Bruja

Rocío García Rey

 

I

 

En la hora cero vuelve a parirse

la bruja para hacer pócimas

y transformar en amante al inventado príncipe.

Este es el renacimiento de la bruja que

se ha atrevido —en la hora de la luna—

a quemar los textos sagrados

de la falocéntrica era.

 

II

 

A solas escribo y un escritorio es el remedo de caldero.

Algunos quedarán azorados porque esta vez

no quiero dejar mi papel de gran hechicera de las mieses.

Siendo la bruja pronuncié los besos.

Se lleva bien la erudición con la erección.

Tiempos unidos por el deseo.

Hechizo y beso / juego absolutamente irremediable.

En este oleaje en que las revueltas son las tradiciones

y las tradiciones son la nueva consigna para recuperar abismos

me volví amante de los mares

y de un muchacho de 28 años.

Revolución de los saberes

revolución de los insomnios.

 

III

 

Se construyeron dispositivos para la desmemoria

y en la historia vertical

nos condujeron al mudo calabozo

luego a las hogueras hechas por los racionales hombres

luego a las cenizas

luego al rito del olvido.

 

IV

 

A los dieciséis comencé a leer “Escupamos sobre Hegel”

Carla Lonzi, al oído me dijo:

“La opresión de la mujer no se

resuelve en la muerte del hombre”.

Pero hubo brujas que siguieron creyendo en la vergüenza

y silenciamos el cuerpo.

Outsiders del placer impuesto.

Outsiders de los besos dados fuera de lugar.

 

V

 

Soy una bruja de 40 años

y con un caldero en forma de poema

reinventé discursos.

Soy la bruja de 40 años que merodea

la carne del príncipe apenas liberado.

De la debacle de la revolución

quise esta noche guarecerme con mi amante joven.

Rompí orgasmos, los esparcí en ventanas,

en barcos, en olas, en suelos,

en dosis de clonazapam,

en ciudades rotas.

 

VI

 

Ahora soy yo el caballero que saca del luto

y del encierro al príncipe que se creía muerto.

Lo revivo, le doy palabras,

unto su cuerpo de un nuevo oleaje parecido a las caricias.

La lengua basta para hilvanar los besos de la salvación.

Lázaro se representa fuera de la Biblia.

Que me importa si me dicen bruja o señora

o bruja maldita o loca guareciendo mi sexo complacido.

El nuevo amante convoca

con la piel la narración de los deseos.

Vuelvo a parirme bruja

revuelvo los conjuros

los convierto en consignas

contra la tiranía de los mausoleos impuestos.

Supimos que esas no eran las huelgas que libramos

pero confeccionaron banderas para

inventar la huelga del amor libre

la huelga de los deseos.

Outsiders en el palimpsesto de la historia.

Me uno al regreso de la brujas

y esta vez nuestro placer quedará tatuado

fuera de los cementerios.

 

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