Poetas de la Península de Yucatán (1975 - 1996)*

 

Adán Echeverría y Mario Pineda

 

* Para complementar la siguiente selección de poetas (y poemas) publicamos en nuestra sección de ensayos el texto con el que Adán Echeverría analiza a profundidad su trabajo y aportaciones literarias, mismo que puede encontrarse en la siguiente liga: http://www.blancomovil.com.mx/index.php/contenidos/ensayos/221-una-peninsula-en-continuo-desarrollo-literario

Poetas de la Planicie Kárstica:Escritores de la Península Yucateca en 2016 . Antología Reunida por: Adán Echeverría y Mario Pineda que comprende 12 autores nacidos entre 1975 y 1996 enlistados a continuación:

  1. Daniel Medina. Mérida, Yucatán, 1996.
  2. Ariel López. Guatemala. 1992.
  3. Melbin Cervantes. Cancún, Quintana Roo, 1991.
  4. Ángel Fuentes Balam, Mérida, Yucatán, 1988
  5. Ángel Nimbé. San Francisco de Campeche, 1988.
  6. Ángel Augusto Uicab. Mérida, Yucatán; 1988.
  7. Alejandra Sustersick. Mérida, Yucatán. 1985.
  8. Jesús Manuel Crespo Escalante. Temax, Yucatán. 1984.
  9. Daniela Eugenia. Mérida, Yucatán. 1980.
  10. Anel May Salazar. Mérida, Yucatán. 1980.
  11. María Jesús Méndez. Mérida, Yucatán. 1980.
  12. Roberto Cardozo. Yucatán, México. 1975.

 

Daniel Medina. Mérida, Yucatán, 1996. Cursa estudios de licenciatura en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha publicado Mímesis para Gusanos (LCE, 2015). Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara 2014 por Templo de la fiebre; Mención de Honor en Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2015 por Casa de las flores (publicado en colectivo junto a José Landa, Françoise Roy y Raciel Manríquez). Mantiene el blog: ensayoprimitivo.blogspot.com

 

Breve estudio sobre un poema dañado

y vemos que todo lo ya visto
no era nada.
Miguel González Gerth

a)


Dejo caer
este poema
entre los pies
de los que ya no vuelven.
Lo dejo correr
como agua picada en la lengua
de los muertos: lo libero.
Olvido su nombre
y relación con la materia.
Él no busca la luz
ni la floristería;
prefiere a los parásitos.
Teme regresar
a la misma orilla en que
lo hallé mendigando,
teme los bautizos y las siembras.
Este poema
–potro desbocado,
gota de tumba,
tierra en embriaguez–
no sabe de vocablos.
Dice nunca haber oído sobre dioses,
mucho menos de pájaros.
Dice no conocer a los poetas.

b)


La luz no cae sobre este poema.
Hace mucho
que no llueven gotas de maná
por los rumbos:
árboles secos,
tesitura de ángeles
y rocas.
Una música de tundra
agita los pinos entumecidos.
La primera
raíz del verso
es herencia de un barco roto;
Barco débil que es montaña y desnudez,
barco que es una mujer dentro de otra.

c)

interrupción
Este poema
toma muchas libertades:
ha drenado la médula
de esta página
–la preñez del verbo–,
ha incinerado la columna vertebral
de estos apuntes.

La idea inicial de este poema
ya no es clara.
Por tanto
debo destruirlo.

 

Ariel López. Guatemala, 1992. Licenciatura en Biología por la Universidad Autónoma de Yucatán. Con Violeta Azcona y Fernando Vázquez fundó el taller literario Espías de la interzona.

 

Un trazo de muerte:
Allá viene lucifer,
cayendo con toda su orquesta iracunda.
Allá viene la carcajada repleta de dientes,
herido de guerra apunta en el delirio,
anciana derrumbando muros con un mazo
desnuda al fin sobre penumbras.
Allá viene la corrupción con su mano erecta
rosando las cuerdas que nos sostienen.
Gritaron todos el coro de la caída,
una lengua de fuego nos aplasta.

 

El Arquero

Sus manos se tensan en
posición caligráfica,
sostiene el arco una vida
intermitente
en el horizonte.
Al destrabar el cerrojo
de llaves fugaces
la voluntad dispara
de los músculos un rayo.
Eriza el celeste en
ardiente silencio,
escapan los últimos
alientos de sus
jaulas rotas.
Calor derramado
en que descansa
la pluma,
su tintero de
corazones atravesados.

 

El sacrificio

para Mateo Peraza

Voltéate periodista de arena,
la playa se tiñe del calor de la tarde
y eres el ojo carnoso cuya pupila absorbe.
El que nota las marcas de grilletes en el cielo.
Voltéate periodista que se desmorona en la claridad teñida,
porque seguir esa mancha rojiza es seguir una senda hacia el vacío.
Allá solo un tráfico fantasma de ficciones,
palabras malditas moviendo las olas y la espuma.

Es tu voz periodista de los miedos
la que fuerza el mecanismo del silencio,
amarre de los pueblos a su tumba despicada.
Voltéate y devuélvenos la sonrisa,
porque las miradas son tendones amarrados a barrotes.
Tus puños son de saliva y no de huesos molidos.
Abandona la caldera donde cocinan el destino de los hombres.
Allá dentro no hay horizonte sino muros de hierro y plomo. 

No son de arena los gritos que hierven a fuego lento,
ni las carcajadas que machacan institutos y prisiones. 
Son plumas que sobrevuelan el papel en blanco,
tinta roja, libre de la agonizante mezcla: agua salada.
Voltéate periodista de arena.
Más allá del sol abierto como costra, aureola de las almas en pena,
hay un cuchillo dentando sobre tu cuello.
Esa playa de huesos molidos es una mano empuñando tus alas.

 

Ellos me vieron a los ojos:
Ese chico de allá vive a unas cuadras, vende chicharra.
Habla de los días perdidos en el pozo del tedio,
de abandonar el tiempo para dar más espacio a la luna,
lámpara que fisura los murmullos en el barrio.

Un deforme se tira en la calle 60 todos los fines.
Hace tiempo dejó de interesarse en el hambre.
Ahora su mirada vuela hacia destellos,
piernas bronceadas, faros anclados en manos sonámbulas.
Se dedica a navegar el calor que fluye sobre la brisa,
aliento de una ciudad que lo digiere.

Dos vagabundos en una banca intercambian sonidos que
podrían ser mero lenguaje.
Nosotros, los pájaros sin alas,
retenemos sus manos con la mirada.
Puede que no estén ahí realmente y solo queden sombras.

En aquella casa una santa bendice
el derrumbe constante de peatones sin mapa. 
Delante de ella un templo gigante de barrotes y alabanza.
cuartel del cielo que impide migrar el cansancio a su reino.
La santa detrás de una reja, detrás de la noche.

Astillas, lanzas de precisión asceta.
Estacas de luz clavadas en la piel escamosa
del centro de una ciudad.
Trozos de vida mancillada que se mueven 
en la marea de sudor.
Jinetes perdidos atravesando avalanchas
con el filo de su semblante.

 

Melbin Cervantes. Cancún, Quintana Roo, 1991. Ha colaborado en revistas literarias digitales como Sak-ha de la Escuela de Escritores de Yucatán, Bistró Magazine, literatura y poesía y Válvula Magazine. En 2015 obtuvo mención honorifica en el concurso de poesía Flores a Cozumel, y en 2016 segundo lugar de Narrativa Memorias de Una Isla. Autor de Las huellas que dejó el silencio (2016). Actualmente radica en Cozumel.

 

El lenguaje de la piedra
Sobre ríos que no cesan
viaja el lenguaje.
El castigo Agamenón es vestir de culpa.
Empapar nuestra frente de hiel
empujados por el frío de la noche
a un acantilado de pesadillas.
Comer el pan de la gangrena,
el beso árido

de la mortandad.
El jadear de los caballos es fuego latente.
Nos persiguen. Los jinetes y sus espadas.
¿Somos cobardes?
¿Habrá defensa para nuestras faltas? 

El lenguaje de esta piedra que tenemos
por corazón: sólo sabe nombrar
vitupera lo sagrado.
El castigo Agamenón es ser nuestra propia ruina.

 

Sigo las huellas que dejó el silencio
atiendo en suspenso las voces de la playa
que llamean entre el fuego líquido del Caribe.
Leviatán desea jugar en estas aguas,
trayendo cantos y sollozos.
La gran serpiente baja sofocada de los muros
blanquecinos del cielo,
conmueve la marea; en su vientre,
nacen de espuma: golondrinas blancas.
Veo caras en la linfa agitada de los cangrejos de pardo flabelo,
devorados por la clara serpiente.
Soy tan solo un rostro de brillo que dura el instante
vientre azul vertido al mar.
Entre piedras y silencios, la oscura noche vuelve,
paseando su vestido de marismas y vientos,
la marea me regresa a los restos calcinados de la playa.
Puedo seguir buscando, el cuerpo del silencio.
Lo encuentro agitando, borrando, las huellas,
repartidas en la médula de la arena.

 

Primera nota
Un rayo para destellar el horizonte
enciende este poema
que está colgándose del cielo
Mira la redondez del mundo
entre la cálida cortina de la lluvia.
El mar está tranquilo, y te dice: «Detente».
Te detienes y me detengo.
La espuma brinca hacia nosotros
bañando nuestros muslos
presas de los pantalones color caqui
del trabajo nocturno en el centro comercial.
Queremos desnudarnos, pero no nos creemos tan libres.
Mis manos atrapan el canto de gaviotas,
lo guardan en tu templo de mármol
entre gritos que laten y golpean mis costados,
donde caen sobre la cama acuática
sin chapotear.
Hay algo demasiado confuso,
niebla,
en el vaivén de los botes,
está dentro de mí
y no deja iluminarme.
Me miras y me tomas de la mano
: «Algún día te compraré
un candelabro más hermoso
que la luna y las estrellas».
Hoy ya no estás más junto a mí.

 

En mi casa hay una zanja cavada
para enterrar al mundo.
Para protegerlo de sí mismo.
Las pupilas no pueden mirar
más allá del abandono.
Solo se retuercen mirando
a la luna blanca sabotear
el baile de las estrellas.
Adelanto unos pasos con miedo
y trato de tomar al mundo
pero es imposible moverlo,
de su trono de muerte
y de su sueño de guerra y profecías.
En mi casa hay una zanja cavada
llena de lágrimas.

 

Ángel Fuentes Balam. Mérida, Yucatán. 1988. Director de teatro, escritor y actor. Egresado de la Licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán. Autor de los poemarios: Melodía tu engranaje quieto, y Cruóris o la rabia que fuimos. Ha publicado en las antologías  “Pyramid” U.S. Poets in México, NYC., “Small Claim of Bones” Cindy Williams, University of Southern Maine, “Cuéntanos tu locura” Ediciones Arriba del Pegaso, “La memoria de los días” Ediciones O, “Dramaturgia Express I” SEGEY. Ha sido colaborador de cuento, dramaturgia y poesía en revistas como “delatripa”, “JUS”, “Almiar”, “Sinfín”, “El mollete literario”, “Círculo de poesía”, “Río Arriba”, “Ariadna-rc”, “Morbífica”, entre otras. Ha trabajado como maestro en artes en escuelas privadas y públicas, así mismo como profesor de teatro y creación literaria en el CEAMA Yucatán.

 

La noche no tiene brazos, solamente espuma
que arrastra las últimas vacilaciones de mi cuerpo;
soy ola que golpea el gran peñasco de la soledad,
erosionando su piel, su angustiosa capa de caídos
dientes que recogió de mis soñares hoscos.

La noche no tiene brazos que sujeten mis hombros ni mi nombre,
carece de manos que acaloren mi pelambre. Entre sombras
intento asir el volumen de una garganta que siembra
un antiguo horror entre los hombres con su grito
de impiedad y lumbre.  

La noche no tiene brazos que sostengan el mundo,
ni dedos para hacer la cruz.
La noche no rodea, materna, mi espalda rota.
Los perros aúllan plegarias para extinguir la luna.
Entre amasijo de uñas y arena conservo las caricias de la noche.
Nadie rasga los vidrios de mi habitación o mi opaca faz.
Yo recuerdo cuando le amputé los brazos: quiso amarme.

 

Pestilencia
Álgida penitencia tendrán los amorosos,
caracoles en cuyo laberinto sufre hambre
los niños del sueño,
cuando el aliento del diablo reconstruya la arboleda muerta,
desde sus sangrientas raíces hasta el fruto del saber.
Las estrías de la tierra son canales donde violenta pasa el agua,
arrastra pueblos y héroes, canciones fundacionales y encíclicas,
animales domesticados, huertos, corazones que anochecen…
Y en esa inexorable furia los cuerpos
                                                                luchan para no decirse adiós.
¡Malditos los que se funden en secreto!
En vano intentarán resistir la tormentosa vejez.
Esta vida ruge como perra pariendo camadas de alfileres,
debería arrebatarlos en un torbellino de vergüenza y sal,
caracoles en cuyo laberinto sufren hambre
los niños del tiempo.
Entre serpientes y lenguas nuestra piel madura,
sólo para cubrirnos de la miserable llama
que nos habría convertido en dios.  

 

Ariadne oceánica

A mi hija, Luz Ariadne Fuentes Leyva.

Caí en el mar con las alas chamuscadas por el sol,
y profundo laberinto de ojos, me hizo hombre.
Una estampida de blancos elefantes
se extendía arriba del océano, surcando las montañas;
allende brillaba la ciudad fantasma que yo era,
vibrando hasta el infierno con sinfonía furiosa
que ninguna oreja oyó.

Y podía tocar las bestias de vapor, soplar la niebla
que se surge del aliento en los amantes rotos,
subiendo a la estratósfera e infectando el mundo;
amasar la campesina tierra cual si fuese barro simple,
curar la verde herida
de la madre, destrozar al antojo cada reino
en este valle
                     sin eco.

Todo fue minúsculo. Fui aquel dios que juega
a matar sus criaturas y reír al acto
para no llorar de soledad.
Navegando las constelaciones de la sangre,
de la ira y el amor, fruto de silencio
vuelto carne adusta que en el vientre se revela,
naciste con la muerte del invierno:
el frio has erradicado,
colocándote en lugar del astro rey.

Será entonces que podrán sobrevivir mis alas,
ya que tu calor
                          anima;
vierte en la naturaleza un hálito de magia
desde las microficciones de las mariposas hasta
la gran cumbre del Vesubio que extraña a su Pompeya.
Sé que mi corazón es un volcán
al que tus olas apagan dulcemente;
bastaría una gota de tus ojos
para extinguir mi sed, hasta que muera.
Respiras…
                    respiro…
Tu madre emocionada nos escucha.
Sabe que inhalamos el goce perpetuo de la lluvia,
que exhalamos nuestra pena para distender la piel;

ella y yo
somos manecillas de un reloj divino
cuya última hora
serás tú.

Endeble Atlas, cargo el mundo:
los árboles me susurran en la nuca
canciones que entonaré para que duermas;
los ríos escurren por mi espalda
y se evaporan al contacto
con las ardientes alas que me regalaste
luego de caer.
Me ofreciste un esqueleto nuevo y tibio,
músculos resistentes a las dentelladas de la vida
y este par de alas de fuego.

En ti convergen estrellas meridionales y boreales,
la energía de los polos, hielo eterno y magma puro;
además en tu saliva nadan las ballenas,
los gigantes calamares
que se tragaron mil antiguos barcos,
las tortugas de caparacho diamantino,  
algunas sirenas del tamaño de mis dientes,
que, dentro de un nautilus,
edificaron un castillo en espiral.

Eres el centro de los centros ceremoniales,
el núcleo que regula el giro del planeta
–eres el agua en el cuerpo de sus pobladores–,
y la inmensa luz que hoy lo recubre.

Acaricio el lomo de aquellos blancos elefantes,
participo de tu grande estancia, de tu primacía;
me conviertes en dueño de la nueva creación:
este sublime sostener el universo
con mis dedos de niño atribulado
y –felizmente– en lacrimoso acto
alzar el vuelo, rebasar el laberinto,
fundirme, hija, en tus radiantes olas,
besar tu frente y con dolor paterno
hacerme, en la caída sin fin: hombre.  

 

Ángel Nimbé. San Francisco de Campeche. 1988. Poeta, periodista y promotora cultural. Estudió Literatura en la Universidad Autónoma de Campeche. Actualmente cursa la maestría en Creación y Apreciación Literaria en el Instituto de Estudios Universitarios. Becaria Pecda en su emisión 2012. Autora de Las danzas de la serpiente, premio estatal de poesía 2015.

 

Leptomar (las bitácoras del desahuciado)
Día Primero. El dolor y la luz

Me interno en un recinto blanco parecido al insomnio. Hay brújulas que apuntan a mis venas. Me entierro en una leche espesa, papilla que mis tías, con rostro informe y gris, servían de alimento.
Tengo el cuello rígido, congelado en un gesto hacia las nubes. A qué sabrá la luz sobre lo blanco. Al tocarla con la lengua me derrite.
Tengo fija la mirada en las paredes y no consigo ver afuera de mí mismo. Con esta luz deben vivir los condenados.
Recuerdo a medias, un relato de mi infancia, sobre monstruos que poblaban los abismos, pero en éste solo habitan los espejos, ninguna cara entre esas sombras reconozco.
Este recinto blanco me sofoca. Debe tener el sabor del abandono. Con esta esclavitud deben vivir los muertos.
Antes de aquél entierro era octubre. Recordaba a mis muertos con las velas que otros me enseñaron a encender. Estaban ahí los diablos a los que me encomendó la abuela ─con sus colgajos rojos─ desde antes de mi concepción.
Me pregunto si soy el único maldito de mi estirpe.

 

Día tercero

Salta el pez de la fiebre en los canales de las arterias. Debería ser un celacanto, monstruo de épocas extintas atorado en los capilares, rompiéndolos de uno en uno.
Mi cráneo ya no soporta su contenido. Más de un siglo de antibióticos me duelen.
He decidido acabar conmigo. Me arrojaré en el siguiente risco al estómago del mar. Busco ahora un precipicio entre las sombras. Tal vez el pez interior, rabioso por la sangre, anhela la inquietud del agua.
Suero.
Reposan un instante las arterias, antes que un nuevo latido las sacuda.
Debí hallar el mar hace mucho y destruirlo. Intentar beberlo o vaciarlo en otra parte, como tratamos de exorcizar los miedos de la infancia, el terror que nuestra casa se destruya y nos devore el fuego uno a uno, o que acaso nos invadan otros rostros.
Así cómo intentamos vaciar esos miedos en los años para que los olvidemos, aunque sepamos que siempre tememos la finitud, perder lo amado, aunque tenga ya otro nombre.
Sueño.
Alguna vez mi madre dijo que debí matarla en su vientre. Que fui como esos niños casi engendros de monstruos que aparecían en el insomnio.
Nunca creyó, hasta no verlo, que devorara las cabezas de las aves, cuyas alas aún se agitaban en mi boca.
Mi mejor amigo tenía el cuerpo diminuto y delgado. Era un niño blanco como solían ser las princesas de los cuentos. Tal vez cuando crezca halle un hada y se case. Tal vez se acuerde de mí, que solía devorar los corazones de los lobos.
Mi mejor amigo de la infancia se desmayaba a ratos. Mucho tiempo bajo el sol le hacía desvanecerse. Solía cargarlo y correr hasta ponerlo a salvo de las patadas de los otros que hacían leña del caído. Aunque su cuerpo era extrañamente resistente.
Mi amigo solía saltar de los techos de las casas y siempre caía de pie. Cobraba por el show lo que un paquete de galletas o un juguito.
Estoy seguro que de haberlo yo intentado algo en mi interior se hubiera perdido. El pez de mis arterias no está hecho para soportar el duro embate del asfalto.
Cómo arde.
Duele abrir los ojos, contemplar en un instante todo el cauce de la vida, como dicen los creyentes que miran a los desahuciados.
En alguno de esos viajes veo las paredes de mi infancia, los troncos rotos de árboles donde solía enterrar a los conejos.
Trato de repasar mi vida en un intento de convencerme que no siempre fui un monstruo. Que alguna vez olí una flor para apreciar más sus contornos, no para rellenar la piel de aquellos seres que se pudrían en el patio.
Creo que mis intentos de felicidad ya fracasaron, murieron desde la primera vez que abrí los ojos.

 

Cuentos de hadas desgraciados

I

Mamá me dijo que el hombre de arena no es real,
que no morderá mis juguetes,
ni jalará mis pies si resbalo
cuando juegue en el columpio a medianoche.
No me arrastrará a su reino de morfinas
debajo de la cama
ni me convertiré en una de esas niñas
a las que a veces se les caen los ojos
que los rincones devoran.

Mamá me contaba cuentos
pero nunca creí en ellos demasiado
ni alcancé a oír uno con verdadero final.

Pero en mi sueño los caballeros morían
y otras batallas quebraban a las princesas.
Por la noche me despierto y pregunto por mamá.
Y no la encuentro.
La bruja gana, indefinidamente.

II

Ella había dicho que no temiera al rayo
ni a la oscuridad, que no vendrían
soldados a incendiar la casa,
ni los entes deformes
saldrían de los charcos de agua sucia.
Ella mentía.

III

Mamá me dijo que un día a todos nos llegaría la muerte.
Que un día ella, papá y el gato cerrarían los ojos.
me habló del último destino,
pero nunca mencionó el abandono.

 

Ángel Augusto Uicab. Mérida, Yucatán; 1988. Fue incluido en la antología #ESCRIVIVE-PLAYA (GRECA, 2016). Ha publicado en revistas como: REVARENA, FACTUM, Monolito, Cirrosis, Bitácora de Vuelos, Cirrosis. Desde marzo de 2016 participa en revista delatripa: narrativa y algo más con su columna Koo´ten Xook (Ven a leer).

 

Plenilunio
Sentado
en la cornisa
del tiempo
miro la flor
plateada
que se abre
en la noche.

 

En defensa propia
Aclaro que maté a la rosa
no por sus espinas sino por bella

Tanta belleza
no cabe en las manos
ni en los ojos

Tanta belleza
a veces duele
Duele en los pétalos
en las manos
en las pupilas

Por eso
la estrujé entre mis dedos
con toda la fuerza
con todo el amor que puedo dar

Lloré
lo juro
y en el llanto
brotaron pétalos
espinas
hojas
el sentimiento de alivio
que solo la muerte
de algo que amas
y duele
y se duele
puede provocar.

 

X-Tabay
Al caer la noche
la cigarra canta
un fuego baila lento
una botella de licor

X-Tabay, mujer hermosa
tu piel de lirio
tu pelo como la noche acaricia tus pies
tus pechos cerros voluptuosos

Siento el deseo ilícito de tomar tu carne
siento tus manos descubriéndome
siento tu olor a x´tabentún que me embriaga

Los tecolotes que tienes por ojos se reflejan en mis ojos
Mi sexo soporta el peso abrumador de tus caderas
como el peso del mundo
como el peso de todo lo obsceno
como el peso del gozo

Tus cabellos, látigos que surcan mi espalda
tus uñas, espinas que se clavan en mis hombros
tus dientes, pencas de henequén atraviesan mis labios

La noche me aplasta
deja caer su obscuridad sobre mí

Por la mañana
por la mañana el rocío de la ceiba
hormigas rojas brotan de mis llagas.

 

Cuando se acepta amar, se acepta sufrir
El amor:
son tus lágrimas
pétalos de rosa atardecer
que llenan el cuenco
que forman mis manos.

 

Libélulas
Alguien viene de noche
y reemplaza mis ojos
por un par de libélulas

Las libélulas
mis ojos
mis oji-bélulas
besan el reflejo de la luna
en los espejos de agua

Y los cuencos donde pertenecen
mientras tanto
quedan vacíos

Mis oji-bélulas
no regresan
hasta que el frío matutino
casi congela sus alas

Cuando retornan
se posan pétreas
entre mis párpados
como si nada pasara.

 

Alejandra Sustersick. Mérida, Yucatán. 1985. Licenciada en Comunicación.

 

Agonizando
En la uniformidad de mis recuerdos
en parámetros superpuestos   híper-puestos
de mi ser consciente de sí mismo
de sus extremidades reflejas
del jugo de tu sexo y tus dedos en mi boca estallando
de mi luz tu luz tu miedo
con las manos húmedas de frio turbulento
el temblor nocturno nos sostuvo
Una secuela entona llanto en violines deslizándose  suavemente
por la eternidad de las cobijas mojadas
apretando el puño el grito mudo y el desglose del sentido se alarga
He de gritarte desde el centro de todo
para sobrevivir nos
—recoge mis restos en tiritas dispersas se han volado
pronto dejaremos de temblar—
¿Y si mis pensamientos son tintineantes acordes de piano en pentatónica?
¿Y si temo perderte espuma rosa flor de loto atisbada por el tiempo?
porque al perderte
me ahorro el capítulo del desagrado

    II

La consecuencia de mirar hacia atrás ha sido placentera
los círculos de luz que emanan de la puerta del cuarto
expanden  luminosidad  al  viento
Cierro los ojos
la cabeza es antena de neuronas
torcidas entre su propia nitidez de luciérnaga explosiva noche
así el flash back
así la neurona palomita de maíz
¡pop!¡Pop! ¡POP!
Te vi manosear mis piernas
mientras mi vagina temblaba
tartamudeante estrella en firmamento placentera
la verdad es que nunca había llegado tan lejos
la verdad es he nací flotando en universo paralelo
la verdad es que no hay verdad                       ni mentira      
oídos sordos
sordo momento cuando sonaron las botellas en el suelo
otra vez silencio                             cuando tus ojos
cuando tu mano en todo hueco        mi lengua en todo hueco
penetraste               agonizando             vimos que se fragmentase el cielo
mis caderas en escurridizas vibraciones destellos siderales
abro los ojos                                      continuamos desnudos
las sábanas aun mojadas

se refracta                por la ventana           
el cielo
la observo                y de cabeza
bocarriba
se refractan             cargadas de grises         
las nubes
se refractan             cuando pasan             
las aves
¿A dónde irán?

    III

Cantan cuando caen
las gotas de lluvia en el tejado
el chorro de agua salpicando el suelo
mojando el pavimento
mi rostro
ensangrentado se deshace como gota submarina en pecera de asfalto
A veces la analogía de la verdad no es agradable
ninguna metáfora haría que se viera más bella
¿a dónde la vida de locos?      ¿a dónde el soñador?
en el escusado se sentó a llorar escondido tras una ciudad de roedores
que ególatras despellejan todo alrededor
¿a dónde la tumba del pasado los traidores y los desolados?
¿a dónde la vida sin compasión sin alma?
Los intestinos de la tierra se deslizan
en nuestros pasos bajo mi cuerpo mordaza
sufro la precipitada muerte mientras grita de dolor pero nadie se da cuenta
caminan demasiado rápido para percatarse como
de a poco se queda sin vida

 

Sus latidos se alejan de su propia superficie
mis latidos se acercan al vacío
¿Qué ocurre con la desgracia?
¿Qué ocurre con uno mismo?
Maldición ¿qué le ocurre a éste mundo que perdido se va hacia la nada?
¿Qué se ha hecho a sí mismo el hombre que ha quedado hueco?
¿Qué se derrumba qué muere qué dispara?
Todo podría tener sentido
Todo podría ser un engaño
Una silueta temblorosa desvanece en mi memoria ríe mientras se aleja
se convierte en insecto moribundo petrifica a sus presas
Se las come
¿Qué pasa
qué ha sucedido?
electrones que forman fuego queman
mañana la incertidumbre
el pasado turbio enloquecerá a la luna
a los que caminan a media noche bajo su agonía
Es abrir a la noche por las patas y perdernos en su orificio
evaporar sentidos en olores ambiguos
es como regresar a abrir los ojos
recordar ensimismar gritar con rayos y luces de sabores
es desconocer temer reír desquiciar              y turbar
masacrar
perseguir
amar
perder
seguir
olvidar
traspasar
Agonizando en los tobillos
pensando grieta
piedra lobo
aullido

 

Se vuelcan astros
De espaldas boca abajo la vía acuosa del recuerdo
ensordecido viento acicala un trozo de alucinación
Se Parece a Ti
cuerpo del cuerpo voz de voz
corrosión de fluidos y voltaje
roen desde el sitio desconocido
herirpenetraresconder
caerá desnuda la tarde celeste de un cuadro en un balcón
una escena de dos cuerpos translúcidos
colores adentrados
colores en la piel del planeta que grita
insoportablemente tiembla
en la profundidad del cuarto
en el espejo
donde ya no reconozco mi rostro
donde ya no me hace sombra tu cuerpo
en el sofá donde te esperé diez años
un florero roído por el viento
lleno de cenizas

 

Paisaje negro azul
la boca repleta del viento que atardece
a lo lejos un muelle con luces
(verdes y rojas)
¿Quién estará gritando al otro lado?
¿Quién permanece desnudo sobre el muelle?     -quién-
¿Qué deviene la materia del sol y de la aurora?

Se encajan los zumbidos de mil hombres enroscándose en el agua
el aroma del azar
la nostálgica llamada
ensangrentada  luna que revienta
cayendo sus pedazos en el agua

Estoy perdida en mi propia mente
en mis paisajes
En

     lo  

         oculto
Estoy trotando en el viento y lluevo
y me deshago
y los hombres
y las mujeres
son igual de grandiosos
se encapullan y se besan                                                  se despiertan entre ellos
No callan                               pertenecen  a un gemido perpetuo
un grito melódico
una sinfonía letal
un susurro de los dioses
un canto una alabanza
una imagen
La corteza del mundo
flotando      
ce                                                                e
cor                 do                                                            r     
tán                              en                             i                  
el              a                              

 

 

Jesús Manuel Crespo Escalante. Temax, Yucatán. 1984. Colegio de Bachilleres Xoclan (Cursó dos años en la Licenciatura Literatura Latinoamericana en la Universidad Autónoma de Yucatán) Ha publicado en revista electrónica sinfín y delatripa: narrativa y algo más.

 

Anamoramiento

Día lunes
Hace un buen de mal
que no me escribe
ni yo le hablo
pero hace más de un buen de bien
que callo muchas cosas
que me las guardo
aquí en el corazón
en el hígado
aquí en los pulmones
y que no se escapa para nada
ni quiere paraqué
sólo hace un buen de mal
que no la miro
que no la espero
que no la olvido.

 

Día miércoles

Esta soledad no es mía
ni esta tristeza tampoco
ni esta nostalgia, abrazadora; puta, coqueta.
Ni estos versos a lado mío
ni esta mujer desnuda
que me empierna la vida con su cuerpo,
con su risa sonrisa, sus labios,
con  sus besos y mis besos.

Esta mujer nunca será mía
ni queriendo, ni soñando,
nunca será mía, sólo mía, siempre, jamás.

Pero, obvio que sí,
yo siempre seré suyo, siempre,
y en casos generales que me olvido,
triste y borracho,
en algún recuerdo como éste.

 

Día jueves

Si bien, esta noche es una sola noche
pareciera que al cerrar los ojos
fueran muchas noches en un sólo sueño.

Pareciera más allá de aquí
que todo fuera una sola tristeza
para muchas nostalgias
hasta un sólo recuerdo el que me jode
con su existencia y su insistencia.

Pero no, amor que duermes y sueñas sin mí,
nada es una sola cosa, ni tu ausencia,
ni la noche, ni mi insomnio.

 

Día domingo

Qué triste es estar solo
refugiado en los brazos del frío
haciéndole el amor al tiempo
fumando la ausencia
bebiendo gota a gota el silencio
el espantoso silencio que amena la llegada del olvido.

Qué triste es estar solo.
Saberse solo, sentirse solo, mirarse solo.
Caminar por los pasillos
mirando el reloj (como si se esperara algo)
muriendo de nada, soñando contigo.

Qué triste es estar solo
refugiado en los brazos del frio
buscándote a mi lado, esperando tu cuerpo desnudo.
Pero es aun más triste darse cuenta
despertar al otro día y lo mismo.

 

Daniela Eugenia. Mérida, 1980. Profesora de literatura a nivel bachillerato. Columnista en el portal de noticias Encuentro Digital. Practicante de yoga, y aprendiz de fotógrafa, escritora y editora. Ha publicado narraciones y poemas en portales y revistas electrónicas delatripa: narrativa y algo más; en la revista Arché (Colima); Diario del Sureste (Mérida, Yucatán), Blanco Móvil y Xilote (Ciudad de México), Agitadoras y Almiar (de España).

 

Matices

Un edifico alto, vigoroso
asoma a la distancia
y los matices de la ciudad me abruman
Tanto sufrimiento, tanta miseria
me pregunto ¿seré parte de ello?
¿alguien me mirará con pena?

En cada esquina las flores se marchitan
el niño con la caja de chicles y cigarros
ese anciano que todas las mañanas
me pide una moneda
la mujer del bastón mastica un pan
y lo ciegos agitan sus canastas.

Todas las mañanas los mismos caminos
la pobreza desprendiéndose
y el ruido de mis tacones
hacen eco a cada paso.

 

Es viernes
las gotas de lluvia golpean la ventana
la humedad danza entre mis piernas
como tus dedos lo hicieron alguna vez

¿Recuerdas?
días de agua interminables
de aquella mujer limpiando la azotea
y tus manos trémulas recorriendo
los espacios de mi cuerpo.

Es  viernes y llueve,
Recuerdo…
nuestra existencia se unía en el sofá
y el ruido de las goteras
se perdían con  los  suspiros,
aquella casa     sus filtraciones
y los libros a salvo sobre la mesa.

Esta mañana gris
tú no comprendes la tristeza de mi alma
que se dibuja con cada gota que cae
no es martes, ni jueves…
y mi multiplicado amor evoca tus sentidos
cerraré los ojos y pensaré…
Es viernes y sólo llueve.

 

Tocarte es lo que se necesita
Podría dejarte morir al declinar el día
Olvidarte sobre una banca en una noche de abril.
tan frío y tan lejano como te siento ahora
¡qué importa¡

Tocarte es lo que se necesita
fumarnos un cigarrillo a las diez de la noche
o mirar dilatadas tus pupilas cada mañana

Tocarte es lo que se necesita
sentir en mis manos el bullir de tu sangre
y preparar el café de las siete

Son las nueve y me río de mí
me fumo el cigarro y me bebo el café
podría dejarte morir
pero te envuelvo con el calor
de mis piernas
y el dolor de las horas caídas
de ausencia.

 

 

La caricia a la ausencia

Yo lo sé
eso de no sentir nada, tener en vez de un corazón,
sombras, rumores
olvidar el beso de despedida
qué más da.
No tiene sentido prolongar la caricia
la mañana empieza a clarear y las sabanas  son frías

Yo lo sé
algo en la noche nos miente
nos hace pensar en un vago sentimiento olvidado
pero nuestras espaldas lo dicen todo
tan cerca y un abismo entre ellas

Yo lo se
cuando todo es metódico, sombrío
y se  besa la caricia sin sentir nada
Una noche quédate en la soledad de mi océano
seamos uno,
uno con la caricia, con el beso, actuemos,
y después, al despertar, vivamos desde el abismo del olvido
vivamos sin saber el uno del otro
así, tan lejanos,
que si sabemos más morimos
que si leo en tus ojos un poco de luz, me pierdo.

Yo lo se
es aun noche, mi ombligo cobija tus dedos complacido
hagamos,
hagamos como que somos uno
como que es lo cotidiano mi cuello sobre tu brazo
mi pelo haciéndote cosquillas en la nariz.

Ahora lo se
lo siento, el palpitar de un corazón gris
perdido sobre unos pasos que hacen eco
en una calle vacía
de una mañana como todas.

 

 

Anel May Salazar. Mérida, Yucatán. 1980. Licenciatura en Inglés y Maestría en Español de la Normal Superior de Yucatán. Doctora en Investigación Educativa por la Universidad Juárez COPESEC de Campeche.

 

Juramento

Juro por Dios, por mi vida
Y por todo lo que soy,
Que haré oídos sordos a tus palabras,
Que haré inmune mi cuerpo a tus caricias...
que mis labios renieguen de tus besos...
que mis ojos ya no busquen más tu imagen...
Que haré lo posible, por sacarte de mi alma,
y hasta lo imposible, por dejar de amarte.

 

Rincón de luna se llaman tus besos,
que encienden la luz de mi alma,
triste y sombría y
derrama lágrimas de plata a la noche.
Rincón de luna le llamo a tu cuerpo
que habla el mismo idioma que el mío
y siempre responde a su llamado.
Rincón de luna llamo a tus notas
que inundan mis oídos
me transportan a mundos del peyote
me hablan de tus tiempos...
del mar la vida el silencio.
Y extasiada por la luz de la luna
bailo alrededor de ti
ataviada del color de los sueños
emprendo la carrera a tu mirada
al compás del firmamento
convirtiéndonos en huracán tornado,
nos confundimos y nos deshojamos...
Cuando la calma llega
me quedo dormida en un rincón de la luna
soñando de nuevo con tu cuerpo...


Serpentina de asfalto
Te miro serpenteante y caliente
mientras las ruedas del vehículo
atraviesan tus entrañas.
El viento me golpea el rostro
más no mitiga el calor
-bochorno-
El vapor que tú despides
ante el sol del mediodía.
mientras avanzo y te miro

Otro conductor me rebasa
y pienso ¿será que te observa?
¿que te siente? ¿será que a él también
le haces fiestas?

Mientras te observo
parece que me retas
tu poder me invade
y quiero dominarte
dominar la velocidad
del silencio
El acelerador se hunde bajo el peso
de mi pierna hasta el fondo.
Quiero vencerte
para que me admires
y no sentirme menos
a tu lado.
Y comprendo
que eres noble y bondadosa,
similar a ese destino...
tendré que atravesarte
divago conduciendo.....

 

 

María Jesús Méndez. Mérida, Yucatán. 1980. Ingeniero en electrónica por el Instituto Tecnológico de Mérida (ITM).

 

No.
No, si las risas estruendosas son maullido de mi gato.
No, si soy quien olvida ¿de verdad pasó? la que inventa sensaciones
de noches pasadas.
No, si tengo que insistir en limpiar paredes impregnadas de últimos abrazos.
No, si quiero esconderme y apagar el sonido de las horas.

No, si quiero gritar:
¡el sol quema demasiado, el mar escupe, el viento sólo es brisa!

 No, si digo adiós y camino pisando mis huellas,
retorno continuo.

 

Redes
Este cerebro mío,
masacre con desvelos recurrentes.

Neuronas sin lágrimas miran el sepelio,
mis piernas no se mueven,
mi mente en otra sintonía.

Telarañas se pegan a mi piel,
lo ignoro porque no es tendencia.

Aguardo una posición del GPS, que el otro responda,
que su corazón lleno de sangre, escupa humanidad.

Por momentos, ingenua
me visto de sobreviviente.
Es inútil,  ingresó  “Enter”,
el telón abre de nuevo a 32 pulgadas.


Realidad
Frente a mí, un closet,
a la izquierda, un pedazo de cielo.

Las casas de interés social arrasaron el canto del gallo,
aun las lágrimas por el cambio de pañal,
no topan un minuto de mi reflexión.

¿Soltar las sábanas?
¿Por agua caliente, por días libres?

No
mejor funcional como ayer,
nada de maquillaje,
antitranspirante en las axilas,
uniforme,
clotch,
y acelera.

Pasadas las nueve
los niños ya no desfilan al colegio,
y mi trabajo sigue siendo
un contrato de ocho horas.

 

 

Roberto Cardozo. Yucatán, México. 1975. Es profesor de matemáticas. Ha publicado la plaquette de poesía En los ojos la noche (El drenaje, 2011). En revistas de poesía como Rojo Siena (2014) y se le puede leer brevemente en la antología de Microrelats Negres del Centro Cultural La Bòbila (Barcelona, 2012). Participa en el Consejo Editorial de la revista delatripa: narrativa y algo más. Incursiona en el cine como realizador y guionista con el cortometraje Espejo Retrovisor (2014) y en el marco del FICMY 2016, como el Festival de Cannes, estrenó el cortometraje En Venta, que marca su debut como director de fotografía.

 

Decir adiós
Cuando agitas las manos para decir adiós, estás borrando los recuerdos.

 

El frío muerde
a veces más allá de la piel
y yo me refugio en la calidez de tu boca.

 

Yo asesiné al diablo
y me amarré su cola en la cintura
para espantar a las buenas conciencias.

 

Una nube
al sur de la ciudad
relampaguea incesante
malhumorada
solitaria
y no quiere anunciar la lluvia.

 

Inútil

"Escribir poemas es tan inútil como la vida misma"
Marco Fonz

Y yo escribo para el día
inútil también
en que la muerte y yo compartamos la taza de café
cuando de mí quede una fotografía triste
que no puede huir de la veladora.
En esta vida en la que todo es en vano.

 

Dejé de sonreír
a los que me visitan
y no me conmueve
una lágrima
y una flor
depositada
sobre mi cabeza
de piedra.

 

Sala de espera


Esta es una sala de espera
es una herida abierta que los doctores no detectaron
dicen que estoy enfermo de algo
el medicamento no funciona
cierro los ojos
duermo
finjo que duermo
camino por el jardín de cerezos que un día me dijiste
me pregunto qué pasaría si estas personas
se dieran cuenta que mueren
cada vez que se alejan
y me quedo con el frío
y con mis muebles incómodos
Esta es una sala de espera
los verdaderos enfermos llegarán a la hora de visita.

 

Traición


Comenzaron a brotar flores en mi cabeza
carnívoras
dolorosas hormigas marchando sin prisa
cada una con mil historias
que me he negado a escribir.
Ahora devoran mi cuerpo
desbordan mi piel sobre ríos de lava
me reclaman
me enjuician y declaran culpable
me castigan explotando por los poros
como dolorosos partos epidérmicos
Son las palabras
y las he traicionado.

 

Génesis


Cuando la rabia desborda
salpica sangre mierda semen
y esas cosas que ustedes llaman lágrimas
cuando la rabia comienza salpicar tinta
desgarra la hoja en blanco
en la herida se abre la boca
el dolor fecunda el espacio vacío
de las cicatrices nacen libros.