Édgar Omar Avilés

 

22 de mayo de 1820, Cd. de Valladolid

Magnolia, dueña de mis suspiros:

Pienso en ti. Aquí, frente al escritorio donde he redactado tantos versos a nuestros amores, a la luz de una vela que proyecta quimeras que crepitan con el fuego, pienso en ti, te imagino concentradamente hermosa frente al telescopio estudiando las estrellas y me haces fuerte para la batalla que es mía y de toda la humanidad. Mi siniestra sostiene uno de los recios puros que me regalaste, y mi diestra, la pluma de ganso con la que te escribo esta carta. Carta que desconozco si su destino será que tú la leas o si será interceptada por ellos.

José Manuel Ríos Guerra

 

Édgar y yo íbamos a una fiesta en casa de Cristian. Era la medianoche de un miércoles y yo estaba muy cansado; pero me prometieron que iba a ser una fiesta única, en donde conocería cosas nuevas. Yo pensaba que no había nada nuevo bajo el sol, que ya todo estaba visto, pero me equivocaba.

En el camino noté varios espectaculares donde aparecía la cara sonriente de Penélope Cruz.

            —Esta vieja me está siguiendo —dije.

            —¿Quién?

            —Penélope Cruz.

            —¿Eres estúpido o tus papás son primos? Es claro que me está siguiendo a mí.

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