Saulo Matasanos

 

El impacto contra mis costillas es lento y pesado. Primero me deja un dolor que poco a poco se va extendiendo por el tórax y luego una sensación de vacío en la boca del estómago, casi como sentir hambre.

Vuelvo a sentir el impacto pesado del gran puño del policía contra mis costillas. «Agárralo bien, no lo sueltes», dice riendo mientras su compañero me sujeta de los brazos y los hombros por detrás. El que me sujeta acerca su boca a mi oído y restregando su bigote contra mi oreja, me susurra: «Me voy a coger ese culito rico que te cargas…»

Paco Ignacio Taibo II
 
         - Yo sé que usted que es feminista no le va a dar mucho valor, pero me cae de madre que cerré el burdel más grande de Santo Domingo; 11 pinches días, con sus noches, pa´mí solito... bueno, y unos cuates... 16 putas, m´hija...
         El viejito alzaba la vista al cielo de los santos putañeros, los san lenones y los san congales, para agradecerles aquellos momentos inolvidables; hasta que se le escurría tantito la baba.

Rowena Bali

 

Aquel asunto me convirtió en objeto de estudios y secretismos por parte de doctores y padres. Esos secretismos provocaban que me sintiera un fenómeno inserto en una realidad que apenas conocía a los tres años. Los mayores, con esa autoridad que se autoconfieren por su larga permanencia, me decían que tenía que cambiar, que no había otra posibilidad porque yo era diferente y ser diferente era algo muy malo, que ellos, con una magia nefasta y autoconferida, tenían que convertir lo malo en lo “bueno”. Lo bueno era que yo fuera un niño.

Pablo Antúnez

 

Lo acepto, me da por acostarme con cuanta mujer me insinúa ser una fiera flotante en la cama sólo para cotejar si nuestros cuerpos encajan debidamente al momento de copular. Eso sí, en los espacios académicas soy un hombre pulcro y decente. Pongo mi cara de hombrelechuza capaz de amargarle la noche a una mujer con planes  irrevocables de encajar sus uñas en mi espina dorsal; por eso, cuando Camila  asomó en el laboratorio con una sonrisa insultante, le hablé de usted para marcar distancia de una buena vez. Pese a ello, me lanzó su aire de mujer insolente sin pudor alguno.

Roberto Hurtado

 

Bajo las sombras de la noche esperando la salida del autobús que me conducirá a la ciudad de Tepic, aparece Teresa, lleva en brazos un bebé, le siguen otros dos niños, vienen somnolientos, se ve que han viajado mucho, tras ella un anciano con un diablito repleto de maletas y cajas, la vigilante no le permite que meta las maletas a la sala de espera y le dice que puede dejarlas en la entrada, ella sienta a sus hijos en las butacas y sale para descargar las maletas y pagarle al maletero, regresa y agarra al bebé, se abre la blusa y le da de mamar, muy confiada deja las maletas y después lleva al baño a sus otros hijos los cuales, muy calladitos no hacen lo que otros niños de su edad que andarían inquietos, corriendo por la sala, llorando o exigiendo que les comprara algo. Ella, de estatura media, complexión ni gorda ni flaca, con el pelo largo recogido con unas pinzas, blusa blanca, un poco escotada que deja ver el nacimiento de dos senos llenitos quizá por el amamantamiento, su blusa sube con los movimientos del brazo y deja ver un ombligo atractivo y por atrás el nacimiento de su espalda, moldeado como los de una modelo que practica ejercicio, trae un pantalón de mezclilla que encierra unos esbeltos muslos, su andar cadencioso, rítmico, su rostro, a pesar de la presión de su situación, el temor de que le roben sus maletas, el que sus hijos se extravíen y ahora comprendo por que estaba vigilando a todas las personas que entraban a la sala, no denota preocupación, antes se ve tranquila, confiada.

Marina Porcelli

 

A Federico Ursi.


… no solo el cese de la actividad por parte de la materia,
sino su desaparición total.
Paul Davies, El universo desbocado

 

Pasa que el tiempo y el espacio se comportan de un modo extraño. Mire a esa chica, por ejemplo. La que está junto a la ventana. Mientras usted se toma con naturalidad el café, y le resultan nuevos, digamos, el chaleco con flores del mozo, o su cara de amargado, ella ya se ha muerto varias veces. No abra así los ojos, quiere, no estoy loco. 

Hugo López Coronel

 

Siempre sobresale de las flores cuando camina a contraviento; y eso, a pesar de lo tupido de los campos con su color violeta. Algún día nunca le dije de mí, de mi espalda plana, de mi ser y mis hojas, pero el sol me dio en la cara y desperté, confinado a buscar su nombre en mis ojos. ¡Está perdida! ¡Es la cresta! En la lejanía se detiene, se escurre en la marea de la noche y hace cantos sobre la piel de los árboles, anida y reproduce la vida. La devuelvo al corral, ahí está sin remos para llegar a la orilla; pero ahora, pondré llave a la cerradura, ya mañana veré con quién la dejo. María una vez me pidió su custodia, tiene dos palomas en la ventana, heredada una barbilla lasciva, los cabellos rotos amarrados en trenzas y aunque acostumbra madrugar, las líneas aún le restan años de brisas: sus ojos me querían mirar.

Joel Gustavo Rodríguez Toral

 

Eleomar irrumpió en la habitación, lo hizo por la ventana, cómo un amante sin vergüenza, cómo un delincuente sigiloso, desnudo, cómo el hijo natural de la luna llena, atrevido y embriagado de amor, enloquecido por entero, ella dormida y distante, sufriendo la asfixia que era a razón del impaciente, no se inmuto ante su entrada, no era la primera vez en su relación amorosa, en que estos enamorados hacían sus correrías nocturnas y disipadas, Eleomar e Irais, los amantes perdidos de la ciudad, él quería seguir intimando con ella, acariciarla con cachondez y penetrarla hasta el hartazgo, ya sublime e inanimado, mientras él más le insistía y tomaba su cuerpo, y la jalaba para que se incorporara, para quitarle el sueño, para despertarla, para amarla sin mesura, ella se negaba más y en su resistencia, se aferraba tanto a su sueño cómo a su almohada, era muy claro cómo su voz sin pudor y desgana le decía; ¡Déjame dormir, necesito dormir, quiero dormir!.

Gerardo Amancio 

 

Es poco sabido que los vivos somos los fantasmas de los muertos. Por eso muchos de ellos se espantan al vernos y no vuelven a aparecer.

(138 caracteres con espacios.)

Bum

Llevaba su propia bomba a donde fuera, porque era imposible que otro loco llevara otra y coincidieran en el mismo lugar.

(125 caracteres con espacios.)

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