Armando González Torres

 

Miércoles

Por la tarde, tras exhaustivas caminatas sin rumbo, llegué al bar, con la mínima catarsis del cansancio encima; con el cuerpo tenso que, después de tanto esfuerzo, reclamaba mujer. Vi el gato que saltaba de una mesa a otra para devorar piltrafas: se es un privilegiado viviendo entre tantas mujeres, pequeño garañón de sexo eléctrico. Puse monedas en la sinfonola y pedí canciones de moda que, al parecer, no eran del gusto de los parroquianos, pero llamaron la atención de las muchachas.

Linda Barrón*

 

La línea ondulante de hojas, granos y semillas avanzaba con lentitud bajo el sol ardiente. Las hormigas obreras, diminutos titanes del bosque. Cargaban el estigma de su especie servil. Tres veces su propio peso soportaban sus cuerpos frágiles.

Los guardianes de curvas mandíbulas vigilaban la línea sin desmayo, atrás, adelante, animando la marcha del ejército acaparador, amenazando siempre con el ataque enemigo para aligerar el paso.

Leonardo Padura Fuentes

 

Noticia

El pasado domingo 21 de octubre, a las 4 y 23 de la tarde, Raimundo Manzanero, de 46 años, casado, subdirector económico en funciones de la Dirección Nacional del C.A.N. (Combinado Avícola Nacional), y vecino de la calle Josefina 146 en el reparto Sevillano, en esta capital, se ahorcó en su vivienda, sin explicar verbalmente o por escrito la causa de este lamentable acontecimiento. Según los peritos, los preparativos del ahorcamiento fueron hechos con todo cuidado, como si Raimundo Manzanero tuviera experiencia previa en tales actividades suicidas.

Gerardo Horacio Porcayo

 

I

Inicio el grito mucho antes, apenas el viejo aroma golpeó sus fosas nasales y arrancó el olvido las sensaciones de vértigo.

Todavía se detuvo en la despedida. Sus hombres, aún más añejos que él mismo, sorteaban los sentimientos bajo extremos de nostalgia y sorpresa ambigua.

–Es lo que siempre fuiste, bwana –dijo uno, cuyo nombre ya no era capaz de recordar. Sólo su mujer siguió sus pasos a través de la espesura. Las bandas metálicas de su silla de ruedas arrancaron hierbajos y hojas podridas del suelo. Sus cabellos, antes rubios y sedosos, flotaban enmarañados y cenicientos bajo el impulso motorizado.

Juan Hernández Luna

 

Lo que más me dolía era el culo. Como si los hijos de puta le hubiesen metido una marra de acero y olvidado sacarla.

Aquel no había sido su día, de eso estaba segura. Podía jurarlo por Santa Agueda y por San Bonifacio, sus santos preferidos. Primero, habían sido las medias corridas con el lazo del tendero, luego al ir a cagar, descubrió a Zoila espiándola desde la letrina contigua. Odiaba a Zoila, no podía entender cómo a sus doce años, todos los hombres del barrio le fueran conocidos. Y no bastante con ellos, había comenzado a buscar el favor de las mujeres con sorpresa de que no pocas aceptaban acostarse con esa chiquilla que hacía valer su condición de huérfana, quedándose a dormir en el portón de la vecindad y haciendo de la letrina su centro de actividades, tanto para sus escarceos como para espiar a quien usara el retrete de junto.

Patricia Laurent*

 

Una llaga apareció en el frenillo. Un ojo oriental que soma vigilador a través de un túnel rojo, como un faro en busca de sanar la aburrición.

Regreso de la ventana. Ella todavía duerme en la misma posición, mal cubierta con mi sábana. Sus piernas están rojas de sol y su espalda llena de ámpulas, algunas vacías donde empieza a despellejar. Su respiración chacualea en flemas que suben y bajan por el tubo de la garganta.

Me acomodo en cuclillas a su lado y levanto, cuidadosamente una esquina de la sábana para ver la división de sus nalgas, verdosa y grasienta. Poso la yema del dedo índice por la raya. Me llevo el dedo a la nariz, después lo chupo. Jugos naturales.

Roberto Echevarren

 

Por esa época te cambió la cara. Ni mejor ni peor. Fue otra. Los ojos volcados hacia dentro se habían vuelto más claros, crispabas las comisuras y arrugabas los párpados. Insultaste y te insultaron. Pasabas horas cortando y pegando celuloide. Nada de eso servía para hacerte conocer ni te daba una carrera. No serías director de cine. Te volviste impaciente a medida que acumulabas experiencia. “Prepárate a ver la luz, a ver al envuelto por la luz”. “Nunca habrá otro como tú”. “Conozco tus tácticas y tu cabeza, el porte, el haz insoportable en el borde del podio”.

Francesca Gargallo

 

Sucedía que, al despertar con un amante, experimentaba una náusea repentina y, antes de que el hombre o la mujer con quien había dormido pudiera ofrecerme el desayuno, yo huía hacia mi casa. Entonces recordaba otras mañanas, las muy tristes en que volvía del tribunal donde dictaminaban un divorcio que ni mi marido ni yo habíamos querido, y las muy alegres de una juventud que duró hasta entrados los cuarenta años.

Rodrigo Fresán

 

Hace años que el hombre se casó y hace años que el hombre es infeliz en su matrimonio. El hombre vive en Buenos Aires y pasa el tiempo, o intenta que el tiempo pase, pensando en el Imperio Azteca. El hombre está obsesionado por el Imperio Azteca desde que su maestra, hace tanto, tanto tiempo, le explicó todo sobre el tema. El hombre llega a la conclusión de que es más fácil salvar al Imperio Azteca que salvar su matrimonio, y entonces decide salvar al Imperio Azteca. El hombre se sienta en su sillón favorito frente a una ventana desde donde puede ver la jaula de los leones en el zoológico de enfrente, se queda dormido y se despierta en medio de una jungla, en la península de Yucatán. El hombre ha retrocedido en el tiempo y no tarda en encontrar con un azteca que le señala el camino a Tenochtitlán después de caer de rodillas.

Augusto Monterroso

 

Sí, pero cuando en 1944 llegué a México era entonces, cuando la vida comenzaba, con una prolongación de la Europa en guerra. Quiero decir que había aquí ya tantos refugiados españoles, checos, alemanes, lituanos, húngaros, rusos, etcétera, que aquel dolor, en apariencia remoto, podía tocarse literalmente con la mano cada vez que uno estrechaba ña de uno de ellos, cosa que pasaba a cualquier hora del día o de la noche, en cualquier casa y casi en cualquier calle.

Numero actual

PORTADA BM 136 137