Iliana Vargas

 

Una historia que no debía existir. La torre de San Petersburgo construida por enanos en busca de miles de terrones de oro. O la tierra de los hombres que sólo comen musgo. O las princesas que se acuestan pensando en los dolores de su mandíbula y en la hinchazón de sus vientres a causa de la infertilidad que se expande como un feto de seis meses. Una historia que ni siquiera valga la pena ser imaginada. No burlada ni negada ni malversada, ni siquiera planteada por la mente más ociosa y aburrida de cualquier ciudad o pueblo o terruño. Una historia sin personajes, sin materia para degustar, sin cielos estremecidos, sin paisajes por descubrir. Una historia que no nazca del sentido común y que no encuentre sentido en ningún sitio más que en el que le fue dado en su nacimiento… A eso me suena la historia que me contaste, Bulmaro. Pero, Óscar, lo dices como si yo la hubiera inventado, y en realidad sólo la aprendí de memoria para explicarte que puede escribirse algo así, bello y sin sentido. Escucha, voy a decirte la segunda parte:

Édgar Omar Avilés

 

22 de mayo de 1820, Cd. de Valladolid

Magnolia, dueña de mis suspiros:

Pienso en ti. Aquí, frente al escritorio donde he redactado tantos versos a nuestros amores, a la luz de una vela que proyecta quimeras que crepitan con el fuego, pienso en ti, te imagino concentradamente hermosa frente al telescopio estudiando las estrellas y me haces fuerte para la batalla que es mía y de toda la humanidad. Mi siniestra sostiene uno de los recios puros que me regalaste, y mi diestra, la pluma de ganso con la que te escribo esta carta. Carta que desconozco si su destino será que tú la leas o si será interceptada por ellos.

Óscar Alarcón Travolta

 

Puta. Mi madre dice que es puta.

Doña Graciana, la vieja sucia y cochina que todas las mañanas empuja el diablito con bolsas de basura, es puta. Y me dice que no me le acerque, que corra si intenta abrazarme. Su imagen me ronda la cabeza. Doña Graciana recorre la calle pepenando el desperdicio, busca botellas de plástico, utiliza el cartón para forrar las paredes de su cuarto para no pasar fríos.

José Manuel Ríos Guerra

 

Édgar y yo íbamos a una fiesta en casa de Cristian. Era la medianoche de un miércoles y yo estaba muy cansado; pero me prometieron que iba a ser una fiesta única, en donde conocería cosas nuevas. Yo pensaba que no había nada nuevo bajo el sol, que ya todo estaba visto, pero me equivocaba.

En el camino noté varios espectaculares donde aparecía la cara sonriente de Penélope Cruz.

            —Esta vieja me está siguiendo —dije.

            —¿Quién?

            —Penélope Cruz.

            —¿Eres estúpido o tus papás son primos? Es claro que me está siguiendo a mí.

Numero actual

PORTADA BM 141142 .jpg