José Manuel Ríos Guerra

 

Édgar y yo íbamos a una fiesta en casa de Cristian. Era la medianoche de un miércoles y yo estaba muy cansado; pero me prometieron que iba a ser una fiesta única, en donde conocería cosas nuevas. Yo pensaba que no había nada nuevo bajo el sol, que ya todo estaba visto, pero me equivocaba.

En el camino noté varios espectaculares donde aparecía la cara sonriente de Penélope Cruz.

            —Esta vieja me está siguiendo —dije.

            —¿Quién?

            —Penélope Cruz.

            —¿Eres estúpido o tus papás son primos? Es claro que me está siguiendo a mí.

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