María Rosa Astorga: paisaje es destino (Segunda parte)

 

Por Jorge Pech Casanova

 

 

La pintora habla del paisaje

 

E. Pensaba yo en los cuadros que tienes en el Museo de los Pintores Oaxaqueños. Son cuadros que a mí me fascinaron porque la luz se mueve dentro de ellos, son escenas selváticas y su cualidad es que la luz se va moviendo sobre la superficie del cuadro como si uno estuviera realmente en ese lugar de la selva.

MRA. En este momento la luz es todo para mí, por lo tanto también la obscuridad. Las obras que viste en el museo son pura luz repartida en la obra de una manera muy pensada. Si tengo mucha luz en una esquina, debo pensar en la obscuridad en la otra esquina; si pongo elementos pequeños, debo pensar en uno muy grande que sostenga la mirada y la obra. Eso, si quieres hacer un cuadro figurativo que imite la visión de la Luz en la naturaleza. Porque pienso en Basquiat por ejemplo –que me encanta por cierto–: sus obras son planteamientos opuestos a los míos.

E. Me llamó la atención, e imagino que a todo mundo, que tu obra está colocada en lugar central de esta exposición que se está haciendo ahora sobre el paisaje, en que intervinieron tantos artistas: fotógrafos, pintores. Sin embargo, tu obra es la que destaca en la exposición no sólo por la obra en sí, sino por el sitio en que está exhibida.

MRA. Cosa rara, porque, fíjate, a mí no me conoce ni mi abuelita. Creo que es la exposición donde más me han dado un lugar, y es la primera vez. Pero fueron los cuadros los que hablaron por sí mismos y se pusieron ahí.

E. Sí, uno hubiera esperado que estuviera en ese sitio uno de los pintores que tienen ya…

MRA. ¡Claro, que tienen una trayectoria enorme!

E. El discurso museográfico difiere mucho del discurso que está en cédulas: demasiado celebratorio. Esta experiencia que acaban de tener en estos paisajes entre desérticos y de pronto selváticos, ¿cómo ha sido para ti? Porque la has transformado en un tipo de pintura que es notable.

MRA. El tema en la pintura no es lo más importante, es la cantidad de experiencia pintando que se tenga, la intuición y la técnica y, sobre todo, poder plasmar tu visión. Los paisajes de la biósfera son maravillosos y diversos, así es. El mismo paisaje va hasta Estados Unidos, es exactamente el mismo ecosistema (semidesértico), que es enorme. Nunca había pintado algo desértico, y además, en época de sequía, porque ahorita ese paisaje es verde, verde, verde, otra cosa. Yo quedé muy contenta con esa exposición, porque me dieron una importancia que nunca me habían dado. Gracias a Nancy y a Martín. Y en la primera sala del segundo piso, se pueden ver los cuadros de desierto que me abrieron posibilidades estilísticas nuevas.

E. Sí, porque además es como un preámbulo a la gran obra que está colocada en el sitio principal del museo.

MRA. Es el preámbulo. Pienso que Martín le dio prioridad a todas esas obras a pesar de que expuse con pintores y fotógrafos de un gran reconocimiento. Soy una pintora lenta. Me costó muchos años llegar a este abrevadero.

E. Aparte, lo prueban las exposiciones recientes que tuviste. Por ejemplo, la de esta galería que está en Reforma…

MRA. La Galería Cuatro Siete.

E. Donde vi por primera vez ese tipo de cuadros que estás haciendo fue en la Cuatro Siete.

MRA. Sí, es que fue el único que quería exponerme, no quería exponerme nadie.

E. ¿Por qué? Porque era muy imponente la exposición, tanto por el tamaño de las obras como por el…

MRA. El tipo de obra.

E. El tema…

MRA. El uso del color…

E. Los efectos que conseguiste…

MRA. Son ventanas, permanentes ventanas. También pienso en la cantidad de mujeres que participan en exposiciones importantes: muy pocas. Por ejemplo, para la exposición sobre la calzada Porfirio Díaz éramos diez hombres y yo, habiendo pintoras tan buenas.

E. Tú escribías poesía originalmente, al menos, te conocí escribiendo poesía.

MRA. ¡Y todavía la escribo! Pero, ya me da vergüenza mostrarla. Son muy celosos esos caminos: o eres poeta o eres pintora, pero hacer las dos cosas bien, es casi un milagro. Hay alguna gente que lo ha logrado. Pero por el momento no me alcanza para tanto.

E. Algo que me llamó la atención en tu primera aparición el Museo de los Pintores Oaxaqueños –en esa exposición de mujeres de 2017 que fue muy dispar– fue que participaste con un cuadro muy pequeñito, un cuadro con árboles.

MRA. Lo hice a propósito.

E. Era además una de las piezas más llamativas de la exposición, estaba ahí colocada en medio de todo, pero destacaba por eso, por el formato de la pieza y por la fuerza de la obra.

MRA. Eso fue totalmente a propósito, porque no importa de qué tamaño sea la pieza, sino la cantidad de energía en una tela, para mi es tan difícil pintar ese cuadro de 30 por 30 cm que uno de 200 por 300 cm. También es absurdo decir que la pintura no existe, que las instalaciones son lo de hoy, que lo más nuevo es esto y esto otro y todo lo demás que está atrás, está caduco. El arte no es una camisa que se cambia porque paso de moda, el arte es una emoción humana que necesita expresarte, la conciencia tocando a nuestra puerta. Debiéramos ir a las cuevas y aprender de las pinturas rupestres, plantean abstracción, simplicidad, misticismo. Para mi gusto, de ahí salieron las grandes maravillas de los Pintores del siglo XX. Picasso, Modigliani, Giacometti, fueron casi copias literales de obras de cuatro mil, tres mil, dos mil años antes de Cristo.

E. Para esa exposición, por ejemplo, no invitaron a una pintora como Susana Wald, que tiene décadas de experiencia.

MRA. ¡No la invitaron! Cosa que me parece muy extraña. ¡Susana podría pintar un paisaje…! Puede pintar lo que quiera. Susana es impresionante. La idea es poder pintar lo que uno quiera. Pero hay ciertas cosas que yo no quiero pintar, y no lo voy a hacer por el momento, porque me deprime. (Su tono de voz se vuelve lúgubre.) Me deprime pintar seres humanos, por ejemplo. Pero… (su voz recupera el timbre alegre) pero estoy pensando en pintar a mi hija, que creo que sería la única persona que podría estar en un cuadro mío. Y voy a hacer ahora unos cuadros basados en piezas prehispánicas de Tamayo. Me tiene fascinada esa colección que formó.

E. La pintura de Tamayo parte precisamente de sus dibujos sobre piezas prehispánicas.

MRA. ¡Absolutamente! ¡Y una cosa fascinante! Entonces, no sé cómo le voy a hacer para que no sean tamayescas. Sin usar hoja de oro, quiero imitar el oro con pintura para generar en un cuadro la sensación de metal, sin ser metal. Eso va a estar muy divertido. Quiero pintar esas obras que tienen ahí en piedra, imitar en metal, en oro, precisamente, todo lo que nos vinieron a robar, robar literalmente, como dice la canción que canta Amparo Ochoa, cuyo autor [Gabino Palomares] no recuerdo ahora: “Y cambian espejos por oro”. ¿O es vidrios por oro…?