El reverso y otros poemas

Kenia Cano

 

El reverso

Tiene estrategias que no conoces. Piensas que es una cuestión de docilidad y de dar la vuelta, pero no es así. No sabes qué verso desde el final de la página subirá hasta aquí para picarte los ojos. No trae idea de suicidio, no hereda los males visibles de tu casa. No tiene que ver con el miedo ni con los sueños en donde no llegas nunca a la estación.

El reverso se burla de tus sueños, de las rajaduras en el piso de tu casa y el temblor. Está aunque lo ignores. Entre el cuerpo de tu abuela y la sábana de flores. Entre su piel y la pijama que conserva su olor. El reverso no respira por ti ni por tus hermanos. Te ignora pero tú no debes ignorarlo a él.
¿Forma parte de una fibra en tu corazón? ¿Está parado en la fila del colegio? Se ríe de tus decisiones pero no es el mal. Posibilita lo que no concebías y no daña con ello. No aumenta la creciente del río, no se lamenta, no tiene prisa, no se esconde bajo tu chamarra de cuero. No se anuncia y no tiene lista de verbos favoritos. No te condiciona pero tampoco te mira como crees.

Si fuera silencio habría tapado tu boca, tampoco es sorpresa. Es lo que es. No la parte interna del cuenco ni su base, tampoco los poros fríos en la cerámica. No se manifiesta visiblemente pero no hay molécula ni mínima constitución que desconozca. No está bajo la tapa ni en la parte posterior del ojo. No ubica el nervio óptico, no invierte ninguna imagen.

No opaca la piel de las manzanas. Consume la cera de las velas. Se traga las horas con gula y confía demasiado en su imagen.
¿Tiene oído para los pájaros? ¿Le importa tu propio tiempo? ¿La profunda gana de crecer del tabachín? ¿Leerá la línea de Malinowsky dibujada en el muro de tu casa?:

Se acordará el viento de la hierba y de nosotros.

El reverso no distingue gama de grises. No puede diferenciar entre el grafito y la tinta china. Le dan igual las sombras. No le incomoda el negro de los funerales, no conoce el peso de los hombros. Nunca ha visto un bulto lanzarse por la ventana. No tiene iniciativa, tampoco voluntad. No escribe malos poemas ni poéticas para despertar a Li Po. No fabrica nada mal hecho, no acumula ni guarda nada para sí. Permite que te veas de otro modo. No conoce la bondad pero quizá intervenga en el crecimiento. No tiene culpa ni compromiso. Conoce al derecho y al revés tu casa. Cada uno de tus pensamientos, pero no los atesora ni los aborrece.

El reverso te sostiene pero no moldea tu gravedad. Va a contratiempo. No le preocupa la eternidad, un goteo mal arreglado en la cocina. Tampoco la cara leal de tus amigos. No está oculto a tus ojos, pero nada de tus pertenencias le conviene. Tampoco le interesa el pan que no vendes, el que se endurece; ni la madera que astilló tus dedos ni los actos que te pusieron el gesto rudo. No sabe de cuerpos adheridos ni de heridas que se distienden. No tiene principio ni fin. Tampoco se enreda en la mitología. No se anuncia en visiones y jamás conoció el rostro de Blake. No guió ninguno de sus carbones. No caligrafió ninguno de sus textos, no lamió nunca su torso.

No sabe nunca cómo detenerse.

 

El miedo del elefante de la ignorancia

Ignoro qué escondes en la parte posterior del corazón. Ignoro lo que siente mi padre al ver un tronco arrugado, las palabras que le dan aliento. Ignoro cómo se siente debajo la piel de un crustáceo. Ignoro cómo y de dónde surge el ajonjolí. No sé, no conozco, nunca he visto un río deslavar una montaña. No sé cómo pueden vaciarse las ideas equivocadas. Cómo puede uno levantarse de la cama con tan pocas certezas. Cómo se genera el hambre. En qué momento las palabras de mis vecinos germinan en mi boca. Por qué hay edificios tan resistentes. Ignoro la naturaleza proporcional de las secuencias y en qué momento llegas a tocar el nudo. Cómo ata una soga aquél que desea ahorcarse. Desconozco las voluntades inversas.
Adherirse a lo que uno no sabe, sería inmenso y cansado.
Ignoro cómo operan ciertos milagros. En qué momento el agua dispersa se junta en el cauce del mismo río, cómo los animales se retiran antes de que ocurra la desgracia, cómo una imagen bien proporcionada puede abrir la corona imperial. Ignoro cómo la repetición de sonidos sagrados puede fortalecer el empeño. Cómo un aroma puede alinear tu entendimiento. Cómo dos seres se corresponden desde lo que sus mentes aún no alcanzan a ver. Ignoro cómo se manifiestan ciertas bendiciones.
Todo crece sano en el huerto. Lo que planeamos se cumple a través del trabajo. La intuición y la desnudez germinan en palabras que abren el camino. Algo nos acerca: Una Órbita Abierta donde todo se regenera, se reconoce, se imagina de vuelta.

 

El miedo de la serpiente de la envidia

Una serpiente amarilla e incómoda. Envidias ver a unos padres que se aman eternamente en la foto, no sentir el confort de su equilibrio gracias a una muerte temprana. Envidias el escritorio arreglado de tu compañero de oficina, la invitación fastuosa de bodas que te ofreció tu amiga. El sueldo de tu colega. La obra cotizada de tu compañero de generación. La casa nuevecita y con muebles exóticos que compró tu primo. El tercer hijo de tu prima, el baberito nuevo que adquirirá. Envidias que le dieron a ella el noticiero después de un largo casting que te dejó exhausta. Envidias el jardín zen en que tu terapeuta se pasea y con orgullo dice que vas bien. Envidias que aún el hombre mayor que tú tiene más condición física, dura treinta minutos más en la caminadora. Sientes un cosquilleo amarillo cuando tu amiga sabe exactamente qué tinte de cabello usar y nadie sospecha de sus canas. Envidias el número que se marcó en su báscula, la frecuencia con la que visita el continente europeo, lo bien que dialoga con sus exmaridos. La destreza con la que se dirige a sus alumnos y los deja a todos con la boca abierta. Tienes miedo de reptar, de soltar un amargor amarillo y de que nadie te ame más.

 

Un conejo asustado, mayormente


You think of me as a guide from another world,
wise and clear, because I´m outside the rules…
Actually I´m ordinary, vain, very narcissistic, fickle,
not very honest, not learned, a scared rabbit, mostly
Alan Williams

Un conejo bajo las sábanas.
El conejo ha menstruado        ¿Es coneja?
Nunca he sabido distinguirlos.

Tuvimos un criadero de conejos,
recuerdo algunos ojos saltones como los de mi madre.

Alguien amenazó a un conejo en mi recámara.
No había suficiente luz.

Su pelaje es suave     blanco    como bombones en un cereal,
común y repetido.

Soy un conejo asustado, casi, mayormente.

Acariciarles el estómago,
¿Quién dijo que esperaban tu cariño?
Aquella tarde sí
¿A cuántos salvamos?
¿Cuántos murieron por nuestro descuido?

Salían a comer lechugas sembradas por mi madre: 
Siete,  nueve, números impares,
como lo que pienso acerca de mí.

Ella levantó la sábana: un conejo.
Un conejo guardado en la garganta. 
Habrá que hacerle una disección.
Es común que sean  los prestados.    

¿Qué hizo con el primer conejo rígido?
¿Nos ayudó a enterrarlo?

Quisiera ya no tener miedo,

deberás entonces imaginar:

¿Quién sembró este conejo para que la pradera brille?
¿Quién con su luz omnisciente entibió su sangre?
¿Quién le dio diez razones para seguir moviéndose?
¿Quién acompasó su respiración cuando la hierba se inclinaba?
¿Quién dibujó un halo certero sobre su cabeza?
¿Quién hizo que la niña lo cargara y pensara que nunca iba a morir?
¿Quién acercó su nariz y sintió un temblor sereno?
¿Quién señaló la sombra del conejo

 cuando había desaparecido?

 

Perilla


Hay algo que no quiero ver pero es pequeño

Tengo una perrilla en el ojo izquierdo
y como cuenta el refrán popular
vi perros copulando:
el macho quería alcanzarla
con esa cosa incómoda           roja      al descubierto
queriéndola tocar

El perro abraza a la perra por la cintura
con sus dos patas traseras  apenas guardando el equilibrio
como nosotros tratando de guardar la calma siempre
frente a todo lo que nos duele ver

El perro con sus ganas y yo con las mías

Tener una perrilla en el ojo
podría querer decir:

No seré más la perra que acostumbro
o esta perra vida arrastra a quien se deje

Mi suegro esta vez tocó la orilla de vuelta
su corazón late normalmente
como un prodigioso milagro seguirá cocinando
con esas manos grandes
como lo más hermoso que heredó a mi marido
ese al que le duele el corazón

Tengo una perrilla en el ojo
no me deja ver con  claridad

Mi prima menor estuvo a punto
entramos a la sala 19 de oncología

yo no sé nada  pero algo huele mal
ahí como un testigo callado

            los ríos que siguen caminando           callados                      llegan al mar

con qué silencio

La vida se desdobla frente a mis ojos
y yo tengo una perrilla           perra suerte
la vida no es cuestión de suerte ¿o si?

Los perros copulan en conjunto
nunca un solo perro
o un perro solo cogiéndose a la perra
hay cuatro o cinco y la perra queriéndose escapar
¿Por qué no goza?
¿Será como eso que dicen de que no nos permitimos la felicidad?

Mi suegro hace los camarones con  coco más deliciosos

Fue en una cena anterior cuando me reconcilié con sus manos
Filete Wellington                   con su chimenea y todo
¿Cómo habrán sus manos tomado el rollo completo
envolviendo esa carne jugosa  roja    llena de vida
gracias a una vaca muerta?

Hay una vaca muerta reposando en la hierba
gusanos de este mundo deleitándose           
hormigas iniciando caminos

La vaca viva esta vez para darnos gozo
en este filete envuelto en pasta hojaldrada
odiaba al hombre que no podía coger el sartén por el mango
su debilidad era la mía
era como verme bajo un árbol hermoso al que todos subirían                     
menos yo        porque era gorda

Debe ser por su padre            el padre atado a las faldas de su madre
qué tonta         odiaba aquel cuerpo gordo
también veía mi debilidad en él
tanta grasa acumulada cubriendo algún dolor
un día en que el padre no estuvo y la madre hizo una mala jugada
contigo                       conmigo                      con nosotros
haciéndonos sentir culpables por algo que no habíamos hecho todavía

Ya estoy tocando el punto de la abuela y
así todo podría estar suelto pero no
sueño con mi abuela gorda     está muriendo
tanta delgadez me espanta    
sus ojos más grandes y oscuros         
como el café que tantas veces bebimos juntas

            No te mueras  qué voy a hacer

            Quedarte con tu silencio menor

Mi suegro        mi abuela                    y yo
cocinamos para día de muertos mucbi pollo
un guiso con manteca cerdo   pollo y achiote
batimos la masa con todas nuestras manos
seis gordas manos hundiéndose en el maíz molido
sin hacernos preguntas           sin mirarnos a los ojos
sin saber que la muerte estaba ahí

Pulpa y semillas pintando nuestros dedos
hojas de plátano quemadas

¿Quién quema las sábanas de enfermos virulentos?

Estábamos en la cocina soleada y
ahora en estos pasillos de hospital    
llenos de desechos que dan náusea

La noche fue condescendiente

Tengo una perrilla en el ojo y mi hermana está por parir
su tercer hijo me duele un poco
pero no tiene que ver conmigo
tal vez algo en mi trompa izquierda de falopio no ande bien

Mi perra                      perrita egoísta dolorosa

¿No entiendes de qué se trata esta vida?

La perra no llora                     su cuerpo se encorva
el perro otra vez haciendo de las suyas
así la vida satisface sus deseos
con planes magníficos para todos

            buenas noticias           el lunar es sólo un lunar

La muerte nos está rondando
de prisa despierten     háblenle bien pero que no se interese
ofrézcanle el guiso pero que se lo lleve en hoja de plátano

Tengo una perrilla en el ojo
quizá esté muerta

¿Cómo me quito este cadáver?

 

Orín

 

Odio cuando levantan la pata para marcar su territorio.

Los odio porque desean tomar lo que no les corresponde,

como adueñarse de los peces y el brillo punzante de escamas

en un poema de Bishop que nuestra realidad no tendrá para nosotros.

Odio a los perros y a su orín indiscreto

porque dejan una mancha amarillenta y cálida

bajo objetos que ni siquiera se detuvieron a mirar.

El poema debe ser corto,

desprender un aroma penetrante e incómodo,

parecido a los días en que no sabemos dónde poner el cuerpo

y buscamos una excusa para atarnos al deseo de otro

pues el propio no basta.

 

Odio el orín que se va secando sin voluntad,

evaporándose entre las horas de una calle singularmente fea.

 

Odio mis propios orines

y los que bebe mi cuñado para estar sano.

 

Mientras el color amarillo es más concentrado,

una mujer vende gordas en la esquina,

un trastero se empolva en la cocina oscura de una casa rosa,

plantas en cubetas de pintura, ropa tendida, sogas desgastadas por el sol.

 

No hay convocación.

 

Salvo por esos dos segundos en que el perro y yo nos miramos.

 

Kenia Cano nació en México Distrito Federal y actualmente radica en Cuernavaca, Morelos. Algunos de sus libros de poemas son Acantilado (2000), Oración de Pájaros (2005), poesía y pintura de la autora, Las Aves de Este Día (2009) Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer, y Autorretrato con Animales (2013). Forma parte de varias antologías nacionales y recientemente publicó en Colombia en la colección Doble Fondo, dirigida por Juan Manuel Roca. Poemas suyos han sido traducidos al francés, al inglés y al rumano. Ha expuesto obra pictórica en México, Francia y Estados Unidos. Imparte Talleres de Poesía en la Escuela de Escritores Ricardo Garibay y talleres de correspondencia entre las artes. Actualmente es becaria del Sistema Nacional de Creadores de Conaculta. Ha participado en varios festivales nacionales e internacionales de poesía, dando talleres y lecturas públicas.

El punto en que coinciden la poesía y las artes visuales ha ocupado toda su atención. Inspirada por trabajos de artistas como: Henri Michaux, William Blake y Alberto Blanco, poetas y pintores; además de trabajos realizados en conjunto por ejemplo entre Miró y Éluard, Paz y Toledo; es partícipe  también de  la amplia tradición de  libros de artista comenzada por Dietter Rott; se ha dado a la tarea de profundizar en los elementos que ambas disciplinas comparten y de sus múltiples maneras de corresponderse.

En Las Aves de Este Día realiza una carpeta con el título Estos son los pájaros donde el mundo simbólico ya presente en la atmósfera poética del libro encuentra su materialización en una serie de collages e ilustraciones en homenaje a Rodin y a Audubon. Uno de sus últimos proyectos es Parcela Blanca: Una curaduría poética en donde se pueden leer piezas de Joseph Beuys, Lucien Freud y Wolfgang Laib; obras que por su contenido dialogan con las preocupaciones del verso del poeta James Merril: “leche y memoria”.

Cifra Itinerante es una colección de imágenes que revisa la historia de la representación anatómica y una muy particular lectura del amor a partir de los poemas en Ocurre Todavía de Eduardo Hurtado, publicación del Fondo de Cultura Económica 2016.

Numero actual

PORTADA BM 136 137