Los allegados

 

Víctor Hugo Díaz

 

Tú eres culpable del contagio

Deja que muera tranquila la víctima

cojo del pecho, cuando la ex prótesis

descansa en las vitrinas de la multitud

a pesar de las advertencias

El día cae encima cuando se piensa rápido

como las estaciones sin saber de dónde vino

sin moverse, dónde la viste

 

dentro del infectado nada se mueve.

 

¿Conoces el olor de una huelga de hambre?;

golpes de martillo dos pisos más arriba

el latir de un corazón apoyado en la mesa

hacen vibrar el único recipiente con líquido

 

Vejez y juventud se clasifican por olor

no por frescura. Se reconoce en las náuseas:

abuela torturada saliendo del baño

olor que deja el cáncer o la electricidad

entre las piernas

 

Los síntomas dejaron marcas

en el barro afuera del edificio en construcción

Huellas de neumáticos que se entrecruzan

borrándose unas a otras

dando cuenta de lo que fue el trabajo

y un día de ganancias

 

Sólo recibe llamadas y espera la sentencia

Guarda fotos de perros, no de hombres ni lugares

Llena la garganta de palpitaciones

casi invisibles como el rastro

que dejan los pájaros en su paso por el aire

sin humedad, frutos secos, piel que cubre los nudillos

a la velocidad del sudor cayendo por la frente

durante el miedo

 

Sí, tú eres el culpable del contagio

Ave de caza esquizo que propaga la enfermedad

Víctima y verdugo que abrió la puerta a los roedores

permitiendo que se reproduzcan

El que mató a su familia

la abandonó en el desierto de la pobreza

 

un mensaje cifrado en goteras de tormenta

lágrimas irregulares y tartamudas.

 

Reparte los naipes

                             —Tecnología de baja obsesión

Coronas o plantas de invernadero

que evitan marchitarse bebiendo por la herida

y envidiando longevidad a las flores de plástico

 

Sólo recibe llamadas o se gasta las monedas

igual no hay nadie; amor anal, labios heridos

de fábrica o las suelas gastadas

de una canción antigua italiana

al otro lado de la pista de baile.

 

La bolsa de basura les habla. Ella les cuenta

                                               [su historia

por el tajo donde los jirones de papel

agitan sus lenguas al viento

 

Un paso sigue al otro

                             brota el pasto

champas de pendejos verdes entre las grietas

 

Sólo querían inaugurar su nueva casa.

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