valle de Anáhuac, hecho que me permite respaldar la cercanía de estas creaciones verbales al mencionado concepto de simbolismo (tal como lo hicieron los poemas del modernismo hispanoamericano). Además de ello, por más estrujante que sea este desfile de imágenes acuñadas, existen varios momentos en que su vuelo lírico las hace deslumbrantes como en el siguiente caso: “Lecho de antiguos arsenales/ donde duerme la semilla,/ corchea de ala oscura/ que despierta la voz de las retamas;/ guerrera que apunta la flecha de su canto/ hacia el ojo del molino que no cesa de girar”. Poemas como “Verdugo”, dejarían en el ánimo del lector la idea de que no hay futuro, sin embargo considero que más allá de ser un medio para solucionar la problemática descrita, el “canto” como actitud de resistencia es lo que le impide caer a esta propuesta poética dentro de territorio de la desesperanza. El poema ideográfico “Avión de papel” es muestra de ello: en última instancia no hay cárcel que pueda encerrar a la imaginación.

Por último les comparto una breve reflexión que me originó el título de esta obra poética. Jorge Teillier, poeta nacido hace más de 70 años en las profundidades sureñas de la geografía chilena, escribió un verso que aparecería transcrito en los muros de Santiago durante la dictadura de Augusto Pinochet: “un día seremos leyenda”. Santa Olaya recupera a su modo parte de ese sentido legendario, ya que a pasar de lo desalentador que es el paisaje retratado, por encima de constatar que la situación, en caso de mantenerse como lo viene haciendo, no presenta ninguna salida para el porvenir, aún nos queda como instrumento de resistencia la enunciación poética para poner el dedo en la llaga y esperar que en algún momento (empleando las mismas imágenes de su autora) la “corchea de ala oscura” pueda transfigurarse en una “génesis del paso sin cadenas”...

México, D. F. junio 2013

Angélica Santa Olaya, ciudad de México, 1962. Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva. Maestra en Historia y Etnohistoria becada por el CONACYT (2008-2010). Egresada de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM).  Forma parte del Catálogo de Escritores de México del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha trabajado en radio, televisión y  prensa escrita. Formó parte de un grupo de teatro independiente y estudió pintura. Primer lugar en dos concursos de cuento breve e infantil en México y Segundo Lugar en el V Certamen Internacional de Poesía "Victoria Siempre 2008", Entre Ríos, Argentina. Publicada en numerosas antologías latino e iberoamericanas de cuento, poesía y teatro así como en diversos diarios y revistas nacionales e internacionales en América, Europa y Medio Oriente. Autora de Habitar el tiempo (Ed. Tintanueva, México, 2005), Miro la tarde (Editorial La Rana, Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, 2006), El Sollozo (Ed. Tintanueva, México, 2006), Dedos de agua (Ed. Tintanueva, México, 2006), El lado oscuro del espejo (Ed. La Bohemia, Argentina, 2007),  Del aprendizaje del aire (Editorial Fivestar, Brasil, 2009) como traductora en coautoría con Tanussi Cardoso y Leo Lobos), Árbol de la Esperanza (miCielo Ediciones, México, 2011, 1ª. Edición / Catarsis Literaria El Drenaje, México, 2011, 2ª. Edición / Antaura Ediciones, España, 2013, 3ª. Edición ebook), Sala de Esperas (Eterno Femenino Ediciones, México, 2012; De Leyenda (Rojo Siena Editorial, México, 2013); Rumor de Arcilla en Texturas Poéticas (Artepoética press, Nueva York, 2014); 69 Haikus (Alfalfa, Madrid, 2014) poesía bilingüe [español-árabe] y Bajo la sombra del encino (Editorial JUS, México, 2015).

Jurado del Concurso Nacional de Poesía Tintanueva (2007), del Concurso Nacional de Poesía Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro (2007) y del Concurso Nacional de Poesía Juegos Florales de Cd. del Carmen, Campeche (2015).  Maestra de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Parte de su obra ha sido traducida al rumano, portugués, italiano, catalán y árabe. Participó del Primer Recital Hispano-Árabe de Poesía de la Feria Internacional del Libro de Abu Dhabi 2015 y del evento internacional Poetic Heart 2015, Poesía por la paz, representando a México, en Dubai. Homenajeada en mayo de 2015 por la Universidad Autónoma del Carmen en Campeche durante la Feria Nacional del Libro de esa ciudad.

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