Ahora bien, intentare describir lo mejor posible las impresiones que el poeta causo en mí el día que lo conocí.

Pero antes tengo que mencionar que mi reunión con Efraín se dio a partir de una presión externa a mi persona, no quiero decir con esto que yo no tuviera interés en platicar con él porque en varias ocasiones le escribí y llegamos a intercambiar una o dos palabras, sin embargo, la verdad sea dicha, se debió a que mi amigo Javier mientras elaboramos la adaptación de el Gran Inquisidor de Dostoievski para transmitirlo como radio novela, me dijo que buscara contactar con algún pintor o poeta para entrevistarlo, que yo tenía esa posibilidad de hacerlo por haber estudiado literatura en el INBA, solo que no me había animado a intentarlo. La idea no me desagrado nada y como ya nos encontrábamos algo tomados y con buen espíritu en la casa de Cuitláhuac, fue que decidí buscar reunirme con el autor de Música Solar. Le escribí un pequeño inbox para solicitarle una tertulia que de forma generosa me concedió casi de manera inmediata. Acordamos que asistiría a su casa en la colonia Torres de Padierna el martes 21 de abril al medio día, pero no quise ir solo, le pedí a Tere que me acompañara y lo hice por la sencilla y única razón de que me ama con verdadera locura, aunque yo más bien creo que es mártir de una monomanía obsesiva junto con un defecto del sistema nervioso que provoca en ella extremas alegrías y tristezas. De cualquier forma me tocó conocerla; discutir con ella por el vuelo de una mosca o por mis mentiras y las suyas, fotografiarla desnuda, hacerla reír en Valle de Bravo mientras nadábamos en una piscina, abrazarla e invitarla a conocer al último coloso de la poesía de este continente, al escritor que cierra todas las antologías y que tiene un pequeño gran interés en sí mismo; el cual pienso es producto del enorme peso que ha tenido su literatura en el mundo. No redactare el transcurso de mi casa a la de Efraín por el mero hecho de que no posee relevancia para el lector el tránsito y los baches de la ciudad, 4 será mejor solo apuntar que al final del día, después de platicar con el maestro y de recorrer docenas de kilómetros mal asfaltados, terminé haciendo el amor con Tere como los instintos mandan y la sociedad prohíbe. Ok, una vez dicho esto, continuemos con la historia ya situados en la casa de Efraín Bartolomé. La describiré un poco; es un espacio acorde a su ser, donde una fina madera en el piso, las puertas, las escaleras y libreros predomina. La construcción de su hogar es irregular pero balanceada, las paredes y el techo no poseen líneas rectas y todas son de un color blanco como la impecable vestimenta que utiliza desde hace años el maestro. Uno puede sentirse rápidamente a gusto en aquel bello lugar lleno de cuadros y pequeñas esculturas dispersadas por todas partes. Efraín tardo un momento en recibirnos, pero al hacerlo tuvo un gran detalle con Tere y conmigo, creo yo, producto de un error intencional, o al menos así me pareció; el hecho es que a esa misma hora lo estaba esperando otra persona, mujer por si se lo pregunta el lector, una señora a la cual después de revisar su agenda se dirigió Efraín para mencionarle que había traslapado los horarios y que tenía que disculparse ella.

efrain bartolome

                --Aquella soleada tarde en el Valle de México se dio nuestro encuentro--. Una vez llegado el momento de presentarnos me dirigí a él con un tono de voz un tanto formal y apresurado, quizá esto se debió a que yo no esperaba pasar más de cuarenta minutos en su casa, no creía que mi presencia valiera más tiempo de su parte. Pero un pequeño ademan de su cuerpo me permitió ver que Efraín tenía la intención de entablar una plática elocuente y casual, un dialogo amistoso para conocernos, algo más que una simple entrevista como yo lo había pensado. Lo primero que hizo el maestro después de estrecharnos las manos a claro interés de Tere y mío fue mostrarnos varias ediciones hermosas y lujosas de Ojo de Jaguar, unos formatos grandes de agradable encuadernación. Una serie de ediciones que tiene colocadas a un costado del pasillo donde están sus cuadros de Toledo y los cuadros de su hijo Balan. La siguiente locación en donde en realidad comenzó la plática fue en un estudio en la parte superior de su casa, ahí note en él cierta inquietud que no puedo pasar por alto; es la ansiedad, no una ansiedad tosca y desesperada, ni desagradable, sino más bien una ansiedad por el gran peso de Ojo De Jaguar, una ansiedad que me pareció natural, inconsciente, viva, alegre y juguetona. Un yo soy, un yo soy el autor, no de forma pedante, sino más bien para reforzar en él la certeza de haber escrito ese libro. Y es que Ojo De Jaguar se encuentra por todos lados a donde uno pueda acercarse en su casa, o al menos yo puedo afirmar  esto de los lugares que tan amable me mostró.

Lo tiene cuidadosamente guardado y a la mano, sabe bien donde está colocado, pero da la impresión a su interlocutor de apenas recordarlo en ese instante, como si llegara a él de manera repentina una idea ya conocida. No es que desvalore sus demás libros el maestro, porque claro están presentes, pero Ojo de Jaguar sin duda es de enorme importancia en su ser. También es difícil imaginar que no estuviese apegado a él o que no supiera donde está colocada cada edición de sus libros en su propia casa. Pero si me dio la impresión de tener bastantes ganas de enseñarme tal o cual cosa, algo que no desdeño y que desde luego agradezco. Yo que solo soy un lector no puedo dejar de elogiarlo, de maravillarme con el cautivador Ojo de Jaguar. Aunque también creo que Efraín correspondió a enseñarme varias ediciones de Ojo de Jaguar porque yo le mostré que llegaba con él, quizá si me hubiese presentado con otro de sus libros esta redacción sería distinta. Aunque no es muy sencillo dar con otro de sus libros. Platicando con él uno se puede dar cuenta que Efraín es un ser satisfecho con su vida y que tiene un fuerte sentimiento por la Ciudad de Granada en España.

A viajado mucho por el mundo, atento de las exposiciones, nos comentó que cuando se le da la oportunidad disfruta de pasar cuatro o cinco días consecutivos recorriendo las salas del museo Metropolitano de New York, las galerías de Berlín, así como los inmensos corredores del museo más famoso de Paris. Cuando le pregunté por un libro de novela que le gustara no dudo en respóndeme que un autor griego poseía ese lugar y que yo lamento decir no recuerdo quien eran, pero esa falta mía de conocimiento me permitió ver que en él la gentiliza es sutil y atenta, explicare porque.

Al percatarse de mi ignorancia sobre la novela que mencionó y sobre la cual estaba comenzando a profundizar, decidió de forma amable dejarla atrás para aludir a escritores latinoamericanos no comunes, pero si conocidos, esto con la intención de que yo pudiese continuar el hilo de la plática.

Esta sencillez de su ser me agrado bastante y he de escribir que La Ciudad y Los Perros fue uno de los libros que numeró junto con Al filo del Agua de Agustín Yáñez. También le increpe sobre su relación con los políticos y el gobierno. La pregunta noté le incomodo un poco, aun así la respondió de forma cabal. Comentó dos cosas, una; que era inevitable que en Chiapas o en alguna otra entidad del país lo invitaran a ceremonias e inauguraciones, eventos en los cuales se llegaba a presentar el gobernador8 del estado quien se mostraba cordial y amable con él, en donde la prensa los retrataba saludándose no a pesar suyo, pero si en beneficio de ellos. Dos; en una ocasión preparaban un homenaje en Chiapas para Efraín con una cantidad de recursos económicos considerables que se consumirían en un solo día, de manera que prefirió se elaborara con ese dinero un tiraje de poco más de cien mil ejemplares de una edición bien elaborada e ilustrada en parte por su hijo para las primarias en Chiapas, claro con el vistazo bueno de la centralizada secretaria de educación pública. Una edición de sus libros que pensé en hurtar si algún día se me da la oportunidad ya que no se encuentran en librería alguna. --Como ya se percibe no logré evitar el formato de interrogación, había cosas muy específicas que tenía muchas ganas de entender--. Efraín ha sido juez en diversos certámenes y he de mencionar sobre este tema que posee una ética y una moral apropiadas a las circunstancias de tan difícil tarea como otorgar el premio Aguas Calientes de poesía. Digo esto porque se llegó a mencionar en la plática que el amiguismo y la corrupción no es tema exclusivo de partidos políticos o empresarios, el mundo de las letras también lo posee. Es un circulo, es una elite difícil de alcanzar, donde algunos escritores acostumbran llenarse de 9 halagos unos a los otros de manera casi ridícula. A pasado que dos jueces, compadres desde luego, tienen la simpática amabilidad de no leer ningún poemario de los concursantes, de no aparecerse el día de la votación, y de solo mandarle un cordial recado al otro juez diciéndole que le agradecerían mucho si también él firmara el acta del ganador para que ese asunto se librara por unanimidad, porque donde firman dos según ellos, tienen que firmar tres. Y esto se ha repetido en muchas ocasiones en una gran cantidad de concursos en México. Yo le mencioné que cuando estudiaba en el INBA no pocos maestros se inclinaban a dar los premios a sus amigos o conocidos en lugar de valorar con concordia el valor estético, técnico y dialectico de las obras que llegaban a sus manos, tanto de conocidos como de desconocidos. Por eso lo aludí en aquel momento, solo para confirmar algo ya asentado por todos. No quiero terminar esta redacción sin puntualizar otra cosa, si he de ser honesto, tengo la pequeña impresión de que en ese momento el maestro se sentía un poco solo. Efraín nunca evadió ninguna pregunta de las que llegué a realizarle. Siempre fue claro y abierto al hablar de cualquier tema, incluso del fallecimiento de su primera esposa.