El remedio

Édgar Omar Avilés

 

22 de mayo de 1820, Cd. de Valladolid

Magnolia, dueña de mis suspiros:

Pienso en ti. Aquí, frente al escritorio donde he redactado tantos versos a nuestros amores, a la luz de una vela que proyecta quimeras que crepitan con el fuego, pienso en ti, te imagino concentradamente hermosa frente al telescopio estudiando las estrellas y me haces fuerte para la batalla que es mía y de toda la humanidad. Mi siniestra sostiene uno de los recios puros que me regalaste, y mi diestra, la pluma de ganso con la que te escribo esta carta. Carta que desconozco si su destino será que tú la leas o si será interceptada por ellos.

 

Entiendo que te molestará mi alejamiento. Pensaste, sin duda, que había enloquecido recorriendo los más oscuros templos, bibliotecas, pueblos y camposantos del país. Quizás aún pienses que es un despropósito, pero tengo la obligación de continuar las investigaciones sobre por qué, de extraña y abrupta forma, las personas de un tiempo a la fecha se convierten en engendros de pesadilla. Te adelanto que mis pesquisas han llegado a certezas horrendas: todo es culpa de los que llamaré, por desconocer su naturaleza, vampiros. Dejando las evasivas, con una desazón que me constriñe el alma, te suplico: ¡no debes comulgar de nuevo! En mis prácticas de arcana alquimia he descubierto que el vino de consagrar, la “Sangre de Cristo”, no es sino sangre autentica, pero profanada; una suerte de hashish con la cual nos han sedado durante siglos. Ellos son quienes por detrás manejan las ideas, la fe y al gobierno.

Guarecido entre sombras y mi miedo he podido seguirlos para constatar su modus operandi: en las noches dejan sus efigies de madera; bajan de sus crucifijos para buscar víctima, en donde saciará la jauría sus instintos; la secuestran para llevarla a sus dominios, le extraen sangre, deforman su rostro, lo mutilan, le injertan órganos inútiles: enormes páncreas colgando de la nuca, falos al término de los dedos, venas y arterias envolviendo el tronco, decenas de anos en los muslos... Los pies fundidos en una gran bola de carne, las entrañas invadidas de enfermedades, y más, aún más... Es un ritual que se repite noche tras noche. Sin embargo lo más terrible, ya que los vuelve entidades secretas pese a su número, es que pueden parar el tiempo; de tal modo el proceso de la misa brutal no dura nada, ni un segundo. Al final eliminan el atroz recuerdo de la memoria y se burlan implantando en el cerebro y en el alma de la víctima absurdos conceptos que atribuyen a Giordano Bruno. ¿Por qué aluden a un filósofo muerto en el siglo XV? ¡Como escarnio a la memoria del más feroz de sus críticos, conocedor de estos secretos y quien estuvo a punto de desenmascararlos! Luego a la víctima la regresan al lugar de donde fue secuestrada para que continúe haciendo lo que hacía, independientemente si estaba en medio de una charla, escribiendo una carta, cabalgando o cualquier otro oficio. Entonces ya será un monstruo, pero no se dará cuenta y querrá continuar con lo que hacía, pero es muy raro que la víctima, con su contrahecho cuerpo y cambiada mente, logre a cabalidad con su labor interrumpida.

Un ejemplo claro, y motor de mis indagaciones, es lo acontecido a mi amada abuela el mes pasado: estábamos, la familia, celebrándola por sus ochenta años. Ella platicaba de sopas españolas y cortes de carne argentinos, cuando de súbito se convirtió en un monstruo. Llenos de horror nosotros, ella no se dio por enterada y continuó hablando, con esa su lucidez que a todos maravillaba, de algo de lo que estoy seguro mi abuela jamás tuvo contacto, ni en libros ni en charlas: exaltada empezó a versar, de forma docta, sobre la relación entre unos animales mágicos llamados ornitorrincos y el panteísmo de Giordano Bruno.

Alguien avisó a la policía y vinieron por ella, para realizar pruebas de laboratorio sobre esta nueva y horrible transformación, a la que llaman “enfermedad”. Terminaron explotándola con dinamita cuando empezó a surgirle el hambre, como lo han hecho con cada uno de los cientos de horrorosos prodigios que ya se han registrado.

Todas estas minucias no tenían el propósito de arrancarte la calma triste sé que es inevitable, sino ponerte en alerta de los vampiros que habitan en las cruces: de su poder y perversión. También te doy a saber que he encontrado el remedio; que ya he trazado el modo de erradicar del planeta a ese infesto clan de sangre, y tú, erudita en los misterios de las estrellas, eres una pieza fundamental para ello.

¡Oh, mi dulce Magnolia!, mis advertencias no carecen de fundamento. Ten cuidado al escribir y aun al hablar, más ahora que serás poseedora y parte del secreto de cómo destruir a toda esa ponzoña: los estudios, como te he manifestado, me han llevado a la conclusión de que es importante la “p” en “psicología”, pues esta nueva ciencia abarca el estudio de la mente. De otra forma los enredos serían brutales, debido a que “sicología” se refiere al estudio de los higos; ya en numerosos tratados Giordano Bruno nos lo había advertido.

Te ama, muy tuyo, Sebastián.

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