Por César González “Chico”

Primer Sorbo

... hoy en la puerta de un museo me dirigí a una mujer policía como "oficial"... ¡ay de mí!...

… — oficiala, aunque le cueste más trabajo señor —me corrigió de inmediato... como tengo experiencia con la especie -un día una señora cargada de bolsas, paquetes y tres niños me dijo: — yo puedo sola imbécil, cuando osé abrirle la puerta del banco- y además no tenía ganas de discutir el difícil tema de las oficialas, los oficialos y lus oficialus, estaba yo a punto de reformular mi frase tal como me lo solicitaba, cuando ocurrió lo que realmente temía... mi acompañante, purista del lenguaje, pese a mis insistentes apretones de mano conminándola a guardar silencio y a no hacer más grande el asunto, dijo con la voz que utiliza cuando quiere sacar sangre...

Una persona que lee mil libros es una persona con conocimiento, pero si no se mueve inteligentemente en la vida, no la hace; por eso la gente joven que active su inteligencia, puede ser mejor que la gente grande.

El tiempo no es reversible, pero la genética puede ser programada. De esa forma tienes un pequeño ángulo para cambiar el destino. La ventaja de la genética es que es modificable, por tanto es posible no ser determinista.

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Por César González “Chico”

 

...ella es mi país limítrofe y yo, que soy algo así como su vecino tercermundista, me la paso intentando cruzar al paraíso... no cumplo con los requisitos, pero es tan lindo allá que dan ganas de pedir la residencia y quedarse a vivir por siempre de aquel lado... aunque después de un tiempo siempre regreso a mí, me marcho con la idea de que la próxima vez que vuelva será para quedarme...

 

Por Mercedes Alvarado

 

Ráfagas de viento que suben desde el Golfo de México; ráfagas de una tormenta o nosequé que viene del centro de USA... ráfagas que van a encontrarse a la par que despeinan las ciudades... lluvias y vientos y Miami mojada al menos por una semana más... pero no importa, porque igual me pongo unos shorts, una camiseta de tirantes... Es dìa del veterano; habrá un montón de gente en las calles... una nunca entiende lo que pasa de verdad con la gente que ha vuelto de la guerra.... algún mediodía hace unos años, en San Francisco, frente al café en el que descubrí qué carajos es un sandwich BLT, un hombre se mantenía de pie y en recorrido de 6 pasos en redonda, aquél hombre rubio y tatemado, con el cabello largo y descuidado, con la facha absoluta de ser un veterano... es que a lo mejor Hollywood había visto a éste veterano y no a los demás; a lo mejor Hollywood se había quedado con la imagen del medio loco que camina por la misma esquina, diciendo cosas inentendibles -lo que no entendemos de tan lúcidas-,  del que lo perdió un paso más hacia la infuncionalidad y un paso menos hacia la prudencia social. Pero hay un montón que están justo en ésa rayita del soyunapersonafuncional, del mejodieronperonomejodieron, del todavía le detengo la puerta a mis demonios... algunas personas deciden lidiar con sus demonios en casa porque les parece un proceso íntimo, personal y predominantemente humano; otros deciden sacar a sus demonios a las calles, gritarlos en la esquina de algún café, nombrarlos ante quien pueda escucharlos, para ellos es un proceso social y compartido, un proceso en el que no pueden -ni quieren- andar solos. Para todos: los que volvieron y los que nunca hemos ido, los que vieron volver en bolsas, los que esperaron sin esperanza y sin hartazgo -porque no les quedaba más que la espera-, los que cancelan la memoria y los que la nombran para salvarse... para todos los que faltan y para todos los que estamos, éste había de ser un día de ropa ligera, de ráfagas y lluvia y mojarnos y sentir el aire helado en la piel sudorosa; habría que ser un día pa lavarnos el alma en la tormenta.

 

...cuando era niño me perdí en el supermercado... en realidad no me perdí yo, que estaba justo donde me habían dejado; se perdió mi mamá... yo estaba contemplando un refrigerador inmenso, repleto de jamones, salames y salchichas de esas que parecen pulgares de niño chiquito... ella, mi madre, se había puesto a conversar con una vecina copetona que hacía sus compras a esas mismas horas y que conducía su carrito en sentido contrario... 

 

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... aunque siempre hui de ello, creo que me estoy convirtiendo de a poco en un animal de costumbres... siempre fui malo para la prisa, los horarios, los calendarios y las agendas... suelo dormir cuando tengo sueño, despertar cuando ya no lo tengo, comer cuando tengo hambre, quitarme la ropa a la menor provocación, escribir y tocar cuando me da placer hacerlo sin preocuparme mucho de a qué hora sucede qué y sin imponerme rigurosas disciplinas... sólo la de saber qué cosas tienen que estar hechas para el final del día, cuáles pueden esperar y a cuáles tengo que encontrar el modo de seguir sacándoles la vuelta... no me mal entiendan; soy obsesivamente puntual y cuando hago un compromiso suelo cumplirlo en fecha y hora aunque rara vez lo anoto salvo en el caudaloso caos de mi cabeza...

Daba vueltas y más vueltas perdida en el desconcierto. ¿Era enojo el que sentía, de los que se producen cuando las circunstancias hacen perder el control de los hilos de una trama? ¿Era la expresión de esos sueños que se materializan antes de las 24 horas de que abrió los ojos el que dormía? ¿Era simplemente que estaba absorta, y nada más, ante lo que el destino había empezado a dibujar como un manejo a placer de las rutas de los seres? ¿Era cierto que se volverían a juntar, a todo color, los tres personajes del sueño?

 

 

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A veces, también, una quisiera llamar al teléfono móvil de la eternidad y que le atendieran, y decirle a quien sea que esté ahí, que se siente bienaventurada, que una ha visto ‘toda la noche ahí y es piedra de la luz, piedra de la edad’ y que la edad no es más que un motivo para viajar a los hogares que somos, para celebrar, para mirar, para seguir haciéndonos el hogar de una misma.

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